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Por Redacción
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Francisco Pérez pasa sin pena ni gloria



El primer mandatario provincial está a ingresando a su último año de gobierno, y si uno tuviera que ensayar una evaluación por adelantado de toda su gestión, caería en la cuenta lo que para este hombre ha significado gobernar un estado endeudado en un escenario económico y financiero complejo y en donde, además, la política interna de su partido y externa con la oposición, siempre le juega en contra.


Hay que recordar que Paco, como siempre lo llamaron en privado y en público (aún en actos oficiales), es producto de una operación política que llevó adelante el gurú azul Juan Carlos Chueco Mazzón. Un operativo que echó por tierra el número puesto para la candidatura gubernamental, el hoy procesado por la justicia penal Alejando Cazabán. También sofocar las pretensiones para el mismo puesto del bendecido “K” Guillermo Carmona y hacer converger en la fórmula gubernamental que mostrara el justicialismo esa fortaleza que necesitaba por aquel entonces, ante el desgate que el oficialismo había sufrido por “la mediocre” administración de Celso Jaque.


Aunque, en honor a la verdad, sea quien fuera el candidato, pegado a la boleta de la reelección presidencial ganaba por lejos. Cuestión que se confirmó el domingo 23 de octubre de 2011, cuando Cristina Kirchner apabullaba en las urnas con un 53 %. Y es entonces cuando el arrastre presidencial hizo que finalmente Francisco Pérez ocupara el cuarto piso del edificio sede del Poder Ejecutivo provincial.


Y allí se inició el gobierno de un hombre no muy conocido por el grueso de los mendocinos, pero que, sin embargo, había despertado expectativas que a poco de andar fueron sufriendo los avatares de un tiempo nacional que rápidamente mostraría desgastes. Aspecto en donde comenzarían a verse grietas sociales, económicas y  políticas que le dirían a la ciudadanía que las bonanzas de los primeros años de gestión kirchnerista estaban llegando a su fin.


Para colmo, Francisco Pérez toma la administración de Mendoza con una pesada deuda de más de $2.000 millones que le había dejado su predecesor y compañero de causa política. De allí en más la administración de Pérez siempre necesitó de un “adjunto” a la Ley de Presupuesto: ¡endeudamiento! Los fantasmas y no tanto, sobrevolaron las cuentas públicas dejando al descubierto serios inconvenientes en compromiso con proveedores y la necesaria asistencia a los delicados asuntos de salud y educación.


El gobernador Francisco Pérez intentó e intenta de todo para mostrar que la impronta de su gestión quedará en lugares destacados de la historia mendocina. Una titánica tarea que recibe las permanentes embestidas de una inseguridad que se ha instalado dominando bienes y vidas de los habitantes de aquí. Que la pobreza sigue creciendo entre nuestras gente, de la mano de desigualdades. Una desnutrición infantil que golpea el rostro social de este estado provincial cuyano, lapidariamente evaluada con la cantidad de merenderos y comedores comunitarios que se han acrecentado y que obligan a recaudar más alimentos, esencialmente leche, desde el Banco de Alimentos. Una desocupación que el mismo INDEC le dice a Pérez que en nuestra provincia ha crecido el número de mendocinos que perdieron su trabajo: del 4,1% al 4,8%, conformando 3.500 desocupados más a los casi 25 mil que contenía Mendoza.


Para colmo, la torcida mezcla de inflación y recesión obligó a industriales  y comerciantes a cerrar puertas y hacer inmerecidos aportes a la desocupación con la eliminación de esas  fuentes de trabajo que contenían. Francisco Pérez ha tenido que gobernar en tiempos de turbulencias. Es cierto, pero también es cierto que si hubiera tenido otra actitud con el poder central, Mendoza no habría sido relegada en la “repartija” presupuestaria y de obras contempladas con fondos de la nación.


