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El mal mayor
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Por Redacción

El mal mayor



Luego de un ajetreado primer semestre, que incluyó tensiones y más tensiones pero la satisfacción del objetivo cumplido, llegó la calma mundialista. Los ojos posados en Brasil, en la actuación de Messi y Cía y pensar en lo que resta del año.

Más de dos meses para planificar, pero a “último momento” decisiones externas modifican la idea primaria. Lo cierto es que no siempre podés apostar a la austeridad y los resultados suelen camuflar el mal mayor.

Por impericia propia o pericia ajena te soplan el entrenador en la semana que arranca el campeonato y recurrís a la fórmula de siempre, pero ya sabemos que el programa “precios cuidados” no anduvo bien en el pasado inmediato. La jerarquía tiene un precio y no siempre podés pagar por ella.

Godoy Cruz trazó su línea editorial al conformar un plantel acorde al nombre del torneo. Configuró una nómina de transición con players de buenas intenciones y atributos técnicos pero de escasa (o nula) experiencia en la máxima categoría del fútbol argentino y salió a la búsqueda de un entrenador de cualidades semejantes.

La cosa empezó bien, algunos respiraron profundo ante tan “arriesgada” apuesta: debut y goleada ante el Banfield de Almeyda. Sin embargo, las cosas caen por su propio peso y las falencias se empezaron a desnudar. El DT empezó a perder liderazgo, los referentes cuestionan su accionar públicamente y hasta aquellos que llevan media hora en Primera eligieron el mismo camino.

Es cierto que esto recién comienza, pero la forma no aparece, el volumen de juego tampoco, el equipo es ciclotimico y no sabe manejar los partidos, además de cambiar de a pares los protagonistas cada fin de semana.

La responsabilidad es también atribuible al entrenador, pero el mal mayor es una incorrecta lectura de la situación regalando un prestigio que costó mucho conseguir.

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Luego de un ajetreado primer semestre, que incluyó tensiones y más tensiones pero la satisfacción del objetivo cumplido, llegó la calma mundialista. Los ojos posados en Brasil, en la actuación de Messi y Cía y pensar en lo que resta del año.
Más de dos meses para planificar, pero a “último momento” decisiones externas modifican la idea primaria. Lo cierto es que no siempre podés apostar a la austeridad y los resultados suelen camuflar el mal mayor.
Por impericia propia o pericia ajena te soplan el entrenador en la semana que arranca el campeonato y recurrís a la fórmula de siempre, pero ya sabemos que el programa “precios cuidados” no anduvo bien en el pasado inmediato. La jerarquía tiene un precio y no siempre podés pagar por ella.
Godoy Cruz trazó su línea editorial al conformar un plantel acorde al nombre del torneo. Configuró una nómina de transición con players de buenas intenciones y atributos técnicos pero de escasa (o nula) experiencia en la máxima categoría del fútbol argentino y salió a la búsqueda de un entrenador de cualidades semejantes.
La cosa empezó bien, algunos respiraron profundo ante tan “arriesgada” apuesta: debut y goleada ante el Banfield de Almeyda. Sin embargo, las cosas caen por su propio peso y las falencias se empezaron a desnudar. El DT empezó a perder liderazgo, los referentes cuestionan su accionar públicamente y hasta aquellos que llevan media hora en Primera eligieron el mismo camino.
Es cierto que esto recién comienza, pero la forma no aparece, el volumen de juego tampoco, el equipo es ciclotimico y no sabe manejar los partidos, además de cambiar de a pares los protagonistas cada fin de semana.
La responsabilidad es también atribuible al entrenador, pero el mal mayor es una incorrecta lectura de la situación regalando un prestigio que costó mucho conseguir.

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