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Por Redacción

El olvidado encanto de ser creíble



Nos preocupa el país y por eso intentamos analizar los problemas para encontrar soluciones. Las perspectivas económicas y políticas de la Argentina para el año que viene no son buenas. Sin un importante flujo de capitales desde el exterior, los últimos meses del gobierno, van a ser complicados. Fuentes económicas confiables auguran un escenario de continuidad de alta inflación, brecha cambiaria y recesión. La baja en el precio de la soja y las inundaciones, en una buena parte de las tierras cultivables de la Pampa Húmeda, auguran un año difícil para el agro y, consecuentemente, para la recaudación impositiva.


Pero más allá de los problemas económicos –que no son pocos ni pueriles-, se agregan otros que contribuyen a incrementar la preocupación. La inseguridad, que ya no se origina solo en los delitos comunes sino que, cada vez más, tiene que ver con el crecimiento del narcotráfico. El desempleo, que no es un invento de opositores o de los medios destituyentes, sino una realidad palpable: el miedo a perder el trabajo.




La Argentina está sufriendo una crisis de credibilidad interna que impacta principalmente sobre su economía, pero que repercute en toda la vida de los argentinos. La falta de crédito externo agrava esta situación. Estamos inmersos en una crisis de desconfianza internacional, hay un default insólito y absurdo que no deja de preocupar. A pesar de los esfuerzos que ha realizado el gobierno para revertir esa situación de desconfianza, acordando y arreglando con acreedores, parecen no ser suficientes.


Credibilidad y esfuerzo


En los últimos años otros países del mundo han sufrido graves crisis económicas y políticas que afectaron la capacidad de sus gobiernos para plantear soluciones. No hablamos de grandes países, nos referimos a países pequeños y medianos, vulnerables y parecidos al nuestro.


Portugal, Grecia e Irlanda llegaron, en un momento, al punto de agotar la paciencia y la confianza interna. Pero aún les quedaba el resguardo de pertenecer a una Europa fuerte. Todos recibieron ayuda externa, lo que nos muestra que, a pesar de la grave crisis que atravesaban, aun había una mano externa que creía, o necesitaba la recuperación de sus economías. Cuando algunos gobiernos de Europa empezaban a sentirse limitados en sus decisiones a causa de la unión monetaria (euro), ésta terminó siendo la tabla de salvación para otros. La idea de una Unión que corriera al rescate de las economías golpeadas, aportó la cuota de confianza que faltaba y que pagaba con creces los costos de las limitaciones soberanas que imponía.


Portugal es el más cercano por sus similitudes, aunque con algunas importantes diferencias. La historia de la crisis portuguesa es larga, pero la dimisión del primer ministro (5 de junio de 2011) permitió que los dos principales partidos del país concretaran una alianza en la legislatura (16 de junio de 2011) –el sistema parlamentario tiene esas ventajas-, que aflojó las tensiones internas y permitió gobernar en mayoría, calmando las aguas en lo político. Sin duda el acuerdo político fue mucho más importante que lograr la mayoría parlamentaria.


Los portugueses empezaron a confiar porque sus políticos finalmente se pusieron de acuerdo. Esto permitió recuperar algo de la credibilidad interna que necesitaba el gobierno para tomar medidas muy duras. Aplicó un tremendo plan de austeridad que consistió en recortes de salarios y jubilaciones y aumentos del 30% en los impuestos. Exigencias que le permitieron recibir el rescate de la Unión Europea: 78.000 millones de euros en tres años. La recuperación de la confianza interna fue la que, finalmente, abrió el camino a la ayuda externa.


Confianza interna, credibilidad externa


Nuestro país tiene una gran capacidad de recuperación. Un potencial que siempre se pone en marcha si se dan ciertas condiciones: si la economía mundial y el clima acompañan un poco, como en el caso de la soja y los productos del agro; si la industria cree y mantiene el nivel de empleo, porque vislumbra una salida; y si los argentinos confiamos, en el sentido de creer que el esfuerzo vale la pena.


Esto lo hemos visto, para no ir más lejos, en la forma en que el país fue resolviendo y saliendo de una crisis mucho más difícil, de un pozo mucho más profundo y sin ayuda externa, como fue la confianza interna y credibilidad externa o, al menos, una de las dos; son las claves para encontrar una solución a la crisis. Cuando falta una es posible apoyarse en la otra. Pero cuando faltan las dos, la crisis económica se transforma en crisis política y su gravedad puede afectar seriamente la gobernabilidad.


Este es el dilema que enfrenta hoy, no sólo el gobierno, sino también la oposición. La forma de solucionarlo es dialogar, consensuar y finalmente acordar, porque un país que recupera la confianza interna aumenta las posibilidades de recibir ayuda externa. Hoy hasta el gobierno ha reconocido que sin esa ayuda, salir de esta crisis va a representar un enorme esfuerzo para los argentinos; más cuanto menos tengan; un gran esfuerzo, al fin, para todos.


La Argentina no solo va a tener que ahorrar dinero en los próximos años para recuperarse de los desajustes de esta crisis. Tendrá que alcanzar y consolidar la confianza interna, para recuperar la externa; para eso y para empezar, deberá dejar de ser un país que engaña a sus ciudadanos, dejando de anunciar datos falsos sobre la inflación, la corrupción estatal y la seguridad. Una tarea que, cuanto antes comience, mejor.


Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la defensa nacional.


