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Por Redacción
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Helioterapia: el sol puede curar



Las culturas milenarias ya consideraban al sol como fuente de energía, incluso muchas de ellas lo veneraban por creerlo un dios. Si bien en la actualidad se recomienda exponerse a él con cuidados y horarios específicos, la helioterapia implica un concepto de salud que tendría beneficios en varios aspectos, en tanto el sol estimula las defensas, mejora el ánimo y alivia el dolor. Sin embargo, hay que saber cómo aprovecharlo para evitar sus riesgos y obtener lo mejor de él. De hacerlo en forma correcta, este centro natural de energía podría curar.


Lo importante es tener en cuenta que en las dosis adecuadas, el sol es beneficioso para la salud e incluso puede utilizarse como tratamiento. No se trata aquí de obtener un bronceado sino de acceder a la helioterapia como método terapéutico para equilibrar aspectos orgánicos y psíquicos para llegar al bienestar. Es decir, consiste en tomar baños moderados de sol para combatir y tratar diversas enfermedades y mantener un buen estado de salud general. Estos pueden disfrutarse tanto en verano como en invierno y en cualquier sitio, no es preciso estar en la montaña o en el mar. No obstante, se recomienda no realizar la terapia cuando hay temperaturas cálidas o frías extremas; los días secos, templados y con cielo limpio son los más indicados.


Salvo excepciones, la mayoría de las personas tiene la capacidad de adaptarse al sol si se toma en dosis pequeñas pero hay que recurrir siempre al uso de protectores solares en el caso de exposiciones prolongadas, las no son necesarias para adquirir las diferentes radiaciones que otorga ni sus particulares efectos sobre la salud:



  • Fortalecedor óseo: la radiación ultravioleta del tipo B favorece la síntesis de vitamina D, la que es primordial para fijar el calcio y el fósforo en los huesos; y para metabolizar los hidratos de carbono.

  • Acción antibacterial: bajo las radiaciones ultravioleta muchas bacterias pierden capacidad de reproducción, reducen su actividad y mueren. La exposición solar permite que esta acción se produzca en forma directa sobre la piel. Por otro lado, también proporciona un efecto antibiótico indirecto porque la luz solar aumenta la cantidad de células inmunitarias (glóbulos blancos) en la sangre.

  • Antidepresivo: la luz del sol es imprescindible en la regulación de la secreción de hormonas y neurotransmisores, por ello cuando es escasa se multiplican las probabilidades de sufrir depresión e incluso se pueden generar desórdenes en el estado de ánimo.

  • Antiinflamatorio: el sol estimula la circulación sanguínea y las terminaciones nerviosas de la piel, lo que produce un efecto analgésico. Los dolores musculares y las inflamaciones superficiales pueden aliviarse gracias a la helioterapia; e incluso la tensión arterial se reduce tras la dilatación de las pequeñas venas que recorren la piel.


Dado el impacto benéfico que producen los baños de sol moderados es que la helioterapia, entre otras enfermedades, se recomienda para combatir:


–  Anemia: el déficit de glóbulos rojos – que transportan oxígeno- es una indicación tradicional de la helioterapia porque los rayos de sol, en especial los que se reciben en Alta Montaña, provocan un aumento directo de los glóbulos rojos en circulación y aceleran la curación si se complementan con una dieta especial o con suplementos, ambos supervisados por un nutricionista.


–  Trastornos digestivos: la cura solar puede incluirse en el tratamiento de malas digestiones, estreñimiento, falta de apetito, diarrea, cólicos y candidiasis (infecciones en la boca o la vagina). Los efectos positivos se desprenden de una mejor circulación de la sangre en los órganos que se relacionan con la digestión, lo que estimula la secreción de jugos gástricos y la asimilación de los nutrientes. No obstante, no hay que exponerse al sol cuando hay hemorragias, inflamaciones o acidez en el estómago.


–  Sistema respiratorio: se recomiendan baños de sol de la cintura para abajo con el fin de descongestionar los pulmones y adquirir propiedades antibióticas y fortalecedoras.


–  Osteoporosis: la helioterapia es una indicación evidente en tanto que el sol provoca la síntesis de la vitamina D, lo que ayuda a fijar los minerales en los huesos. Por esta razón, lo baños de sol, en especial los que se realizan a orillas del mar, se indican en casos de fracturas.


