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Por Redacción
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Estigma en la piel



En los próximos días, Mendoza será sede del XXI Congreso Argentino de Dermatología. Por eso se capacitó a profesionales de la salud y a público en general sobre protección solar según el tipo de piel, prevención de la cicatriz por acné y el tratamiento de la psoriasis. Si se tiene en cuenta que esta última es una enfermedad que además de atacar la piel modifica en profundidad la vida de quien la padece, la importancia de su abordaje es fundamental para conocerla y aceptarla, ya que la contención emocional es crucial para evitar la depresión y el aislamiento de quienes la padecen.


La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que se caracteriza por manifestar lesiones rojas y escamas blancas y secas, por lo general, en codos, rodillas, tronco y cuero cabelludo. Se estima que afecta a dos de cada cien personas y puede aparecer a cualquier edad, desde poco después de nacer hasta las etapas finales de vida, no obstante, es más frecuente entre los 20 y los 50 años. Esta enfermedad crónica, no contagiosa, suele presentar una afección leve y limitada en el 70 % de los casos, una moderada en el 20 % y una afección grave en el 10 %.


La causa de la psoriasis es poco conocida pero estudios médicos recientes dan cuenta de que es una enfermedad que comienza en el sistema inmunitario, en especial con un tipo de células blancas presentes en la sangre llamadas linfocitos T, que son los que ayudan al cuerpo a protegerse contra infecciones y enfermedades. En la psoriasis, los linfocitos T se activan en forma indebida, lo que provoca respuestas inmunitarias adversas, en este caso, el organismo ataca a su propia piel como si fuese un agente extraño. Esto produce hinchazón y el rápido reemplazo celular en la piel: las células cutáneas normales crecen en lo profundo de la piel y llegan al exterior alrededor de una vez al mes, cuando una persona sufre de psoriasis, este proceso ocurre demasiado rápido y las células cutáneas muertas se acumulan en la superficie en cortos periodos de tiempo.


Se sabe que la psoriasis es una enfermedad hereditaria que se desencadena o agudiza a consecuencia de diferentes factores ambientales. Es decir, a partir de una base genética, los individuos tienen o no mayor predisposición a padecerla. Esta tendencia es influida por diversos factores ambientales que contribuyen a desencadenar sus brotes: infecciones por bacterias, algunos virus y hongos, lesiones en la piel como quemaduras, cortaduras o picaduras de insectos; estrés emocional, algunos medicamentos, traumatismos, los climas fríos y secos, el rascado, poca exposición al sol o por el contrario, sobreexposición a la luz solar; los cambios hormonales y el abuso de alcohol y de tabaco, entre otros.


A su vez, al ser una enfermedad genética, existe una cierta agregación familiar: uno de cada ocho hijos puede tenerla si uno de sus padres la padece, mientras que la probabilidad asciende a uno cada cuatro si ambos progenitores están afectados. Sin embargo, que los padres la tengan no implica que sus hijos también, hay casos donde se hereda la alteración genética pero no se desarrolla la enfermedad.


Si bien la psoriasis es benigna ya que no implica complicaciones letales, puede afectar con gravedad la vida de los pacientes. Por un lado, están expuestos a mayores posibilidades de padecer cardiopatías, accidentes cerebro vasculares, hipertensión y diabetes; pero por otro, estas personas suelen tener depresión, angustia y ansiedad; por lo que produce en ellas secuelas psicológicas que puede llevarlas al aislamiento social por vergüenza y miedo al rechazo. Hasta hace poco tiempo, se la consideraba como una enfermedad menor, pero dado su poder devastador de la autoestima y lo que ello implica, hay un nuevo enfoque sobre ella porque se sabe cuánto es capaz de deteriorar la calidad de vida y porque además, aparece en compañía de otras afecciones muy graves.


Entre ese tipo de afecciones, una de las que más riesgos implica es un cierto tipo de artritis que, con el correr del tiempo, puede generar discapacidad; se estima que entre un 20 y un 30 % de las personas con psoriasis la pueden sufrir. En otro orden, esta enfermedad se potencia en aquellos que poseen un sistema inmunológico débil, entre ellos, los que padecen VIH, trastornos autoinmunitarios como la artritis reumatoidea y quimioterapia.


