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El Papa sigue sin hablarle a Mauricio Macri
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Por Redacción

El Papa sigue sin hablarle a Mauricio Macri



Desde el 22 de noviembre, la pregunta circuló en los medios y en los ámbitos políticos: ¿Por qué el Papa no llama a Macri? Las respuestas habían estado a cargo de voceros oficiosos. Hasta este sábado, cuando Francisco envió, vía correo electrónico a su amiga la periodista Alicia Barrios, el mensaje que Infobae revela aquí en exclusiva: “Para que tengas el dato preciso –le escribe Jorge Bergoglio a su interlocutora-, el protocolo de la Santa Sede prevé que en la asunción de un Presidente de la República el Papa sea representado oficialmente por un Nuncio apostólico de un país vecino. En este caso reciente de Argentina fue el nuncio en Paraguay, monseñor (Eliseo) Ariotti. Por tanto, cualquier otra persona que se haya atribuido representación del Papa ha faltado a la verdad y ocupado un puesto que no le corresponde”.


La invocación interreligiosa que tuvo lugar en la catedral, al día siguiente de la asunción de Mauricio Macri, bien podía haber sido una ocasión para enviar un mensaje. Un inconveniente para el nuevo gobierno es que no tiene en este momento un interlocutor con Francisco, considerado hoy la personalidad más influyente en la escena mundial y que ha optado, justo ahora, por cierta indiferencia hacia lo que sucede en su país.


Aunque en septiembre de 2013, el Papa recibió al entonces jefe de Gobierno en audiencia privada y junto a su esposa e hija, la relación parece haberse enfriado después. En sus tiempos de Cardenal y Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio tenía muchos interlocutores y amigos en el PRO. Pero las cosas se enfriaron cuando el entonces todavía jefe de Gobierno de la Ciudad no apeló un fallo a favor del matrimonio de una pareja homosexual; un gesto que contribuyó a pavimentar el camino hacia la legalización que luego promovería el gobierno kirchnerista.


“Macri faltó gravemente a su deber de gobernante”, fue la sentencia de Bergoglio en aquel momento. Es imaginable cuál habrá sido su reacción cuando supo que la hoy vicepresidente de la Nación, Gabriela Michetti, una de las personas más cercanas a sus posiciones, se dijo arrepentida de no haber votado a favor de la Ley de Matrimonio Igualitario.

En los últimos tres años de Bergoglio en la Argentina, antes de ser electo Papa, los encuentros con Mauricio Macri se fueron espaciando cada vez más. Al parecer, no sólo los Kirchner buscaban eludir las filípicas del Cardenal, conocido por su dureza en la crítica a los poderosos.


Durante el proceso electoral, el Papa no dijo mucho, excepto aquel “Que voten a conciencia, ya conocen mi pensamiento”, que dio lugar a libre interpretación de cada uno, por lo críptico.


A Jaime Durán Barba, asesor de Mauricio Macri, no le cayó bien el mensaje y respondió con dichos rayanos en lo ofensivo: “Lo que diga un Papa no cambia el voto ni de diez personas aunque sea argentino o sueco”. Y, peor aún, apuntó al centro de uno de los temas más sensibles para la Iglesia: “Nosotros estamos a favor de la libertad de la gente. Que cada uno haga lo que quiera. Y si una señora quiere abortar, que aborte”. Aunque con algo de delay, el todavía candidato Mauricio Macri desautorizó a su vocero a través de dos tuits: “Las declaraciones de Jaime Durán Barba son a título personal y no representan mi pensamiento ni el del espacio que lidero”, decía uno. Y el otro: “Siento un profundo respeto y admiración por el Papa Francisco y en lo personal, estoy a favor de la vida”.


Es posible que, dado el antecedente de 2009, el Papa desconfíe de ese “estamos a favor de la libertad de la gente” dicho por Durán Barba, que relativiza otras convicciones. Pero también, en honor a la verdad, hay que recordar que, a fines de 2014, Macri, como jefe de Gobierno, había vetado la ley 4.318 de aborto no punible aprobada por la legislatura de la Ciudad.


