El mundo enfrenta la 3ª Guerra Mundial en “pedacitos”
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Por Redacción

El mundo enfrenta la 3ª Guerra Mundial en “pedacitos”



Ya no pueden caber dudas de que el mundo enfrenta lo que el Papa Francisco ha definido como la 3ra Guerra Mundial en pedacitos. Si antes las guerras tenían un espacio y un tiempo definido este ya no parece ser el caso.


Tampoco parecen necesitar estos nuevos conflictos de un Estado que los lleve adelante. Ni siquiera son hoy obligatorios para librarlos los ejércitos, los campos de batalla y hasta las armas propiamente dichas. Pues basta una banda de desarrapados armados con tijeras o un hacker adolescente para causar un estrago mayúsculo.


Puesta así como están las cosas, los Estados y sus respectivas fuerzas armadas carecen de utilidad. A menos que conceptualicen correctamente la situación y a sus nuevos actores.


Pero, es el ciudadano de a pie quien mejor percibe a los nuevos peligros. Pues, es él y su familia los que caminan diariamente por las calles de sus ciudades abandonadas por sus gobiernos y pobladas de peligros. Sabe que se trata de un todos contra todos.


Al parecer, las grandes palabras como guerra y paz han perdido su significado. No importa que se firme la paz o que ya nadie se moleste por declarar una guerra antes de comenzar una. Lo cierto es que vivimos en un estado de conflicto permanente, una suerte de guerra civil molecular. En el cual las guerras ya se libran como un crimen y los crímenes alcanzan las dimensiones de una verdadera guerra.


En este sentido, por ejemplo, de qué le ha valido a países como El Salvador haber transitado un exitoso proceso de paz si la violencia tras estos acuerdos se ha cobrado ya tantas víctimas como la misma guerra civil que ese tratado pretendía clausurar.


Lo mismo sucede en Europa, no importa que se apueste a un multiculturalismo de todos los colores y que se abran las fronteras de par en para recibir a los cientos de miles de refugiados. Si, al parecer, seguirá existiendo siempre una módica cantidad descontentos dispuestos a morir y a matar en nombre de algo diferente a lo que se les propone.


Paradojas de paradojas, el Presidente Barack Obama le rendirá homenaje, en su visita a nuestro país, a quienes proclamaron el odio a su Nación en nombre del antiimperialismo y que hasta asesinaron a uno de sus cónsules.


Se nos dirá que este proceder es la mejor manera de clausurar un conflicto. Creemos que si queremos resolver a uno de ellos, lo primero es admitido y, luego, asumirlo como tal, para que ambas partes, puedan empezar a superarlo.


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Ya no pueden caber dudas de que el mundo enfrenta lo que el Papa Francisco ha definido como la 3ra Guerra Mundial en pedacitos. Si antes las guerras tenían un espacio y un tiempo definido este ya no parece ser el caso.

Tampoco parecen necesitar estos nuevos conflictos de un Estado que los lleve adelante. Ni siquiera son hoy obligatorios para librarlos los ejércitos, los campos de batalla y hasta las armas propiamente dichas. Pues basta una banda de desarrapados armados con tijeras o un hacker adolescente para causar un estrago mayúsculo.

Puesta así como están las cosas, los Estados y sus respectivas fuerzas armadas carecen de utilidad. A menos que conceptualicen correctamente la situación y a sus nuevos actores.

Pero, es el ciudadano de a pie quien mejor percibe a los nuevos peligros. Pues, es él y su familia los que caminan diariamente por las calles de sus ciudades abandonadas por sus gobiernos y pobladas de peligros. Sabe que se trata de un todos contra todos.

Al parecer, las grandes palabras como guerra y paz han perdido su significado. No importa que se firme la paz o que ya nadie se moleste por declarar una guerra antes de comenzar una. Lo cierto es que vivimos en un estado de conflicto permanente, una suerte de guerra civil molecular. En el cual las guerras ya se libran como un crimen y los crímenes alcanzan las dimensiones de una verdadera guerra.

En este sentido, por ejemplo, de qué le ha valido a países como El Salvador haber transitado un exitoso proceso de paz si la violencia tras estos acuerdos se ha cobrado ya tantas víctimas como la misma guerra civil que ese tratado pretendía clausurar.

Lo mismo sucede en Europa, no importa que se apueste a un multiculturalismo de todos los colores y que se abran las fronteras de par en para recibir a los cientos de miles de refugiados. Si, al parecer, seguirá existiendo siempre una módica cantidad descontentos dispuestos a morir y a matar en nombre de algo diferente a lo que se les propone.

Paradojas de paradojas, el Presidente Barack Obama le rendirá homenaje, en su visita a nuestro país, a quienes proclamaron el odio a su Nación en nombre del antiimperialismo y que hasta asesinaron a uno de sus cónsules.

Se nos dirá que este proceder es la mejor manera de clausurar un conflicto. Creemos que si queremos resolver a uno de ellos, lo primero es admitido y, luego, asumirlo como tal, para que ambas partes, puedan empezar a superarlo.

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