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El trabajo incansable de una proteccionista
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Por Redacción

El trabajo incansable de una proteccionista



Érica Llanos es una proteccionista mendocina que vela día y noche por los animales. La conocimos a través de su fuerte activismo en redes sociales buscándole hogar a perros y gatos de la calle, pidiendo colaboración para llevarlos al veterinario y conectando a las mascotas con sus futuras familias.


“Trabajo sola porque no soy buena para hacerlo en grupo, tengo carácter fuerte y no me gusta que me digan lo que tengo que hacer”, se define esta mujer que entre mates y risas confiesa: “Todas las proteccionistas estamos un poco locas, todas tenemos alguna carencia”. Y quizás por la locura linda o las carencias que se transforman en servicio es que no pueden aceptar que un animal sea víctima del abandono, el maltrato o la indiferencia.


Hace algunas semanas, Érica nos conmovió con una historia a través de las redes sociales: no se trataba de un perro sino de Fermín, un caballo que descubrieron en un baldío en el asentamiento Castro, ubicado en Guaymallén. Se dio aviso a la Policía Rural y se emprendió el secuestro del animal. “En abril de 2013 me invitaron a un secuestro y desde ahí empecé a involucrarme con los caballos”, explicó.


“Como proteccionista arranqué en Buenos Aires, mi hermana me metió en esto”, contó Érica, mientras suma datos de una parte desconocida para quienes la leen a través de su cuenta en Facebook, como que en esa misma ciudad se recibió de profesora de Educación Física y durante años, trabajó en una cochería en el turno de la noche, que era “el que nadie quería hacer”.


Hace unos cuatro años aproximadamente, una delicada situación familiar la trajo de nuevo a su provincia natal con un magro equipaje: dos perros y un gato. “Después me mandaron mi ropa. Los primeros tiempos fueron complicados porque no tenía trabajo y mis amistades habían quedado allá”, dice la mujer, y agrega que hoy tiene cientos de “amigos” virtuales, muchos de los cuales colaboran con la causa que ella lleva adelante: brindar una mejor calidad de vida a los animales.


Muñeca brava

Una amante de los animales puede cambiar de casa, de provincia o de trabajo, pero no pierde el interés por aquello que la moviliza. “En Mendoza arranqué mi tarea como proteccionista con una perra que estaba abandonada cerca de casa, una cocker llena de tumores. Pedí ayuda a través de Facebook y me ayudaron. Cuando la encontré estaba muy mal, pero vivió dos años más conmigo”, relató quien ha llegado a tener doce perros en su departamento, algunos propios y otros en tránsito.


Esta pasión de dedicarle tiempo, cariño y sacar dinero de donde no se tiene con el fin de ayudar a animales abandonados, también le ha jugado en contra y la ha llevado a tener algunos entredichos con vecinos del complejo donde vive y a ver truncada la posibilidad de entablar una relación de pareja. “Una vez salí con alguien a quien le aclaré que vivía con varios perros y me dijo que estaba todo bien, pero en cuanto vino a casa me dijo que tenía que regalar algunos. En un momento lo descubrí pegándole en el hocico a una de mis perras y no dije nada, pero una vez terminada la cena lo acompañé hasta la puerta y le dije que no me llamara más”, detalló esta determinada y sincera proteccionista que no tiene pelos en la lengua cuando de defender a sus mascotas se trata. “Soy un poco brava, pero es como cuando le tocan los hijos a una madre, salta en su defensa”, concluyó Érica.


La historia de Fermín

“A Fermín lo rescatamos del asentamiento Castro, en Guaymallén. Tenía un cuadro de desnutrición en grado cinco, estaba todo lastimado, abandonado a su suerte en un baldío. Cuando llegamos, estaba solo, tirado en el piso acompañado con la chica que nos avisó del problema. Llegamos al lugar, llamamos a la Policía Rural y ellos se encargaron del secuestro y de llevarlo a La Guatana, el lugar donde van a parar los caballos una vez secuestrados. Apenas unos días después, Fermín murió a causa de las múltiples lesiones provocadas por quienes lo usaban para trabajar.


Trabajo de hormiga

Si bien Érica trabaja en una inmobiliaria por la mañana, dedica el resto del tiempo a crear conciencia acerca de la importancia de la castración, a buscarles casa a los animalitos que no han tenido la suerte de tener una familia o que si la tuvieron no fue de la mejor porque terminaron en la calle.


