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Por Redacción

El soberano mendocino habló, se espera debida nota



La historia de la democracia mendocina avanzó y protagonizó un importante hecho, del que fue “absolutamente protagonista”, ese ciudadano que decidió dar un giro de 180° para que otra entidad política administre este estado provincial cuyano.


De ese ciudadano es de quien hoy hablamos. Porque a ese ciudadano le exigíamos hace poco “que asuma ineludibles responsabilidades electorales”. Y porque ese ciudadano se ha expedido con argumentos de mucho peso en la realidad que hoy afecta su vivir y el de su familia. Un ciudadano que en ocho años dio dos posibilidades al justicialismo para que dé respuestas a cuestiones muy graves que suceden aquí: “inseguridad, desocupación, pobreza, crisis productiva, crisis en las cuentas públicas, crisis en la educación pública, crisis hídrica y crisis en la salud pública”.


Pero también ese ciudadano buscó en esa “herramienta vital que le otorga la constitución”,  hacer resurgir la calidad institucional que tanto la provincia, como el país han comenzado a mostrar limada, muy limada. Dramática cara que indica el rostro del autoritarismo en el manejo de la cosa pública y su distribución desde el poder central y la inadmisible sumisión de la mayoría de las provincias, que como Mendoza perdieron total terreno en sus legítimos ingresos coparticipables.


Lamentablemente el domingo pasado no hubo una masiva responsabilidad ciudadana, solo el 71 % fue a sufragar. Y eso no es bueno y continúa siendo una importante deuda democrática de la gente consigo mismo y con su provincia. Más allá de los muchos argumentos que se pueden esgrimir. Porque no hay declaraciones, ni aclaraciones que justifiquen el deterioro que ha sufrido la vida de los mendocinos. A pesar de todo ello, ese 71% muestra que todavía este estado provincial tiene cierta calidad a la hora de las determinaciones que se asumen por medio del voto.


Entonces es momento que se escuche, que se analice, que se entienda y que se solucionen los aspectos que han hecho sucumbir a una Mendoza que supo y mostró grandeza. Una provincia donde “la inseguridad le ha llevado a un triste récord en el año 2014 con la mayor tasa de homicidios de los últimos 10 años”. Contundente expresión con la que el colega Pablo Mannino analizaba para el diario La Nación el crecimiento de la inseguridad en esta tierra cuyana. Informe especial que decía también que: “hasta el 31 de diciembre del año pasado se registraron 160 asesinatos, 19 hechos más que en 2012, que se mantenía como el año récord desde 2004”. El colega delataba que “no se detuvo a sospechosos en casi el 40% de los homicidios”. Datos que seguramente deberían actualizarse ante la vorágine del crecimiento de una inseguridad acompasada por el narcotráfico, la venta ilegal de armas y la notable superación de la fuerza policial por un ámbito mafioso que ha tomado lugares de esta ciudad, transformándose en criminales bastiones inexpugnables ante toda acción que se pretenda hacer para reducirlos.


La inseguridad es el nervio motor del gran drama mendocino, que se nutre, lamentablemente de esa pobreza tantas veces ignorada por quienes tienen responsabilidades gubernamentales. Una pobreza que (como hemos analizado en otras columnas) afecta a casi 330 mil mendocinos, mientras que por debajo de la línea de la indigencia serían un poco más de 54 mil personas. Porcentajes que de acuerdo a la Fundación Ideal impacta preocupantemente en un 40% de nuestra población infanto-juvenil.


Un solo ejemplo del muestrario que tuvo en su memoria la ciudadanía que sufragó el domingo, lo constituye el actual primer mandatario que puso foco en un dramático lugar como “El Pozo”, volcando allí todo tipo de acción para cambiar la vida miserable de un puñado de mendocinos que sobreviven de y la basura, con todo lo que eso implica. Lo que Francisco Pérez no supo nunca explicar es, si “él considera a ese sitio como el único de la pobreza mendocina”, si conoce o desconoce otros sitios y por lo tanto más pobres en nuestra provincia. Y esto último a la luz de los resultados que inmediatamente se vieron con los humildes habitantes de El Pozo que podrían multiplicarse. Fundamentalmente si ignora al resto de nuestros pobres que viven como pueden y de lo que pueden, lo que significaría que el basurero de Godoy Cruz solo sirvió para lavar consciencia política y chicanear al intendente radical, hoy su sucesor en el sillón de San Martín. Todo lo cual sería “miserablemente lamentable”.


El mendocino sabe que no está bien y se lo ha expresado de muchas maneras a la actual administración provincial, como así a su antecesor, “en ninguno de los casos hubo soluciones, ni tan siquiera de haber sido escuchado”. El mendocino ve ante su historia de provincia que “todo se cae”. Su condiciones de vida, de trabajo, de producción, de crecimiento, de educación y de igualdad de posibilidades. El mendocino NO quiere más que desde la nación le metan impune y descaradamente la mano sobre sus dineros públicos. El mendocino quiere volver a tener el legítimo derecho de esas obras paralizadas en el tiempo y que son tan necesarias para su crecimiento y elevamiento de estándar de vida. El mendocino el domingo pasado se expidió por medio de su derecho constitucional al voto y solo espera, que quienes fueron consagrados como sus representantes en los poderes legislativo y ejecutivo hayan tomado responsable y consciente nota de ello. Para que el “Cambia Mendoza” quede plasmado en ese “cambio” que no resiste dilación alguna en todo el andamiaje de este estado provincial cuyano.


 Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano


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El soberano mendocino habló, se espera debida nota

La historia de la democracia mendocina avanzó y protagonizó un importante hecho, del que fue “absolutamente protagonista”, ese ciudadano que decidió dar un giro de 180° para que otra entidad política administre este estado provincial cuyano.

De ese ciudadano es de quien hoy hablamos. Porque a ese ciudadano le exigíamos hace poco “que asuma ineludibles responsabilidades electorales”. Y porque ese ciudadano se ha expedido con argumentos de mucho peso en la realidad que hoy afecta su vivir y el de su familia. Un ciudadano que en ocho años dio dos posibilidades al justicialismo para que dé respuestas a cuestiones muy graves que suceden aquí: “inseguridad, desocupación, pobreza, crisis productiva, crisis en las cuentas públicas, crisis en la educación pública, crisis hídrica y crisis en la salud pública”.

Pero también ese ciudadano buscó en esa “herramienta vital que le otorga la constitución”,  hacer resurgir la calidad institucional que tanto la provincia, como el país han comenzado a mostrar limada, muy limada. Dramática cara que indica el rostro del autoritarismo en el manejo de la cosa pública y su distribución desde el poder central y la inadmisible sumisión de la mayoría de las provincias, que como Mendoza perdieron total terreno en sus legítimos ingresos coparticipables.

Lamentablemente el domingo pasado no hubo una masiva responsabilidad ciudadana, solo el 71 % fue a sufragar. Y eso no es bueno y continúa siendo una importante deuda democrática de la gente consigo mismo y con su provincia. Más allá de los muchos argumentos que se pueden esgrimir. Porque no hay declaraciones, ni aclaraciones que justifiquen el deterioro que ha sufrido la vida de los mendocinos. A pesar de todo ello, ese 71% muestra que todavía este estado provincial tiene cierta calidad a la hora de las determinaciones que se asumen por medio del voto.

Entonces es momento que se escuche, que se analice, que se entienda y que se solucionen los aspectos que han hecho sucumbir a una Mendoza que supo y mostró grandeza. Una provincia donde “la inseguridad le ha llevado a un triste récord en el año 2014 con la mayor tasa de homicidios de los últimos 10 años”. Contundente expresión con la que el colega Pablo Mannino analizaba para el diario La Nación el crecimiento de la inseguridad en esta tierra cuyana. Informe especial que decía también que: “hasta el 31 de diciembre del año pasado se registraron 160 asesinatos, 19 hechos más que en 2012, que se mantenía como el año récord desde 2004”. El colega delataba que “no se detuvo a sospechosos en casi el 40% de los homicidios”. Datos que seguramente deberían actualizarse ante la vorágine del crecimiento de una inseguridad acompasada por el narcotráfico, la venta ilegal de armas y la notable superación de la fuerza policial por un ámbito mafioso que ha tomado lugares de esta ciudad, transformándose en criminales bastiones inexpugnables ante toda acción que se pretenda hacer para reducirlos.

La inseguridad es el nervio motor del gran drama mendocino, que se nutre, lamentablemente de esa pobreza tantas veces ignorada por quienes tienen responsabilidades gubernamentales. Una pobreza que (como hemos analizado en otras columnas) afecta a casi 330 mil mendocinos, mientras que por debajo de la línea de la indigencia serían un poco más de 54 mil personas. Porcentajes que de acuerdo a la Fundación Ideal impacta preocupantemente en un 40% de nuestra población infanto-juvenil.

Un solo ejemplo del muestrario que tuvo en su memoria la ciudadanía que sufragó el domingo, lo constituye el actual primer mandatario que puso foco en un dramático lugar como “El Pozo”, volcando allí todo tipo de acción para cambiar la vida miserable de un puñado de mendocinos que sobreviven de y la basura, con todo lo que eso implica. Lo que Francisco Pérez no supo nunca explicar es, si “él considera a ese sitio como el único de la pobreza mendocina”, si conoce o desconoce otros sitios y por lo tanto más pobres en nuestra provincia. Y esto último a la luz de los resultados que inmediatamente se vieron con los humildes habitantes de El Pozo que podrían multiplicarse. Fundamentalmente si ignora al resto de nuestros pobres que viven como pueden y de lo que pueden, lo que significaría que el basurero de Godoy Cruz solo sirvió para lavar consciencia política y chicanear al intendente radical, hoy su sucesor en el sillón de San Martín. Todo lo cual sería “miserablemente lamentable”.

El mendocino sabe que no está bien y se lo ha expresado de muchas maneras a la actual administración provincial, como así a su antecesor, “en ninguno de los casos hubo soluciones, ni tan siquiera de haber sido escuchado”. El mendocino ve ante su historia de provincia que “todo se cae”. Su condiciones de vida, de trabajo, de producción, de crecimiento, de educación y de igualdad de posibilidades. El mendocino NO quiere más que desde la nación le metan impune y descaradamente la mano sobre sus dineros públicos. El mendocino quiere volver a tener el legítimo derecho de esas obras paralizadas en el tiempo y que son tan necesarias para su crecimiento y elevamiento de estándar de vida. El mendocino el domingo pasado se expidió por medio de su derecho constitucional al voto y solo espera, que quienes fueron consagrados como sus representantes en los poderes legislativo y ejecutivo hayan tomado responsable y consciente nota de ello. Para que el “Cambia Mendoza” quede plasmado en ese “cambio” que no resiste dilación alguna en todo el andamiaje de este estado provincial cuyano.

 Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

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