Claro, que con el apoyo parlamentario de quienes nos representan en el Congreso de nuestro país, porque de lo contrario era colocarlo al primer mandatario a pelear con molinos de viento. Aún así no hizo ni amagó a nada ante la Casa Rosada. La destacada excepción es el primigenio proyecto de Ley de Hidrocarburos, en el que no le quedó otra que plantarse, obteniendo como inmediata respuesta “retraso en la firma del desendeudamiento con la nación” y que la ley tenga sus modificaciones. Esto último, con un claro mensaje: “que él debería haber tenido otra postura ante el PEN”.


Inclusive y a sabiendas que con los rasgos autoritarios que se impusieron desde Buenos Aires y hacia todos los puntos cardinales del país (hacia leales y opositores), Pérez bien podría “haber marcado la cancha de los intereses de los que viven aquí”.


El gobernador Francisco Pérez, asumió (como se dijo) con la herencia de una abultada deuda y en tiempos de vacas flacas en el plano económico y financiero del país. Y es por eso que el primer mandatario “no puede exhibir una prolífera gestión con obras” que se destaquen en la historia de los últimos tiempos. Eso lo sabe Pérez y es quizá también por eso que “se ha aferrado al El Pozo” con destacado empecinamiento que deja mensajes hacia todos los costados. Hacia su partido, hacia la oposición que gobierna Godoy Cruz y hacia la comunidad, todos quienes se olvidan o ignoran el duro vivir de esos comprovincianos que “sobreviven y proyectan el golpeado tiempo con sus hijos en la basura misma”.


oda una cuestión que le ha hecho colocar gran parte de sus energías de gestión, que no le ha permitido ver que “hay más pobres, indigentes, desocupados y mendocinos que no viven bien”. Los mismos, que cuando se los muestra en cifras e informes periodísticos “los niega y dice (muy enojado) que son inventos del periodismo o de la oposición, que no ven todo lo que él está haciendo por la provincia” (¿?).


Muchos memoriosos comparan esta gobernación con la de Julio Cobos, quien “navegó con Mendoza en un mar de abundancia de bienestar y estabilidad económica financiera del país”. Donde se podía tomar deuda para obras y no había sobresaltos ni en sueldos, ni con proveedores y en todo el andamiaje de gestión. En cambio, el último tramo del gobierno de Francisco Pérez termina, como era de esperar, con mucha turbulencia en las cuentas públicas. El tardío Presupuesto 2014 es un claro ejemplo con apenas una emisión de 200 millones de pesos en bonos de deuda. Cara opuesta de lo que podría ocurrir con el presupuesto 2015. La clave de esto último es el razonamiento que está teniendo la oposición, consciente de las potenciales posibilidades de ser gobierno a partir de diciembre del año que viene y que Francisco Pérez culmine su mandato “con un mínimo equilibrio” y solo eso. Porque con un modesto presupuesto de $37.000 millones, donde $26.000 millones solo serían para sueldos y un mínimo restante para comenzar a saldar algo de la abultada deuda con proveedores, se deduce que “no tiene margen para nada más”.


Quedan otras cuestiones para evaluar por adelantado de esta administración. Como la fuerte interna, apenas sobrellevada entre la dupla gubernativa por astucia y estrategia del vicegobernador Carlos Ciurca. Fuertes contradicciones con el polémico tema minero que lo han tenido a mal traer. Y esa estrella de “niño mimado” que tuvo desde el kirchnerismo al principio de la gestión y que hoy se está extinguiendo.


Por eso, solo está apuntalado como jefe del partido gobernante para demostrar una unidad del justicialismo local, con la que se pueda enfrentar de la mejor manera la fuerte andanada radical que viene midiendo bien en todo tipo de encuestas, junto a un ignoto frente de izquierda que ha sabido sacar ventajas ante una exigente opinión pública mendocina.


Todo un mundo de cuestiones que le continúa dando mensajes al gobernador Francisco Pérez en esa panorámica de los últimos tiempos de su gobierno. Que él deberá decodificar para mostrarle al habitante de aquí, a su partido y a si mismo sensatez, capacidad y honorabilidad para haber ocupado el sillón de San Martín. Si lo poco que queda de este tramo de historia de cuatro años así se lo permite. Ni más, ni menos.