Entre las cosas que esta voluntariosa mujer lleva adelante, está la de identificar carreteleros con la ayuda de un comercio de la zona, hablar con ellos y enseñarles algunas pautas de cuidado e higiene para evitar el maltrato y la muerte de los caballos. De hecho, contó que tres carreteleros van periódicamente a su casa a mostrarle cómo está su caballo y a pedirle medicación cuando la necesitan. En ese difícil trabajo de hormiga, Érica aprovecha la masividad de las redes sociales para enseñar la importancia de denunciar en una fiscalía cuando de maltrato a un caballo se trata.


Maltrato o remate, ésa es la cuestión

“Cada vez que se secuestra un animal, es llevado a La Guatana o al corralón municipal de Lavalle. Una vez allí el propietario tiene diez días para presentar los papeles, y si todo está “en regla”, el equino le es devuelto. En caso de que no lo hagan, ese caballo es rematado días después”. Ambas situaciones no son buenas, ya que devolverle un animal a quien lo ha maltratado al punto de que no pueda moverse no es más que apurar la muerte del mismo y, la segunda opción, es la muerte misma, ya que los caballos por lo general son comprados por frigoríficos”, resumió la proteccionista, y resaltó que “es fundamental hacer la denuncia en una fiscalía, ya que eso le impide al dueño del animal recuperarlo y continuar maltratándolo. Además, el caballo queda bajo cuidados mientras se espera la decisión del fiscal”.


En caso de ver animales maltratados es muy valioso tomar fotografías o hacer alguna filmación, ya que al tratarse de una causa que ingresa a la fiscalía toda esa información sirve para el expediente, en el caso de los carreteleros. Érica explica que el recorrido diario que realizan es siempre el mismo, y conocerlo facilita el trabajo de la Policía Rural a la hora de efectuar el secuestro y traslado del animal.


Esta proteccionista no se queda en la instancia de denunciar, ya que además hace el seguimiento de los animales dentro del lugar al que son llevados, presenta un pedido de guarda tutelar, les paga la atención veterinaria y se hace cargo del alimento de los animales, costos bastante altos que son enfrentados gracias a la colaboración que recibe de los voluntarios que la ayudan y que no siempre es suficiente.

La única forma de parar esto es llamando a Policía Rural (4815900 /0800 6665183) y posteriormente haciendo la denuncia en la fiscalía correspondiente al lugar donde es encontrado en animal maltratado.


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El trabajo incansable de una proteccionista

Érica Llanos es una proteccionista mendocina que vela día y noche por los animales. La conocimos a través de su fuerte activismo en redes sociales buscándole hogar a perros y gatos de la calle, pidiendo colaboración para llevarlos al veterinario y conectando a las mascotas con sus futuras familias.

“Trabajo sola porque no soy buena para hacerlo en grupo, tengo carácter fuerte y no me gusta que me digan lo que tengo que hacer”, se define esta mujer que entre mates y risas confiesa: “Todas las proteccionistas estamos un poco locas, todas tenemos alguna carencia”. Y quizás por la locura linda o las carencias que se transforman en servicio es que no pueden aceptar que un animal sea víctima del abandono, el maltrato o la indiferencia.

Hace algunas semanas, Érica nos conmovió con una historia a través de las redes sociales: no se trataba de un perro sino de Fermín, un caballo que descubrieron en un baldío en el asentamiento Castro, ubicado en Guaymallén. Se dio aviso a la Policía Rural y se emprendió el secuestro del animal. “En abril de 2013 me invitaron a un secuestro y desde ahí empecé a involucrarme con los caballos”, explicó.

“Como proteccionista arranqué en Buenos Aires, mi hermana me metió en esto”, contó Érica, mientras suma datos de una parte desconocida para quienes la leen a través de su cuenta en Facebook, como que en esa misma ciudad se recibió de profesora de Educación Física y durante años, trabajó en una cochería en el turno de la noche, que era “el que nadie quería hacer”.

Hace unos cuatro años aproximadamente, una delicada situación familiar la trajo de nuevo a su provincia natal con un magro equipaje: dos perros y un gato. “Después me mandaron mi ropa. Los primeros tiempos fueron complicados porque no tenía trabajo y mis amistades habían quedado allá”, dice la mujer, y agrega que hoy tiene cientos de “amigos” virtuales, muchos de los cuales colaboran con la causa que ella lleva adelante: brindar una mejor calidad de vida a los animales.

