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¿Hacen bien o mal los amigos imaginarios?
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Por Redacción

¿Hacen bien o mal los amigos imaginarios?



Muchos recuerdan a su amigo imaginario pues es algo común durante la primera infancia. Se trata de un personaje que no existe en la realidad sino en la imaginación pero que participa de manera activa en la vida del niño. Aquel adulto que tuvo uno puede recordarlo incluso con nostalgia y dar cuenta que no se trata de algo patológico ni problemático sino algo normal que le sucede a muchos niños, por lo que la mayoría de los expertos asegura que los padres no deben preocuparse, salvo en algunas excepciones. Pese a ello, ¿por qué aparecen estos persones en la mente de los más pequeños? ¿Tienen estos niños algunas características especiales de personalidad?


Muchos niños de edades tempranas tienen un amigo imaginario con el cual suelen sostener largos diálogos, lo que resulta motivo de preocupación para muchos padres que terminan por pedir ayuda profesional . Sin embargo, la respuesta depende del especialista al que se consulte, pues el fenómeno despierta posturas psicológicas opuestas. Así, están los que aseveran que los amigos imaginarios son un fruto inofensivo de la imaginación y la creatividad infantil, mientras que otros asustan a los padres con una presunta y mal llamada “psicosis infantil”. ¿Cuánto hay de verdad y de incierto en estas opiniones divergentes?


La convivencia con un amigo imaginario, al final de cuentas, es normal y forma parte de la fantasía de los niños y de su desarrollo como personas. Tal es así,  que los expertos señalan que alrededor del 65 % de ellos manifiestan poseerlo.


Este tipo de amigo no existe en la realidad pero el niño lo vivencia como tal, habla y juega con él. En ocasiones, puede ser un objeto no ficticio, como un peluche o una muñeca, pero por lo general, los amigos imaginarios no forman parte de lo material. Incluso pueden aparecer varios en diferentes etapas, una vez ser un perro y otro un superhéroe de TV o ser un niño de la misma edad pero, unos como otros, tal como vienen se van. Por lo general, estos personajes aparecen alrededor de los dos años y se quedan hasta los siete u ocho. Pero nada es universal, pues por un lado, no todos los pequeños pasan por esta situación y por otro, hay adultos que aseveran tener un amigo de estas características.


Un estudio de la Universidad de Washington sostiene que dos de cada tres niños tienen amigos imaginarios de los cuatro a los siete años, que una tercera parte de los que están en edad escolar lo mantiene y que el 70 % del total de los niños que manifestaron este vínculo son primogénitos o hijos únicos; algunos no creen en una relación directa entre el pequeño sin hermanos y la existencia de este amigo pero otros avalan esa vinculación por considerarla consecuencia de la soledad del niño; lo cierto es que muchos de los que tienen hermanos también poseen amigos imaginarios. Así mismo, no puede comprobarse su existencia vinculada a niños inmersos en un ambiente donde sólo hay adultos. Por lo tanto, aún no se conoce con total certeza por qué surge este compañero con personalidad propia.


¿Qué niños tienen un amigo imaginario?


No existe un perfil característico de los niños que tienen estos pequeños compañeros de juego, sin embargo, parece influir en forma directa la creatividad. Así, si un niño es muy creativo y tiene muchas fantasías, es normal la aparición en su vida de un amigo imaginario. Incluso, hay estudios que demuestran que si el pequeño tuvo uno de estos amigos en la infancia suele ser más creativo, tener mayor empatía y buenas habilidades lingüísticas cuando llega a la adolescencia. Por lo tanto, el factor clave es la creatividad, a mayor creatividad y fantasía del niño, mayor probabilidad de que aparezca o tenga un amigo imaginario.


¿Por qué? Parece ser que estar a cargo de las dos partes de la comunicación facilita el desarrollo de habilidades comunicativas, no sólo porque amplía el vocabulario de los pequeños sino porque además les ayuda a descentrarse y comprender la realidad desde la perspectiva del otro, lo que provoca un mayor desarrollo en su esfera cognitiva. Por otra parte, los amigos imaginarios ayudan a los niños a expresar sus sentimientos y en ocasiones actúan de forma catártica, lo que disminuye cualquier comportamiento agresivo o violento y lo ayuda a transitar por situaciones difíciles, como por ejemplo, la separación de sus padres o la muerte de un ser querido.


Sin embargo, en algunos casos aislados, la aparición de un amigo imaginario puede considerarse como un intento del pequeño por satisfacer sus carencias afectivas. En otras ocasiones, en lo usual cuando el niño inicia la edad escolar, el amigo imaginario surge como un chivo expiatorio que le sirve de escudo para explicar aquellos comportamientos que se rechazan en el ámbito familiar. Entonces, es necesario que padres y educadores estén atentos pues esta figura de fantasía surge para expresar alguna dificultad, carencia o trauma.