Otra piedra en el zapato


Más allá de lo que es de público conocimiento, existió en este tiempo otra piedra en el zapato. Desde Roma, Jorge Bergoglio sigue con atención todo lo que sucede en Argentina con su Iglesia y muy especialmente con “sus” curas de Buenos Aires; a muchos de ellos los considera y cuida como a hijos. Es natural entonces que lo hayan enojado grandemente las dificultades que tuvo el párroco del Santuario Santa Rita para lograr el reacondicionamiento del lugar y la habilitación del jardín de infantes que allí funciona. Obstáculos que, para colmo, habrían estado inspirados en aquello que el Santo Padre condena como “pecado”.


Todo ello no alcanza sin embargo para explicar una actitud un tanto asimétrica de un Papa que se ha mostrado extremadamente misericordioso con un gobierno -el kirchnerista- que lo anatemizó, lo persiguió judicialmente y hasta recibió su elevación al Papado como una pésima noticia. Antes de que amigos de Bergoglio le hicieran ver la conveniencia de una buena relación con el primer pontífice latinoamericano de la historia, Cristina Kirchner hizo chiflar a Francisco por sus seguidores en un acto en Tecnópolis.


Pero Bergoglio puso la otra mejilla recibiendo a la Presidente argentina en cinco ocasiones; y a varios de sus acólitos que no tuvieron sin embargo un comportamiento a la altura de las circunstancias. No sólo aprovecharon para hacer proselitismo y propaganda sectaria, sino que hasta llegaron a explicar que el equivocado era el Papa. “Francisco es inversamente proporcional a Bergoglio –dijo sin sonrojarse Eduardo Valdés embajador de Cristina ante la Santa Sede-; Bergoglio era muro, Francisco es puente”.


Estos excesos han gozado por parte de Francisco de una tolerancia hasta ahora infinita que contrasta con la frialdad protocolar de estos días, cruciales para el futuro de su país.


Hay tres cosas que ni Dios sabe –ironizan los católicos-: cuántas congregaciones religiosas femeninas hay en el mundo, de dónde sacan el dinero los salesianos y qué piensa un jesuita… Pero lo que hasta ahora ha trascendido del Santo Padre es una misericordia desigualmente distribuida hacia su rebaño argentino.


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El Papa sigue sin hablarle a Mauricio Macri

Desde el 22 de noviembre, la pregunta circuló en los medios y en los ámbitos políticos: ¿Por qué el Papa no llama a Macri? Las respuestas habían estado a cargo de voceros oficiosos. Hasta este sábado, cuando Francisco envió, vía correo electrónico a su amiga la periodista Alicia Barrios, el mensaje que Infobae revela aquí en exclusiva: “Para que tengas el dato preciso –le escribe Jorge Bergoglio a su interlocutora-, el protocolo de la Santa Sede prevé que en la asunción de un Presidente de la República el Papa sea representado oficialmente por un Nuncio apostólico de un país vecino. En este caso reciente de Argentina fue el nuncio en Paraguay, monseñor (Eliseo) Ariotti. Por tanto, cualquier otra persona que se haya atribuido representación del Papa ha faltado a la verdad y ocupado un puesto que no le corresponde”.

La invocación interreligiosa que tuvo lugar en la catedral, al día siguiente de la asunción de Mauricio Macri, bien podía haber sido una ocasión para enviar un mensaje. Un inconveniente para el nuevo gobierno es que no tiene en este momento un interlocutor con Francisco, considerado hoy la personalidad más influyente en la escena mundial y que ha optado, justo ahora, por cierta indiferencia hacia lo que sucede en su país.

Aunque en septiembre de 2013, el Papa recibió al entonces jefe de Gobierno en audiencia privada y junto a su esposa e hija, la relación parece haberse enfriado después. En sus tiempos de Cardenal y Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio tenía muchos interlocutores y amigos en el PRO. Pero las cosas se enfriaron cuando el entonces todavía jefe de Gobierno de la Ciudad no apeló un fallo a favor del matrimonio de una pareja homosexual; un gesto que contribuyó a pavimentar el camino hacia la legalización que luego promovería el gobierno kirchnerista.