Muñeca brava
Una amante de los animales puede cambiar de casa, de provincia o de trabajo, pero no pierde el interés por aquello que la moviliza. “En Mendoza arranqué mi tarea como proteccionista con una perra que estaba abandonada cerca de casa, una cocker llena de tumores. Pedí ayuda a través de Facebook y me ayudaron. Cuando la encontré estaba muy mal, pero vivió dos años más conmigo”, relató quien ha llegado a tener doce perros en su departamento, algunos propios y otros en tránsito.

Esta pasión de dedicarle tiempo, cariño y sacar dinero de donde no se tiene con el fin de ayudar a animales abandonados, también le ha jugado en contra y la ha llevado a tener algunos entredichos con vecinos del complejo donde vive y a ver truncada la posibilidad de entablar una relación de pareja. “Una vez salí con alguien a quien le aclaré que vivía con varios perros y me dijo que estaba todo bien, pero en cuanto vino a casa me dijo que tenía que regalar algunos. En un momento lo descubrí pegándole en el hocico a una de mis perras y no dije nada, pero una vez terminada la cena lo acompañé hasta la puerta y le dije que no me llamara más”, detalló esta determinada y sincera proteccionista que no tiene pelos en la lengua cuando de defender a sus mascotas se trata. “Soy un poco brava, pero es como cuando le tocan los hijos a una madre, salta en su defensa”, concluyó Érica.

La historia de Fermín
“A Fermín lo rescatamos del asentamiento Castro, en Guaymallén. Tenía un cuadro de desnutrición en grado cinco, estaba todo lastimado, abandonado a su suerte en un baldío. Cuando llegamos, estaba solo, tirado en el piso acompañado con la chica que nos avisó del problema. Llegamos al lugar, llamamos a la Policía Rural y ellos se encargaron del secuestro y de llevarlo a La Guatana, el lugar donde van a parar los caballos una vez secuestrados. Apenas unos días después, Fermín murió a causa de las múltiples lesiones provocadas por quienes lo usaban para trabajar.

Trabajo de hormiga
Si bien Érica trabaja en una inmobiliaria por la mañana, dedica el resto del tiempo a crear conciencia acerca de la importancia de la castración, a buscarles casa a los animalitos que no han tenido la suerte de tener una familia o que si la tuvieron no fue de la mejor porque terminaron en la calle.

Entre las cosas que esta voluntariosa mujer lleva adelante, está la de identificar carreteleros con la ayuda de un comercio de la zona, hablar con ellos y enseñarles algunas pautas de cuidado e higiene para evitar el maltrato y la muerte de los caballos. De hecho, contó que tres carreteleros van periódicamente a su casa a mostrarle cómo está su caballo y a pedirle medicación cuando la necesitan. En ese difícil trabajo de hormiga, Érica aprovecha la masividad de las redes sociales para enseñar la importancia de denunciar en una fiscalía cuando de maltrato a un caballo se trata.

Maltrato o remate, ésa es la cuestión
“Cada vez que se secuestra un animal, es llevado a La Guatana o al corralón municipal de Lavalle. Una vez allí el propietario tiene diez días para presentar los papeles, y si todo está “en regla”, el equino le es devuelto. En caso de que no lo hagan, ese caballo es rematado días después”. Ambas situaciones no son buenas, ya que devolverle un animal a quien lo ha maltratado al punto de que no pueda moverse no es más que apurar la muerte del mismo y, la segunda opción, es la muerte misma, ya que los caballos por lo general son comprados por frigoríficos”, resumió la proteccionista, y resaltó que “es fundamental hacer la denuncia en una fiscalía, ya que eso le impide al dueño del animal recuperarlo y continuar maltratándolo. Además, el caballo queda bajo cuidados mientras se espera la decisión del fiscal”.

En caso de ver animales maltratados es muy valioso tomar fotografías o hacer alguna filmación, ya que al tratarse de una causa que ingresa a la fiscalía toda esa información sirve para el expediente, en el caso de los carreteleros. Érica explica que el recorrido diario que realizan es siempre el mismo, y conocerlo facilita el trabajo de la Policía Rural a la hora de efectuar el secuestro y traslado del animal.

Esta proteccionista no se queda en la instancia de denunciar, ya que además hace el seguimiento de los animales dentro del lugar al que son llevados, presenta un pedido de guarda tutelar, les paga la atención veterinaria y se hace cargo del alimento de los animales, costos bastante altos que son enfrentados gracias a la colaboración que recibe de los voluntarios que la ayudan y que no siempre es suficiente.
La única forma de parar esto es llamando a Policía Rural (4815900 /0800 6665183) y posteriormente haciendo la denuncia en la fiscalía correspondiente al lugar donde es encontrado en animal maltratado.

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