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Homenaje a una maestra
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Por Redacción

Homenaje a una maestra



Susana Crouspeire de Manzano, una maestra que dio clases en la escuela López de Gomara, encabezará la inauguración de un espacio verde en su honor. Susana es una docente jubilada que es todo un símbolo para la comunidad educativa de Mendoza y que, en el marco de los festejos por el Día del Maestro, recibirá un merecido homenaje: la plaza del barrio Casa del Maestro, en Guaymallén, será inaugurada este jueves y llevará su nombre.


En el año 1973, cuando la escuela López de Gomara abría sus puertas en el barrio Unimev, Susana fue una de las primeras personas en poner un pie dentro del edificio.  Desde entonces, y hasta el año 2007, estaría frente a un aula “aprendiendo a aprender”, como ella misma describe el trabajo diario de una maestra.


En poco tiempo, se destacaría por ser impulsora de métodos de enseñanza completamente revolucionarios para su tiempo. Esto le valió el haberse ganado varios motes. Las autoridades de la escuela la dejaron trabajar a su manera. Con las puertas del aula siempre abiertas, autoridades, padres y alumnos fueron testigos de su compromiso con la docencia y su particular forma de enseñar. En las clases que daba, los alumnos calificaban junto a su maestra, a los compañeros que exponían. Los padres asistían a horas de matemáticas para entender en qué idioma debían explicar los ejercicios a sus chicos. Y los que pasaban a la bandera no siempre eran los que sacaban mejores notas.


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Homenaje a una maestra

Susana Crouspeire de Manzano, una maestra que dio clases en la escuela López de Gomara, encabezará la inauguración de un espacio verde en su honor. Susana es una docente jubilada que es todo un símbolo para la comunidad educativa de Mendoza y que, en el marco de los festejos por el Día del Maestro, recibirá un merecido homenaje: la plaza del barrio Casa del Maestro, en Guaymallén, será inaugurada este jueves y llevará su nombre.

En el año 1973, cuando la escuela López de Gomara abría sus puertas en el barrio Unimev, Susana fue una de las primeras personas en poner un pie dentro del edificio.  Desde entonces, y hasta el año 2007, estaría frente a un aula “aprendiendo a aprender”, como ella misma describe el trabajo diario de una maestra.

En poco tiempo, se destacaría por ser impulsora de métodos de enseñanza completamente revolucionarios para su tiempo. Esto le valió el haberse ganado varios motes. Las autoridades de la escuela la dejaron trabajar a su manera. Con las puertas del aula siempre abiertas, autoridades, padres y alumnos fueron testigos de su compromiso con la docencia y su particular forma de enseñar. En las clases que daba, los alumnos calificaban junto a su maestra, a los compañeros que exponían. Los padres asistían a horas de matemáticas para entender en qué idioma debían explicar los ejercicios a sus chicos. Y los que pasaban a la bandera no siempre eran los que sacaban mejores notas.

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