Cargando...
Por Redacción

Fuerzas Armadas: mucho más que ‘fierros’



Diversos medios de prensa nos han informado, esta semana, que sólo seis aviones de combate, los A44AR Fightinghawk, de nuestra Fuerza Aérea se encuentran disponibles para la defensa de los 2,8 millones de kilómetros cuadrados que conforman nuestro territorio nacional, ya que el próximo 27 de noviembre los icónicos cazas Mirage serán dados de baja luego de más de 40 años de servicio.




Esos mismos medios completan la información comparando nuestra paupérrima situación con la de los países vecinos. Por ejemplo, nos dicen que Chile cuenta con 30 modernos caza norteamericanos F-16 Fighting Falcon, mientras que Brasil está adquiriendo 36 de los modernísimos cazas Saab Grippen al Reino de Suecia.

Como si esto fuera poco, otra reciente noticia nos informa que a nuestros aviones de combate ya ni siquiera se estrellan: ahora, chocan en tierra, tal como sucedió en un luctuoso accidente ocurrido en la Base Aérea de Villa Reynolds.

Casi con certeza, que podríamos señalar situaciones similares relacionadas con los buques de nuestra Armada y con los sistemas de armas de nuestro Ejército Argentino. Pero no es el caso de esta nota, lector. Sí quiero llamar su atención sobre el hecho de que desde hace muchos años no se invierte en la compra de material para nuestras fuerzas armadas. Por lo que no resulta exagerado sostener que ellas están equipadas con materiales obsoletos que superan las tres décadas de vida.

Con lo importante que lo sostenido hasta aquí puede ser en relación con la situación actual de nuestras FF.AA., no es lo más importante, ya que aún admitiendo que el equipamiento es algo importante, no es lo más relevante para ellas. Los mismos están siempre disponibles para su compra. Obviamente, si se está dispuesto a pagar su precio. Aunque hay que aceptar que si el comprador tiene apuro, su precio aumenta. Pero, siempre se consiguen. Aún, los más difíciles.


Trilogía fundamental

Pero, si empezamos por entender que toda fuerza armada es ante todo una organización compleja conformada por una trilogía de hombres, ideas y ‘fierros’; seguimos admitiendo que lo más importante es su componente humano, seguido por su cultura organizacional (ideas) y su equipamiento (fierros), podremos arribar a un diagnóstico correcto que nos permita elaborar una propuesta adecuada para su necesaria transformación y puesta en valor para la sociedad que las cobija.

Comenzando por las ideas, podemos decir que ellas conforman su doctrina de empleo; vale decir cómo los hombres de las fuerzas militares emplearán sus medios materiales para cumplir con sus distintas misiones. En este sentido, no sería lo mismo tener una doctrina estratégica naval ofensiva que nos obligue, por ejemplo, a disponer de un portaaviones; a otra defensiva, que se base en el uso de submarinos de ataque.

A diferencia de los ‘fierros’, las ideas no se pueden comprar ‘llave en mano’. Ellas exigen, primero una elaboración previa, y segundo, que las mismas sean aprehendidas por el grupo de hombres que las deberá emplear en caso de guerra o de conflicto. Lo que no es un proceso sencillo y que demanda, por lo general, años de educación y de adiestramiento.

Finalmente, tenemos a los hombres como la pata más importante de esta trilogía. En este sentido, afirmamos, junto con el experto Martin van Creveld, que “las guerras no las libran las armas, sino los hombres”. Y estos vienen en una gran variedad. ¿Quién puede negar el efecto multiplicador de una persona educada, ni que hablar de un genio sobre una organización determinada? También, por carácter transitivo, no es lo mismo un ejército compuesto por una masa de semianalfabetos que uno conformado con gente instruida.

La educación de la inteligencia es muy importante, pero no lo es todo. Tal como lo afirma Cal von Clausewitz, la guerra es una actividad relativamente sencilla, pero todo en ella, hasta lo más simple, es siempre difícil de ejecutar. En consecuencia, las virtudes de carácter son siempre más importantes que sus conocimientos intelectuales. Ya el General San Martín sabía que el carácter un militar no lo adquiere en forma individual. Necesitan de un ambiente propicio. Uno caracterizado por el sano orgullo de pertenecer a una organización eficiente. Lo que los estudiosos llaman el espíritu de cuerpo. De allí su duro código de conducta a sus jefes.

Hombres, ideas, fierros. Esta es la ecuación y en este orden. En esta supuesta ‘década ganada’ hemos asistido al deterioro sostenido de las tres variables. El de los fierros es, quizás, el más evidente. No tenemos aviones que vuelen, buques que naveguen ni tanques que tiren y peguen. Ha sido señalado por muchos en otras páginas. El de las ideas no es tan patente, pero existe. Hoy nuestras fuerzas armadas tienen una doctrina y un marco legal que están totalmente desactualizados, en función de las nuevas amenazas que tienen que enfrentar.

Pero el problema principal son nuestros hombres de armas. Puede que estén civilmente educados. Hay doctores y licenciados entre ellos, pero sólo están semiinstruidos en lo militar porque no pueden adiestrarse correctamente, no tienen siquiera la munición para hacerlo. Pero, por sobre todas las cosas, ellos están desmoralizados, han perdido su orgullo.

Ha llegado el momento de devolverles esa sana jactancia de ser las armas de la Patria. Hoy, especialmente cuando se habla de la ausencia del Estado, hay que dar un primer paso para empezar con su recuperación como uno de sus instrumentos fundamentales.

Sólo una vez hecho esto, la adopción de nuevas ideas y la compra de fierros tendrán sentido.


Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.


comentarios

Compartir en facebook
Compartir en twitter
imagen

Fuerzas Armadas: mucho más que ‘fierros’

Diversos medios de prensa nos han informado, esta semana, que sólo seis aviones de combate, los A44AR Fightinghawk, de nuestra Fuerza Aérea se encuentran disponibles para la defensa de los 2,8 millones de kilómetros cuadrados que conforman nuestro territorio nacional, ya que el próximo 27 de noviembre los icónicos cazas Mirage serán dados de baja luego de más de 40 años de servicio.


Esos mismos medios completan la información comparando nuestra paupérrima situación con la de los países vecinos. Por ejemplo, nos dicen que Chile cuenta con 30 modernos caza norteamericanos F-16 Fighting Falcon, mientras que Brasil está adquiriendo 36 de los modernísimos cazas Saab Grippen al Reino de Suecia.
Como si esto fuera poco, otra reciente noticia nos informa que a nuestros aviones de combate ya ni siquiera se estrellan: ahora, chocan en tierra, tal como sucedió en un luctuoso accidente ocurrido en la Base Aérea de Villa Reynolds.
Casi con certeza, que podríamos señalar situaciones similares relacionadas con los buques de nuestra Armada y con los sistemas de armas de nuestro Ejército Argentino. Pero no es el caso de esta nota, lector. Sí quiero llamar su atención sobre el hecho de que desde hace muchos años no se invierte en la compra de material para nuestras fuerzas armadas. Por lo que no resulta exagerado sostener que ellas están equipadas con materiales obsoletos que superan las tres décadas de vida.
Con lo importante que lo sostenido hasta aquí puede ser en relación con la situación actual de nuestras FF.AA., no es lo más importante, ya que aún admitiendo que el equipamiento es algo importante, no es lo más relevante para ellas. Los mismos están siempre disponibles para su compra. Obviamente, si se está dispuesto a pagar su precio. Aunque hay que aceptar que si el comprador tiene apuro, su precio aumenta. Pero, siempre se consiguen. Aún, los más difíciles.

Trilogía fundamental
Pero, si empezamos por entender que toda fuerza armada es ante todo una organización compleja conformada por una trilogía de hombres, ideas y ‘fierros’; seguimos admitiendo que lo más importante es su componente humano, seguido por su cultura organizacional (ideas) y su equipamiento (fierros), podremos arribar a un diagnóstico correcto que nos permita elaborar una propuesta adecuada para su necesaria transformación y puesta en valor para la sociedad que las cobija.
Comenzando por las ideas, podemos decir que ellas conforman su doctrina de empleo; vale decir cómo los hombres de las fuerzas militares emplearán sus medios materiales para cumplir con sus distintas misiones. En este sentido, no sería lo mismo tener una doctrina estratégica naval ofensiva que nos obligue, por ejemplo, a disponer de un portaaviones; a otra defensiva, que se base en el uso de submarinos de ataque.
A diferencia de los ‘fierros’, las ideas no se pueden comprar ‘llave en mano’. Ellas exigen, primero una elaboración previa, y segundo, que las mismas sean aprehendidas por el grupo de hombres que las deberá emplear en caso de guerra o de conflicto. Lo que no es un proceso sencillo y que demanda, por lo general, años de educación y de adiestramiento.
Finalmente, tenemos a los hombres como la pata más importante de esta trilogía. En este sentido, afirmamos, junto con el experto Martin van Creveld, que “las guerras no las libran las armas, sino los hombres”. Y estos vienen en una gran variedad. ¿Quién puede negar el efecto multiplicador de una persona educada, ni que hablar de un genio sobre una organización determinada? También, por carácter transitivo, no es lo mismo un ejército compuesto por una masa de semianalfabetos que uno conformado con gente instruida.
La educación de la inteligencia es muy importante, pero no lo es todo. Tal como lo afirma Cal von Clausewitz, la guerra es una actividad relativamente sencilla, pero todo en ella, hasta lo más simple, es siempre difícil de ejecutar. En consecuencia, las virtudes de carácter son siempre más importantes que sus conocimientos intelectuales. Ya el General San Martín sabía que el carácter un militar no lo adquiere en forma individual. Necesitan de un ambiente propicio. Uno caracterizado por el sano orgullo de pertenecer a una organización eficiente. Lo que los estudiosos llaman el espíritu de cuerpo. De allí su duro código de conducta a sus jefes.
Hombres, ideas, fierros. Esta es la ecuación y en este orden. En esta supuesta ‘década ganada’ hemos asistido al deterioro sostenido de las tres variables. El de los fierros es, quizás, el más evidente. No tenemos aviones que vuelen, buques que naveguen ni tanques que tiren y peguen. Ha sido señalado por muchos en otras páginas. El de las ideas no es tan patente, pero existe. Hoy nuestras fuerzas armadas tienen una doctrina y un marco legal que están totalmente desactualizados, en función de las nuevas amenazas que tienen que enfrentar.
Pero el problema principal son nuestros hombres de armas. Puede que estén civilmente educados. Hay doctores y licenciados entre ellos, pero sólo están semiinstruidos en lo militar porque no pueden adiestrarse correctamente, no tienen siquiera la munición para hacerlo. Pero, por sobre todas las cosas, ellos están desmoralizados, han perdido su orgullo.
Ha llegado el momento de devolverles esa sana jactancia de ser las armas de la Patria. Hoy, especialmente cuando se habla de la ausencia del Estado, hay que dar un primer paso para empezar con su recuperación como uno de sus instrumentos fundamentales.
Sólo una vez hecho esto, la adopción de nuevas ideas y la compra de fierros tendrán sentido.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

comentarios

imagen imagen
Login