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Estrategia electoral: La carrera a la Presidencia empieza y termina en la provincia del candidato
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Por Redacción

Estrategia electoral: La carrera a la Presidencia empieza y termina en la provincia del candidato



Aunque pareciera que falta aún bastante tiempo para las elecciones del año que viene, el análisis del cronograma electoral nos permite visualizar que, en realidad, es escaso. Estamos ya a fin de año, con las Fiestas y el receso de las vacaciones de verano encima. Todas las agendas empezarán a desperezarse recién hacia mediados de febrero.

Es cierto que la política no se debe permitir descanso, pero la realidad nos muestra que, aunque entremos en un año electoral, en los meses de verano se produce una desaceleración de la actividad política.

El 28 de abril se inicia el cronograma electoral con el cierre de los padrones, el 10 de junio vence el plazo para la constitución de alianzas y el 22 de ese mismo mes tienen que estar oficializadas las listas de precandidatos de todos los partidos y agrupaciones políticas. El 10 de julio se inicia oficialmente la campaña electoral.



Alianzas y candidatos

El tiempo oportunidad es fundamental para el desarrollo de una estrategia y hay reglas de la política que no se deberían ignorar. Una está referida a los acuerdos y alianzas que se realizan dentro y fuera de un partido político. Otra, no menos importante, es la que se refiere a la preeminencia que otorga la confrontación democrática a la aceptación popular.

Como señalábamos en un artículo anterior, los acuerdos internos deben ser siempre anteriores a los pactos o alianzas externas. La fortaleza de un partido político con estructura en todo el territorio nacional –como es la UCR–, está dada por el sostenimiento de ciertos valores y creencias que sus principales dirigentes comparten entre sí, y que son ratificados por sus votantes. Recién después, una vez alcanzado el acuerdo interno, serán válidas las coaliciones con otros partidos. Más aún cuando el partido en cuestión posee una estructura más desarrollada territorialmente y, por lo tanto, es más representativo a nivel nacional.

Es bueno el disenso, pero las discusiones internas, no pueden ser más fuertes ni disonantes que aquellas que se tienen con las otras agrupaciones. Las diferencias internas deben resolverse cuanto antes, para transmitir al electorado las seguridades que necesita para decidir su voto.

Cuando un político en particular logra articular esos valores y creencias en un enclave territorial, como lo ha hecho Julio Cobos en Mendoza, se convierte en referente. Esa es la explicación del por qué es tan importante hacer pié en una provincia a la hora de construir un proyecto político. La historia política y democrática de la Argentina nos dice que el liderazgo empieza y termina en la propia provincia del candidato.

La mayor aceptación en el propio distrito, otorga la posibilidad cierta de una oportunidad. Esa aprobación mayoritaria distrital es la que impulsa a todo político hacia una proyección, que va más allá de su propia provincia y es lógico que la dirigencia del partido aproveche esa ventaja, permitiéndole el acceso a la ascendente postulación nacional.

Lo contrario sería lo que vemos frecuentemente con las candidaturas testimoniales, que responden más a una necesidad o conveniencia de la dirigencia circunstancial que al juego limpio de la democracia representativa.


Eficacia electoral

Por diversas razones estamos en un momento donde la ciudadanía presiente un cambio importante, un cambio de ciclo; tal vez, un relevo generacional y una manera distinta de concebir la política y la relación entre los políticos y la gente.

No hay partido político que no esté sufriendo hacia adentro ese síndrome de cambio y, naturalmente, se plantean muchas dudas sobre las candidaturas y las alianzas. En este momento es cuando los referentes de los partidos deben transmitir confianza y seguridad, porque la inestabilidad emocional produce desánimo y deserciones en los votantes.

Saber aprovechar los períodos de transición es una gran virtud política. Es cierto que hay oportunidades en las que se impone llegar con varias vertientes a una elección interna, pero en ocasión de jugar el predominio dentro de una alianza estratégica, lo mejor para cada partido que la integra es mostrarse unido detrás de una sólida propuesta concluyente. Más aún, cuando es la única que tiene reales posibilidades de éxito.

Hay que abocarse primero al bloque partidario y luego, cuando se encuentre afianzado, recién empezar a construir hacia afuera. Es verdad que todavía hay tiempo, pero no será suficiente si se comienza a la inversa.

El derecho que da el apoyo popular debe respetarse porque, en la democracia, la mayor cantidad de votos es el mérito preeminente. Puede que esto no les satisfaga a algunos dirigentes históricos, pero no es sólo la realidad de la democracia que apuesta al triunfo de la voluntad popular, sino que también es una variable estratégica a tener en cuenta.

El radicalismo ya ha demostrado su vocación plural y democrática al integrar un espacio amplio como UNEN. No significa que no haya divergencias internas y que no se postulen candidatos que presenten variantes o visiones alternativas. Significa que en las acciones –de cada candidato en particular y del partido en general- debe haber cierta coherencia partidaria y programática de fondo. Por eso, el pedido de Julio Cobos a la Convención Nacional para que defina la estrategia de la UCR, debe cumplirse en el más breve plazo.

Julio Cobos es, por lejos, el candidato radical mejor ubicado en todas las encuestas. Dicho en términos electorales, es el que mejor ventaja competitiva ha obtenido en las últimas elecciones. Entonces, e radicalismo debería tratar de fortalecer y ampliar esa ventaja competitiva y evitar demoras en las decisiones que puedan debilitarla.


Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional “Santa Romana”. Autor de “El Momento es Ahora” y “El ABC de la Defensa Nacional”.