Por otra parte, un resiente estudio mexicano asevera que los niños que pasan más tiempo frente a la televisión también son más propensos a crear amigos imaginarios.


Respecto a su desaparición, no hay una duración estipulada de cuándo este amigo tan particular se despide o es echado, pero es cierto que tal como viene se va o viene y va de manera esporádica. La fase de decadencia se produce en la entrada a la edad de la razón, entre los seis y ocho años, periodo en que el pensamiento se torna más lógico y racional; momento en que además el pequeño entabla nuevas amistades o se adapta a la nueva situación.  De todas maneras aún no hay conclusiones respecto a esto, puesto que adultos sin problemas de salud mental, aseguran tener amigos imaginarios que los cuidan, guían, acompañan y protegen, con los cuales tienen un vínculo tan real como con cualquier humano.


La actitud de los padres


Por lo general, los padres actúan con preocupación cuando perciben que su hijo tiene un amigo imaginario pero su presencia no debe preocuparlos porque él forma parte del proceso natural de evolución y desarrollo del pequeño. La mejor forma de enfrentar la situación es actuar con naturalidad: ni rechazarlo ni ignorarlo.


Incluso, en muchas ocasiones acuden a consulta para preguntar si deben aceptar esta fantasía o  tratar de que el niño lo ignore. Por ello, se les insiste en que deben tolerar y respetar la situación, no deben regañarlo pero tampoco fomentar la existencia de este amigo en su imaginación. Otra cosa que tienen que tener claro es que no deben permitir que se exima de responsabilidad por atribuirle la culpa a su amigo imaginario o que lo prefiera antes que a sus amigos reales.


No obstante, suelen ser pocos los padres que conocen su existencia pues el pequeño tiende a dejar sus creaciones fuera del mundo de los adultos. Por lo general, estas fantasías se desarrollan cuando no se observa al niño y aunque cueste entenderlo, la mayoría de ellos sabe que su amigo no existe en la realidad y que vive sólo en su imaginación.


Consejos para los papás :


–         Es importante que observen las conversaciones que su hijo tiene con su amigo imaginario, si resultasen anormales o si prefiriese jugar con él antes que con sus amigos reales, hay que explicarle que ese amigo es sólo para cuando esté solo. De lo contrario, podrían aparecer problemas de relaciones sociales en un futuro. Es bueno estar atentos a esas conversaciones para saber qué tipo de amigo es y cómo se lleva con él. Por ejemplo, si el amigo imaginario es una especie de Superman hay que controlar que no se le ocurra echar a volar, cosa que ocurre en varias ocasiones. Si se trata de un amigo agresivo, conviene charlar al respecto, pero sin hacerle reproches.


–         Los niños siempre deben preferir jugar con sus amigos reales: uno de los beneficios del juego en la infancia es que los pequeños aprenden a ceder, cooperar, ser compañeros y a ponerse en distintos roles. Por todo ello, es muy importante que jueguen con niños reales, para que aprendan todas estas características del juego. Si juega siempre con su amigo imaginario, juega siempre a lo que el niño quiere y no aprende esos valores tan importantes para el futuro. Los padres deben preocuparse si el pequeño sólo quiere jugar con su amigo imaginario y no con niños reales, sobre todo si a esta conducta la acompañan otras agresivas y/o conflictivas. También deben preocuparse si ese amigo particular continúa presente a partir de los siete u ocho años. De lo contrario, lo mejor es actuar con total naturalidad y no preocuparse en absoluto.


–         No interferir en el juego: Los padres no deben participar de los juegos de su hijo con su amigo imaginario y deben aceptar que es un producto de su imaginación y, por ello, deben respetarlo y no formar parte. Es el mundo que se crean los niños para hacer posible aquello que no lo es en la realidad.


–         Acudir al médico especialista: Cuando pasa la preadolescencia y el niño todavía mantiene a su amigo invisible o cuando le distrae la atención de actividades cotidianas como las clases del profesor o comer, entre otras, entonces hay que consultar con los médicos las causas y cómo hacer para que el pequeño pase de a poco a vivir el mundo real.


En sentido general, mientras que para el psicoanálisis y el cognitivismo los amigos imaginarios son expresión de inmadurez o síntomas de una neurosis incipiente, la nueva generación de psicólogos refuerza los beneficios de este fenómeno: la habilidad para experimentar empatía, alternar puntos de vista, probar nuevas secuencias de diálogos, cambiar situaciones, revisar interpretaciones, especular, ponerse en la perspectiva del otro… No obstante, cualquier generalización en este ámbito puede llevar por caminos equivocados, cada persona es un mundo en sí mismo, por lo cual, la aparición de un amigo imaginario también podrá tener disímiles causas y consecuencias.


