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Por Redacción

“El reiki es amor”



Ante el incremento de noticias relacionadas con la violencia que leemos o escuchamos a diario, la psicóloga Natalia Bonazza explica cómo amalgama dos mundos con un solo fin: que sus pacientes encuentren sentido a su vida.

Natalia o la Naty, como la conocen y reconocen quienes han pasado por su consultorio, nació en Santa Fe, a los 4 años se mudó a Entre Ríos y después el amor la trajo a Mendoza. Es en esta tierra donde quiere quedarse. “No me voy más de acá”, contó la psicóloga de 32 años, recibida en la Universidad Católica de Paraná.


Como tantos profesionales, empezó a trabajar con las herramientas que le brinda la formación académica, pero reconoce que los mismos pacientes y las experiencias personales de vida, “la gran maestra”, como le dice ella, fueron quienes le abrieron la cabeza y la llevaron a buscar herramientas en otros campos con la idea de lograr mejores resultados. “Los pacientes que llegan a mi consultorio se encuentran con una mujer bastante ‘hippona’, que no tiene el título de psicóloga colgado en la pared y, por lo general, los que llegan no buscan una terapia tradicional”, relató y cuenta que acostumbra a romper el hielo con un abrazo, algo poco frecuente entre terapeuta y paciente.


La violencia como ruptura

Al hablar de violencia, Natalia coincide con muchos ciudadanos y describe algunas situaciones que agravan el cuadro. “La violencia, la agresión y el maltrato, no sólo están presentes en la calle, sino dentro de las familias y eso me preocupa mucho. De un tiempo a esta parte he notado cómo las diferencias políticas han dividido a las personas de una misma familia, se han naturalizado tanto la agresión como los insultos y los maltratos entre pares. Si tenés una actitud de ayuda o una buena acción en la calle con un desconocido te miran raro, como si estuvieras loca, cuando en realidad eso debería ser lo normal. Se han perdido algunas buenas costumbres como saludar, dar las gracias o pedir disculpas y eso es terrible. Uno enciende la tele y la gran mayoría de las informaciones son malas, de hecho, he dejado de ver a personas que admiraba mucho por el nivel de violencia que transmiten”, agregó.


Durante la charla, la psicóloga dio ejemplos de situaciones cotidianas, donde vemos que el germen de la violencia está presente y es una realidad: la violencia nos atraviesa como sociedad. Cabe destacar que Natalia no es una profesional tradicional y que prefiere romper con algunos convencionalismos. “Si uno no está en paz con uno mismo, está en guerra con todo el mundo, el trabajo empieza por uno mismo, mirarse a sí mismo, dejar de culpar al otro, pensar qué veo en el otro que no me está gustando a mí, saber quién soy, pero no desde lo que los demás ven en mí, sino desde cuánto me conozco”, resumió Natalia como un puntapié inicial de cualquier terapia.


Y agregó: “Hay dos preguntas que desequilibran, ¿qué te gusta hacer o qué te hace feliz? y la otra: ¿quién sos? En el quién sos empiezan a jugar las definiciones de los demás, lo que los demás nos han dicho que somos y nos han influido. Además la especialista agrega que prefiere las terapias rápidas y activas donde los pacientes siempre se llevan tarea a casa.


Nada de rótulos

Es común escuchar a diario a personas que se autodefinen como “depresivas”, “panicosas” o con transtorno obsesivo compulsivo. A veces, porque buscaron información en Internet y reconocen en esas patologías algunos de los síntomas que poseen y muchas otras, porque es común que los profesionales de la psicología los traten desde ese diagnóstico.


“Yo prefiero no rotular a las personas, sino dejar de hablar de depresión y hablar de tristeza profunda, por ejemplo. Prefiero que reconozcan que no es lo mismo aguantar situaciones creyendo que son fuertes y que desarrollen la fortaleza y, sobre todo, que entiendan que en estos casos somos como surfistas, ya que ellos no esperan las olas, salen a buscarlas y de esa misma forma nosotros salimos en búsqueda del dolor y el sufrimiento: dos cosas a las que le tenemos mucho miedo, pero que son necesarias recorrer para estar bien”, detalló Naty.


La metáfora de los surfistas invita a pensar, y Natalia recuerda una frase de Gabriel García Márquez: “Los hombres no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino cuando la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez”.