–  Diabetes: el sol al igual que la dieta, el ejercicio y la vida el aire libre, estimula el funcionamiento del metabolismo y en consecuencia la secreción de insulina y la asimilación de los hidratos de carbono.


–  Genitales: los baños de sol sobre los de la mujer son eficaces en la sequedad vaginal, las infecciones por hongos, las menstruaciones dolorosas y la insuficiencia en los ovarios. En el hombre, la cura solar se utiliza contra la impotencia, la erección débil y las inflamaciones de próstata.


–  Afecciones de la piel: la helioterapia consigue excelentes resultados sobre ciertas clases de acné y las impurezas de la piel. También es un eficaz método complementario y siempre bajo supervisión médica, en el caso de enfermedades más complejas como el eccema, la psoriasis o las heridas que no cicatrizan. Se aconseja en muchos casos combinar el sol con dieta y baños de mar.


–  Enfermedades renales y urticarias: al activar la circulación en la sangre, el sol mejora el funcionamiento de los riñones y favorece la eliminación de líquidos; además, al intervenir en la asimilación de los minerales, previene la reaparición de cálculos.


–  Trastornos nerviosos: además de combatir la depresión estacional, la helioterapia se indica para ir contra la depresión leve, la falta de vitalidad, la irritabilidad y la anorexia. Es ideal para superar estas situaciones realizar jornadas completas en contacto con la naturaleza: pasear entre árboles, tomar varios baños de sol y de agua por día; y acompañar con sesiones de ejercicio físico. Los efectos benévolos se multiplican si la terapia se disfruta en grupo.


En todos los casos hay que recordar que la helioterapia utiliza la exposición al sol de manera dosificada y que permanecer mucho tiempo no equivale a mejor salud. Para que los baños solares aporten beneficios es preciso tener en cuenta el tipo de piel, la época del año, el lugar, el día y la hora. Además, aumentar de manera progresiva la exposición es el gran secreto.


En relación a las variantes a considerar antes de  colocarse al sol, es bueno destacar que el sol de montaña, con aire limpio y seco; y con presión atmosférica baja, estimula el sistema nervioso y el metabolismo, por lo que es muy recomendable para reforzar el sistema respiratorio: las condiciones climáticas de la montaña por encima de los mil metros, menos presión atmosférica, aire más puro y mayor sequedad ambiental, hacen que las radiaciones solares sean más intensas y eficaces. Por esta condición, la helioterapia de montaña se utiliza para el tratamiento de enfermedades pulmonares, sobre todo para el de la tuberculosis; las enfermedades de la sangre y todos aquellos procesos que cursan con una disminución de las defensas del organismo.  Las curas de montaña, en general, mejoran el metabolismo, estimulan el apetito, hacen el organismo más resistente y proporcionan más vitalidad y defensas.


Por su parte, la helioterapia marina -bajo la luminosidad que causa la reflexión en arena y mar, más una buena temperatura y una moderada humedad- resulta sedante y es propicia para tratar problemas circulatorios y debilidad general. El clima de la costa se regula por la acción neutralizante del mar. Las temperaturas tienen menos oscilaciones y son más constantes, la humedad es muy alta y hay abundantes  radiaciones ultravioleta  debido a la intensa luminosidad y a la difusión de la luz. Estas condiciones hacen que la cura helio-marina sea un método ideal para tratar enfermedades de piel, tanto la psoriasis como el eczema atópico o la dermatitis atópica mejoran en forma notable sus síntomas de sequedad cutánea, descamación, pigmentación y prurito. Por otra parte, el raquitismo y la osteomalacia son dos entidades patológicas que se presentan durante la infancia y que se tratan en forma preventiva y curativa con una exposición razonable a las radiaciones solares en el ambiente marino. También las lesiones ulcerosas, las heridas de mala cicatrización, las cicatrices y los estados de convalecencia de diferentes enfermedades suelen mejorar de forma más rápida durante las sesiones de helioterapia marina; al igual que muchos trastornos del comportamiento psicológico, neurosis, depresión, ansiedad e incluso el insomnio.