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El olvidado encanto de ser creíble

Nos preocupa el país y por eso intentamos analizar los problemas para encontrar soluciones. Las perspectivas económicas y políticas de la Argentina para el año que viene no son buenas. Sin un importante flujo de capitales desde el exterior, los últimos meses del gobierno, van a ser complicados. Fuentes económicas confiables auguran un escenario de continuidad de alta inflación, brecha cambiaria y recesión. La baja en el precio de la soja y las inundaciones, en una buena parte de las tierras cultivables de la Pampa Húmeda, auguran un año difícil para el agro y, consecuentemente, para la recaudación impositiva.

Pero más allá de los problemas económicos –que no son pocos ni pueriles-, se agregan otros que contribuyen a incrementar la preocupación. La inseguridad, que ya no se origina solo en los delitos comunes sino que, cada vez más, tiene que ver con el crecimiento del narcotráfico. El desempleo, que no es un invento de opositores o de los medios destituyentes, sino una realidad palpable: el miedo a perder el trabajo.

La Argentina está sufriendo una crisis de credibilidad interna que impacta principalmente sobre su economía, pero que repercute en toda la vida de los argentinos. La falta de crédito externo agrava esta situación. Estamos inmersos en una crisis de desconfianza internacional, hay un default insólito y absurdo que no deja de preocupar. A pesar de los esfuerzos que ha realizado el gobierno para revertir esa situación de desconfianza, acordando y arreglando con acreedores, parecen no ser suficientes.

Credibilidad y esfuerzo

En los últimos años otros países del mundo han sufrido graves crisis económicas y políticas que afectaron la capacidad de sus gobiernos para plantear soluciones. No hablamos de grandes países, nos referimos a países pequeños y medianos, vulnerables y parecidos al nuestro.

Portugal, Grecia e Irlanda llegaron, en un momento, al punto de agotar la paciencia y la confianza interna. Pero aún les quedaba el resguardo de pertenecer a una Europa fuerte. Todos recibieron ayuda externa, lo que nos muestra que, a pesar de la grave crisis que atravesaban, aun había una mano externa que creía, o necesitaba la recuperación de sus economías. Cuando algunos gobiernos de Europa empezaban a sentirse limitados en sus decisiones a causa de la unión monetaria (euro), ésta terminó siendo la tabla de salvación para otros. La idea de una Unión que corriera al rescate de las economías golpeadas, aportó la cuota de confianza que faltaba y que pagaba con creces los costos de las limitaciones soberanas que imponía.

Portugal es el más cercano por sus similitudes, aunque con algunas importantes diferencias. La historia de la crisis portuguesa es larga, pero la dimisión del primer ministro (5 de junio de 2011) permitió que los dos principales partidos del país concretaran una alianza en la legislatura (16 de junio de 2011) –el sistema parlamentario tiene esas ventajas-, que aflojó las tensiones internas y permitió gobernar en mayoría, calmando las aguas en lo político. Sin duda el acuerdo político fue mucho más importante que lograr la mayoría parlamentaria.

Los portugueses empezaron a confiar porque sus políticos finalmente se pusieron de acuerdo. Esto permitió recuperar algo de la credibilidad interna que necesitaba el gobierno para tomar medidas muy duras. Aplicó un tremendo plan de austeridad que consistió en recortes de salarios y jubilaciones y aumentos del 30% en los impuestos. Exigencias que le permitieron recibir el rescate de la Unión Europea: 78.000 millones de euros en tres años. La recuperación de la confianza interna fue la que, finalmente, abrió el camino a la ayuda externa.

Confianza interna, credibilidad externa

Nuestro país tiene una gran capacidad de recuperación. Un potencial que siempre se pone en marcha si se dan ciertas condiciones: si la economía mundial y el clima acompañan un poco, como en el caso de la soja y los productos del agro; si la industria cree y mantiene el nivel de empleo, porque vislumbra una salida; y si los argentinos confiamos, en el sentido de creer que el esfuerzo vale la pena.

Esto lo hemos visto, para no ir más lejos, en la forma en que el país fue resolviendo y saliendo de una crisis mucho más difícil, de un pozo mucho más profundo y sin ayuda externa, como fue la confianza interna y credibilidad externa o, al menos, una de las dos; son las claves para encontrar una solución a la crisis. Cuando falta una es posible apoyarse en la otra. Pero cuando faltan las dos, la crisis económica se transforma en crisis política y su gravedad puede afectar seriamente la gobernabilidad.

Este es el dilema que enfrenta hoy, no sólo el gobierno, sino también la oposición. La forma de solucionarlo es dialogar, consensuar y finalmente acordar, porque un país que recupera la confianza interna aumenta las posibilidades de recibir ayuda externa. Hoy hasta el gobierno ha reconocido que sin esa ayuda, salir de esta crisis va a representar un enorme esfuerzo para los argentinos; más cuanto menos tengan; un gran esfuerzo, al fin, para todos.

La Argentina no solo va a tener que ahorrar dinero en los próximos años para recuperarse de los desajustes de esta crisis. Tendrá que alcanzar y consolidar la confianza interna, para recuperar la externa; para eso y para empezar, deberá dejar de ser un país que engaña a sus ciudadanos, dejando de anunciar datos falsos sobre la inflación, la corrupción estatal y la seguridad. Una tarea que, cuanto antes comience, mejor.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la defensa nacional.

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