El camino de las emociones

Natalia sabe, después de varios años de consultorio, que con las herramientas tradicionales no alcanza, si lo que quiere es que una persona saque su mejor versión, por eso trabaja desde las emociones y esas mismas emociones son las que la llevaron a recorrer el camino de las terapias alternativas como el reiki, la aromaterapia, las flores de bach, la meditación y la elaboración de mandalas. Todo forma parte de la sanación espiritual de quienes buscan ayuda en su consultorio y que en la mayoría de los casos encuentran en una terapia desestructurada la solución a sus tristezas.

Sanar con las manos

En un momento difícil de su vida y sintiendo que algo le faltaba, empezó a llamarle la atención el reiki. Así fue como comenzó sus estudios y aunque no le gustan los títulos, Natalia hizo todos los niveles y hoy es maestra en reiki, esta práctica ancestral que no reconocen las escuelas de psicología, pero que le dio la posibilidad de trabajar desde otro lugar con sus pacientes, obteniendo mejores resultados.


“El reiki me abrió la cabeza. Empecé hace unos 3 años y no sabía de qué se trataba, pero me llamaba. Después de que nació mi hija empecé a estudiar. El reiki limpia, es una caricia, pero también un despertar. Pone en crisis todo eso que no estaba firme para que salga, para que sane. Es la energía vital universal, pero sobre todas las cosas es amor”, describe la psicóloga, y agrega: “En un momento pensé que no se podía ser psicóloga y reikista y después vi la posibilidad de amalgamar ambas cosas, luego le fui agregando otras para trabajar concibiendo a la persona como un todo espiritual, emocional, psicológico y físico”, explica.


Según Natalia, para el Colegio de Psicólogos algunas prácticas como el reiki y las constelaciones familiares no deberían practicarse, ya que al no tener un correlato académico no se las reconoce como herramientas a la hora de tratar a un paciente, pero ella prefiere que se ocupen de aquellos que en nombre de la psicología tradicional cometen “iatrogenia” que es el daño que el médico le causa al paciente y que es muy difícil de probar. “El que viene a mi consultorio sabe que no hay distancia entre el terapeuta y el paciente y también sabe que estoy loca, pero soy una loca sana”, comentó entre risas.


Las palabras de Natalia hacen pensar en la importancia de romper con ciertas estructuras propias, en amar sin egoísmo y en conocernos para lograr ser eso que deseamos ser en la vida. Básicamente, en estar en paz con nosotros mismos para no estar en guerra con el mundo./ Rebeca Rodriguez


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“El reiki es amor”

Ante el incremento de noticias relacionadas con la violencia que leemos o escuchamos a diario, la psicóloga Natalia Bonazza explica cómo amalgama dos mundos con un solo fin: que sus pacientes encuentren sentido a su vida.
Natalia o la Naty, como la conocen y reconocen quienes han pasado por su consultorio, nació en Santa Fe, a los 4 años se mudó a Entre Ríos y después el amor la trajo a Mendoza. Es en esta tierra donde quiere quedarse. “No me voy más de acá”, contó la psicóloga de 32 años, recibida en la Universidad Católica de Paraná.

Como tantos profesionales, empezó a trabajar con las herramientas que le brinda la formación académica, pero reconoce que los mismos pacientes y las experiencias personales de vida, “la gran maestra”, como le dice ella, fueron quienes le abrieron la cabeza y la llevaron a buscar herramientas en otros campos con la idea de lograr mejores resultados. “Los pacientes que llegan a mi consultorio se encuentran con una mujer bastante ‘hippona’, que no tiene el título de psicóloga colgado en la pared y, por lo general, los que llegan no buscan una terapia tradicional”, relató y cuenta que acostumbra a romper el hielo con un abrazo, algo poco frecuente entre terapeuta y paciente.

La violencia como ruptura
Al hablar de violencia, Natalia coincide con muchos ciudadanos y describe algunas situaciones que agravan el cuadro. “La violencia, la agresión y el maltrato, no sólo están presentes en la calle, sino dentro de las familias y eso me preocupa mucho. De un tiempo a esta parte he notado cómo las diferencias políticas han dividido a las personas de una misma familia, se han naturalizado tanto la agresión como los insultos y los maltratos entre pares. Si tenés una actitud de ayuda o una buena acción en la calle con un desconocido te miran raro, como si estuvieras loca, cuando en realidad eso debería ser lo normal. Se han perdido algunas buenas costumbres como saludar, dar las gracias o pedir disculpas y eso es terrible. Uno enciende la tele y la gran mayoría de las informaciones son malas, de hecho, he dejado de ver a personas que admiraba mucho por el nivel de violencia que transmiten”, agregó.

