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Por Redacción
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El fútbol autóctono no mueve la aguja



Lamentable. Y lo peor es que quien va a pagar las consecuencias de los incidentes del domingo pasado será el fútbol genuino, el telúrico, el de todos los días, no el souvenir del verano con el que los funcionarios sacan pecho de la brillantez en materia de seguridad.

Es real que la violencia en el fútbol no la genera el Estado ni su policía. Pero tampoco se aportan soluciones para que pueda ser un espectáculo deportivo sin violentos. Lamentablemente a la luz de las experiencias, uno es escéptico y no espera soluciones razonables a raíz de los lamentables episodios sucedidos el domingo en Luján y Palmira.

Y decimos lamentablemente tanto como es lamentable la violencia que destilan los espectáculos públicos. La diferencia es que la prevención ante un encuentro estival entre Boca y River sí amerita atención por parte del Ministerio de Seguridad, cosa que no ocurre con los certámenes federales, como en este caso en el Federal B. Allí a los clubes se les cae encima con el peso que debiera aplicar la justicia a los vándalos que empañan un folclórico choque barrial.

¿Por qué? Porque no interesan, no mueven la aguja, no entran en la agenda de una política deportiva, como sí entran Boca, Los Pumas o la Selección. A manera de ejemplo, desde hace un tiempo los costos de los operativos deben ser afrontados por los propios clubes.

Ahora vendrán los pedidos de informes por lo ocurrido el domingo pasado en Luján de Cuyo y Palmira y todos se justificarán. Seguramente habrán partidos a puertas cerradas, y el fútbol entre equipos autóctonos seguirá siendo para pocos, retaceado, amordazado, pagando los platos rotos de las malas acciones de delincuentes.

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El fútbol autóctono no mueve la aguja

Lamentable. Y lo peor es que quien va a pagar las consecuencias de los incidentes del domingo pasado será el fútbol genuino, el telúrico, el de todos los días, no el souvenir del verano con el que los funcionarios sacan pecho de la brillantez en materia de seguridad.
Es real que la violencia en el fútbol no la genera el Estado ni su policía. Pero tampoco se aportan soluciones para que pueda ser un espectáculo deportivo sin violentos. Lamentablemente a la luz de las experiencias, uno es escéptico y no espera soluciones razonables a raíz de los lamentables episodios sucedidos el domingo en Luján y Palmira.
Y decimos lamentablemente tanto como es lamentable la violencia que destilan los espectáculos públicos. La diferencia es que la prevención ante un encuentro estival entre Boca y River sí amerita atención por parte del Ministerio de Seguridad, cosa que no ocurre con los certámenes federales, como en este caso en el Federal B. Allí a los clubes se les cae encima con el peso que debiera aplicar la justicia a los vándalos que empañan un folclórico choque barrial.
¿Por qué? Porque no interesan, no mueven la aguja, no entran en la agenda de una política deportiva, como sí entran Boca, Los Pumas o la Selección. A manera de ejemplo, desde hace un tiempo los costos de los operativos deben ser afrontados por los propios clubes.
Ahora vendrán los pedidos de informes por lo ocurrido el domingo pasado en Luján de Cuyo y Palmira y todos se justificarán. Seguramente habrán partidos a puertas cerradas, y el fútbol entre equipos autóctonos seguirá siendo para pocos, retaceado, amordazado, pagando los platos rotos de las malas acciones de delincuentes.

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