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Por Redacción
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El destino del Parlasur – Mucho más que debate económico



Las instituciones que no se ejercitan constantemente, terminan por debilitarse y desaparecer. Su inexorable fin es el descrédito. Esto es lo que parece estar ocurriendo con esa gran idea estratégica que, a fines del siglo pasado y principios de este, diseñaron políticos sudamericanos. Algunos de ellos, distinguidos precursores, como José Sarney, Raúl Alfonsín y Henrique Cardoso; y otros, cuyos nombres no son tan conocidos, pero que igualmente cerraron filas para concretar la quimera de la Patria Grande que soñaron los Libertadores.


Una buena noticia

Es una buena noticia que se elijan, a través del voto popular, los candidatos que representarán al país en el Parlamento del Mercosur (Parlasur). Esto será, sin duda, un incentivo que pueda, tal vez, renovar el impulso de unión. Será importante para los pueblos de nuestras naciones y un significativo estímulo para aquellos que venimos trabajando desde hace mucho tiempo por la integración regional.

El Parlamento del Mercosur fue pensado como una asamblea donde están representados todos los países que integran el Bloque (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela). Un Congreso regional donde se expresan los ciudadanos de las naciones adherentes y que, en realidad, funciona sin mucha convicción desde el año 2007, pero que tendrá, a partir de la elección democrática de sus miembros, una mayor, mejor y, esperemos, más realista participación.

Quienes asuman la responsabilidad de representar a su pueblo en el Parlamento Regional deberán estar muy activos y atentos porque, como dijimos, el descrédito es el peor lugar donde puede caer una institución; trabajar duro para que el Parlasur deje ser un organismo simbólico y empiece a asumir sus funciones trascendentes.

Hay que bregar para que este órgano legislativo supranacional siga siendo una institución para defender la democracia, pero ahora que en la región está definitivamente consolidada, debe avanzar con doctrina y legislación, hacia la verdadera complementación política regional.

Para que el Parlasur funcione, los estados que lo integran deben, necesariamente, ceder algo de su soberanía. Así ocurrió cada vez que se produjo un proceso de integración. La Unión Europea es apenas uno de los muchos casos de integración que ha habido a lo largo de la historia universal. Nos gusta decir que si las Provincias Unidas del Río de la Plata hubiesen esperado conseguir la paridad económica para unirse, posiblemente todavía la República Argentina no se hubiese conformado.

Hay que acelerar los tiempos de la integración y, para ello, no hace falta que se encuentren perfectamente alineadas las economías de los países miembros –difícilmente se logre eso en mucho tiempo–; pero hay muchas cosas que los miembros del Mercosur ya están haciendo juntos y que nada –o muy poco– tienen que ver con lo estrictamente económico.


Mucho por hacer

La gente debe saber qué va a votar cuando elija a un diputado para que integre el Parlasur. Debe tener presente que está todo por hacerse. Permanentemente hemos agotado enormes cantidades de energía en discutir casi exclusivamente sobre nuestros problemas económicos; que nadie duda que son importantes, pero que no ayudan a consolidar el espíritu de cooperación porque los números difícilmente cierren ante los actuales y disímiles problemas de cada país.

Hay otros temas que son tan o más importantes y que no presentan tantas complicaciones, más allá de la buena voluntad de las partes para llegar a acuerdos duraderos. Temas vitales para cada uno de los países y del conjunto, que pueden discutirse y resolverse en un foro como este.

Adoptar normas y procedimiento que permitan una mayor y más eficiente coordinación en materia de seguridad para enfrentar desafíos como la lucha contra el narcotráfico. Control del espacio aéreo y marítimo, así como una mayor cooperación policial, judicial y de control de fronteras.

Impulsar el desarrollo conjunto del transporte y las comunicaciones. El futuro nos está exigiendo conectar nuestros amplios espacios a partir de coordinar el crecimiento de nuestras vías de comunicaciones.

Podemos cooperar para armonizar y mejorar progresivamente nuestros sistemas de educación. El mundo y nuestro entorno han cambiado de tal forma, que ya estamos viendo cómo estudiantes de un país se trasladan a continuar sus estudios a otros por razones laborales, familiares o de cualquier tipo.

La cooperación en el área de Defensa, que de hecho se viene realizando hace bastante tiempo, tiene todavía mucho para crecer. En educación, doctrina e interconectividad. Las fuerzas en misiones de paz, así como la cooperación para hacer frente a desastres naturales, son apenas el comienzo. Nuestros países poseen enormes extensiones de territorio que es preciso vigilar para evitar la depredación indiscriminada y las amenazas contra el ecosistema.

Muchas de estas iniciativas están ya en marcha, es cierto, pero desde un Parlamento Regional, conformado por legisladores entusiastas y emprendedores, puede avanzarse enormemente. En el campo de la ciencia y tecnología, en áreas como la medicina, la ingeniería y la genética, nuestros países avanzan sin cooperar como debieran; sin un plan de desarrollo sustentable y conjunto cada vez son mayores los esfuerzos y menores los resultados.

Si bien lo económico está siempre presente en cualquier actividad humana, no es lo fundamental en estas que hemos mencionado. Los gastos se harán siempre de cualquier manera, pero cuando el esfuerzo es conjunto, los resultados representan siempre mucho más que la suma de las partes.

El ciudadano debe saber a quién vota cuando elige a un candidato para integrar la Asamblea Regional. Recordar que en estas elecciones también se elige el futuro de la región. Es hora que cada quien se pregunte cómo influirá lo que ocurra en el Mercosur con su trabajo, su familia y el futuro de sus hijos.


Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.


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El destino del Parlasur – Mucho más que debate económico

Las instituciones que no se ejercitan constantemente, terminan por debilitarse y desaparecer. Su inexorable fin es el descrédito. Esto es lo que parece estar ocurriendo con esa gran idea estratégica que, a fines del siglo pasado y principios de este, diseñaron políticos sudamericanos. Algunos de ellos, distinguidos precursores, como José Sarney, Raúl Alfonsín y Henrique Cardoso; y otros, cuyos nombres no son tan conocidos, pero que igualmente cerraron filas para concretar la quimera de la Patria Grande que soñaron los Libertadores.

Una buena noticia
Es una buena noticia que se elijan, a través del voto popular, los candidatos que representarán al país en el Parlamento del Mercosur (Parlasur). Esto será, sin duda, un incentivo que pueda, tal vez, renovar el impulso de unión. Será importante para los pueblos de nuestras naciones y un significativo estímulo para aquellos que venimos trabajando desde hace mucho tiempo por la integración regional.
El Parlamento del Mercosur fue pensado como una asamblea donde están representados todos los países que integran el Bloque (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela). Un Congreso regional donde se expresan los ciudadanos de las naciones adherentes y que, en realidad, funciona sin mucha convicción desde el año 2007, pero que tendrá, a partir de la elección democrática de sus miembros, una mayor, mejor y, esperemos, más realista participación.
Quienes asuman la responsabilidad de representar a su pueblo en el Parlamento Regional deberán estar muy activos y atentos porque, como dijimos, el descrédito es el peor lugar donde puede caer una institución; trabajar duro para que el Parlasur deje ser un organismo simbólico y empiece a asumir sus funciones trascendentes.
Hay que bregar para que este órgano legislativo supranacional siga siendo una institución para defender la democracia, pero ahora que en la región está definitivamente consolidada, debe avanzar con doctrina y legislación, hacia la verdadera complementación política regional.
Para que el Parlasur funcione, los estados que lo integran deben, necesariamente, ceder algo de su soberanía. Así ocurrió cada vez que se produjo un proceso de integración. La Unión Europea es apenas uno de los muchos casos de integración que ha habido a lo largo de la historia universal. Nos gusta decir que si las Provincias Unidas del Río de la Plata hubiesen esperado conseguir la paridad económica para unirse, posiblemente todavía la República Argentina no se hubiese conformado.
Hay que acelerar los tiempos de la integración y, para ello, no hace falta que se encuentren perfectamente alineadas las economías de los países miembros –difícilmente se logre eso en mucho tiempo–; pero hay muchas cosas que los miembros del Mercosur ya están haciendo juntos y que nada –o muy poco– tienen que ver con lo estrictamente económico.

Mucho por hacer
La gente debe saber qué va a votar cuando elija a un diputado para que integre el Parlasur. Debe tener presente que está todo por hacerse. Permanentemente hemos agotado enormes cantidades de energía en discutir casi exclusivamente sobre nuestros problemas económicos; que nadie duda que son importantes, pero que no ayudan a consolidar el espíritu de cooperación porque los números difícilmente cierren ante los actuales y disímiles problemas de cada país.
Hay otros temas que son tan o más importantes y que no presentan tantas complicaciones, más allá de la buena voluntad de las partes para llegar a acuerdos duraderos. Temas vitales para cada uno de los países y del conjunto, que pueden discutirse y resolverse en un foro como este.
Adoptar normas y procedimiento que permitan una mayor y más eficiente coordinación en materia de seguridad para enfrentar desafíos como la lucha contra el narcotráfico. Control del espacio aéreo y marítimo, así como una mayor cooperación policial, judicial y de control de fronteras.
Impulsar el desarrollo conjunto del transporte y las comunicaciones. El futuro nos está exigiendo conectar nuestros amplios espacios a partir de coordinar el crecimiento de nuestras vías de comunicaciones.
Podemos cooperar para armonizar y mejorar progresivamente nuestros sistemas de educación. El mundo y nuestro entorno han cambiado de tal forma, que ya estamos viendo cómo estudiantes de un país se trasladan a continuar sus estudios a otros por razones laborales, familiares o de cualquier tipo.
La cooperación en el área de Defensa, que de hecho se viene realizando hace bastante tiempo, tiene todavía mucho para crecer. En educación, doctrina e interconectividad. Las fuerzas en misiones de paz, así como la cooperación para hacer frente a desastres naturales, son apenas el comienzo. Nuestros países poseen enormes extensiones de territorio que es preciso vigilar para evitar la depredación indiscriminada y las amenazas contra el ecosistema.
Muchas de estas iniciativas están ya en marcha, es cierto, pero desde un Parlamento Regional, conformado por legisladores entusiastas y emprendedores, puede avanzarse enormemente. En el campo de la ciencia y tecnología, en áreas como la medicina, la ingeniería y la genética, nuestros países avanzan sin cooperar como debieran; sin un plan de desarrollo sustentable y conjunto cada vez son mayores los esfuerzos y menores los resultados.
Si bien lo económico está siempre presente en cualquier actividad humana, no es lo fundamental en estas que hemos mencionado. Los gastos se harán siempre de cualquier manera, pero cuando el esfuerzo es conjunto, los resultados representan siempre mucho más que la suma de las partes.
El ciudadano debe saber a quién vota cuando elige a un candidato para integrar la Asamblea Regional. Recordar que en estas elecciones también se elige el futuro de la región. Es hora que cada quien se pregunte cómo influirá lo que ocurra en el Mercosur con su trabajo, su familia y el futuro de sus hijos.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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