Daniel Gallardo – Periodista y productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano


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Francisco Pérez pasa sin pena ni gloria

El primer mandatario provincial está a ingresando a su último año de gobierno, y si uno tuviera que ensayar una evaluación por adelantado de toda su gestión, caería en la cuenta lo que para este hombre ha significado gobernar un estado endeudado en un escenario económico y financiero complejo y en donde, además, la política interna de su partido y externa con la oposición, siempre le juega en contra.

Hay que recordar que Paco, como siempre lo llamaron en privado y en público (aún en actos oficiales), es producto de una operación política que llevó adelante el gurú azul Juan Carlos Chueco Mazzón. Un operativo que echó por tierra el número puesto para la candidatura gubernamental, el hoy procesado por la justicia penal Alejando Cazabán. También sofocar las pretensiones para el mismo puesto del bendecido “K” Guillermo Carmona y hacer converger en la fórmula gubernamental que mostrara el justicialismo esa fortaleza que necesitaba por aquel entonces, ante el desgate que el oficialismo había sufrido por “la mediocre” administración de Celso Jaque.

Aunque, en honor a la verdad, sea quien fuera el candidato, pegado a la boleta de la reelección presidencial ganaba por lejos. Cuestión que se confirmó el domingo 23 de octubre de 2011, cuando Cristina Kirchner apabullaba en las urnas con un 53 %. Y es entonces cuando el arrastre presidencial hizo que finalmente Francisco Pérez ocupara el cuarto piso del edificio sede del Poder Ejecutivo provincial.

Y allí se inició el gobierno de un hombre no muy conocido por el grueso de los mendocinos, pero que, sin embargo, había despertado expectativas que a poco de andar fueron sufriendo los avatares de un tiempo nacional que rápidamente mostraría desgastes. Aspecto en donde comenzarían a verse grietas sociales, económicas y  políticas que le dirían a la ciudadanía que las bonanzas de los primeros años de gestión kirchnerista estaban llegando a su fin.

Para colmo, Francisco Pérez toma la administración de Mendoza con una pesada deuda de más de $2.000 millones que le había dejado su predecesor y compañero de causa política. De allí en más la administración de Pérez siempre necesitó de un “adjunto” a la Ley de Presupuesto: ¡endeudamiento! Los fantasmas y no tanto, sobrevolaron las cuentas públicas dejando al descubierto serios inconvenientes en compromiso con proveedores y la necesaria asistencia a los delicados asuntos de salud y educación.

El gobernador Francisco Pérez intentó e intenta de todo para mostrar que la impronta de su gestión quedará en lugares destacados de la historia mendocina. Una titánica tarea que recibe las permanentes embestidas de una inseguridad que se ha instalado dominando bienes y vidas de los habitantes de aquí. Que la pobreza sigue creciendo entre nuestras gente, de la mano de desigualdades. Una desnutrición infantil que golpea el rostro social de este estado provincial cuyano, lapidariamente evaluada con la cantidad de merenderos y comedores comunitarios que se han acrecentado y que obligan a recaudar más alimentos, esencialmente leche, desde el Banco de Alimentos. Una desocupación que el mismo INDEC le dice a Pérez que en nuestra provincia ha crecido el número de mendocinos que perdieron su trabajo: del 4,1% al 4,8%, conformando 3.500 desocupados más a los casi 25 mil que contenía Mendoza.

Para colmo, la torcida mezcla de inflación y recesión obligó a industriales  y comerciantes a cerrar puertas y hacer inmerecidos aportes a la desocupación con la eliminación de esas  fuentes de trabajo que contenían. Francisco Pérez ha tenido que gobernar en tiempos de turbulencias. Es cierto, pero también es cierto que si hubiera tenido otra actitud con el poder central, Mendoza no habría sido relegada en la “repartija” presupuestaria y de obras contempladas con fondos de la nación.

