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Estamos muy mal, pero “vamos muy bien”
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Por Redacción

Estamos muy mal, pero “vamos muy bien”



¿Cuál es el misterio por el cual la opinión pública cree que el Frente para la Victoria, con Scioli y Zannini a la cabeza, pero con Cristina detrás de ellos, volverá al triunfo en las elecciones nacionales? La respuesta es compleja, aunque quizás vale más la pena analizar los indicadores que dicen que estamos muy mal, aunque el oficialismo dice que “vamos muy bien”.


Desde el cepo cambiario, el PBI per cápita se contrajo casi 4 puntos porcentuales, mientras que Chile, Perú, Colombia, Uruguay, Bolivia y Paraguay crecieron entre 8 y 12 puntos. Como no se creció como esos países, el lucro cesante fue de más de US$ 1.600 por habitante y por año. Es decir, desde 2012 somos US$ 6.400 más pobres de lo que podríamos ser.


FIEL sostiene que la recesión es la tercera más extendida desde 1980. La actividad fabril acumula 22 meses consecutivos de receso y siete trimestres con destrucción de empleos netos. Unas 400.000 perdieron sus trabajos y otras 400.000 personas dejaron de buscar empleo.


El INdEC registró 19 meses consecutivos de caída en las exportaciones y 15 en las importaciones; y el superávit final se achicó al 25% de hace un año, confirmando los problemas que tiene el sector industrial para vender al exterior por la escasés de dólares.


La caída de las exportaciones fue la más intensa desde septiembre de 2009 y el retraso cambiario se ubica en niveles de la década del ’80.


El superávit comercial de los primeros 5 meses fue el menor en 15 años y el número de cheques rechazados está al nivel de la crisis de 2002. El Estado gasta más de lo que recauda y la cadena de pagos muestra deterioros, una combinación, que en algún momento, puede ser explosiva.


Ajustados por la inflación que informa la oposición en el Congreso y tomando en cuenta el incremento de la muestra, las ventas en shopping y supermercados no sólo muestra caída de ventas de hasta 8%, sino también, merma en la cantidad de personal ocupado en esos puntos comerciales.


Mientras el Gobierno habla de “desendeudamiento, en los últimos 12 meses, el pasivo del Estado creció cuatro veces más que el de particulares. Seguimos en default, el pasivo acumulado en New York ya llega a casi US$ 20.000 millones y condicionará toda la estrategia de financiamiento y crecimiento del futuro Presidente de la Nación, cualquiera sea su identidad o pensamiento político.


En los últimos 90 días, el Tesoro Nacional emitió deuda por unos $30.000 millones en seis operaciones, secando el crédito para provincias y grandes empresas. Y en los planes del Ministerio de Economía está seguir con esta política de esterilizar pesos, pese al efecto secundario.


El déficit fiscal, en los primeros 5 meses del año superó los $70.000 millones y podría ser mayor a $150.000 millones para todo el año, casi 10 puntos del Producto. Así, de esta forma, el déficit fiscal se multiplicó por 10 en 1 año.


Y estos sólo unos datos macro económicos. Ni mencionamos que el retraso de precios de materias primas tienen paralizadas las inversiones mineras y petroleras, como en Vaca Muerta; nadie mide los costos reales de la crisis energética y la inversión que se necesita para revertirla; se ignora la crisis de las economías regionales, el cierre de tambos y frigoríficos; los casi 50 problemas comerciales que enfrenta a la Argentina con otros tantos países o bloques del mundo, ni el retraso en la firma de acuerdos de complementación e integración regional en temas de comercio exterior, por citar sólo unos ejemplos. El escenario es peor a nivel microeconómico.


Según un estudio de la consultora CIO, de Cecilia Mosto, con las fórmulas presidenciales confirmadas, 75% de los entrevistados cree que Daniel Scioli mejorará los salarios, 71% dice que habrá menos pobreza, 65% que habrá más días de clases, 57% que habrá menos inseguridad, 57% que habrá menos corrupción y 53% que habrá menos inflación.