No obstante, nunca hay que exponerse al sol en horas de radiación elevada, en especial durante el verano; lo ideal es hacerlo durante las primeras horas de la mañana o las últimas de la tarde. También es bueno en forma progresiva, comenzar con sólo cinco minutos y sumar otros cinco minutos por vez, conforme pasan los días; lo mismo para las zonas corporales a exponer, primero una pequeña parte y de allí, poco a poco, extender la superficie. Un referente general es que recién al quinto día el baño solar puede durar 25 minutos e incluir la zona del pecho. Luego de diez días el tiempo máximo de exposición es de 50 minutos, divididos entre la parte anterior y posterior del cuerpo; aquí es conveniente colocarse a la sombre durante 15 minutos entre el baño solar delantero y el posterior. Es primordial, en cualquiera de las dos posturas y siempre, cubrir la cabeza y proteger los ojos con anteojos para sol. Nunca un baño solar debe dejar sensación de agotamiento sino que debe ser estimulante, si al finalizarlo se siente cansancio es porque fue excesivo.


En todas las exposiciones solares resulta de vital importancia refrescarse con agua: comenzar por la cabeza, luego friccionar los brazos, las piernas, la espalda y al final el vientre. En la playa, zambullirse en el mar es la forma más natural y placentera de recuperar la temperatura normal. Por otro lado, cabe aclarar que permanecer acostado es sólo una de las formas de tomar sol, de hecho es mejor moverse, pasar del sol a la sombra y hacer ejercicios suaves, en lo posible entre árboles. Es fundamental, además, la hidratación constante con agua o zumos naturales, utilizar la menor cantidad de ropa posible una vez adquirida la adaptación, no tener maquillaje y ante cualquier duda, consultar al médico.


El sol es fuente de vida y energía por eso el hombre utiliza la helioterapia como medio terapéutico desde la más remota antigüedad. Su acción benéfica se reconoce dentro de la medicina cuando se habla de baños solares moderados, ya que de otra manera y sin protección, el sol se vuelve nocivo. Aprovechar este momento del año para iniciar una helioterapia es recomendable si se tienen en cuenta todas las recomendaciones y consejos. Otorgarse algunos minutos al aire libre para recibir su  benéfica energía podría resultar de estímulo para cortar con el estrés y llegar a fin de año con más ganas y mejor ánimo.



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Helioterapia: el sol puede curar

Las culturas milenarias ya consideraban al sol como fuente de energía, incluso muchas de ellas lo veneraban por creerlo un dios. Si bien en la actualidad se recomienda exponerse a él con cuidados y horarios específicos, la helioterapia implica un concepto de salud que tendría beneficios en varios aspectos, en tanto el sol estimula las defensas, mejora el ánimo y alivia el dolor. Sin embargo, hay que saber cómo aprovecharlo para evitar sus riesgos y obtener lo mejor de él. De hacerlo en forma correcta, este centro natural de energía podría curar.

Lo importante es tener en cuenta que en las dosis adecuadas, el sol es beneficioso para la salud e incluso puede utilizarse como tratamiento. No se trata aquí de obtener un bronceado sino de acceder a la helioterapia como método terapéutico para equilibrar aspectos orgánicos y psíquicos para llegar al bienestar. Es decir, consiste en tomar baños moderados de sol para combatir y tratar diversas enfermedades y mantener un buen estado de salud general. Estos pueden disfrutarse tanto en verano como en invierno y en cualquier sitio, no es preciso estar en la montaña o en el mar. No obstante, se recomienda no realizar la terapia cuando hay temperaturas cálidas o frías extremas; los días secos, templados y con cielo limpio son los más indicados.

Salvo excepciones, la mayoría de las personas tiene la capacidad de adaptarse al sol si se toma en dosis pequeñas pero hay que recurrir siempre al uso de protectores solares en el caso de exposiciones prolongadas, las no son necesarias para adquirir las diferentes radiaciones que otorga ni sus particulares efectos sobre la salud:

  • Fortalecedor óseo: la radiación ultravioleta del tipo B favorece la síntesis de vitamina D, la que es primordial para fijar el calcio y el fósforo en los huesos; y para metabolizar los hidratos de carbono.
  • Acción antibacterial: bajo las radiaciones ultravioleta muchas bacterias pierden capacidad de reproducción, reducen su actividad y mueren. La exposición solar permite que esta acción se produzca en forma directa sobre la piel. Por otro lado, también proporciona un efecto antibiótico indirecto porque la luz solar aumenta la cantidad de células inmunitarias (glóbulos blancos) en la sangre.
  • Antidepresivo: la luz del sol es imprescindible en la regulación de la secreción de hormonas y neurotransmisores, por ello cuando es escasa se multiplican las probabilidades de sufrir depresión e incluso se pueden generar desórdenes en el estado de ánimo.
  • Antiinflamatorio: el sol estimula la circulación sanguínea y las terminaciones nerviosas de la piel, lo que produce un efecto analgésico. Los dolores musculares y las inflamaciones superficiales pueden aliviarse gracias a la helioterapia; e incluso la tensión arterial se reduce tras la dilatación de las pequeñas venas que recorren la piel.

Dado el impacto benéfico que producen los baños de sol moderados es que la helioterapia, entre otras enfermedades, se recomienda para combatir:

–  Anemia: el déficit de glóbulos rojos – que transportan oxígeno- es una indicación tradicional de la helioterapia porque los rayos de sol, en especial los que se reciben en Alta Montaña, provocan un aumento directo de los glóbulos rojos en circulación y aceleran la curación si se complementan con una dieta especial o con suplementos, ambos supervisados por un nutricionista.

–  Trastornos digestivos: la cura solar puede incluirse en el tratamiento de malas digestiones, estreñimiento, falta de apetito, diarrea, cólicos y candidiasis (infecciones en la boca o la vagina). Los efectos positivos se desprenden de una mejor circulación de la sangre en los órganos que se relacionan con la digestión, lo que estimula la secreción de jugos gástricos y la asimilación de los nutrientes. No obstante, no hay que exponerse al sol cuando hay hemorragias, inflamaciones o acidez en el estómago.

–  Sistema respiratorio: se recomiendan baños de sol de la cintura para abajo con el fin de descongestionar los pulmones y adquirir propiedades antibióticas y fortalecedoras.

–  Osteoporosis: la helioterapia es una indicación evidente en tanto que el sol provoca la síntesis de la vitamina D, lo que ayuda a fijar los minerales en los huesos. Por esta razón, lo baños de sol, en especial los que se realizan a orillas del mar, se indican en casos de fracturas.

–  Diabetes: el sol al igual que la dieta, el ejercicio y la vida el aire libre, estimula el funcionamiento del metabolismo y en consecuencia la secreción de insulina y la asimilación de los hidratos de carbono.

–  Genitales: los baños de sol sobre los de la mujer son eficaces en la sequedad vaginal, las infecciones por hongos, las menstruaciones dolorosas y la insuficiencia en los ovarios. En el hombre, la cura solar se utiliza contra la impotencia, la erección débil y las inflamaciones de próstata.

–  Afecciones de la piel: la helioterapia consigue excelentes resultados sobre ciertas clases de acné y las impurezas de la piel. También es un eficaz método complementario y siempre bajo supervisión médica, en el caso de enfermedades más complejas como el eccema, la psoriasis o las heridas que no cicatrizan. Se aconseja en muchos casos combinar el sol con dieta y baños de mar.

–  Enfermedades renales y urticarias: al activar la circulación en la sangre, el sol mejora el funcionamiento de los riñones y favorece la eliminación de líquidos; además, al intervenir en la asimilación de los minerales, previene la reaparición de cálculos.

–  Trastornos nerviosos: además de combatir la depresión estacional, la helioterapia se indica para ir contra la depresión leve, la falta de vitalidad, la irritabilidad y la anorexia. Es ideal para superar estas situaciones realizar jornadas completas en contacto con la naturaleza: pasear entre árboles, tomar varios baños de sol y de agua por día; y acompañar con sesiones de ejercicio físico. Los efectos benévolos se multiplican si la terapia se disfruta en grupo.

En todos los casos hay que recordar que la helioterapia utiliza la exposición al sol de manera dosificada y que permanecer mucho tiempo no equivale a mejor salud. Para que los baños solares aporten beneficios es preciso tener en cuenta el tipo de piel, la época del año, el lugar, el día y la hora. Además, aumentar de manera progresiva la exposición es el gran secreto.

