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Por Redacción

Esa voz del periodismo que no se calla



Se profundizan las investigaciones judiciales; se descubren otros males que han corroído las estructuras institucionales de la Nación; se deja al descubierto cuanto más profundo ha calado el mugriento narcotráfico el suelo argentino; se investiga hasta las últimas consecuencias el mafioso aprovechamiento de nuestros recursos naturales y se muestra el accionar de esas oscuras asociaciones ilícitas entre privados; privados y funcionarios; privados, funcionarios, policías y jueces. Y todo, absolutamente, “por la tarea periodísticas de los trabajadores de prensa de nuestro país”.


Hoy, como hacen 30 años los periodistas cumplimos con la precisión de un reloj suizo con esos postulados de “nuestra digna tarea de informar y lo que, al respecto expresa la Constitución Nacional”. Es decir, que la prensa siempre estuvo delante de cualquier investigación, que colocó al descubierto actos delictuales o de corrupción que tanto la Justicia u organismos de control “no observan, o no quieren observar y en cualquiera de los casos tardíamente actúan”. Es decir que el periodismo argentino sin proponérselo asumió roles que NO le competen. Por eso la gente “nos mira” como policías y jueces, cuestión incorrecta que a la mayoría nos produce un lógico y molesto escozor.


Pero allí está el periodismo argentino con el peso del país, de su historia y de las inadmisibles embestidas de aquel oscuro sector que NO lo quiere, que le molesta y el que hace todo lo posible para denigrarlo. El fuerte conflicto del Gobierno nacional con un multimedio comunicacional encierra en realidad el mensaje: “nos molesta el periodismo, sus preguntas, sus investigaciones, sus pedidos de conferencias y en definitiva todo su accionar”.


También tenemos consciencia los periodistas que no solo al poder político le molesta nuestro trabajo. Hay sectores privados que amedrentan casi en forma permanente cuando su acción poco claro queda al descubierto por denuncias que llegan al periodismo o por propia investigación de éste. Un caso reciente que fuera plasmado por El Ciudadano Online, con denuncias de particulares de aquí y el sur argentino sobre la empresa Alex Stewartes, es uno de los muchos ejemplos de lo que expresamos.


Pero también están los privados que amenazan, persiguen, lesionan y hasta han asesinado. Los casos emblemáticos en la renovada democracia argentina son: “Mario Bonino, quien fue secuestrado y desparecido el 11 de noviembre de 1993. Su cuerpo apareció flotando cuatro días después en el Riachuelo. José Luis Cabezas, reportero gráfico asesinado el 25 de enero de 1997 Su cadáver calcinado fue hallado en la localidad bonaerense de General Madariaga, dentro de un auto Ford Fiesta incendiado, con las manos esposadas a la espalda y dos tiros en la cabeza”. Casos extremos, pero no excluyentes que se repiten, lamentablemente.


Hoy por hoy hay cientos de denuncias de trabajadores de prensa y de medios ante “el mugriento acoso de sectores públicos y privados”, que entrelazados, pretenden vulnerar derechos constitucionales que tiene la gente de estar informada. Increíble lo que sucede al periodismo argentino, que implica la permanente violación a los artículos 14, 32 y 42 de la Constitución Nacional. Al respecto del primero María Angélica Gelli, resalta que dicho artículo no tuvo modificación alguna en la reforma constitucional de 1994, es decir que llega a nuestros días, tal cual fuera dictado en 1853. Que, por el contrario, fue fortalecido en sus alcances como resalta Gelli en su exposición, donde al hablar de las virtudes del artículo 14, entre otras cosas dice textualmente que dicho ítems constitucional resguarda para el ciudadano el derecho a: “publicar sus ideas por la prensa sin censura previa, por lo que la libertad de prensa tiene una importancia singular”.


