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Fin de ciclo en la Región: un viraje inevitable
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Por Redacción

Fin de ciclo en la Región: un viraje inevitable



Cualquiera sea el ganador, este próximo domingo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil –Dilma Rousseff, del Partido de los trabajadores (PT) o Aécio Neves, del Partido de la social democracia Brasileña (PSDB)-, no sólo intentará dar un giro político y económico que ponga al país en condiciones de encarar los nuevos desafíos de la sociedad brasileña, y que han salido abruptamente a la luz en estos dos últimos meses preelectorales, sino que seguramente se plantará de una manera diferente ante los problemas de la Región. El cambio trasciende a los candidatos porque ya no está en el plano del discurso, sino que reside en el de la ineludible realidad.


Cualquiera de ellos, desde la primera magistratura del país más poderoso de Sudamérica, podría impulsar cambios en el Mercosur, como el de habilitar a sus miembros para que dispongan de mayores libertades para la firma de tratados y acuerdos económicos extra regionales. Esto tampoco tiene que ver con la ideología de los candidatos, sino que se debe al cansancio de lidiar con una organización regional que se ha convertido en meramente declarativa y usada por sus socios –incluido el propio Brasil-, solamente como un elemento de presión en lo económico y de chantaje ideológico en lo político.


Esta apertura, que algunos creen que podría marcar una declinación en el proceso de integración regional, en realidad, a la vista del giro que nuestros países parecen estar dando hacia el realismo, hace pensar en un fortalecimiento del mismo, a partir de una verdadera toma de conciencia que permita encarar la integración con la seriedad que merece. Una apertura hacia el mundo, que reclama una sociedad cansada de mirarse el ombligo al compás del relato populista.


Inquietud y preocupación


El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, está preocupado por el resultado que puedan tener estas próximas elecciones en Brasil. Y tiene razón, sabe que se está quedando solo y que en Sudamérica se avizora un cambio de rumbo. Es una mudanza lenta y gradual, pero un cambio al fin, cuyo ritmo puede acelerarse a partir de este próximo domingo con la definición política en Brasil y, por qué no, la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Uruguay.


Venezuela lidera todos los ranking de ineficiencia y corrupción en la Región. Sucede que este país, que es el campeón del populismo regional, vive un escenario muy particular, no sólo por el incomprensible colapso de su economía –ingresan millones de dólares al año por las exportaciones de petróleo-, si no también por la paradójica relación que se ha buscado el gobierno con las fuerzas armadas y las bandas de paramilitares, que ahora parecen buscar una autonomía que no tenían mientras vivía Hugo Chávez.


Las milicias populares, equipadas por el gobierno y entrenadas por los propios militares, se están saliendo de control. Los militares se preguntan entonces qué rol cumplen ellos, qué deberían representar el monopolio de la fuerza del Estado Nacional, si las bandas armadas dicen responder al propio Estado.


Al presidente Evo Morales, como a otros líderes del progresismo regional, lo que más les inquieta es la ineficacia actual del discurso populista; que el fracaso de las recetas económicas de izquierda –que él por otra parte desprecia- no están dando el resultado esperado. “Me inquieta que la derecha pueda volver democráticamente al poder”, dijo después de conocer el resultado de las elecciones en su país, del pasado 12 de octubre.


Su preocupación no es ciertamente la derecha, cuyo significado se ha tornado difuso en esta parte del mundo, es porque el discurso populista ya no enamora como hasta hace poco a sus vecinos y hoy eso es muy importante, porque Bolivia no está aislada del mundo.


También, a horas de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Uruguay, el presidente Mujica se preocupa por una caída en las encuestas de su candidato Tabaré Vázquez, que podría estar profetizando una segunda vuelta con su principal contrincante, Lacalle Pou, del Partido Nacional (PN). El Frente Amplio cayó en intención de voto en los importantes distritos de Montevideo y Canelones, mientras el porcentaje de indecisos se mantiene alto (16%).


Relato, discurso y resultados


Los líderes populistas de la Región temen convertirse en tripulantes de una nave que perdió el rumbo. Lo que está haciendo inevitable este fin de ciclo no es sólo el fracaso de un discurso que perdió credibilidad en lo político, sino que los resultados económicos y sociales no se corresponden con el relato de inclusión, abundancia y justicia que prometían.


¿Qué pasará en la Argentina en los próximos doce meses? No sólo dependerá de lo que ocurra en Brasil, Uruguay y Venezuela, también será importante lo que suceda con las variables económicas, políticas y sociales del quehacer nacional. Hoy, como resonancia de este cambio, se están insertando en la agenda electoral contenidos como la inseguridad jurídica, la corrupción y la falta de alternancia política, que hasta hace muy poco no parecían relevantes.


Un dato no menor, porque muestra lo que la gente está buscando en los candidatos, es que Aécio Neves, que podría ganar este domingo en Brasil, ratificó que, en caso de ser elegido, mantendrá su promesa de limitar a un solo período de cinco años todos los cargos públicos, eliminando la posibilidad de reelección. Un deseo que comparte en nuestro país mucha gente y por lo menos un candidato a presidente, Julio Cobos. Los mendocinos sabemos de qué se trata.


Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional “Santa Romana”. Autor de “El Momento es Ahora” y “El ABC de la Defensa Nacional”.


