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Es la economía, pero mucho tiene que ver la política – Grecia y los abismos
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Por Redacción

Es la economía, pero mucho tiene que ver la política – Grecia y los abismos



El primer ministro griego Alexis Tsipras pretende, este fin de semana, preguntarles a sus compatriotas si están de acuerdo o no con las condiciones que les imponen desde la Comunidad Económica Europea, para mantener el rescate financiero que necesita el país y salir de la gravísima crisis que atraviesa. Nosotros nos preguntamos si entenderá, el primer ministro griego, que la pregunta es ciertamente compleja y que la gran mayoría de sus conciudadanos deberán responder por “sí” o por “no” sobre algo que no alcanzan a comprender en su totalidad.

Los políticos y las decisiones


Es imposible que un ciudadano común –del país que sea- disponga de la información que se necesita para entender la complejidad del problema por el que está atravesando Grecia en este caso, y menos aún, cuál puede ser la solución más razonable.

A los políticos se los elige para que decidan sobre las serias y difíciles cuestiones del Estado. Solamente a políticos irresponsables se les puede ocurrir plebiscitar respecto de un tema tan grave y complejo como este, y sobre el que el ciudadano común no tiene información ni, tal vez, la capacidad para opinar. Esa es la clase de consulta que deberán responder los griegos este próximo domingo, 5 de julio.

El fin de semana pasado, Tsipras rompió abruptamente las negociaciones que mantenía con la llamada “troika” –La Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE)–; según sus dichos, porque pretenden obligar al país a realizar un ajuste inadmisible.

A continuación, la falta de liquidez monetaria obligó al gobierno a decretar un feriado bancario de una semana e implementar un corralito (de 60 euros diarios), desde el lunes pasado, dos días después de suspender las negociaciones con la Comisión Europea. El sistema bancario griego se encuentra totalmente falto de liquidez y las posibilidades del país de hacer frente a las cancelaciones de la deuda para este año, sin el apoyo del Banco Central Europeo y del FMI, son prácticamente nulas.

Pero el mayor problema para Grecia, no es seguramente el escenario de corto plazo, que se vislumbra realmente dramático y que describe una crisis financiera que lleva ya varios años, un reciente default y el inminente problema de gobernabilidad. Lo peor es lo que vendrá después de esto, si este problema no se resuelve en los mejores términos posibles y con la ayuda de la propia Comunidad Económica Europea.

Desde que el gobierno dio a conocer el rompimiento de las negociaciones y las medidas sobre el cierre de los bancos y el corralito –y el insólito plebiscito–, la angustia se ha apoderado de la gente. El paisaje en las ciudades es desolador, según nos cuentan algunos amigos que viven en Atenas: la gente ha perdido la alegría, nos dicen, y cientos de manifestantes se agrupan a diario en la plaza Syntagma, frente al parlamento, o deambulan sin rumbo por las calles.


Marchas y contramarchas


La situación del primer ministro ha quedado a estas horas muy comprometida. No es sólo la crisis de gobernabilidad que deberá afrontar hacia el futuro, lo más probable es que, después de esta serie de medidas de dudosa efectividad, de las marchas y contramarchas de su gobierno, el Banco Central Europeo, así como las demás instituciones de la Comunidad, se nieguen a apoyar una salida decorosa de la crisis mientras Tsipras continúe al frente de las negociaciones.

Jean Claude Juncker, quien está a cargo de la Comisión Europea, habló esta semana de traición, para describir la conducta del primer ministro griego, cuando se enteró del referendo propuesto por Tsipras; y fue mucho más allá, advirtió que el mundo interpretará un resultado a favor del “no” en el plebiscito, como la decisión de Grecia de abandonar la zona euro y la Comunidad Europea.

Pero las contradicciones dentro del gobierno griego no terminaron aún. A pesar que la administración de Tsipras hace campaña por el “no” y el ministro de finanzas, Yanis Varoufakis, asegura que de ganar el “sí” se alejará de su cargo, al mismo tiempo afirma: “Queremos desesperadamente seguir en el euro, aunque critiquemos su marco institucional”.

Si Grecia abandona la Zona Euro, en las condiciones en que se encuentra su economía, puede quedar al borde de un abismo. Aquellos que comparan la crisis griega actual con la Argentina del 2001, pasan por alto algunos detalles que, a la hora de cotejar, son fundamentales. Grecia no tiene soja ni nada que se le parezca, no es productor de petróleo y no dispone de una industria importante. Para resumir: es una de las economías más débiles de la Comunidad Europea. El turismo es prácticamente su más importante fuente de recursos.

Será por eso que Tsipras, en medio de las tensiones que él mismo provocó, dio marcha atrás e intentó por todos los medios retomar las negociaciones con la Comisión Europea y los demás integrantes de “la troika”. En una comunicación reciente con la Comunidad Europea expresó que aceptaba todas las condiciones.

La visión del abismo también está haciendo que los miembros del Syriza, la coalición de izquierda a la que pertenece Tsipras –socialismo democrático, ecologistas de izquierda, maoístas, trotskistas y eurocomunistas–, empiecen a cambiar de opinión.

Seguramente, el sistema financiero mundial no entrará en crisis a partir de la situación griega, pero no es seguro que la Unión Europea pueda sortear esta crisis sin sufrir algún daño. Las economías de algunos países integrantes de la Comunidad están mostrando también desequilibrios macroeconómicos preocupantes.


Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.


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Es la economía, pero mucho tiene que ver la política – Grecia y los abismos

El primer ministro griego Alexis Tsipras pretende, este fin de semana, preguntarles a sus compatriotas si están de acuerdo o no con las condiciones que les imponen desde la Comunidad Económica Europea, para mantener el rescate financiero que necesita el país y salir de la gravísima crisis que atraviesa. Nosotros nos preguntamos si entenderá, el primer ministro griego, que la pregunta es ciertamente compleja y que la gran mayoría de sus conciudadanos deberán responder por “sí” o por “no” sobre algo que no alcanzan a comprender en su totalidad.
Los políticos y las decisiones

Es imposible que un ciudadano común –del país que sea- disponga de la información que se necesita para entender la complejidad del problema por el que está atravesando Grecia en este caso, y menos aún, cuál puede ser la solución más razonable.
A los políticos se los elige para que decidan sobre las serias y difíciles cuestiones del Estado. Solamente a políticos irresponsables se les puede ocurrir plebiscitar respecto de un tema tan grave y complejo como este, y sobre el que el ciudadano común no tiene información ni, tal vez, la capacidad para opinar. Esa es la clase de consulta que deberán responder los griegos este próximo domingo, 5 de julio.
El fin de semana pasado, Tsipras rompió abruptamente las negociaciones que mantenía con la llamada “troika” –La Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE)–; según sus dichos, porque pretenden obligar al país a realizar un ajuste inadmisible.
A continuación, la falta de liquidez monetaria obligó al gobierno a decretar un feriado bancario de una semana e implementar un corralito (de 60 euros diarios), desde el lunes pasado, dos días después de suspender las negociaciones con la Comisión Europea. El sistema bancario griego se encuentra totalmente falto de liquidez y las posibilidades del país de hacer frente a las cancelaciones de la deuda para este año, sin el apoyo del Banco Central Europeo y del FMI, son prácticamente nulas.
Pero el mayor problema para Grecia, no es seguramente el escenario de corto plazo, que se vislumbra realmente dramático y que describe una crisis financiera que lleva ya varios años, un reciente default y el inminente problema de gobernabilidad. Lo peor es lo que vendrá después de esto, si este problema no se resuelve en los mejores términos posibles y con la ayuda de la propia Comunidad Económica Europea.
Desde que el gobierno dio a conocer el rompimiento de las negociaciones y las medidas sobre el cierre de los bancos y el corralito –y el insólito plebiscito–, la angustia se ha apoderado de la gente. El paisaje en las ciudades es desolador, según nos cuentan algunos amigos que viven en Atenas: la gente ha perdido la alegría, nos dicen, y cientos de manifestantes se agrupan a diario en la plaza Syntagma, frente al parlamento, o deambulan sin rumbo por las calles.

Marchas y contramarchas

La situación del primer ministro ha quedado a estas horas muy comprometida. No es sólo la crisis de gobernabilidad que deberá afrontar hacia el futuro, lo más probable es que, después de esta serie de medidas de dudosa efectividad, de las marchas y contramarchas de su gobierno, el Banco Central Europeo, así como las demás instituciones de la Comunidad, se nieguen a apoyar una salida decorosa de la crisis mientras Tsipras continúe al frente de las negociaciones.
Jean Claude Juncker, quien está a cargo de la Comisión Europea, habló esta semana de traición, para describir la conducta del primer ministro griego, cuando se enteró del referendo propuesto por Tsipras; y fue mucho más allá, advirtió que el mundo interpretará un resultado a favor del “no” en el plebiscito, como la decisión de Grecia de abandonar la zona euro y la Comunidad Europea.
Pero las contradicciones dentro del gobierno griego no terminaron aún. A pesar que la administración de Tsipras hace campaña por el “no” y el ministro de finanzas, Yanis Varoufakis, asegura que de ganar el “sí” se alejará de su cargo, al mismo tiempo afirma: “Queremos desesperadamente seguir en el euro, aunque critiquemos su marco institucional”.
Si Grecia abandona la Zona Euro, en las condiciones en que se encuentra su economía, puede quedar al borde de un abismo. Aquellos que comparan la crisis griega actual con la Argentina del 2001, pasan por alto algunos detalles que, a la hora de cotejar, son fundamentales. Grecia no tiene soja ni nada que se le parezca, no es productor de petróleo y no dispone de una industria importante. Para resumir: es una de las economías más débiles de la Comunidad Europea. El turismo es prácticamente su más importante fuente de recursos.
Será por eso que Tsipras, en medio de las tensiones que él mismo provocó, dio marcha atrás e intentó por todos los medios retomar las negociaciones con la Comisión Europea y los demás integrantes de “la troika”. En una comunicación reciente con la Comunidad Europea expresó que aceptaba todas las condiciones.
La visión del abismo también está haciendo que los miembros del Syriza, la coalición de izquierda a la que pertenece Tsipras –socialismo democrático, ecologistas de izquierda, maoístas, trotskistas y eurocomunistas–, empiecen a cambiar de opinión.
Seguramente, el sistema financiero mundial no entrará en crisis a partir de la situación griega, pero no es seguro que la Unión Europea pueda sortear esta crisis sin sufrir algún daño. Las economías de algunos países integrantes de la Comunidad están mostrando también desequilibrios macroeconómicos preocupantes.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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