ciudadanodiario.com.ar
El consumo de sal y los niños
Cargando...
Por Redacción

El consumo de sal y los niños



El consumo excesivo de sal implica múltiples riesgos para la salud. Desde hace tiempo la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que el valor máximo recomendable para la ingesta diaria es de 6 gramos, sin embargo, en la Argentina se lo duplica. Si bien hubo un pequeño progreso respecto al consumo, es de vital importancia inculcar en los niños hábitos saludables que los alejen de la ingesta exacerbada y los acerque a la prevención de varias enfermedades.


Desde los primeros años las personas adquieren la mala costumbre de sobrecargar de sal al organismo, lo que en muchos casos, con el correr de los años, deriva en hipertensión arterial. Se estima que a los dos años de edad los niños ya reciben influencias sobre sus hábitos de alimentación, por lo que la niñez es el momento propicio para educar al paladar y entrenarlo para consumir, entre otras cosas, las cantidades recomendadas de sal. Esto resulta fundamental si se tiene en cuenta que la presión arterial puede presentarse a cualquier edad, incluso en las iniciales.


Tal es así, que los niños con presión alta tienen muchas posibilidades de ser hipertensos en la adultez. Este es el principal motivo para controlar los niveles de sal en la alimentación infantil. La Sociedad Argentina de Cardiología recalca que una pequeña disminución en las cifras de presión arterial logra significativas reducciones en las consecuencias que se asocian a la hipertensión arterial: una baja de 2 mmHg de presión arterial diastólica, reduce en un 14 % el riesgo de ataque cerebral y en un 6 % la enfermedad coronaria. Cabe aclarar que este tipo de presión refiere a la más baja que se ejerce en una arteria cuando el corazón está en reposo.


Hay que recordar que existe una relación directa entre la cantidad de sal que se consume y los valores de la presión arterial, por lo que debe prestarse especial atención a la cantidad de sodio que indican las etiquetas, tanto de alimentos como de bebidas. La importancia radica en sumar sus valores de sal a los que se agregan al consumirlos. Por ejemplo: 100 gr. de carne contiene 65 mg de sal, el huevo 122 mg y el pescado 140 mg. Por su parte, una rodaja de pan contiene 114 mg, cuatro fetas de panceta 548 mg y tres medialunas tienen la cantidad de sal que una persona con hipertensión puede ingresar a su organismo en una semana.


Aun los alimentos y bebidas menos pensados poseen sal, tal es el caso del agua. Dentro de las aguas embotelladas se distinguen dos grupos: las que tienen alto contenido en sodio y las que lo contienen en baja cantidad.  Para una correcta hidratación se aconseja beber dos litros de agua al día pero, si para cumplir, se utiliza agua que corresponde al primer grupo, el consumo de sodio es de 256 mg diarios, mientras que si se opta por las del segundo, es de 20 mg.


Por su parte, la Tercera Encuesta Nacional de Factores de Riesgo que llevó a cabo el Ministerio de Salud de la Nación refleja que menos personas le agregan sal extra a las comidas luego de la cocción, en números, pasa de 23.1 % en 2005 a 17.3 en 2013. Si bien este es un buen indicador sobre la conciencia que poco a poco la población adquiere sobre la ingesta de sal, no hay que olvidar que el 70 %  de sal que se consume proviene de los alimentos procesados o industrializados. Este hecho obliga a vigilar de cerca la aplicación de la Ley 26.905 que tiene vigencia desde diciembre del año pasado y que tiene como objetivo fijar los valores máximos de sodio que deben alcanzar los grupos de alimentos.


En otro sentido, es preciso destacar que los determinantes genéticos tienen un rol primordial en el desarrollo de la hipertensión pediátrica. Sin embargo, esta enfermedad es producto de varios factores, no sólo genéticos sino también ambientales. Es decir, se da una correlación mayor entre la presión arterial de la madre y la de su hijo, que la del padre y el niño; lo que sugiere una influencia prenatal directa. Además, existe una correlación inversa entre el peso de nacimiento y la presión arterial sistólica: a menor peso, mayor presión. Esta es la presión más alta que se ejerce sobre una arteria cuando el corazón bombea sangre al cuerpo.


