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Gastroenteritis de verano
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Por Redacción

Gastroenteritis de verano



Es común enfermarse del estómago durante la temporada estival ya que el calor facilita el desarrollo de algunos microorganismos en las comidas que provocan diarrea, vómito, dolor de cabeza y fiebre, entre otros síntomas. Si bien es complejo determinar qué tipo de  bacteria ataca, es simple evitar que lo haga mediante acciones básicas de higiene, conservación y limpieza de los alimentos que se consumen a diario. La gastroenteritis es una enfermedad recurrente durante los meses de calor, se inicia en forma brusca y se considera una alteración aguda, infecciosa y autolimitada que afecta en mayor medida a niños y adultos mayores.


La mayoría de las infecciones transmitidas por los alimentos tienen su origen en las bacterias Campylobacter, Salmonella y la Escherichia Coli y por un grupo de virus llamados calicivirus, este es un caso muy común de enfermedad, aunque rara vez se diagnostica. Cabe destacar que los síntomas de la gastroenteritis, por lo general, permanecen por uno o dos días aunque el malestar general se extiende por cuatro o cinco y que algunos alimentos son el caldo de cultivo perfecto para el crecimiento de algunas bacterias y la liberación de sus toxinas.


Así, en la época estival son más frecuentes los episodios de gastroenteritis infecciosa bacteriana cuyo origen es la Salmonella, la que se asienta en algunos alimentos, en especial los que contienen huevo. También aumentan las gastroenteritis por toxoinfección alimentaria, las que se producen cuando un alimento se contamina por toxinas bacterianas como por ejemplo, las del estafilococo. Para evitar que las bacterias crezcan en los alimentos es preciso que estos no permanezcan por mucho tiempo a temperaturas cálidas, por ello es fundamental otorgarles una buena conservación y refrigeración.


Ante los síntomas de una gastroenteritis estival y de no existir fiebre y/o diarrea abundante, el tratamiento que se aconseja  nada tiene que ver con fármacos. Lo más efectivo es mantener por un par de días una dieta astringente que no contenga lácteos, grasas ni fibras y el gran objetivo es sostener la hidratación. Es muy importante mantenerla mediante una ingesta, que además de agua, incluya soluciones preparadas que aporten azúcares y sales para compensar las pérdidas que ocasionan los vómitos y la diarrea, se recomienda tomar más de tres litros por día. Sin embargo, no es bueno este tipo de preparados comerciales para niños muy pequeños, en cuyo caso se puede recurrir a los que ofrecen las farmacias. Es beneficioso dejar de lado las bebidas con gas o cafeína porque agravan la diarrea, se recomienda reemplazarlas por infusiones suaves como manzanilla, tilo, melisa o hierbaluisa. Lo ideal es beber estos líquidos a temperatura natural, ni muy fríos ni muy calientes y hacerlo de a pequeños sorbos para evitar las náuseas.


Respecto a los alimentos, las primeras 12 a 24 horas se debe seguir una dieta líquida y después, de manera progresiva, introducir alimentos suaves y con escasos condimentos como pan tostado, arroz hervido, manzana pelada, aves o pescados blancos cocidos, tortillas bien cuajadas, papas y zanahoria cocidas y/o yogures. No obstante, si la fiebre es elevada y la diarrea abundante es  conveniente que un médico indique cuáles son las formas correctas de combatirlas; en estos casos más graves tal vez se requiera de antidiarreicos o antibióticos.


Es importante recalcar que en la mayoría de los casos una gastroenteritis no tiene complicaciones, sin embargo, en los casos más severos y en especial cuando afecta a niños y abuelos, la pérdida de agua y electrolitos puede ser difícil de compensar, lo que ocasiona una deshidratación que requiera la administración de líquidos intravenosos.


La mejor forma de disfrutar del verano es alejarse de la posibilidad de padecer diarreas estivales, la Organización Mundial de la Salud recalca que las principales causas de su presencia son:


–  La manipulación de alimentos por parte de personas infectadas: consumir sólo aquellos que se tratan con higiene.


–  Alimentos mal refrigerados o abandonados a temperatura ambiente.


–  Alimentos que se consumen mucho después de su elaboración.


