Festival de lo barato: proliferan las ferias populares en toda la provincia
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Por Redacción

Festival de lo barato: proliferan las ferias populares en toda la provincia



Comprar más barato parece ser la principal meta de los mendocinos. Esta situación está favoreciendo la proliferación de ferias informales –en las principales calles de las zonas rurales o de barrios populosos, como la que se forma en la calle Pedro Pascual Segura, de Las Heras, o en la calle Godoy Cruz, de Guaymallén– y de persas.


La actividad informal puede ofrecer muy buenos precios a los vecinos, pero los comerciantes denuncian que son una competencia “desleal”.


Los vecinos entienden la situación de los empresarios pero indican que concurren a este tipo de negocios porque el bolsillo “está más flaco”. “En las ferias hay que buscar porque hay ropa buena y mucho más barata que en cualquier comercio del centro. Por eso, cada vez que puedo, me acerco”, explicó María Marta, una vecina de Las Heras.


En estos puestos informales ofrecen ropa, juguetes, productos de cocina y hasta comida, lo que los hace muy seductores para los vecinos que están cuidando el ‘mango’.


La Federación Económica de Mendoza (FEM) les apuntó a estos comercios y ofreció un relevamiento realizado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, en el que se cita que “el crecimiento del comercio clandestino de los últimos seis meses se debe a tres factores. Por un lado, a la falta de controles, que da lugar a que ese fenómeno se expanda. El segundo, al aumento en la cantidad de gente que, buscando precios más accesibles, cambia el consumo formal por el informal y alienta a incrementar la masa de vendedores irregulares, que al no pagar impuestos ni cumplir con normativas de seguridad o higiene, ofrecen valores más bajos. Y tercero, al mayor desempleo, que generó que más individuos encontraran en la venta ilegal una vía de supervivencia”.


El mismo informe, denominado ‘Mapa de la Argentina ilegal’, revela que “la venta ilícita ascendió a $5.557 millones en agosto de este año. Esto corresponde a una muestra de 455 ciudades. Allí se encontraron 109 localidades con formatos comerciales tipo ‘saladitas’ y un total de 88.791 puestos clandestinos. Sobre esas cifras, se estima que la venta ilegal al público rondará los $66.700 millones en todo el año”.


“El último orejón del tarro”


Al respecto sobre esos números, el titular de la Federación Económica de Mendoza, Adolfo Trípodi, indicó que los comerciantes minoristas son considerados como “el último orejón del tarro”.


“Es imposible competir con esos negocios informales, ya que no abonan impuestos, ni tienen gastos de alquiler y ni siquiera les pagan a los empleados”, aclaró Trípodi. En ese sentido, los comercios minoristas tienen que abonar un 30% del producto en impuestos, y a ese precio hay que sumarles los costos de alquiler –que en el centro mendocino rondan los $50 mil– y los sueldos de los empleados. Con todos esos números, se conforma el precio final de cada prenda.


El presidente de la FEM aclaró que los comercios minoristas se sienten “desprotegidos” por los municipios, ya que no les ofrecen soluciones al respecto.


En contrapartida, el director de Industria y Comercio de Guaymallén, Javier Massó, indicó que por la instalación del persa de Rodeo de la Cruz (ver recuadro) “nadie se ha comunicado con el municipio para efectuar un reclamo”, y agregó que las “quejas” sólo las han escuchado en los medios de comunicación.


Le apuntaron a la salada


Trípodi ejemplificó la “desprotección” que sienten con el fenómeno de La Salada, en Santa Rosa.

La intendente de la comuna, Norma Trigo, confirmó que este centro de ventas funcionó durante tres años sin habilitación municipal. En ese sentido, Trípodi opinó: “No entendemos por qué la disparidad. Le apuesto a cualquiera que ponga un comercio en cualquier municipio, a ver si puede subsistir tres años sin una habilitación.


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Comprar más barato parece ser la principal meta de los mendocinos. Esta situación está favoreciendo la proliferación de ferias informales –en las principales calles de las zonas rurales o de barrios populosos, como la que se forma en la calle Pedro Pascual Segura, de Las Heras, o en la calle Godoy Cruz, de Guaymallén– y de persas.

La actividad informal puede ofrecer muy buenos precios a los vecinos, pero los comerciantes denuncian que son una competencia “desleal”.

Los vecinos entienden la situación de los empresarios pero indican que concurren a este tipo de negocios porque el bolsillo “está más flaco”. “En las ferias hay que buscar porque hay ropa buena y mucho más barata que en cualquier comercio del centro. Por eso, cada vez que puedo, me acerco”, explicó María Marta, una vecina de Las Heras.

En estos puestos informales ofrecen ropa, juguetes, productos de cocina y hasta comida, lo que los hace muy seductores para los vecinos que están cuidando el ‘mango’.

La Federación Económica de Mendoza (FEM) les apuntó a estos comercios y ofreció un relevamiento realizado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, en el que se cita que “el crecimiento del comercio clandestino de los últimos seis meses se debe a tres factores. Por un lado, a la falta de controles, que da lugar a que ese fenómeno se expanda. El segundo, al aumento en la cantidad de gente que, buscando precios más accesibles, cambia el consumo formal por el informal y alienta a incrementar la masa de vendedores irregulares, que al no pagar impuestos ni cumplir con normativas de seguridad o higiene, ofrecen valores más bajos. Y tercero, al mayor desempleo, que generó que más individuos encontraran en la venta ilegal una vía de supervivencia”.

El mismo informe, denominado ‘Mapa de la Argentina ilegal’, revela que “la venta ilícita ascendió a $5.557 millones en agosto de este año. Esto corresponde a una muestra de 455 ciudades. Allí se encontraron 109 localidades con formatos comerciales tipo ‘saladitas’ y un total de 88.791 puestos clandestinos. Sobre esas cifras, se estima que la venta ilegal al público rondará los $66.700 millones en todo el año”.

“El último orejón del tarro”

Al respecto sobre esos números, el titular de la Federación Económica de Mendoza, Adolfo Trípodi, indicó que los comerciantes minoristas son considerados como “el último orejón del tarro”.

“Es imposible competir con esos negocios informales, ya que no abonan impuestos, ni tienen gastos de alquiler y ni siquiera les pagan a los empleados”, aclaró Trípodi. En ese sentido, los comercios minoristas tienen que abonar un 30% del producto en impuestos, y a ese precio hay que sumarles los costos de alquiler –que en el centro mendocino rondan los $50 mil– y los sueldos de los empleados. Con todos esos números, se conforma el precio final de cada prenda.

El presidente de la FEM aclaró que los comercios minoristas se sienten “desprotegidos” por los municipios, ya que no les ofrecen soluciones al respecto.

En contrapartida, el director de Industria y Comercio de Guaymallén, Javier Massó, indicó que por la instalación del persa de Rodeo de la Cruz (ver recuadro) “nadie se ha comunicado con el municipio para efectuar un reclamo”, y agregó que las “quejas” sólo las han escuchado en los medios de comunicación.

Le apuntaron a la salada

Trípodi ejemplificó la “desprotección” que sienten con el fenómeno de La Salada, en Santa Rosa.
La intendente de la comuna, Norma Trigo, confirmó que este centro de ventas funcionó durante tres años sin habilitación municipal. En ese sentido, Trípodi opinó: “No entendemos por qué la disparidad. Le apuesto a cualquiera que ponga un comercio en cualquier municipio, a ver si puede subsistir tres años sin una habilitación.

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