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¿Hacen bien o mal los amigos imaginarios?

Muchos recuerdan a su amigo imaginario pues es algo común durante la primera infancia. Se trata de un personaje que no existe en la realidad sino en la imaginación pero que participa de manera activa en la vida del niño. Aquel adulto que tuvo uno puede recordarlo incluso con nostalgia y dar cuenta que no se trata de algo patológico ni problemático sino algo normal que le sucede a muchos niños, por lo que la mayoría de los expertos asegura que los padres no deben preocuparse, salvo en algunas excepciones. Pese a ello, ¿por qué aparecen estos persones en la mente de los más pequeños? ¿Tienen estos niños algunas características especiales de personalidad?

Muchos niños de edades tempranas tienen un amigo imaginario con el cual suelen sostener largos diálogos, lo que resulta motivo de preocupación para muchos padres que terminan por pedir ayuda profesional . Sin embargo, la respuesta depende del especialista al que se consulte, pues el fenómeno despierta posturas psicológicas opuestas. Así, están los que aseveran que los amigos imaginarios son un fruto inofensivo de la imaginación y la creatividad infantil, mientras que otros asustan a los padres con una presunta y mal llamada “psicosis infantil”. ¿Cuánto hay de verdad y de incierto en estas opiniones divergentes?

La convivencia con un amigo imaginario, al final de cuentas, es normal y forma parte de la fantasía de los niños y de su desarrollo como personas. Tal es así,  que los expertos señalan que alrededor del 65 % de ellos manifiestan poseerlo.

Este tipo de amigo no existe en la realidad pero el niño lo vivencia como tal, habla y juega con él. En ocasiones, puede ser un objeto no ficticio, como un peluche o una muñeca, pero por lo general, los amigos imaginarios no forman parte de lo material. Incluso pueden aparecer varios en diferentes etapas, una vez ser un perro y otro un superhéroe de TV o ser un niño de la misma edad pero, unos como otros, tal como vienen se van. Por lo general, estos personajes aparecen alrededor de los dos años y se quedan hasta los siete u ocho. Pero nada es universal, pues por un lado, no todos los pequeños pasan por esta situación y por otro, hay adultos que aseveran tener un amigo de estas características.

Un estudio de la Universidad de Washington sostiene que dos de cada tres niños tienen amigos imaginarios de los cuatro a los siete años, que una tercera parte de los que están en edad escolar lo mantiene y que el 70 % del total de los niños que manifestaron este vínculo son primogénitos o hijos únicos; algunos no creen en una relación directa entre el pequeño sin hermanos y la existencia de este amigo pero otros avalan esa vinculación por considerarla consecuencia de la soledad del niño; lo cierto es que muchos de los que tienen hermanos también poseen amigos imaginarios. Así mismo, no puede comprobarse su existencia vinculada a niños inmersos en un ambiente donde sólo hay adultos. Por lo tanto, aún no se conoce con total certeza por qué surge este compañero con personalidad propia.

¿Qué niños tienen un amigo imaginario?

No existe un perfil característico de los niños que tienen estos pequeños compañeros de juego, sin embargo, parece influir en forma directa la creatividad. Así, si un niño es muy creativo y tiene muchas fantasías, es normal la aparición en su vida de un amigo imaginario. Incluso, hay estudios que demuestran que si el pequeño tuvo uno de estos amigos en la infancia suele ser más creativo, tener mayor empatía y buenas habilidades lingüísticas cuando llega a la adolescencia. Por lo tanto, el factor clave es la creatividad, a mayor creatividad y fantasía del niño, mayor probabilidad de que aparezca o tenga un amigo imaginario.

¿Por qué? Parece ser que estar a cargo de las dos partes de la comunicación facilita el desarrollo de habilidades comunicativas, no sólo porque amplía el vocabulario de los pequeños sino porque además les ayuda a descentrarse y comprender la realidad desde la perspectiva del otro, lo que provoca un mayor desarrollo en su esfera cognitiva. Por otra parte, los amigos imaginarios ayudan a los niños a expresar sus sentimientos y en ocasiones actúan de forma catártica, lo que disminuye cualquier comportamiento agresivo o violento y lo ayuda a transitar por situaciones difíciles, como por ejemplo, la separación de sus padres o la muerte de un ser querido.

Sin embargo, en algunos casos aislados, la aparición de un amigo imaginario puede considerarse como un intento del pequeño por satisfacer sus carencias afectivas. En otras ocasiones, en lo usual cuando el niño inicia la edad escolar, el amigo imaginario surge como un chivo expiatorio que le sirve de escudo para explicar aquellos comportamientos que se rechazan en el ámbito familiar. Entonces, es necesario que padres y educadores estén atentos pues esta figura de fantasía surge para expresar alguna dificultad, carencia o trauma.