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Fin de ciclo en la Región: un viraje inevitable

Cualquiera sea el ganador, este próximo domingo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil –Dilma Rousseff, del Partido de los trabajadores (PT) o Aécio Neves, del Partido de la social democracia Brasileña (PSDB)-, no sólo intentará dar un giro político y económico que ponga al país en condiciones de encarar los nuevos desafíos de la sociedad brasileña, y que han salido abruptamente a la luz en estos dos últimos meses preelectorales, sino que seguramente se plantará de una manera diferente ante los problemas de la Región. El cambio trasciende a los candidatos porque ya no está en el plano del discurso, sino que reside en el de la ineludible realidad.

Cualquiera de ellos, desde la primera magistratura del país más poderoso de Sudamérica, podría impulsar cambios en el Mercosur, como el de habilitar a sus miembros para que dispongan de mayores libertades para la firma de tratados y acuerdos económicos extra regionales. Esto tampoco tiene que ver con la ideología de los candidatos, sino que se debe al cansancio de lidiar con una organización regional que se ha convertido en meramente declarativa y usada por sus socios –incluido el propio Brasil-, solamente como un elemento de presión en lo económico y de chantaje ideológico en lo político.

Esta apertura, que algunos creen que podría marcar una declinación en el proceso de integración regional, en realidad, a la vista del giro que nuestros países parecen estar dando hacia el realismo, hace pensar en un fortalecimiento del mismo, a partir de una verdadera toma de conciencia que permita encarar la integración con la seriedad que merece. Una apertura hacia el mundo, que reclama una sociedad cansada de mirarse el ombligo al compás del relato populista.

Inquietud y preocupación

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, está preocupado por el resultado que puedan tener estas próximas elecciones en Brasil. Y tiene razón, sabe que se está quedando solo y que en Sudamérica se avizora un cambio de rumbo. Es una mudanza lenta y gradual, pero un cambio al fin, cuyo ritmo puede acelerarse a partir de este próximo domingo con la definición política en Brasil y, por qué no, la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Uruguay.

Venezuela lidera todos los ranking de ineficiencia y corrupción en la Región. Sucede que este país, que es el campeón del populismo regional, vive un escenario muy particular, no sólo por el incomprensible colapso de su economía –ingresan millones de dólares al año por las exportaciones de petróleo-, si no también por la paradójica relación que se ha buscado el gobierno con las fuerzas armadas y las bandas de paramilitares, que ahora parecen buscar una autonomía que no tenían mientras vivía Hugo Chávez.

Las milicias populares, equipadas por el gobierno y entrenadas por los propios militares, se están saliendo de control. Los militares se preguntan entonces qué rol cumplen ellos, qué deberían representar el monopolio de la fuerza del Estado Nacional, si las bandas armadas dicen responder al propio Estado.

Al presidente Evo Morales, como a otros líderes del progresismo regional, lo que más les inquieta es la ineficacia actual del discurso populista; que el fracaso de las recetas económicas de izquierda –que él por otra parte desprecia- no están dando el resultado esperado. “Me inquieta que la derecha pueda volver democráticamente al poder”, dijo después de conocer el resultado de las elecciones en su país, del pasado 12 de octubre.

Su preocupación no es ciertamente la derecha, cuyo significado se ha tornado difuso en esta parte del mundo, es porque el discurso populista ya no enamora como hasta hace poco a sus vecinos y hoy eso es muy importante, porque Bolivia no está aislada del mundo.

También, a horas de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Uruguay, el presidente Mujica se preocupa por una caída en las encuestas de su candidato Tabaré Vázquez, que podría estar profetizando una segunda vuelta con su principal contrincante, Lacalle Pou, del Partido Nacional (PN). El Frente Amplio cayó en intención de voto en los importantes distritos de Montevideo y Canelones, mientras el porcentaje de indecisos se mantiene alto (16%).

Relato, discurso y resultados

Los líderes populistas de la Región temen convertirse en tripulantes de una nave que perdió el rumbo. Lo que está haciendo inevitable este fin de ciclo no es sólo el fracaso de un discurso que perdió credibilidad en lo político, sino que los resultados económicos y sociales no se corresponden con el relato de inclusión, abundancia y justicia que prometían.

¿Qué pasará en la Argentina en los próximos doce meses? No sólo dependerá de lo que ocurra en Brasil, Uruguay y Venezuela, también será importante lo que suceda con las variables económicas, políticas y sociales del quehacer nacional. Hoy, como resonancia de este cambio, se están insertando en la agenda electoral contenidos como la inseguridad jurídica, la corrupción y la falta de alternancia política, que hasta hace muy poco no parecían relevantes.

Un dato no menor, porque muestra lo que la gente está buscando en los candidatos, es que Aécio Neves, que podría ganar este domingo en Brasil, ratificó que, en caso de ser elegido, mantendrá su promesa de limitar a un solo período de cinco años todos los cargos públicos, eliminando la posibilidad de reelección. Un deseo que comparte en nuestro país mucha gente y por lo menos un candidato a presidente, Julio Cobos. Los mendocinos sabemos de qué se trata.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional “Santa Romana”. Autor de “El Momento es Ahora” y “El ABC de la Defensa Nacional”.

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