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Godoy Cruz festeja la cerveza
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Por Redacción

Godoy Cruz festeja la cerveza



El protagonismo mendocino comenzó a tomar fuerza con “Ojo Reactor” que, bajo su EP “Naranja”, fue englobando Rock Indie y Alternativo, para que el escenario comenzara a palpitar una noche sacudida. Canciones al borde del vértigo rítmico, enfundadas en el encuentro entre Silvio Mafferra (voz y guitarra), Emiliano Hernández, (guitarra), “Gato” Cifuentes (bajo) y Jorge Gallego (batería) fue lo que condujo a “Cerebro de Mono” a ir introduciendo el esquema clásico del Rock y Post Punk, envasado con nuevas ideas y sonidos atravesadas por las vivencias de sus integrantes.


Melodías sin cadena


Los lobos furiosos se liberaron y su rugido comenzó a retumbar por toda la guarida cervecera. La  Jauría del ex Attaque 77, Ciro Pertusi, sacó toda su fiereza rocanrolera destilando las canciones de su nueva etapa acompañado por Mauro Ambesi (Bajo y coros); Sebastián Ambesi (Guitarra y coros) y Ray Fajardo (batería y programaciones). La inquietante “Guerra” fue cruzándose con “Religionare”, “Western, “una canción que lamentablemente no pierde vigencia”; “Beatle”; “Indios Kilmes”; “El puente más allá”; “Amigo mío” y el himno “No me arrepiento de este amor”, cuya agitada reversión en la etapa Attaque le valió tantos elogios como en su versión original. El amor, la amistad, cuestiones sociales y ambientales y el existencialismo de un corazón sensible fueron aflorando de la garganta de este perro romántico.


Un viaje sin respiro propusieron Los Brujos con sus infinitas ansias de experimentar sobre el escenario, con un estilo que agitó a sus seguidores de ayer y hoy tomando lo más interesante de su particular perfil estético y sónico. Multiprocesando Rock, Funk, Rap y solos épicos, devolvieron un irresistible cóctel macerado por más de 20 años de agite encerrado en una discografía imprescindible. Pendulando entre “Fin de semana salvaje” y su más reciente “Pong”, los  ecos noventosos, cuyo puntos más coreados fueron “Kanishka” y “Aguaviva”, los encontraron con una imparable energía, desfachatez y ganas de seguir sorprendiendo en un estado de aggiornada madurez y precisión.


En una celebración que le rinde homenaje a la bebida que acompaña miles de relatos urbanos, ellos no podían quedar afuera. Ya entrada la madrugada, el grito de la calle comenzó a tomar forma de himnos punks que se viralizaron en miles de agitadas gargantas. 2 Minutos subió con esa urgencia y atropello que tienen las verdades que deben ser dichas, sin importar formas o protocolos. Los clásicos que reclamaba la hinchada estuvieron ahí, en un sacudido cierre del que nadie se quería bajar. Los de Valentín Alsina tienen chapa de ser cultores de un género y se paran firmes para sostenerlo, con una imparable batería de temas que toman al  barrio, la mujer, la lealtad en la amistad, la realidad del trabajador abrumado y su rechazo al sistema opresor, entre otros tópicos enquistados en su ADN musical.


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Godoy Cruz festeja la cerveza

El protagonismo mendocino comenzó a tomar fuerza con “Ojo Reactor” que, bajo su EP “Naranja”, fue englobando Rock Indie y Alternativo, para que el escenario comenzara a palpitar una noche sacudida. Canciones al borde del vértigo rítmico, enfundadas en el encuentro entre Silvio Mafferra (voz y guitarra), Emiliano Hernández, (guitarra), “Gato” Cifuentes (bajo) y Jorge Gallego (batería) fue lo que condujo a “Cerebro de Mono” a ir introduciendo el esquema clásico del Rock y Post Punk, envasado con nuevas ideas y sonidos atravesadas por las vivencias de sus integrantes.

Melodías sin cadena

Los lobos furiosos se liberaron y su rugido comenzó a retumbar por toda la guarida cervecera. La  Jauría del ex Attaque 77, Ciro Pertusi, sacó toda su fiereza rocanrolera destilando las canciones de su nueva etapa acompañado por Mauro Ambesi (Bajo y coros); Sebastián Ambesi (Guitarra y coros) y Ray Fajardo (batería y programaciones). La inquietante “Guerra” fue cruzándose con “Religionare”, “Western, “una canción que lamentablemente no pierde vigencia”; “Beatle”; “Indios Kilmes”; “El puente más allá”; “Amigo mío” y el himno “No me arrepiento de este amor”, cuya agitada reversión en la etapa Attaque le valió tantos elogios como en su versión original. El amor, la amistad, cuestiones sociales y ambientales y el existencialismo de un corazón sensible fueron aflorando de la garganta de este perro romántico.

Un viaje sin respiro propusieron Los Brujos con sus infinitas ansias de experimentar sobre el escenario, con un estilo que agitó a sus seguidores de ayer y hoy tomando lo más interesante de su particular perfil estético y sónico. Multiprocesando Rock, Funk, Rap y solos épicos, devolvieron un irresistible cóctel macerado por más de 20 años de agite encerrado en una discografía imprescindible. Pendulando entre “Fin de semana salvaje” y su más reciente “Pong”, los  ecos noventosos, cuyo puntos más coreados fueron “Kanishka” y “Aguaviva”, los encontraron con una imparable energía, desfachatez y ganas de seguir sorprendiendo en un estado de aggiornada madurez y precisión.

En una celebración que le rinde homenaje a la bebida que acompaña miles de relatos urbanos, ellos no podían quedar afuera. Ya entrada la madrugada, el grito de la calle comenzó a tomar forma de himnos punks que se viralizaron en miles de agitadas gargantas. 2 Minutos subió con esa urgencia y atropello que tienen las verdades que deben ser dichas, sin importar formas o protocolos. Los clásicos que reclamaba la hinchada estuvieron ahí, en un sacudido cierre del que nadie se quería bajar. Los de Valentín Alsina tienen chapa de ser cultores de un género y se paran firmes para sostenerlo, con una imparable batería de temas que toman al  barrio, la mujer, la lealtad en la amistad, la realidad del trabajador abrumado y su rechazo al sistema opresor, entre otros tópicos enquistados en su ADN musical.

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