“Macri faltó gravemente a su deber de gobernante”, fue la sentencia de Bergoglio en aquel momento. Es imaginable cuál habrá sido su reacción cuando supo que la hoy vicepresidente de la Nación, Gabriela Michetti, una de las personas más cercanas a sus posiciones, se dijo arrepentida de no haber votado a favor de la Ley de Matrimonio Igualitario.
En los últimos tres años de Bergoglio en la Argentina, antes de ser electo Papa, los encuentros con Mauricio Macri se fueron espaciando cada vez más. Al parecer, no sólo los Kirchner buscaban eludir las filípicas del Cardenal, conocido por su dureza en la crítica a los poderosos.

Durante el proceso electoral, el Papa no dijo mucho, excepto aquel “Que voten a conciencia, ya conocen mi pensamiento”, que dio lugar a libre interpretación de cada uno, por lo críptico.

A Jaime Durán Barba, asesor de Mauricio Macri, no le cayó bien el mensaje y respondió con dichos rayanos en lo ofensivo: “Lo que diga un Papa no cambia el voto ni de diez personas aunque sea argentino o sueco”. Y, peor aún, apuntó al centro de uno de los temas más sensibles para la Iglesia: “Nosotros estamos a favor de la libertad de la gente. Que cada uno haga lo que quiera. Y si una señora quiere abortar, que aborte”. Aunque con algo de delay, el todavía candidato Mauricio Macri desautorizó a su vocero a través de dos tuits: “Las declaraciones de Jaime Durán Barba son a título personal y no representan mi pensamiento ni el del espacio que lidero”, decía uno. Y el otro: “Siento un profundo respeto y admiración por el Papa Francisco y en lo personal, estoy a favor de la vida”.

Es posible que, dado el antecedente de 2009, el Papa desconfíe de ese “estamos a favor de la libertad de la gente” dicho por Durán Barba, que relativiza otras convicciones. Pero también, en honor a la verdad, hay que recordar que, a fines de 2014, Macri, como jefe de Gobierno, había vetado la ley 4.318 de aborto no punible aprobada por la legislatura de la Ciudad.

Otra piedra en el zapato

Más allá de lo que es de público conocimiento, existió en este tiempo otra piedra en el zapato. Desde Roma, Jorge Bergoglio sigue con atención todo lo que sucede en Argentina con su Iglesia y muy especialmente con “sus” curas de Buenos Aires; a muchos de ellos los considera y cuida como a hijos. Es natural entonces que lo hayan enojado grandemente las dificultades que tuvo el párroco del Santuario Santa Rita para lograr el reacondicionamiento del lugar y la habilitación del jardín de infantes que allí funciona. Obstáculos que, para colmo, habrían estado inspirados en aquello que el Santo Padre condena como “pecado”.

Todo ello no alcanza sin embargo para explicar una actitud un tanto asimétrica de un Papa que se ha mostrado extremadamente misericordioso con un gobierno -el kirchnerista- que lo anatemizó, lo persiguió judicialmente y hasta recibió su elevación al Papado como una pésima noticia. Antes de que amigos de Bergoglio le hicieran ver la conveniencia de una buena relación con el primer pontífice latinoamericano de la historia, Cristina Kirchner hizo chiflar a Francisco por sus seguidores en un acto en Tecnópolis.

Pero Bergoglio puso la otra mejilla recibiendo a la Presidente argentina en cinco ocasiones; y a varios de sus acólitos que no tuvieron sin embargo un comportamiento a la altura de las circunstancias. No sólo aprovecharon para hacer proselitismo y propaganda sectaria, sino que hasta llegaron a explicar que el equivocado era el Papa. “Francisco es inversamente proporcional a Bergoglio –dijo sin sonrojarse Eduardo Valdés embajador de Cristina ante la Santa Sede-; Bergoglio era muro, Francisco es puente”.

Estos excesos han gozado por parte de Francisco de una tolerancia hasta ahora infinita que contrasta con la frialdad protocolar de estos días, cruciales para el futuro de su país.

Hay tres cosas que ni Dios sabe –ironizan los católicos-: cuántas congregaciones religiosas femeninas hay en el mundo, de dónde sacan el dinero los salesianos y qué piensa un jesuita… Pero lo que hasta ahora ha trascendido del Santo Padre es una misericordia desigualmente distribuida hacia su rebaño argentino.

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