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El gremialismo argentino, ¿a quién representa?
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Por Redacción

El gremialismo argentino, ¿a quién representa?



El viejo dilema que hoy vuelve a los primeros planos de las intrincadas posturas que toman los hombres dentro y fuera de las estructuras gremiales. Allí, donde “San Política” siempre metió la cola para arriar agua a su sectario molino, sin importar siquiera los intereses generalizados de los trabajadores.


Hoy la consigna es ver detrás de qué proyecto político se en columna el denominado movimiento obrero argentino y por eso se están haciendo intensas negociaciones para lograr la unidad que implique “beneficios si el ganador es del palo (esto es el PJ) o programar fuerte resistencia si quien se impone es de aquel sector que NADA negocia con el poder sindical”.


Sobre esto último está en la memoria ciudadana los 16 paros que le hicieron a Raúl Ricardo Alfonsín, como a ningún otro presidente en los años posteriores a la administración radical. Es que con el menemismo y el kirchnerismo, el grueso de las organizaciones sindicales, sobre todo las adheridas a la CGT, obtuvieron sus jugosos beneficios. Detallando mejor: “sus dirigentes obtuvieron poder y pingues ganancias”.


Sin lugar a dudas en la denominada “década ganada” es cuando se presentó mayor virulencia en la relación del gobierno y los gremios. Por un lado estaba la fuerte presencia cegetista, como principal guardián del kirchnerismo, mientras se potenciaba la CTA (Central de Trabajadores Argentinos). Esta última, convencida que el trabajador perdía terreno en sus conquistas salariales, escalafonarias y fuentes de trabajo. Donde el poder adquisitivo lo carcomía la inflación y un pesado mecanismo impositivo que caía en su humilde vivir desde la nación, la provincia y el municipio donde habita. Y donde también, se apreciaba que ese golpeado trabajador vio con inadmisible realidad de que punteros y funcionarios públicos se alzaban con categorías y sueldos en los poderes legislativos y ejecutivo, que bien podrían constituirse en esa repugnante casta de jugosos privilegios adinerados.


La principal cinchada entre la política y los gremios se dio por espacios de poder y porque el esquema K pretendió también echar mano en la jugosa caja de las obras sociales con sus más de 4.200 millones de pesos mensuales. Las divisiones no tardaron en llegar de la mano de duros pronunciamientos y medidas de fuerzas. Y allí se encuentran las dos CGT, la oficial –o kirchnerista– de la mano de Caló o de Cristina, como se la quiera denominar. Y la combativa de la mano del peso pesado Hugo Moyano, otrora hombre fuerte del kirhnerismo y el último en discutir con Néstor Kirchner antes de su muerte, no por cuestiones laborales o sindicales, sino por espacio de poder en la estructura del PJ bonaerense.


Pero, también están las dos CTA, donde la política se metió para romper un poderoso organismo sindical que le producía fuertes dolores de cabeza en el núcleo del poder hegemónico. Por eso y de la mano de un ambicioso Hugo Yasky consiguió cooptar y debilitar a la CTA.


Pero como en todas estas historias de país, hay excepciones. Organizaciones y dirigentes que entienden y atienden lo que le sucede al trabajador. Inclusive, se pusieron sobre sus espaldas desocupados o los miles de obreros manoseados por el mugriento empleo en negro, tanto en la ciudad como en el campo.


A propósito, a principios de año decíamos que: “mientras el INDEC sostiene con la estructura embustera de siempre que la desocupación baja, a pesar que no puede argumentar porqué el muestrario ocupacional dice que el empleo tiene la tasa más baja de los últimos cinco años. Para organismos privados que con lógica desconfían de los datos oficiales, tienen por seguro que la República Argentina se ha instalado en los niveles más altos de la desocupación de América Latina.


Las cifras oficiales hablan de un 7,5 de desocupación, mientras que en el contexto internacional se sabe que nuestra nación está al tope de las dolorosas posiciones con un 10,6 % y en alza. Delicada situación del trabajo donde se ve que en otro país el tema se intenta controlar con algunos importantes resultados que delatan por ejemplo que Uruguay tiene el 6,8 %, Chile el 6,6 %, Bolivia el 6,3 % y Perú el 6,0 % de tasa de desempleo entre las naciones latinas.


Como vemos, de los ocupados y de los desocupados de nuestra tierra muy pocos se interesan en saber cómo será ese merecido campo laboral que necesita el país recuperar. La mayoría de la dirigencia sindical está enfrascada en acomodar sus posiciones, cuidando su estándar de vida y ese cuestionado poder que hasta le roban de las callosas manos a sus representados. Los mismos que, como también expresábamos a principios de año, “sobreviven en un nivel absolutamente de precariedad en sus trabajo o el poco trabajo que hay para esos empobrecidos ciudadanos. El mismos que aquí en Mendoza debe aportar a su humilde hogar la suma de $6.986,43 para no caer por debajo de la línea de la pobreza y un poco más de ·3.000 para estar en el nivel de flotación de la línea de la indigencia. Situación real que pone de manifiesto con total crudeza altos índices de desocupación, de indigencia y de pobreza en la que subsisten miles de familias mendocinas por cobrar mucho menos que eso y porque son el caso testigo de las manos vacías de los trabajadores argentinos”.


Mientras tanto el gremialismo argentino, ¿a quién representa?