Si se trata de reconocerla, su síntoma principal corresponde a parches de piel irritados, rojizos y con escamas Esta aparición puede ser repentina o lenta y muchas veces desaparece para luego reaparecer y reactivarse en otro momento. La piel puede presentar hormigueo o irritación, lo que provoca el deseo de rascarse (prurito), verse seca, cubierta con escamas plateadas o blancuzcas, levantada y gruesa. Otros síntomas que se manifiestan son: lesiones genitales en los hombres, dolor articular, uñas gruesas o de color entre amarillo y marrón, hoyuelos sobre ellas o bien estas se despegan de la piel por debajo; otro síntoma es la presencia de caspa abundante.


Entre las psoriasis posibles se encuentran cinco tipos: la Eritrodérmica, en donde el enrojecimiento de la piel es muy intenso y cubre un área grande; la Psoriasis en gotas (guttata), aquí aparecen pequeñas manchas entre rojas y rosadas en la piel, la Inversa, en la que el enrojecimiento e irritación de la piel ocurre en las axilas, la ingle y entre la piel superpuesta; la Psoriasis en placa, que es la más común y se manifiesta con parches de piel rojos y gruesos cubiertos por escamas de plateadas a blancas y la Pustular, que presenta ampollas blancas que están rodeadas de piel roja e irritada.


Respecto al tratamiento, el objetivo es controlar los síntomas y prevenir una infección; existen tres tipos. El primero es el tratamiento tópico, que consiste en lociones y ungüentos con cortisona, alquitrán de hulla o antralina, ácido salicílico o ácido láctico; champús para la caspa, humectantes y medicamentos que contengan vitamina D o A. El segundo es el tratamiento sistémico, se realiza cuando la psoriasis está muy intensa y su base son los medicamentos que inhiben la respuesta inmunitaria defectuosa del cuerpo; pueden ser pastillas o inyecciones que más allá de la piel actúan sobre todo el organismo. Por último, el tratamiento que propone la fototerapia, es decir, se expone la piel a luz ultravioleta con o sin medicación que la sensibilice para recibir sus rayos. Si bien estos tres métodos son los más utilizados para luchar contra ella, en ocasiones se recurre también a la prescripción de antibióticos.


Sin embargo, una persona con psoriasis puede procurar cuidados especiales que le ayuden a controlar la enfermedad, entre ellos:


•Tomar un baño o una ducha todos los días es muy benéfico, sólo hay que evitar frotarse con demasiada fuerza para no irritar la piel y desencadenar un ataque.


•Calmar y aflojar las escamas con un baño de harina de avena es una buena opción para no rascarse y producir infecciones. Se pueden utilizar productos de venta libre o se puede mezclar en la bañera una taza de esta harina con agua caliente.


•Mantener la piel limpia y húmeda y evitar los desencadenantes específicos de la psoriasis reduce el número de reagudizaciones.


•Exponer la piel al sol ayuda a que los síntomas desaparezcan, siempre con el cuidado de no provocar quemaduras.


• Usar técnicas antiestrés y relajarse es beneficioso, aunque aún no esté comprobado el vínculo entre el estrés y los brotes de psoriasis.


•Reducir la ingesta de bebidas alcohólicas y el consumo de tabaco evita que la psoriasis empeore. Si bien no hay prevención para esta enfermedad, es preciso destacar que de ningún modo es transmisible. Es decir, una persona con psoriasis no contagia, por lo tanto, siempre que no sea doloroso para ella se la puede abrazar y compartir toda actividad cotidiana. Como son personas que por su apariencia pierden amor por ellas mismas, es bueno demostrarles que su problema nada tiene que ver con su esencia interior. El rechazo frecuente que sufren los encierra y causa mucho más daño que el que es visible. Necesitan de la aceptación y el afecto del entorno para transitar su enfermedad sin estigmas.


