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Por Redacción

El detalle, todos los detalles



En este campeonato bárbaro, que debería cambiar su nombre de Transición a “Trascender”, donde casi no se registran resultados 0 a 0, los encuentros suelen tener un promedio de más de 2 goles y las propuestas, cada vez más audaces, están a la orden del día. Quien lleva la bandera es el River de Marcelo Gallardo, que está cerca de dejar su legado más como entrenador que lo brillante que fue como futbolista.


Invicto de 26 partidos, en una semana le ganó en Rosario a Newell’s –llevaba 7 años sin triunfar en ese escenario–, triunfó en Paraguay por la Copa Sudamericana –luego de seis años ganó fuera de Argentina y alcanzó la racha del año 1999-2000– y este domingo la víctima fue Belgrano de Córdoba, equipo que en el Monumental lo mandó al descenso. Con un gol de Vangioni y dopieta de Teo Gutiérrez superó sin atenuantes al Pirata, estiró su ventaja y se afianza cada vez más.
River no sólo cimienta sus victorias en la calidad de sus jugadores. También su entrenador cuida cada detalle. A la costumbre de regar el césped antes de cada partido para que el balón ruede más rápido, ahora le sumó un detalle que habla de la voracidad y el compromiso con el elemento que tiene el entrenador.


En la tarde noche de Núñez se pudo observar que cada alcanzapelota tenía un balón en la mano y seguía las alternativas del encuentro sin desconcentrarse, como si fueran un jugador más. Claro, a River le gusta tener el balón e intenta meterle ritmo hasta los laterales. El detalle impresiona pero es una muestra cabal del pormenorizado análisis que hace el entrenador que lidera la revolución del nuevo fútbol argentino.


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En este campeonato bárbaro, que debería cambiar su nombre de Transición a “Trascender”, donde casi no se registran resultados 0 a 0, los encuentros suelen tener un promedio de más de 2 goles y las propuestas, cada vez más audaces, están a la orden del día. Quien lleva la bandera es el River de Marcelo Gallardo, que está cerca de dejar su legado más como entrenador que lo brillante que fue como futbolista.

Invicto de 26 partidos, en una semana le ganó en Rosario a Newell’s –llevaba 7 años sin triunfar en ese escenario–, triunfó en Paraguay por la Copa Sudamericana –luego de seis años ganó fuera de Argentina y alcanzó la racha del año 1999-2000– y este domingo la víctima fue Belgrano de Córdoba, equipo que en el Monumental lo mandó al descenso. Con un gol de Vangioni y dopieta de Teo Gutiérrez superó sin atenuantes al Pirata, estiró su ventaja y se afianza cada vez más.
River no sólo cimienta sus victorias en la calidad de sus jugadores. También su entrenador cuida cada detalle. A la costumbre de regar el césped antes de cada partido para que el balón ruede más rápido, ahora le sumó un detalle que habla de la voracidad y el compromiso con el elemento que tiene el entrenador.

En la tarde noche de Núñez se pudo observar que cada alcanzapelota tenía un balón en la mano y seguía las alternativas del encuentro sin desconcentrarse, como si fueran un jugador más. Claro, a River le gusta tener el balón e intenta meterle ritmo hasta los laterales. El detalle impresiona pero es una muestra cabal del pormenorizado análisis que hace el entrenador que lidera la revolución del nuevo fútbol argentino.

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