–  Cocción insuficiente y/o consumo de alimentos semi crudos: se debe utilizar un mínimo de 70°C para cocinar y si deben mantenerse en caliente la temperatura adecuada es por encima de los 60°C, mientras que la correcta para conservar en frío debe ser menor a 7°. Además, es preciso calentar a temperatura máxima los alimentos que se cocinaron en forma previa.


–  Uso de alimentos crudos contaminados: evitar mezclar los alimentos crudos con los cocidos.


–  Falta de limpieza del equipo y utensilios de cocina: no mezclarlos, los que se utilizan para cortar carne no deben cortar verduras y viceversa, lo mismo con las tablas de corte. Mantener una higiene estricta tanto en las superficies de la cocina como en las manos de quien cocina.


–  Frutas y verduras que se riegan con aguas contaminadas por estiércol de animales o alcantarillado humano.


–  Alimentos que quedan a merced de insectos, roedores y mascotas.


–  No utilizar agua potable para cocinar eleva el riesgo de gastroenteritis, igual si se consumen cubos de hielo de agua insalubre o se lavan los dientes con este tipo de agua.


Por lo tanto, existen formas de reducir el riesgo de la diarrea estival: la higiene personal, es especial el lavado de manos o la utilización de un gel antiséptico y la higiene de los alimentos en todas las etapas por las que pasa antes de llegar a su consumo (compra, preparación, almacenaje, consumición). También es bueno extremar estas medidas antes de comer, con más razón si los alimentos deben tomarse con las manos. Otros factores a tener en cuenta es, por un lado,  la fecha de vencimiento, la garantía y el origen de los productos; y por otro, lo que se consume en viajes a lugares exóticos. Se recomienda, además, vigilar el consumo de pescados y mariscos crudos; y los helados artesanales cuyo origen de sus ingredientes y tiempo de elaboración se desconocen.


Mantener la higiene personal, de los alimentos y del lugar donde se los prepara es primordial para evitar la gastroenteritis estival. Recordar que hay remedios caseros para reducirla pero que siempre que aparezca diarrea y fiebre es preciso acudir al médico. Proteger a los más pequeños y a los más grandes de la casa también es una consigna importante.



 


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Es común enfermarse del estómago durante la temporada estival ya que el calor facilita el desarrollo de algunos microorganismos en las comidas que provocan diarrea, vómito, dolor de cabeza y fiebre, entre otros síntomas. Si bien es complejo determinar qué tipo de  bacteria ataca, es simple evitar que lo haga mediante acciones básicas de higiene, conservación y limpieza de los alimentos que se consumen a diario. La gastroenteritis es una enfermedad recurrente durante los meses de calor, se inicia en forma brusca y se considera una alteración aguda, infecciosa y autolimitada que afecta en mayor medida a niños y adultos mayores.

La mayoría de las infecciones transmitidas por los alimentos tienen su origen en las bacterias Campylobacter, Salmonella y la Escherichia Coli y por un grupo de virus llamados calicivirus, este es un caso muy común de enfermedad, aunque rara vez se diagnostica. Cabe destacar que los síntomas de la gastroenteritis, por lo general, permanecen por uno o dos días aunque el malestar general se extiende por cuatro o cinco y que algunos alimentos son el caldo de cultivo perfecto para el crecimiento de algunas bacterias y la liberación de sus toxinas.

Así, en la época estival son más frecuentes los episodios de gastroenteritis infecciosa bacteriana cuyo origen es la Salmonella, la que se asienta en algunos alimentos, en especial los que contienen huevo. También aumentan las gastroenteritis por toxoinfección alimentaria, las que se producen cuando un alimento se contamina por toxinas bacterianas como por ejemplo, las del estafilococo. Para evitar que las bacterias crezcan en los alimentos es preciso que estos no permanezcan por mucho tiempo a temperaturas cálidas, por ello es fundamental otorgarles una buena conservación y refrigeración.