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Estigma en la piel

En los próximos días, Mendoza será sede del XXI Congreso Argentino de Dermatología. Por eso se capacitó a profesionales de la salud y a público en general sobre protección solar según el tipo de piel, prevención de la cicatriz por acné y el tratamiento de la psoriasis. Si se tiene en cuenta que esta última es una enfermedad que además de atacar la piel modifica en profundidad la vida de quien la padece, la importancia de su abordaje es fundamental para conocerla y aceptarla, ya que la contención emocional es crucial para evitar la depresión y el aislamiento de quienes la padecen.

La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que se caracteriza por manifestar lesiones rojas y escamas blancas y secas, por lo general, en codos, rodillas, tronco y cuero cabelludo. Se estima que afecta a dos de cada cien personas y puede aparecer a cualquier edad, desde poco después de nacer hasta las etapas finales de vida, no obstante, es más frecuente entre los 20 y los 50 años. Esta enfermedad crónica, no contagiosa, suele presentar una afección leve y limitada en el 70 % de los casos, una moderada en el 20 % y una afección grave en el 10 %.

La causa de la psoriasis es poco conocida pero estudios médicos recientes dan cuenta de que es una enfermedad que comienza en el sistema inmunitario, en especial con un tipo de células blancas presentes en la sangre llamadas linfocitos T, que son los que ayudan al cuerpo a protegerse contra infecciones y enfermedades. En la psoriasis, los linfocitos T se activan en forma indebida, lo que provoca respuestas inmunitarias adversas, en este caso, el organismo ataca a su propia piel como si fuese un agente extraño. Esto produce hinchazón y el rápido reemplazo celular en la piel: las células cutáneas normales crecen en lo profundo de la piel y llegan al exterior alrededor de una vez al mes, cuando una persona sufre de psoriasis, este proceso ocurre demasiado rápido y las células cutáneas muertas se acumulan en la superficie en cortos periodos de tiempo.

Se sabe que la psoriasis es una enfermedad hereditaria que se desencadena o agudiza a consecuencia de diferentes factores ambientales. Es decir, a partir de una base genética, los individuos tienen o no mayor predisposición a padecerla. Esta tendencia es influida por diversos factores ambientales que contribuyen a desencadenar sus brotes: infecciones por bacterias, algunos virus y hongos, lesiones en la piel como quemaduras, cortaduras o picaduras de insectos; estrés emocional, algunos medicamentos, traumatismos, los climas fríos y secos, el rascado, poca exposición al sol o por el contrario, sobreexposición a la luz solar; los cambios hormonales y el abuso de alcohol y de tabaco, entre otros.

A su vez, al ser una enfermedad genética, existe una cierta agregación familiar: uno de cada ocho hijos puede tenerla si uno de sus padres la padece, mientras que la probabilidad asciende a uno cada cuatro si ambos progenitores están afectados. Sin embargo, que los padres la tengan no implica que sus hijos también, hay casos donde se hereda la alteración genética pero no se desarrolla la enfermedad.

Si bien la psoriasis es benigna ya que no implica complicaciones letales, puede afectar con gravedad la vida de los pacientes. Por un lado, están expuestos a mayores posibilidades de padecer cardiopatías, accidentes cerebro vasculares, hipertensión y diabetes; pero por otro, estas personas suelen tener depresión, angustia y ansiedad; por lo que produce en ellas secuelas psicológicas que puede llevarlas al aislamiento social por vergüenza y miedo al rechazo. Hasta hace poco tiempo, se la consideraba como una enfermedad menor, pero dado su poder devastador de la autoestima y lo que ello implica, hay un nuevo enfoque sobre ella porque se sabe cuánto es capaz de deteriorar la calidad de vida y porque además, aparece en compañía de otras afecciones muy graves.

Entre ese tipo de afecciones, una de las que más riesgos implica es un cierto tipo de artritis que, con el correr del tiempo, puede generar discapacidad; se estima que entre un 20 y un 30 % de las personas con psoriasis la pueden sufrir. En otro orden, esta enfermedad se potencia en aquellos que poseen un sistema inmunológico débil, entre ellos, los que padecen VIH, trastornos autoinmunitarios como la artritis reumatoidea y quimioterapia.