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Estrategia electoral: La carrera a la Presidencia empieza y termina en la provincia del candidato

Aunque pareciera que falta aún bastante tiempo para las elecciones del año que viene, el análisis del cronograma electoral nos permite visualizar que, en realidad, es escaso. Estamos ya a fin de año, con las Fiestas y el receso de las vacaciones de verano encima. Todas las agendas empezarán a desperezarse recién hacia mediados de febrero.
Es cierto que la política no se debe permitir descanso, pero la realidad nos muestra que, aunque entremos en un año electoral, en los meses de verano se produce una desaceleración de la actividad política.
El 28 de abril se inicia el cronograma electoral con el cierre de los padrones, el 10 de junio vence el plazo para la constitución de alianzas y el 22 de ese mismo mes tienen que estar oficializadas las listas de precandidatos de todos los partidos y agrupaciones políticas. El 10 de julio se inicia oficialmente la campaña electoral.

Alianzas y candidatos
El tiempo oportunidad es fundamental para el desarrollo de una estrategia y hay reglas de la política que no se deberían ignorar. Una está referida a los acuerdos y alianzas que se realizan dentro y fuera de un partido político. Otra, no menos importante, es la que se refiere a la preeminencia que otorga la confrontación democrática a la aceptación popular.
Como señalábamos en un artículo anterior, los acuerdos internos deben ser siempre anteriores a los pactos o alianzas externas. La fortaleza de un partido político con estructura en todo el territorio nacional –como es la UCR–, está dada por el sostenimiento de ciertos valores y creencias que sus principales dirigentes comparten entre sí, y que son ratificados por sus votantes. Recién después, una vez alcanzado el acuerdo interno, serán válidas las coaliciones con otros partidos. Más aún cuando el partido en cuestión posee una estructura más desarrollada territorialmente y, por lo tanto, es más representativo a nivel nacional.
Es bueno el disenso, pero las discusiones internas, no pueden ser más fuertes ni disonantes que aquellas que se tienen con las otras agrupaciones. Las diferencias internas deben resolverse cuanto antes, para transmitir al electorado las seguridades que necesita para decidir su voto.
Cuando un político en particular logra articular esos valores y creencias en un enclave territorial, como lo ha hecho Julio Cobos en Mendoza, se convierte en referente. Esa es la explicación del por qué es tan importante hacer pié en una provincia a la hora de construir un proyecto político. La historia política y democrática de la Argentina nos dice que el liderazgo empieza y termina en la propia provincia del candidato.
La mayor aceptación en el propio distrito, otorga la posibilidad cierta de una oportunidad. Esa aprobación mayoritaria distrital es la que impulsa a todo político hacia una proyección, que va más allá de su propia provincia y es lógico que la dirigencia del partido aproveche esa ventaja, permitiéndole el acceso a la ascendente postulación nacional.
Lo contrario sería lo que vemos frecuentemente con las candidaturas testimoniales, que responden más a una necesidad o conveniencia de la dirigencia circunstancial que al juego limpio de la democracia representativa.

Eficacia electoral
Por diversas razones estamos en un momento donde la ciudadanía presiente un cambio importante, un cambio de ciclo; tal vez, un relevo generacional y una manera distinta de concebir la política y la relación entre los políticos y la gente.
No hay partido político que no esté sufriendo hacia adentro ese síndrome de cambio y, naturalmente, se plantean muchas dudas sobre las candidaturas y las alianzas. En este momento es cuando los referentes de los partidos deben transmitir confianza y seguridad, porque la inestabilidad emocional produce desánimo y deserciones en los votantes.
Saber aprovechar los períodos de transición es una gran virtud política. Es cierto que hay oportunidades en las que se impone llegar con varias vertientes a una elección interna, pero en ocasión de jugar el predominio dentro de una alianza estratégica, lo mejor para cada partido que la integra es mostrarse unido detrás de una sólida propuesta concluyente. Más aún, cuando es la única que tiene reales posibilidades de éxito.
Hay que abocarse primero al bloque partidario y luego, cuando se encuentre afianzado, recién empezar a construir hacia afuera. Es verdad que todavía hay tiempo, pero no será suficiente si se comienza a la inversa.
El derecho que da el apoyo popular debe respetarse porque, en la democracia, la mayor cantidad de votos es el mérito preeminente. Puede que esto no les satisfaga a algunos dirigentes históricos, pero no es sólo la realidad de la democracia que apuesta al triunfo de la voluntad popular, sino que también es una variable estratégica a tener en cuenta.
El radicalismo ya ha demostrado su vocación plural y democrática al integrar un espacio amplio como UNEN. No significa que no haya divergencias internas y que no se postulen candidatos que presenten variantes o visiones alternativas. Significa que en las acciones –de cada candidato en particular y del partido en general- debe haber cierta coherencia partidaria y programática de fondo. Por eso, el pedido de Julio Cobos a la Convención Nacional para que defina la estrategia de la UCR, debe cumplirse en el más breve plazo.
Julio Cobos es, por lejos, el candidato radical mejor ubicado en todas las encuestas. Dicho en términos electorales, es el que mejor ventaja competitiva ha obtenido en las últimas elecciones. Entonces, e radicalismo debería tratar de fortalecer y ampliar esa ventaja competitiva y evitar demoras en las decisiones que puedan debilitarla.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional “Santa Romana”. Autor de “El Momento es Ahora” y “El ABC de la Defensa Nacional”.

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