Estas cifras suenan impresionantes, pero tomando los 6 tópicos mencionados, los consultados creen que en sólo 2 (salarios y pobreza), el Frente para la Victoria hará mejor trabajo que el PRO. Entonces, ante esa realidad, ¿por qué la fórmula Mauricio Macri – Gabriela Michetti no tiene una intención de voto más alta?


Hoy, la inversión la encabeza el Estado Nacional, que es el gran motor de la economía, dado que el sector privado canaliza fondos para mantenimiento o emprendimientos limitados. Y la apuesta del Gobierno ha sido a apuntalar el consumo. Según los economistas de la Gran Makro, la Casa Rosada volcó hacia la actividad 250.000 millones de pesos extras, mientras que los economistas ortodoxos hablan de una inyección de dinero vía paritarias de 150.000 millones de pesos.


Los planes Progresar, ProCasa, el aumento de las asignaciones familiares y de los subsidios sociales, las tarjetas “Ahora 12” y “Sube” han hecho su efecto en el bolsillo de las familias financiando el consumo. Sin embargo, más del 40% de los jefes de hogar no logran reunir en 1 mes recursos equiparables a un salario mínimo, vital y móvil, mientras que más del 20% de los hogares vivecon recursos menores a ese umbral, porque les resulta insuficiente la cobertura de la Asignación Universal por Hijo, el Plan la Madre y el Niño y otros que se otorgan a nivel provincial.


Hoy, la brecha entre lo que más ganan y los que menos ganan es de 15,2 veces entre los ocupados, hay 52 planes sociales nacionales que benefician a 18 millones de personas y el sector público es el mayor creador de fuentes de trabajo, aunque también es el mayor evasor previsional. Además, uno de cada tres argentinos en edad de votar trabajando para el sector público, ya sea nacional, provincial o municipal. Por eso no debe sorprender que los oficialismos sean los grandes ganadores de las elecciones realizadas hasta este momento. Y de allí el resultado de las encuestas que se conocen en este comienzo de campaña real.


Muchos consideran que las subas o baja de acciones y bonos o los saltos del dólar blue son indicadores de que los mercados “comenzaron a votar” o que la economía se metió “de lleno” en la campaña. Nada más lejos de la verdad. Ningún candidato quiere hablar de economía, en realidad, ningún presidencial quiere entrar en temas complejos. Globos y merchandising naranja o amarillos acompañan frases vacías en una sucesión que parece infinita.


Estamos ante una campaña de personas, de colores, de agrupaciones; no de ideas. Entre los votantes se encuentran los que quieren el cambio total de lo hecho en 12 años o los que buscan la continuidad absoluta de las medidas oficialistas, pero son más los que quieren un poco de cambio y mucha continuidad y los que quieren poca continuidad y mucho de cambio. Pero para cada votante, el significado de los conceptos “cambio” y “continuidad” son totalmente diferentes.


Daniel Scioli confía que con Carlos Zannini de padrino, Cristina Fernández de protagonista principal”, el kirchnerismo de paladar negro de clac y el aparato peronista tiene asegurada su llegada a la Casa Rosada. Diseñó esta estrategia hace cuatro años y no la va a cambiar ahora, cuando está tan cerca de conseguir lo que tanto deseaba.


El PRO confía ciegamente en Jaime Durán Barba, por eso no aceptan críticas sobre el ecuatoriano. Sin embargo, hasta Mirtha Legrand le advirtió el sábado 27/06 a Horario Rodríguez Larreta que si siguen los consejos del consultor internacional van a perder las elecciones. ¿Qué no ven los macristas que sí observa la conductora-actriz? Por ahora, es un misterio.