Si se trata de reconocerla, su síntoma principal corresponde a parches de piel irritados, rojizos y con escamas Esta aparición puede ser repentina o lenta y muchas veces desaparece para luego reaparecer y reactivarse en otro momento. La piel puede presentar hormigueo o irritación, lo que provoca el deseo de rascarse (prurito), verse seca, cubierta con escamas plateadas o blancuzcas, levantada y gruesa. Otros síntomas que se manifiestan son: lesiones genitales en los hombres, dolor articular, uñas gruesas o de color entre amarillo y marrón, hoyuelos sobre ellas o bien estas se despegan de la piel por debajo; otro síntoma es la presencia de caspa abundante.

Entre las psoriasis posibles se encuentran cinco tipos: la Eritrodérmica, en donde el enrojecimiento de la piel es muy intenso y cubre un área grande; la Psoriasis en gotas (guttata), aquí aparecen pequeñas manchas entre rojas y rosadas en la piel, la Inversa, en la que el enrojecimiento e irritación de la piel ocurre en las axilas, la ingle y entre la piel superpuesta; la Psoriasis en placa, que es la más común y se manifiesta con parches de piel rojos y gruesos cubiertos por escamas de plateadas a blancas y la Pustular, que presenta ampollas blancas que están rodeadas de piel roja e irritada.

Respecto al tratamiento, el objetivo es controlar los síntomas y prevenir una infección; existen tres tipos. El primero es el tratamiento tópico, que consiste en lociones y ungüentos con cortisona, alquitrán de hulla o antralina, ácido salicílico o ácido láctico; champús para la caspa, humectantes y medicamentos que contengan vitamina D o A. El segundo es el tratamiento sistémico, se realiza cuando la psoriasis está muy intensa y su base son los medicamentos que inhiben la respuesta inmunitaria defectuosa del cuerpo; pueden ser pastillas o inyecciones que más allá de la piel actúan sobre todo el organismo. Por último, el tratamiento que propone la fototerapia, es decir, se expone la piel a luz ultravioleta con o sin medicación que la sensibilice para recibir sus rayos. Si bien estos tres métodos son los más utilizados para luchar contra ella, en ocasiones se recurre también a la prescripción de antibióticos.

Sin embargo, una persona con psoriasis puede procurar cuidados especiales que le ayuden a controlar la enfermedad, entre ellos:

•Tomar un baño o una ducha todos los días es muy benéfico, sólo hay que evitar frotarse con demasiada fuerza para no irritar la piel y desencadenar un ataque.

•Calmar y aflojar las escamas con un baño de harina de avena es una buena opción para no rascarse y producir infecciones. Se pueden utilizar productos de venta libre o se puede mezclar en la bañera una taza de esta harina con agua caliente.

•Mantener la piel limpia y húmeda y evitar los desencadenantes específicos de la psoriasis reduce el número de reagudizaciones.

•Exponer la piel al sol ayuda a que los síntomas desaparezcan, siempre con el cuidado de no provocar quemaduras.

• Usar técnicas antiestrés y relajarse es beneficioso, aunque aún no esté comprobado el vínculo entre el estrés y los brotes de psoriasis.

•Reducir la ingesta de bebidas alcohólicas y el consumo de tabaco evita que la psoriasis empeore. Si bien no hay prevención para esta enfermedad, es preciso destacar que de ningún modo es transmisible. Es decir, una persona con psoriasis no contagia, por lo tanto, siempre que no sea doloroso para ella se la puede abrazar y compartir toda actividad cotidiana. Como son personas que por su apariencia pierden amor por ellas mismas, es bueno demostrarles que su problema nada tiene que ver con su esencia interior. El rechazo frecuente que sufren los encierra y causa mucho más daño que el que es visible. Necesitan de la aceptación y el afecto del entorno para transitar su enfermedad sin estigmas.

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