Daniel Gallardo – Periodista y Productor Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano


 


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El gremialismo argentino, ¿a quién representa?

El viejo dilema que hoy vuelve a los primeros planos de las intrincadas posturas que toman los hombres dentro y fuera de las estructuras gremiales. Allí, donde “San Política” siempre metió la cola para arriar agua a su sectario molino, sin importar siquiera los intereses generalizados de los trabajadores.

Hoy la consigna es ver detrás de qué proyecto político se en columna el denominado movimiento obrero argentino y por eso se están haciendo intensas negociaciones para lograr la unidad que implique “beneficios si el ganador es del palo (esto es el PJ) o programar fuerte resistencia si quien se impone es de aquel sector que NADA negocia con el poder sindical”.

Sobre esto último está en la memoria ciudadana los 16 paros que le hicieron a Raúl Ricardo Alfonsín, como a ningún otro presidente en los años posteriores a la administración radical. Es que con el menemismo y el kirchnerismo, el grueso de las organizaciones sindicales, sobre todo las adheridas a la CGT, obtuvieron sus jugosos beneficios. Detallando mejor: “sus dirigentes obtuvieron poder y pingues ganancias”.

Sin lugar a dudas en la denominada “década ganada” es cuando se presentó mayor virulencia en la relación del gobierno y los gremios. Por un lado estaba la fuerte presencia cegetista, como principal guardián del kirchnerismo, mientras se potenciaba la CTA (Central de Trabajadores Argentinos). Esta última, convencida que el trabajador perdía terreno en sus conquistas salariales, escalafonarias y fuentes de trabajo. Donde el poder adquisitivo lo carcomía la inflación y un pesado mecanismo impositivo que caía en su humilde vivir desde la nación, la provincia y el municipio donde habita. Y donde también, se apreciaba que ese golpeado trabajador vio con inadmisible realidad de que punteros y funcionarios públicos se alzaban con categorías y sueldos en los poderes legislativos y ejecutivo, que bien podrían constituirse en esa repugnante casta de jugosos privilegios adinerados.

La principal cinchada entre la política y los gremios se dio por espacios de poder y porque el esquema K pretendió también echar mano en la jugosa caja de las obras sociales con sus más de 4.200 millones de pesos mensuales. Las divisiones no tardaron en llegar de la mano de duros pronunciamientos y medidas de fuerzas. Y allí se encuentran las dos CGT, la oficial –o kirchnerista– de la mano de Caló o de Cristina, como se la quiera denominar. Y la combativa de la mano del peso pesado Hugo Moyano, otrora hombre fuerte del kirhnerismo y el último en discutir con Néstor Kirchner antes de su muerte, no por cuestiones laborales o sindicales, sino por espacio de poder en la estructura del PJ bonaerense.

Pero, también están las dos CTA, donde la política se metió para romper un poderoso organismo sindical que le producía fuertes dolores de cabeza en el núcleo del poder hegemónico. Por eso y de la mano de un ambicioso Hugo Yasky consiguió cooptar y debilitar a la CTA.

Pero como en todas estas historias de país, hay excepciones. Organizaciones y dirigentes que entienden y atienden lo que le sucede al trabajador. Inclusive, se pusieron sobre sus espaldas desocupados o los miles de obreros manoseados por el mugriento empleo en negro, tanto en la ciudad como en el campo.

A propósito, a principios de año decíamos que: “mientras el INDEC sostiene con la estructura embustera de siempre que la desocupación baja, a pesar que no puede argumentar porqué el muestrario ocupacional dice que el empleo tiene la tasa más baja de los últimos cinco años. Para organismos privados que con lógica desconfían de los datos oficiales, tienen por seguro que la República Argentina se ha instalado en los niveles más altos de la desocupación de América Latina.

Las cifras oficiales hablan de un 7,5 de desocupación, mientras que en el contexto internacional se sabe que nuestra nación está al tope de las dolorosas posiciones con un 10,6 % y en alza. Delicada situación del trabajo donde se ve que en otro país el tema se intenta controlar con algunos importantes resultados que delatan por ejemplo que Uruguay tiene el 6,8 %, Chile el 6,6 %, Bolivia el 6,3 % y Perú el 6,0 % de tasa de desempleo entre las naciones latinas.

Como vemos, de los ocupados y de los desocupados de nuestra tierra muy pocos se interesan en saber cómo será ese merecido campo laboral que necesita el país recuperar. La mayoría de la dirigencia sindical está enfrascada en acomodar sus posiciones, cuidando su estándar de vida y ese cuestionado poder que hasta le roban de las callosas manos a sus representados. Los mismos que, como también expresábamos a principios de año, “sobreviven en un nivel absolutamente de precariedad en sus trabajo o el poco trabajo que hay para esos empobrecidos ciudadanos. El mismos que aquí en Mendoza debe aportar a su humilde hogar la suma de $6.986,43 para no caer por debajo de la línea de la pobreza y un poco más de ·3.000 para estar en el nivel de flotación de la línea de la indigencia. Situación real que pone de manifiesto con total crudeza altos índices de desocupación, de indigencia y de pobreza en la que subsisten miles de familias mendocinas por cobrar mucho menos que eso y porque son el caso testigo de las manos vacías de los trabajadores argentinos”.

Mientras tanto el gremialismo argentino, ¿a quién representa?

Daniel Gallardo – Periodista y Productor Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

 

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