En el votante oficialista hay confianza. En el votante opositor hay miedo a otros 4, 8, 12 años más de kirchnerismo. Sin embargo, Daniel Scioli y Mauricio Macri siguen con su “juego creyendo que la realidad los beneficia./ Fuente: Urgente24.com

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Estamos muy mal, pero “vamos muy bien”

¿Cuál es el misterio por el cual la opinión pública cree que el Frente para la Victoria, con Scioli y Zannini a la cabeza, pero con Cristina detrás de ellos, volverá al triunfo en las elecciones nacionales? La respuesta es compleja, aunque quizás vale más la pena analizar los indicadores que dicen que estamos muy mal, aunque el oficialismo dice que “vamos muy bien”.
Desde el cepo cambiario, el PBI per cápita se contrajo casi 4 puntos porcentuales, mientras que Chile, Perú, Colombia, Uruguay, Bolivia y Paraguay crecieron entre 8 y 12 puntos. Como no se creció como esos países, el lucro cesante fue de más de US$ 1.600 por habitante y por año. Es decir, desde 2012 somos US$ 6.400 más pobres de lo que podríamos ser.
FIEL sostiene que la recesión es la tercera más extendida desde 1980. La actividad fabril acumula 22 meses consecutivos de receso y siete trimestres con destrucción de empleos netos. Unas 400.000 perdieron sus trabajos y otras 400.000 personas dejaron de buscar empleo.
El INdEC registró 19 meses consecutivos de caída en las exportaciones y 15 en las importaciones; y el superávit final se achicó al 25% de hace un año, confirmando los problemas que tiene el sector industrial para vender al exterior por la escasés de dólares.
La caída de las exportaciones fue la más intensa desde septiembre de 2009 y el retraso cambiario se ubica en niveles de la década del ’80.
El superávit comercial de los primeros 5 meses fue el menor en 15 años y el número de cheques rechazados está al nivel de la crisis de 2002. El Estado gasta más de lo que recauda y la cadena de pagos muestra deterioros, una combinación, que en algún momento, puede ser explosiva.
Ajustados por la inflación que informa la oposición en el Congreso y tomando en cuenta el incremento de la muestra, las ventas en shopping y supermercados no sólo muestra caída de ventas de hasta 8%, sino también, merma en la cantidad de personal ocupado en esos puntos comerciales.
Mientras el Gobierno habla de “desendeudamiento, en los últimos 12 meses, el pasivo del Estado creció cuatro veces más que el de particulares. Seguimos en default, el pasivo acumulado en New York ya llega a casi US$ 20.000 millones y condicionará toda la estrategia de financiamiento y crecimiento del futuro Presidente de la Nación, cualquiera sea su identidad o pensamiento político.
En los últimos 90 días, el Tesoro Nacional emitió deuda por unos $30.000 millones en seis operaciones, secando el crédito para provincias y grandes empresas. Y en los planes del Ministerio de Economía está seguir con esta política de esterilizar pesos, pese al efecto secundario.
El déficit fiscal, en los primeros 5 meses del año superó los $70.000 millones y podría ser mayor a $150.000 millones para todo el año, casi 10 puntos del Producto. Así, de esta forma, el déficit fiscal se multiplicó por 10 en 1 año.
Y estos sólo unos datos macro económicos. Ni mencionamos que el retraso de precios de materias primas tienen paralizadas las inversiones mineras y petroleras, como en Vaca Muerta; nadie mide los costos reales de la crisis energética y la inversión que se necesita para revertirla; se ignora la crisis de las economías regionales, el cierre de tambos y frigoríficos; los casi 50 problemas comerciales que enfrenta a la Argentina con otros tantos países o bloques del mundo, ni el retraso en la firma de acuerdos de complementación e integración regional en temas de comercio exterior, por citar sólo unos ejemplos. El escenario es peor a nivel microeconómico.
Según un estudio de la consultora CIO, de Cecilia Mosto, con las fórmulas presidenciales confirmadas, 75% de los entrevistados cree que Daniel Scioli mejorará los salarios, 71% dice que habrá menos pobreza, 65% que habrá más días de clases, 57% que habrá menos inseguridad, 57% que habrá menos corrupción y 53% que habrá menos inflación.