Claro, que con el apoyo parlamentario de quienes nos representan en el Congreso de nuestro país, porque de lo contrario era colocarlo al primer mandatario a pelear con molinos de viento. Aún así no hizo ni amagó a nada ante la Casa Rosada. La destacada excepción es el primigenio proyecto de Ley de Hidrocarburos, en el que no le quedó otra que plantarse, obteniendo como inmediata respuesta “retraso en la firma del desendeudamiento con la nación” y que la ley tenga sus modificaciones. Esto último, con un claro mensaje: “que él debería haber tenido otra postura ante el PEN”.

Inclusive y a sabiendas que con los rasgos autoritarios que se impusieron desde Buenos Aires y hacia todos los puntos cardinales del país (hacia leales y opositores), Pérez bien podría “haber marcado la cancha de los intereses de los que viven aquí”.

El gobernador Francisco Pérez, asumió (como se dijo) con la herencia de una abultada deuda y en tiempos de vacas flacas en el plano económico y financiero del país. Y es por eso que el primer mandatario “no puede exhibir una prolífera gestión con obras” que se destaquen en la historia de los últimos tiempos. Eso lo sabe Pérez y es quizá también por eso que “se ha aferrado al El Pozo” con destacado empecinamiento que deja mensajes hacia todos los costados. Hacia su partido, hacia la oposición que gobierna Godoy Cruz y hacia la comunidad, todos quienes se olvidan o ignoran el duro vivir de esos comprovincianos que “sobreviven y proyectan el golpeado tiempo con sus hijos en la basura misma”.

oda una cuestión que le ha hecho colocar gran parte de sus energías de gestión, que no le ha permitido ver que “hay más pobres, indigentes, desocupados y mendocinos que no viven bien”. Los mismos, que cuando se los muestra en cifras e informes periodísticos “los niega y dice (muy enojado) que son inventos del periodismo o de la oposición, que no ven todo lo que él está haciendo por la provincia” (¿?).

Muchos memoriosos comparan esta gobernación con la de Julio Cobos, quien “navegó con Mendoza en un mar de abundancia de bienestar y estabilidad económica financiera del país”. Donde se podía tomar deuda para obras y no había sobresaltos ni en sueldos, ni con proveedores y en todo el andamiaje de gestión. En cambio, el último tramo del gobierno de Francisco Pérez termina, como era de esperar, con mucha turbulencia en las cuentas públicas. El tardío Presupuesto 2014 es un claro ejemplo con apenas una emisión de 200 millones de pesos en bonos de deuda. Cara opuesta de lo que podría ocurrir con el presupuesto 2015. La clave de esto último es el razonamiento que está teniendo la oposición, consciente de las potenciales posibilidades de ser gobierno a partir de diciembre del año que viene y que Francisco Pérez culmine su mandato “con un mínimo equilibrio” y solo eso. Porque con un modesto presupuesto de $37.000 millones, donde $26.000 millones solo serían para sueldos y un mínimo restante para comenzar a saldar algo de la abultada deuda con proveedores, se deduce que “no tiene margen para nada más”.

Quedan otras cuestiones para evaluar por adelantado de esta administración. Como la fuerte interna, apenas sobrellevada entre la dupla gubernativa por astucia y estrategia del vicegobernador Carlos Ciurca. Fuertes contradicciones con el polémico tema minero que lo han tenido a mal traer. Y esa estrella de “niño mimado” que tuvo desde el kirchnerismo al principio de la gestión y que hoy se está extinguiendo.

Por eso, solo está apuntalado como jefe del partido gobernante para demostrar una unidad del justicialismo local, con la que se pueda enfrentar de la mejor manera la fuerte andanada radical que viene midiendo bien en todo tipo de encuestas, junto a un ignoto frente de izquierda que ha sabido sacar ventajas ante una exigente opinión pública mendocina.

Todo un mundo de cuestiones que le continúa dando mensajes al gobernador Francisco Pérez en esa panorámica de los últimos tiempos de su gobierno. Que él deberá decodificar para mostrarle al habitante de aquí, a su partido y a si mismo sensatez, capacidad y honorabilidad para haber ocupado el sillón de San Martín. Si lo poco que queda de este tramo de historia de cuatro años así se lo permite. Ni más, ni menos.

Daniel Gallardo – Periodista y productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

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