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Por Redacción

Grosero cantar para acallar el triste silencio



El país se hunde aún más en el negro océano de los improperios institucionales. Inmerecidos por cierto. Que azotan la osamenta de millones de argentinos. Y, como resaltábamos la semana pasada desde el poder central se atiza una y otra vez el fuego de la discordia, la falta de respeto al pensamiento ajeno,  a las instituciones de la nación y a la libertad de expresión. Colocando a la constitución y a las leyes en el diván caprichoso de las oscuras antinomias, con esa clara demostración que la democracia le asiste absolutamente acotada a cada ciudadano de nuestro país.


La última aparición de la presidenta en cadena nacional dejó más que claro que del fiscal federal Alberto Nisman y su dudosa muerte, no va a ver ningún pronunciamiento oficial. Que al tema se lo va a seguir ninguneando y que el mismo es ese profundo y para nada esperado golpe de gracia que ha dejado al descubierto ese pestilente tufillo de impune y sectario manejo de la administración del país. ¡Y, claro!, ¿uno puede esperar que fuese de otra manera?  Para nada, porque esencialmente Nisman estaba investigando a Cristina Fernández de Kirchner. Porque el tema “atentado a la AMIA ”, el memorándum firmado con Irán, las andanzas descaradas de Luis D´Elía y la amplia red de encubrimiento oficial para con los responsables de la colocación del mortal aparato explosivo en la sede judía, pesaba con rigor de total verdad. Que aún con la muerte de Alberto Nisman NO se puede ocultar. A punto tal que finalmente el fiscal Gerardo Pollicita, tomando el accionar de su malogrado par Nisman “ha imputado a la jefa de estado, junto al canciller Héctor Tímerman”


Pero, también todo esto ha dejado al descubierto aún más. Que el poder judicial de la nación, con sus magistrados, jueces y fiscales están siendo observados y acotados en su accionar, por el predicamento y concepción del pensamiento “K”. Porque de esta manera la mirada del prisma kirchnerista concibe sectariamente el sentido de república. Todo a sus pies, sin objeción alguna. Sea lo que sea. Más aún si es tapar esa GRAN suciedad dañina que ha lesionado las instituciones de Argentina. Es decir, que como lo han hecho con otros sectores como el campo, la industria, la iglesia católica, el periodismo y todas aquellas instituciones y dirigentes que hicieron su legítima mirada crítica, para el gobierno y su séquito son esos monstruos que atenta contra la estabilidad del país y la figura presidencial.


Esto es tan grave como dañino y las secuelas que dejará tras diciembre próximo tampoco tienen precedentes en la vida de Argentina. Es que, el daño institucional infringido costará mucho sanar con una sociedad dividida y desarticulada en el real sentido que los argentinos deberían darle a la unión nacional. Con una democracia fortalecida y enriquecida por toda corriente de pensamiento que se respete y se refleje en la valoración a las libertades públicas.


Y uno, a esta altura de los duros acontecimientos que se viven a diario. Donde hay una sensación generalizada que esto puede empeorarse, a punto tal de poner en riesgo la paz social. Mira con respeto y valoración la actitud asumida por los fiscales de la nación que, como nunca antes había sucedido saldrán a la calle a reflexionar en silencio lo que ha sucedido con su par Alberto Nisman. Resaltando en homenaje su figura, su accionar, sus investigaciones y el esclarecimiento de su muerte. También, peticionando en su legítimo derecho a la expresión que les asegura la constitución nacional para que la justicia, sus integrantes y sus dictámenes sean respetados y acatados. Lejos de mugrientas e impunes influencias. Mucho más lejos de mortales accionares mafiosos del poder central.


Quizás por eso el 18 F será ese día donde uno vaticina que los fiscales no estén solos. Uno siente que la ciudadanía saldrá también en silencio a las calles del país. A decir una vez más que este no es el país de todos. Mucho menos al que se le ha sustraído el respeto y la dignidad de una nación que supo de grandezas.


Grandezas hoy ausentes ante el pisoteo institucional que la presidenta realizó grotescamente, cuando en su última aparición por cadena nacional con espeluznante cinismo expresó: “a ellos les dejamos el silencio, siempre les gustó el silencio. Nosotros nos quedamos con el canto de “viva la patria” y la alegría; que ellos se queden con el silencio, siempre les gustó el silencio”.


Un cachetazo que no merece la memoria intencionalmente olvidada del fiscal federal Alberto Nisman. Otro desacertado improperio a la justicia y dolorosa redundancia de la prepotencia sin límites hacia todo un país, que muy golpeado espera. Solo espera y quizás después del 18 F donde el silencio de lugar al fuerte y contundente pronunciamiento de esos que la historia del país sabe a la hora de terminar con autoritarismo que pretendieron dañar y robar de la dignidad nacional.


Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano


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Grosero cantar para acallar el triste silencio

El país se hunde aún más en el negro océano de los improperios institucionales. Inmerecidos por cierto. Que azotan la osamenta de millones de argentinos. Y, como resaltábamos la semana pasada desde el poder central se atiza una y otra vez el fuego de la discordia, la falta de respeto al pensamiento ajeno,  a las instituciones de la nación y a la libertad de expresión. Colocando a la constitución y a las leyes en el diván caprichoso de las oscuras antinomias, con esa clara demostración que la democracia le asiste absolutamente acotada a cada ciudadano de nuestro país.

La última aparición de la presidenta en cadena nacional dejó más que claro que del fiscal federal Alberto Nisman y su dudosa muerte, no va a ver ningún pronunciamiento oficial. Que al tema se lo va a seguir ninguneando y que el mismo es ese profundo y para nada esperado golpe de gracia que ha dejado al descubierto ese pestilente tufillo de impune y sectario manejo de la administración del país. ¡Y, claro!, ¿uno puede esperar que fuese de otra manera?  Para nada, porque esencialmente Nisman estaba investigando a Cristina Fernández de Kirchner. Porque el tema “atentado a la AMIA ”, el memorándum firmado con Irán, las andanzas descaradas de Luis D´Elía y la amplia red de encubrimiento oficial para con los responsables de la colocación del mortal aparato explosivo en la sede judía, pesaba con rigor de total verdad. Que aún con la muerte de Alberto Nisman NO se puede ocultar. A punto tal que finalmente el fiscal Gerardo Pollicita, tomando el accionar de su malogrado par Nisman “ha imputado a la jefa de estado, junto al canciller Héctor Tímerman”

Pero, también todo esto ha dejado al descubierto aún más. Que el poder judicial de la nación, con sus magistrados, jueces y fiscales están siendo observados y acotados en su accionar, por el predicamento y concepción del pensamiento “K”. Porque de esta manera la mirada del prisma kirchnerista concibe sectariamente el sentido de república. Todo a sus pies, sin objeción alguna. Sea lo que sea. Más aún si es tapar esa GRAN suciedad dañina que ha lesionado las instituciones de Argentina. Es decir, que como lo han hecho con otros sectores como el campo, la industria, la iglesia católica, el periodismo y todas aquellas instituciones y dirigentes que hicieron su legítima mirada crítica, para el gobierno y su séquito son esos monstruos que atenta contra la estabilidad del país y la figura presidencial.

Esto es tan grave como dañino y las secuelas que dejará tras diciembre próximo tampoco tienen precedentes en la vida de Argentina. Es que, el daño institucional infringido costará mucho sanar con una sociedad dividida y desarticulada en el real sentido que los argentinos deberían darle a la unión nacional. Con una democracia fortalecida y enriquecida por toda corriente de pensamiento que se respete y se refleje en la valoración a las libertades públicas.

Y uno, a esta altura de los duros acontecimientos que se viven a diario. Donde hay una sensación generalizada que esto puede empeorarse, a punto tal de poner en riesgo la paz social. Mira con respeto y valoración la actitud asumida por los fiscales de la nación que, como nunca antes había sucedido saldrán a la calle a reflexionar en silencio lo que ha sucedido con su par Alberto Nisman. Resaltando en homenaje su figura, su accionar, sus investigaciones y el esclarecimiento de su muerte. También, peticionando en su legítimo derecho a la expresión que les asegura la constitución nacional para que la justicia, sus integrantes y sus dictámenes sean respetados y acatados. Lejos de mugrientas e impunes influencias. Mucho más lejos de mortales accionares mafiosos del poder central.

Quizás por eso el 18 F será ese día donde uno vaticina que los fiscales no estén solos. Uno siente que la ciudadanía saldrá también en silencio a las calles del país. A decir una vez más que este no es el país de todos. Mucho menos al que se le ha sustraído el respeto y la dignidad de una nación que supo de grandezas.

Grandezas hoy ausentes ante el pisoteo institucional que la presidenta realizó grotescamente, cuando en su última aparición por cadena nacional con espeluznante cinismo expresó: “a ellos les dejamos el silencio, siempre les gustó el silencio. Nosotros nos quedamos con el canto de “viva la patria” y la alegría; que ellos se queden con el silencio, siempre les gustó el silencio”.

Un cachetazo que no merece la memoria intencionalmente olvidada del fiscal federal Alberto Nisman. Otro desacertado improperio a la justicia y dolorosa redundancia de la prepotencia sin límites hacia todo un país, que muy golpeado espera. Solo espera y quizás después del 18 F donde el silencio de lugar al fuerte y contundente pronunciamiento de esos que la historia del país sabe a la hora de terminar con autoritarismo que pretendieron dañar y robar de la dignidad nacional.

Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

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