Acota la escritora más adelante que, “como todos los derechos declarados en la Constitución histórica, la libertad de publicar ideas por la prensa sin censura previa fue desarrollándose y expandiéndose por la incorporación expresa o el reconocimiento implícito de otros derechos relacionados con ella. Así, en 1860 se prohibió al Congreso federal dictar leyes que restrinjan la libertad de imprenta o la sometan a la jurisdicción federal; en 1994 se otorgó jerarquía constitucional a varios tratados de Derechos Humanos que, entre otros, consagraron el derecho a buscar, recibir y difundir información”, remarca la autora. Por otro lado, dice que “la libertad de prensa se convirtió en libertad de expresarse por cualquier medio de

comunicación, de opinar y de formular críticas, sobre todo a las políticas gubernamentales o a las actividades privadas que generen daños colectivos, por ejemplo, cuando una empresa produce bienes y, al mismo tiempo, contamina la naturaleza.


Por eso para Gelli “la libertad de expresión requiere que la información –en especial la referida a los actos gubernamentales- esté disponible para todos y el secreto desaparezca del Estado. El derecho a la información, entonces, se complementa con el derecho de “acceso a la información” a fin de que los bloqueos que impiden conocer cómo se toman decisiones, a quienes favorecen y a quienes dejan al margen desaparezcan de la vida pública. Ambos derechos –la libertad de expresión y el acceso a la información pública- son a más de derechos personales debidos a todos los habitantes de la Nación, garantías de la democracia y de la institucionalidad porque la favorecen e impiden las extralimitaciones del poder, concluye María Angélica Gelli.


Después de leer con detenimiento lo anterior el ciudadano debe entender aún más sus derechos a estar informado y comprender en toda su dimensión la inconmensurable tarea que nos compete a los periodistas. Darse cuenta lo que le pasa a los gobierno de turno con la tarea de la prensa y también a “aquellos empresarios” cuyas maniobras non santas pretenden hacer sus oscuros negocios.


Millonarias acciones que una vez descubiertas, la embisten con amedrentadoras actitudes hacia el periodismo. Lo que sucede con una empresa en Mendoza de capitales ingleses que toma muestras mineras con elementos químicos contaminantes y los arroja aquí y en el sur argentino, textual denuncian ambientalistas es uno de los miles de casos testigos de eso de “amedrentar la tarea de prensa”. Cuestión que por supuesto no logra su objetivo y solo fortalece el camino de esa voz del periodismo que no se calla, ¡ni se callará!


Daniel Gallardo – Periodista y Productor Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano


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Esa voz del periodismo que no se calla

Se profundizan las investigaciones judiciales; se descubren otros males que han corroído las estructuras institucionales de la Nación; se deja al descubierto cuanto más profundo ha calado el mugriento narcotráfico el suelo argentino; se investiga hasta las últimas consecuencias el mafioso aprovechamiento de nuestros recursos naturales y se muestra el accionar de esas oscuras asociaciones ilícitas entre privados; privados y funcionarios; privados, funcionarios, policías y jueces. Y todo, absolutamente, “por la tarea periodísticas de los trabajadores de prensa de nuestro país”.

Hoy, como hacen 30 años los periodistas cumplimos con la precisión de un reloj suizo con esos postulados de “nuestra digna tarea de informar y lo que, al respecto expresa la Constitución Nacional”. Es decir, que la prensa siempre estuvo delante de cualquier investigación, que colocó al descubierto actos delictuales o de corrupción que tanto la Justicia u organismos de control “no observan, o no quieren observar y en cualquiera de los casos tardíamente actúan”. Es decir que el periodismo argentino sin proponérselo asumió roles que NO le competen. Por eso la gente “nos mira” como policías y jueces, cuestión incorrecta que a la mayoría nos produce un lógico y molesto escozor.

Pero allí está el periodismo argentino con el peso del país, de su historia y de las inadmisibles embestidas de aquel oscuro sector que NO lo quiere, que le molesta y el que hace todo lo posible para denigrarlo. El fuerte conflicto del Gobierno nacional con un multimedio comunicacional encierra en realidad el mensaje: “nos molesta el periodismo, sus preguntas, sus investigaciones, sus pedidos de conferencias y en definitiva todo su accionar”.

También tenemos consciencia los periodistas que no solo al poder político le molesta nuestro trabajo. Hay sectores privados que amedrentan casi en forma permanente cuando su acción poco claro queda al descubierto por denuncias que llegan al periodismo o por propia investigación de éste. Un caso reciente que fuera plasmado por El Ciudadano Online, con denuncias de particulares de aquí y el sur argentino sobre la empresa Alex Stewartes, es uno de los muchos ejemplos de lo que expresamos.