Estas cifras suenan impresionantes, pero tomando los 6 tópicos mencionados, los consultados creen que en sólo 2 (salarios y pobreza), el Frente para la Victoria hará mejor trabajo que el PRO. Entonces, ante esa realidad, ¿por qué la fórmula Mauricio Macri – Gabriela Michetti no tiene una intención de voto más alta?
Hoy, la inversión la encabeza el Estado Nacional, que es el gran motor de la economía, dado que el sector privado canaliza fondos para mantenimiento o emprendimientos limitados. Y la apuesta del Gobierno ha sido a apuntalar el consumo. Según los economistas de la Gran Makro, la Casa Rosada volcó hacia la actividad 250.000 millones de pesos extras, mientras que los economistas ortodoxos hablan de una inyección de dinero vía paritarias de 150.000 millones de pesos.
Los planes Progresar, ProCasa, el aumento de las asignaciones familiares y de los subsidios sociales, las tarjetas “Ahora 12” y “Sube” han hecho su efecto en el bolsillo de las familias financiando el consumo. Sin embargo, más del 40% de los jefes de hogar no logran reunir en 1 mes recursos equiparables a un salario mínimo, vital y móvil, mientras que más del 20% de los hogares vivecon recursos menores a ese umbral, porque les resulta insuficiente la cobertura de la Asignación Universal por Hijo, el Plan la Madre y el Niño y otros que se otorgan a nivel provincial.
Hoy, la brecha entre lo que más ganan y los que menos ganan es de 15,2 veces entre los ocupados, hay 52 planes sociales nacionales que benefician a 18 millones de personas y el sector público es el mayor creador de fuentes de trabajo, aunque también es el mayor evasor previsional. Además, uno de cada tres argentinos en edad de votar trabajando para el sector público, ya sea nacional, provincial o municipal. Por eso no debe sorprender que los oficialismos sean los grandes ganadores de las elecciones realizadas hasta este momento. Y de allí el resultado de las encuestas que se conocen en este comienzo de campaña real.
Muchos consideran que las subas o baja de acciones y bonos o los saltos del dólar blue son indicadores de que los mercados “comenzaron a votar” o que la economía se metió “de lleno” en la campaña. Nada más lejos de la verdad. Ningún candidato quiere hablar de economía, en realidad, ningún presidencial quiere entrar en temas complejos. Globos y merchandising naranja o amarillos acompañan frases vacías en una sucesión que parece infinita.
Estamos ante una campaña de personas, de colores, de agrupaciones; no de ideas. Entre los votantes se encuentran los que quieren el cambio total de lo hecho en 12 años o los que buscan la continuidad absoluta de las medidas oficialistas, pero son más los que quieren un poco de cambio y mucha continuidad y los que quieren poca continuidad y mucho de cambio. Pero para cada votante, el significado de los conceptos “cambio” y “continuidad” son totalmente diferentes.
Daniel Scioli confía que con Carlos Zannini de padrino, Cristina Fernández de protagonista principal”, el kirchnerismo de paladar negro de clac y el aparato peronista tiene asegurada su llegada a la Casa Rosada. Diseñó esta estrategia hace cuatro años y no la va a cambiar ahora, cuando está tan cerca de conseguir lo que tanto deseaba.
El PRO confía ciegamente en Jaime Durán Barba, por eso no aceptan críticas sobre el ecuatoriano. Sin embargo, hasta Mirtha Legrand le advirtió el sábado 27/06 a Horario Rodríguez Larreta que si siguen los consejos del consultor internacional van a perder las elecciones. ¿Qué no ven los macristas que sí observa la conductora-actriz? Por ahora, es un misterio.
En el votante oficialista hay confianza. En el votante opositor hay miedo a otros 4, 8, 12 años más de kirchnerismo. Sin embargo, Daniel Scioli y Mauricio Macri siguen con su “juego creyendo que la realidad los beneficia./ Fuente: Urgente24.com

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