Por otra parte, un resiente estudio mexicano asevera que los niños que pasan más tiempo frente a la televisión también son más propensos a crear amigos imaginarios.

Respecto a su desaparición, no hay una duración estipulada de cuándo este amigo tan particular se despide o es echado, pero es cierto que tal como viene se va o viene y va de manera esporádica. La fase de decadencia se produce en la entrada a la edad de la razón, entre los seis y ocho años, periodo en que el pensamiento se torna más lógico y racional; momento en que además el pequeño entabla nuevas amistades o se adapta a la nueva situación.  De todas maneras aún no hay conclusiones respecto a esto, puesto que adultos sin problemas de salud mental, aseguran tener amigos imaginarios que los cuidan, guían, acompañan y protegen, con los cuales tienen un vínculo tan real como con cualquier humano.

La actitud de los padres

Por lo general, los padres actúan con preocupación cuando perciben que su hijo tiene un amigo imaginario pero su presencia no debe preocuparlos porque él forma parte del proceso natural de evolución y desarrollo del pequeño. La mejor forma de enfrentar la situación es actuar con naturalidad: ni rechazarlo ni ignorarlo.

Incluso, en muchas ocasiones acuden a consulta para preguntar si deben aceptar esta fantasía o  tratar de que el niño lo ignore. Por ello, se les insiste en que deben tolerar y respetar la situación, no deben regañarlo pero tampoco fomentar la existencia de este amigo en su imaginación. Otra cosa que tienen que tener claro es que no deben permitir que se exima de responsabilidad por atribuirle la culpa a su amigo imaginario o que lo prefiera antes que a sus amigos reales.

No obstante, suelen ser pocos los padres que conocen su existencia pues el pequeño tiende a dejar sus creaciones fuera del mundo de los adultos. Por lo general, estas fantasías se desarrollan cuando no se observa al niño y aunque cueste entenderlo, la mayoría de ellos sabe que su amigo no existe en la realidad y que vive sólo en su imaginación.

Consejos para los papás :

–         Es importante que observen las conversaciones que su hijo tiene con su amigo imaginario, si resultasen anormales o si prefiriese jugar con él antes que con sus amigos reales, hay que explicarle que ese amigo es sólo para cuando esté solo. De lo contrario, podrían aparecer problemas de relaciones sociales en un futuro. Es bueno estar atentos a esas conversaciones para saber qué tipo de amigo es y cómo se lleva con él. Por ejemplo, si el amigo imaginario es una especie de Superman hay que controlar que no se le ocurra echar a volar, cosa que ocurre en varias ocasiones. Si se trata de un amigo agresivo, conviene charlar al respecto, pero sin hacerle reproches.

–         Los niños siempre deben preferir jugar con sus amigos reales: uno de los beneficios del juego en la infancia es que los pequeños aprenden a ceder, cooperar, ser compañeros y a ponerse en distintos roles. Por todo ello, es muy importante que jueguen con niños reales, para que aprendan todas estas características del juego. Si juega siempre con su amigo imaginario, juega siempre a lo que el niño quiere y no aprende esos valores tan importantes para el futuro. Los padres deben preocuparse si el pequeño sólo quiere jugar con su amigo imaginario y no con niños reales, sobre todo si a esta conducta la acompañan otras agresivas y/o conflictivas. También deben preocuparse si ese amigo particular continúa presente a partir de los siete u ocho años. De lo contrario, lo mejor es actuar con total naturalidad y no preocuparse en absoluto.

–         No interferir en el juego: Los padres no deben participar de los juegos de su hijo con su amigo imaginario y deben aceptar que es un producto de su imaginación y, por ello, deben respetarlo y no formar parte. Es el mundo que se crean los niños para hacer posible aquello que no lo es en la realidad.

–         Acudir al médico especialista: Cuando pasa la preadolescencia y el niño todavía mantiene a su amigo invisible o cuando le distrae la atención de actividades cotidianas como las clases del profesor o comer, entre otras, entonces hay que consultar con los médicos las causas y cómo hacer para que el pequeño pase de a poco a vivir el mundo real.

En sentido general, mientras que para el psicoanálisis y el cognitivismo los amigos imaginarios son expresión de inmadurez o síntomas de una neurosis incipiente, la nueva generación de psicólogos refuerza los beneficios de este fenómeno: la habilidad para experimentar empatía, alternar puntos de vista, probar nuevas secuencias de diálogos, cambiar situaciones, revisar interpretaciones, especular, ponerse en la perspectiva del otro… No obstante, cualquier generalización en este ámbito puede llevar por caminos equivocados, cada persona es un mundo en sí mismo, por lo cual, la aparición de un amigo imaginario también podrá tener disímiles causas y consecuencias.

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