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Por Redacción

El médico corporativo siempre oculta mala praxis



Con sus 9 años Guadalupe ha colocado en el centro de la vida de los mendocinos un merecido y añejo debate sobre el comportamiento técnico y humano de los profesionales de la medicina, en particular el de los médicos. Merecido, porque era necesario hablar en “voz alta y a la luz de la opinión pública provincial” sobre la atención que los pacientes reciben en los sistemas públicos y privados. Añejo, porque tiene tanto tiempo como gran parte de la vida misma de la provincia y que con el transcurrir de los años se fue “haciendo manía ocultar, callar y de cierta manera, cubrir” esa práctica médica que lesionó severamente en forma indefinida y hasta hizo perder la vida de un paciente.


Ya sea por negligencia, impericia o imprudencia médica muchos mendocinos fueron víctimas en un sistema que “los debería haber salvado, mejorado y curado”. Por lo que caben, inmediatamente,  muchas preguntas: “¿por qué sucede lo que sucede?; ¿qué organismo del estado controla, o vigila, o supervisa lo que cotidianamente hace un médico?; ¿es utópico pensar que cuando un paciente es llevado a una guardia, o es intervenido quirúrgicamente en forma urgente o programada, debería haber un organismo que controle la práctica médica, los medicamentos que se suministran y en la forma que es tratado el caso?;en definitiva ¿hay control sobre la salud pública o privada?. Estos podrían ser algunos de los interrogantes que caben ante los cientos de casos que suceden diariamente, que en su mayoría no son denunciados.


Intencionalmente de las preguntas anteriores se hace un apartado sobre la “mala praxis”. Un oscuro aspecto del que los médicos NO quieren hablar e inadmisiblemente se abroquelan en forma corporativa con “instantáneo, perpetuo y cómplice silencio” cuando algún profesional incurre en ella.


Cuando la opinión pública toma conocimiento del caso de Guadalupe, miradas y oídos se dirigen con lógica hacia las autoridades del Hospital Español. Es allí donde se comprueba una vez más todo lo anteriormente expresado, cuando el director de dicho nosocomio mostró desconocimiento y desinterés a la vez por un caso de una paciente que ya había sido retirada del centro asistencial para intentar salvar su vida en el Hospital Pediátrico Humberto Notti.


El Hospital Español tiene antecedentes “no declarados” de irregularidades en sus prestaciones. Pero también otros, como el del médico Daniel González, prestigioso y  único hemodinamista intervencionista infantil que poseía la provincia  La causa de su muerte fue caratulada en un principio de “Muerte dudosa”, para luego transformarse en “Homicidio culposo”, quedando involucrados médicos y directivos del Español que intervinieron en la operación de vesícula por vía laparoscópica.


El caso el médico Daniel González es parte de un complejo glosario de antecedentes donde todos los casos de “mala praxis” fueron descubiertos y tratados en ámbitos judiciales. Procesos que tardan mucho en resolverse y tener sentencia. Y es necesario aclarar que todos ellos (los procesos) fueron llevados a estrados judiciales por iniciativa de las víctimas que solo llevan fuertes presunciones y escasas pruebas. Camino judicial que no cuenta con el decidido y espontáneo aporte de los médicos y mucho menos de las instituciones médicas.


Testimonios en la jurisprudencia mendocina existen para todos lados: el caso de los médicos del Hospital Lagomaggiore que fueron condenados a pagar un millón de pesos por un hecho sucedido en 1999 cuando se utilizaron fórceps en el nacimiento de un bebé, que le produjeron una severa discapacidad de por vida. O el caso de los doscientos mil pesos con los que se condenó al Hospital Escaravelli de Tunuyán por otro nacimiento, donde el bebé perdió la vida tras un inadmisible padecimiento de él y su mamá.  Otro caso es el de los doscientos cincuenta mil pesos de una condena por mala praxis a una docente, que involucró a la Clínica Francesa y a Prudencia Compañía Argentina de Seguros Generales S.A. Pero también está una fuerte condena al estado provincial de un millón de pesos por  la muerte de un bebé de 11 meses ocurrida en 1995 en el Hospital Metraux del departamento de Maipú. Y también traemos a colación esa investigación judicial no resulta sobre el lamentable momento que tuvo que vivir un joven matrimonio en el Hospital Obstétrico Virgen de La Misericordia que posee OSEP en Godoy Cruz, donde un bebé padeció distocia de hombro, tras lo cual y a cinco días de este sufrido parto, falleció.


Más allá de cómo se resuelva el complejo cuadro de la salud de Guadalupe, con este caso que tiene conmocionada la opinión pública provincial se hace necesario rever todo el sistema de contralor de la salud de los mendocinos. Tanto en efectores públicos, como privados, obras sociales y esencialmente el accionar de esa persona que alguna vez realizó un juramente hipocrático, que implica “curar y salvar vidas”. Juramento que es eso y nada más que eso. No la conformación de una oscura cofradía donde el profesional que ingresa hace lo que quiere y como quiere con total impunidad sobre la osamenta de la gente.


En estos momentos es necesario buscar esas bocanadas de oxígeno ciudadano que imprimen los sobrados ejemplos que tenemos los argentinos. Por tomar algunos, el cardiocirujano René Favaloro o el doctor Esteban Laureano Maradona. Este último que entregó gran parte de su vida a curar indios y criollos por igual, en el medio del monte formoseño, Recibiendo como único patrimonio la sabiduría de la naturaleza, la grandeza de la gente del lugar y los sabios pensamientos que emanaron de esas vidas que trajo al mundo, de esas osamenta que curo y de esas muertes que intentó evitar, mas no ocultar.