Pero también están los privados que amenazan, persiguen, lesionan y hasta han asesinado. Los casos emblemáticos en la renovada democracia argentina son: “Mario Bonino, quien fue secuestrado y desparecido el 11 de noviembre de 1993. Su cuerpo apareció flotando cuatro días después en el Riachuelo. José Luis Cabezas, reportero gráfico asesinado el 25 de enero de 1997 Su cadáver calcinado fue hallado en la localidad bonaerense de General Madariaga, dentro de un auto Ford Fiesta incendiado, con las manos esposadas a la espalda y dos tiros en la cabeza”. Casos extremos, pero no excluyentes que se repiten, lamentablemente.

Hoy por hoy hay cientos de denuncias de trabajadores de prensa y de medios ante “el mugriento acoso de sectores públicos y privados”, que entrelazados, pretenden vulnerar derechos constitucionales que tiene la gente de estar informada. Increíble lo que sucede al periodismo argentino, que implica la permanente violación a los artículos 14, 32 y 42 de la Constitución Nacional. Al respecto del primero María Angélica Gelli, resalta que dicho artículo no tuvo modificación alguna en la reforma constitucional de 1994, es decir que llega a nuestros días, tal cual fuera dictado en 1853. Que, por el contrario, fue fortalecido en sus alcances como resalta Gelli en su exposición, donde al hablar de las virtudes del artículo 14, entre otras cosas dice textualmente que dicho ítems constitucional resguarda para el ciudadano el derecho a: “publicar sus ideas por la prensa sin censura previa, por lo que la libertad de prensa tiene una importancia singular”.

Acota la escritora más adelante que, “como todos los derechos declarados en la Constitución histórica, la libertad de publicar ideas por la prensa sin censura previa fue desarrollándose y expandiéndose por la incorporación expresa o el reconocimiento implícito de otros derechos relacionados con ella. Así, en 1860 se prohibió al Congreso federal dictar leyes que restrinjan la libertad de imprenta o la sometan a la jurisdicción federal; en 1994 se otorgó jerarquía constitucional a varios tratados de Derechos Humanos que, entre otros, consagraron el derecho a buscar, recibir y difundir información”, remarca la autora. Por otro lado, dice que “la libertad de prensa se convirtió en libertad de expresarse por cualquier medio de
comunicación, de opinar y de formular críticas, sobre todo a las políticas gubernamentales o a las actividades privadas que generen daños colectivos, por ejemplo, cuando una empresa produce bienes y, al mismo tiempo, contamina la naturaleza.

Por eso para Gelli “la libertad de expresión requiere que la información –en especial la referida a los actos gubernamentales- esté disponible para todos y el secreto desaparezca del Estado. El derecho a la información, entonces, se complementa con el derecho de “acceso a la información” a fin de que los bloqueos que impiden conocer cómo se toman decisiones, a quienes favorecen y a quienes dejan al margen desaparezcan de la vida pública. Ambos derechos –la libertad de expresión y el acceso a la información pública- son a más de derechos personales debidos a todos los habitantes de la Nación, garantías de la democracia y de la institucionalidad porque la favorecen e impiden las extralimitaciones del poder, concluye María Angélica Gelli.

Después de leer con detenimiento lo anterior el ciudadano debe entender aún más sus derechos a estar informado y comprender en toda su dimensión la inconmensurable tarea que nos compete a los periodistas. Darse cuenta lo que le pasa a los gobierno de turno con la tarea de la prensa y también a “aquellos empresarios” cuyas maniobras non santas pretenden hacer sus oscuros negocios.

Millonarias acciones que una vez descubiertas, la embisten con amedrentadoras actitudes hacia el periodismo. Lo que sucede con una empresa en Mendoza de capitales ingleses que toma muestras mineras con elementos químicos contaminantes y los arroja aquí y en el sur argentino, textual denuncian ambientalistas es uno de los miles de casos testigos de eso de “amedrentar la tarea de prensa”. Cuestión que por supuesto no logra su objetivo y solo fortalece el camino de esa voz del periodismo que no se calla, ¡ni se callará!

Daniel Gallardo – Periodista y Productor Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

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