Durante la charla, la psicóloga dio ejemplos de situaciones cotidianas, donde vemos que el germen de la violencia está presente y es una realidad: la violencia nos atraviesa como sociedad. Cabe destacar que Natalia no es una profesional tradicional y que prefiere romper con algunos convencionalismos. “Si uno no está en paz con uno mismo, está en guerra con todo el mundo, el trabajo empieza por uno mismo, mirarse a sí mismo, dejar de culpar al otro, pensar qué veo en el otro que no me está gustando a mí, saber quién soy, pero no desde lo que los demás ven en mí, sino desde cuánto me conozco”, resumió Natalia como un puntapié inicial de cualquier terapia.

Y agregó: “Hay dos preguntas que desequilibran, ¿qué te gusta hacer o qué te hace feliz? y la otra: ¿quién sos? En el quién sos empiezan a jugar las definiciones de los demás, lo que los demás nos han dicho que somos y nos han influido. Además la especialista agrega que prefiere las terapias rápidas y activas donde los pacientes siempre se llevan tarea a casa.

Nada de rótulos
Es común escuchar a diario a personas que se autodefinen como “depresivas”, “panicosas” o con transtorno obsesivo compulsivo. A veces, porque buscaron información en Internet y reconocen en esas patologías algunos de los síntomas que poseen y muchas otras, porque es común que los profesionales de la psicología los traten desde ese diagnóstico.

“Yo prefiero no rotular a las personas, sino dejar de hablar de depresión y hablar de tristeza profunda, por ejemplo. Prefiero que reconozcan que no es lo mismo aguantar situaciones creyendo que son fuertes y que desarrollen la fortaleza y, sobre todo, que entiendan que en estos casos somos como surfistas, ya que ellos no esperan las olas, salen a buscarlas y de esa misma forma nosotros salimos en búsqueda del dolor y el sufrimiento: dos cosas a las que le tenemos mucho miedo, pero que son necesarias recorrer para estar bien”, detalló Naty.

La metáfora de los surfistas invita a pensar, y Natalia recuerda una frase de Gabriel García Márquez: “Los hombres no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino cuando la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez”.

El camino de las emociones
Natalia sabe, después de varios años de consultorio, que con las herramientas tradicionales no alcanza, si lo que quiere es que una persona saque su mejor versión, por eso trabaja desde las emociones y esas mismas emociones son las que la llevaron a recorrer el camino de las terapias alternativas como el reiki, la aromaterapia, las flores de bach, la meditación y la elaboración de mandalas. Todo forma parte de la sanación espiritual de quienes buscan ayuda en su consultorio y que en la mayoría de los casos encuentran en una terapia desestructurada la solución a sus tristezas.
Sanar con las manos
En un momento difícil de su vida y sintiendo que algo le faltaba, empezó a llamarle la atención el reiki. Así fue como comenzó sus estudios y aunque no le gustan los títulos, Natalia hizo todos los niveles y hoy es maestra en reiki, esta práctica ancestral que no reconocen las escuelas de psicología, pero que le dio la posibilidad de trabajar desde otro lugar con sus pacientes, obteniendo mejores resultados.

“El reiki me abrió la cabeza. Empecé hace unos 3 años y no sabía de qué se trataba, pero me llamaba. Después de que nació mi hija empecé a estudiar. El reiki limpia, es una caricia, pero también un despertar. Pone en crisis todo eso que no estaba firme para que salga, para que sane. Es la energía vital universal, pero sobre todas las cosas es amor”, describe la psicóloga, y agrega: “En un momento pensé que no se podía ser psicóloga y reikista y después vi la posibilidad de amalgamar ambas cosas, luego le fui agregando otras para trabajar concibiendo a la persona como un todo espiritual, emocional, psicológico y físico”, explica.

Según Natalia, para el Colegio de Psicólogos algunas prácticas como el reiki y las constelaciones familiares no deberían practicarse, ya que al no tener un correlato académico no se las reconoce como herramientas a la hora de tratar a un paciente, pero ella prefiere que se ocupen de aquellos que en nombre de la psicología tradicional cometen “iatrogenia” que es el daño que el médico le causa al paciente y que es muy difícil de probar. “El que viene a mi consultorio sabe que no hay distancia entre el terapeuta y el paciente y también sabe que estoy loca, pero soy una loca sana”, comentó entre risas.

Las palabras de Natalia hacen pensar en la importancia de romper con ciertas estructuras propias, en amar sin egoísmo y en conocernos para lograr ser eso que deseamos ser en la vida. Básicamente, en estar en paz con nosotros mismos para no estar en guerra con el mundo./ Rebeca Rodriguez

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