Daniel Gallardo – Productor y Periodista Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano


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El médico corporativo siempre oculta mala praxis

Con sus 9 años Guadalupe ha colocado en el centro de la vida de los mendocinos un merecido y añejo debate sobre el comportamiento técnico y humano de los profesionales de la medicina, en particular el de los médicos. Merecido, porque era necesario hablar en “voz alta y a la luz de la opinión pública provincial” sobre la atención que los pacientes reciben en los sistemas públicos y privados. Añejo, porque tiene tanto tiempo como gran parte de la vida misma de la provincia y que con el transcurrir de los años se fue “haciendo manía ocultar, callar y de cierta manera, cubrir” esa práctica médica que lesionó severamente en forma indefinida y hasta hizo perder la vida de un paciente.

Ya sea por negligencia, impericia o imprudencia médica muchos mendocinos fueron víctimas en un sistema que “los debería haber salvado, mejorado y curado”. Por lo que caben, inmediatamente,  muchas preguntas: “¿por qué sucede lo que sucede?; ¿qué organismo del estado controla, o vigila, o supervisa lo que cotidianamente hace un médico?; ¿es utópico pensar que cuando un paciente es llevado a una guardia, o es intervenido quirúrgicamente en forma urgente o programada, debería haber un organismo que controle la práctica médica, los medicamentos que se suministran y en la forma que es tratado el caso?;en definitiva ¿hay control sobre la salud pública o privada?. Estos podrían ser algunos de los interrogantes que caben ante los cientos de casos que suceden diariamente, que en su mayoría no son denunciados.

Intencionalmente de las preguntas anteriores se hace un apartado sobre la “mala praxis”. Un oscuro aspecto del que los médicos NO quieren hablar e inadmisiblemente se abroquelan en forma corporativa con “instantáneo, perpetuo y cómplice silencio” cuando algún profesional incurre en ella.

Cuando la opinión pública toma conocimiento del caso de Guadalupe, miradas y oídos se dirigen con lógica hacia las autoridades del Hospital Español. Es allí donde se comprueba una vez más todo lo anteriormente expresado, cuando el director de dicho nosocomio mostró desconocimiento y desinterés a la vez por un caso de una paciente que ya había sido retirada del centro asistencial para intentar salvar su vida en el Hospital Pediátrico Humberto Notti.

El Hospital Español tiene antecedentes “no declarados” de irregularidades en sus prestaciones. Pero también otros, como el del médico Daniel González, prestigioso y  único hemodinamista intervencionista infantil que poseía la provincia  La causa de su muerte fue caratulada en un principio de “Muerte dudosa”, para luego transformarse en “Homicidio culposo”, quedando involucrados médicos y directivos del Español que intervinieron en la operación de vesícula por vía laparoscópica.

El caso el médico Daniel González es parte de un complejo glosario de antecedentes donde todos los casos de “mala praxis” fueron descubiertos y tratados en ámbitos judiciales. Procesos que tardan mucho en resolverse y tener sentencia. Y es necesario aclarar que todos ellos (los procesos) fueron llevados a estrados judiciales por iniciativa de las víctimas que solo llevan fuertes presunciones y escasas pruebas. Camino judicial que no cuenta con el decidido y espontáneo aporte de los médicos y mucho menos de las instituciones médicas.

Testimonios en la jurisprudencia mendocina existen para todos lados: el caso de los médicos del Hospital Lagomaggiore que fueron condenados a pagar un millón de pesos por un hecho sucedido en 1999 cuando se utilizaron fórceps en el nacimiento de un bebé, que le produjeron una severa discapacidad de por vida. O el caso de los doscientos mil pesos con los que se condenó al Hospital Escaravelli de Tunuyán por otro nacimiento, donde el bebé perdió la vida tras un inadmisible padecimiento de él y su mamá.  Otro caso es el de los doscientos cincuenta mil pesos de una condena por mala praxis a una docente, que involucró a la Clínica Francesa y a Prudencia Compañía Argentina de Seguros Generales S.A. Pero también está una fuerte condena al estado provincial de un millón de pesos por  la muerte de un bebé de 11 meses ocurrida en 1995 en el Hospital Metraux del departamento de Maipú. Y también traemos a colación esa investigación judicial no resulta sobre el lamentable momento que tuvo que vivir un joven matrimonio en el Hospital Obstétrico Virgen de La Misericordia que posee OSEP en Godoy Cruz, donde un bebé padeció distocia de hombro, tras lo cual y a cinco días de este sufrido parto, falleció.

Más allá de cómo se resuelva el complejo cuadro de la salud de Guadalupe, con este caso que tiene conmocionada la opinión pública provincial se hace necesario rever todo el sistema de contralor de la salud de los mendocinos. Tanto en efectores públicos, como privados, obras sociales y esencialmente el accionar de esa persona que alguna vez realizó un juramente hipocrático, que implica “curar y salvar vidas”. Juramento que es eso y nada más que eso. No la conformación de una oscura cofradía donde el profesional que ingresa hace lo que quiere y como quiere con total impunidad sobre la osamenta de la gente.

En estos momentos es necesario buscar esas bocanadas de oxígeno ciudadano que imprimen los sobrados ejemplos que tenemos los argentinos. Por tomar algunos, el cardiocirujano René Favaloro o el doctor Esteban Laureano Maradona. Este último que entregó gran parte de su vida a curar indios y criollos por igual, en el medio del monte formoseño, Recibiendo como único patrimonio la sabiduría de la naturaleza, la grandeza de la gente del lugar y los sabios pensamientos que emanaron de esas vidas que trajo al mundo, de esas osamenta que curo y de esas muertes que intentó evitar, mas no ocultar.

Daniel Gallardo – Productor y Periodista Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

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