Ante los síntomas de una gastroenteritis estival y de no existir fiebre y/o diarrea abundante, el tratamiento que se aconseja  nada tiene que ver con fármacos. Lo más efectivo es mantener por un par de días una dieta astringente que no contenga lácteos, grasas ni fibras y el gran objetivo es sostener la hidratación. Es muy importante mantenerla mediante una ingesta, que además de agua, incluya soluciones preparadas que aporten azúcares y sales para compensar las pérdidas que ocasionan los vómitos y la diarrea, se recomienda tomar más de tres litros por día. Sin embargo, no es bueno este tipo de preparados comerciales para niños muy pequeños, en cuyo caso se puede recurrir a los que ofrecen las farmacias. Es beneficioso dejar de lado las bebidas con gas o cafeína porque agravan la diarrea, se recomienda reemplazarlas por infusiones suaves como manzanilla, tilo, melisa o hierbaluisa. Lo ideal es beber estos líquidos a temperatura natural, ni muy fríos ni muy calientes y hacerlo de a pequeños sorbos para evitar las náuseas.

Respecto a los alimentos, las primeras 12 a 24 horas se debe seguir una dieta líquida y después, de manera progresiva, introducir alimentos suaves y con escasos condimentos como pan tostado, arroz hervido, manzana pelada, aves o pescados blancos cocidos, tortillas bien cuajadas, papas y zanahoria cocidas y/o yogures. No obstante, si la fiebre es elevada y la diarrea abundante es  conveniente que un médico indique cuáles son las formas correctas de combatirlas; en estos casos más graves tal vez se requiera de antidiarreicos o antibióticos.

Es importante recalcar que en la mayoría de los casos una gastroenteritis no tiene complicaciones, sin embargo, en los casos más severos y en especial cuando afecta a niños y abuelos, la pérdida de agua y electrolitos puede ser difícil de compensar, lo que ocasiona una deshidratación que requiera la administración de líquidos intravenosos.

La mejor forma de disfrutar del verano es alejarse de la posibilidad de padecer diarreas estivales, la Organización Mundial de la Salud recalca que las principales causas de su presencia son:

–  La manipulación de alimentos por parte de personas infectadas: consumir sólo aquellos que se tratan con higiene.

–  Alimentos mal refrigerados o abandonados a temperatura ambiente.

–  Alimentos que se consumen mucho después de su elaboración.

–  Cocción insuficiente y/o consumo de alimentos semi crudos: se debe utilizar un mínimo de 70°C para cocinar y si deben mantenerse en caliente la temperatura adecuada es por encima de los 60°C, mientras que la correcta para conservar en frío debe ser menor a 7°. Además, es preciso calentar a temperatura máxima los alimentos que se cocinaron en forma previa.

–  Uso de alimentos crudos contaminados: evitar mezclar los alimentos crudos con los cocidos.

–  Falta de limpieza del equipo y utensilios de cocina: no mezclarlos, los que se utilizan para cortar carne no deben cortar verduras y viceversa, lo mismo con las tablas de corte. Mantener una higiene estricta tanto en las superficies de la cocina como en las manos de quien cocina.

–  Frutas y verduras que se riegan con aguas contaminadas por estiércol de animales o alcantarillado humano.

–  Alimentos que quedan a merced de insectos, roedores y mascotas.

–  No utilizar agua potable para cocinar eleva el riesgo de gastroenteritis, igual si se consumen cubos de hielo de agua insalubre o se lavan los dientes con este tipo de agua.

Por lo tanto, existen formas de reducir el riesgo de la diarrea estival: la higiene personal, es especial el lavado de manos o la utilización de un gel antiséptico y la higiene de los alimentos en todas las etapas por las que pasa antes de llegar a su consumo (compra, preparación, almacenaje, consumición). También es bueno extremar estas medidas antes de comer, con más razón si los alimentos deben tomarse con las manos. Otros factores a tener en cuenta es, por un lado,  la fecha de vencimiento, la garantía y el origen de los productos; y por otro, lo que se consume en viajes a lugares exóticos. Se recomienda, además, vigilar el consumo de pescados y mariscos crudos; y los helados artesanales cuyo origen de sus ingredientes y tiempo de elaboración se desconocen.

Mantener la higiene personal, de los alimentos y del lugar donde se los prepara es primordial para evitar la gastroenteritis estival. Recordar que hay remedios caseros para reducirla pero que siempre que aparezca diarrea y fiebre es preciso acudir al médico. Proteger a los más pequeños y a los más grandes de la casa también es una consigna importante.

 

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