En relación a las variantes a considerar antes de  colocarse al sol, es bueno destacar que el sol de montaña, con aire limpio y seco; y con presión atmosférica baja, estimula el sistema nervioso y el metabolismo, por lo que es muy recomendable para reforzar el sistema respiratorio: las condiciones climáticas de la montaña por encima de los mil metros, menos presión atmosférica, aire más puro y mayor sequedad ambiental, hacen que las radiaciones solares sean más intensas y eficaces. Por esta condición, la helioterapia de montaña se utiliza para el tratamiento de enfermedades pulmonares, sobre todo para el de la tuberculosis; las enfermedades de la sangre y todos aquellos procesos que cursan con una disminución de las defensas del organismo.  Las curas de montaña, en general, mejoran el metabolismo, estimulan el apetito, hacen el organismo más resistente y proporcionan más vitalidad y defensas.

Por su parte, la helioterapia marina -bajo la luminosidad que causa la reflexión en arena y mar, más una buena temperatura y una moderada humedad- resulta sedante y es propicia para tratar problemas circulatorios y debilidad general. El clima de la costa se regula por la acción neutralizante del mar. Las temperaturas tienen menos oscilaciones y son más constantes, la humedad es muy alta y hay abundantes  radiaciones ultravioleta  debido a la intensa luminosidad y a la difusión de la luz. Estas condiciones hacen que la cura helio-marina sea un método ideal para tratar enfermedades de piel, tanto la psoriasis como el eczema atópico o la dermatitis atópica mejoran en forma notable sus síntomas de sequedad cutánea, descamación, pigmentación y prurito. Por otra parte, el raquitismo y la osteomalacia son dos entidades patológicas que se presentan durante la infancia y que se tratan en forma preventiva y curativa con una exposición razonable a las radiaciones solares en el ambiente marino. También las lesiones ulcerosas, las heridas de mala cicatrización, las cicatrices y los estados de convalecencia de diferentes enfermedades suelen mejorar de forma más rápida durante las sesiones de helioterapia marina; al igual que muchos trastornos del comportamiento psicológico, neurosis, depresión, ansiedad e incluso el insomnio.

No obstante, nunca hay que exponerse al sol en horas de radiación elevada, en especial durante el verano; lo ideal es hacerlo durante las primeras horas de la mañana o las últimas de la tarde. También es bueno en forma progresiva, comenzar con sólo cinco minutos y sumar otros cinco minutos por vez, conforme pasan los días; lo mismo para las zonas corporales a exponer, primero una pequeña parte y de allí, poco a poco, extender la superficie. Un referente general es que recién al quinto día el baño solar puede durar 25 minutos e incluir la zona del pecho. Luego de diez días el tiempo máximo de exposición es de 50 minutos, divididos entre la parte anterior y posterior del cuerpo; aquí es conveniente colocarse a la sombre durante 15 minutos entre el baño solar delantero y el posterior. Es primordial, en cualquiera de las dos posturas y siempre, cubrir la cabeza y proteger los ojos con anteojos para sol. Nunca un baño solar debe dejar sensación de agotamiento sino que debe ser estimulante, si al finalizarlo se siente cansancio es porque fue excesivo.

En todas las exposiciones solares resulta de vital importancia refrescarse con agua: comenzar por la cabeza, luego friccionar los brazos, las piernas, la espalda y al final el vientre. En la playa, zambullirse en el mar es la forma más natural y placentera de recuperar la temperatura normal. Por otro lado, cabe aclarar que permanecer acostado es sólo una de las formas de tomar sol, de hecho es mejor moverse, pasar del sol a la sombra y hacer ejercicios suaves, en lo posible entre árboles. Es fundamental, además, la hidratación constante con agua o zumos naturales, utilizar la menor cantidad de ropa posible una vez adquirida la adaptación, no tener maquillaje y ante cualquier duda, consultar al médico.

El sol es fuente de vida y energía por eso el hombre utiliza la helioterapia como medio terapéutico desde la más remota antigüedad. Su acción benéfica se reconoce dentro de la medicina cuando se habla de baños solares moderados, ya que de otra manera y sin protección, el sol se vuelve nocivo. Aprovechar este momento del año para iniciar una helioterapia es recomendable si se tienen en cuenta todas las recomendaciones y consejos. Otorgarse algunos minutos al aire libre para recibir su  benéfica energía podría resultar de estímulo para cortar con el estrés y llegar a fin de año con más ganas y mejor ánimo.

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