Por todos estos motivos es necesario identificar a los niños con presión alta y centrar medidas de prevención en aquellos que la tienen normal pero corren riesgo de ser hipertensos. Hay que generar hábitos saludables desde pequeños para garantizar que perduren durante toda la vida. Así, los controles médicos y la prevención deben iniciarse en los primeros meses, pues es el mejor momento para promover una buena alimentación y controlar el peso y la tensión arterial.


Es responsabilidad de los papás generar estos buenos hábitos alimenticios para fomentar una buena salud en sus pequeños. Dar el ejemplo, en este caso, no sólo mejora la calidad de vida del niño sino también la propia.


Si requerés más información sobre el consumo de sal y sus consecuencias sobre la salud, ingresá a: http://www.ciudadanodiario.com.ar/menos-sal-mas-vida/


comentarios

Compartir en facebook
Compartir en twitter

El consumo de sal y los niños

El consumo excesivo de sal implica múltiples riesgos para la salud. Desde hace tiempo la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que el valor máximo recomendable para la ingesta diaria es de 6 gramos, sin embargo, en la Argentina se lo duplica. Si bien hubo un pequeño progreso respecto al consumo, es de vital importancia inculcar en los niños hábitos saludables que los alejen de la ingesta exacerbada y los acerque a la prevención de varias enfermedades.

Desde los primeros años las personas adquieren la mala costumbre de sobrecargar de sal al organismo, lo que en muchos casos, con el correr de los años, deriva en hipertensión arterial. Se estima que a los dos años de edad los niños ya reciben influencias sobre sus hábitos de alimentación, por lo que la niñez es el momento propicio para educar al paladar y entrenarlo para consumir, entre otras cosas, las cantidades recomendadas de sal. Esto resulta fundamental si se tiene en cuenta que la presión arterial puede presentarse a cualquier edad, incluso en las iniciales.

Tal es así, que los niños con presión alta tienen muchas posibilidades de ser hipertensos en la adultez. Este es el principal motivo para controlar los niveles de sal en la alimentación infantil. La Sociedad Argentina de Cardiología recalca que una pequeña disminución en las cifras de presión arterial logra significativas reducciones en las consecuencias que se asocian a la hipertensión arterial: una baja de 2 mmHg de presión arterial diastólica, reduce en un 14 % el riesgo de ataque cerebral y en un 6 % la enfermedad coronaria. Cabe aclarar que este tipo de presión refiere a la más baja que se ejerce en una arteria cuando el corazón está en reposo.

Hay que recordar que existe una relación directa entre la cantidad de sal que se consume y los valores de la presión arterial, por lo que debe prestarse especial atención a la cantidad de sodio que indican las etiquetas, tanto de alimentos como de bebidas. La importancia radica en sumar sus valores de sal a los que se agregan al consumirlos. Por ejemplo: 100 gr. de carne contiene 65 mg de sal, el huevo 122 mg y el pescado 140 mg. Por su parte, una rodaja de pan contiene 114 mg, cuatro fetas de panceta 548 mg y tres medialunas tienen la cantidad de sal que una persona con hipertensión puede ingresar a su organismo en una semana.

Aun los alimentos y bebidas menos pensados poseen sal, tal es el caso del agua. Dentro de las aguas embotelladas se distinguen dos grupos: las que tienen alto contenido en sodio y las que lo contienen en baja cantidad.  Para una correcta hidratación se aconseja beber dos litros de agua al día pero, si para cumplir, se utiliza agua que corresponde al primer grupo, el consumo de sodio es de 256 mg diarios, mientras que si se opta por las del segundo, es de 20 mg.

Por su parte, la Tercera Encuesta Nacional de Factores de Riesgo que llevó a cabo el Ministerio de Salud de la Nación refleja que menos personas le agregan sal extra a las comidas luego de la cocción, en números, pasa de 23.1 % en 2005 a 17.3 en 2013. Si bien este es un buen indicador sobre la conciencia que poco a poco la población adquiere sobre la ingesta de sal, no hay que olvidar que el 70 %  de sal que se consume proviene de los alimentos procesados o industrializados. Este hecho obliga a vigilar de cerca la aplicación de la Ley 26.905 que tiene vigencia desde diciembre del año pasado y que tiene como objetivo fijar los valores máximos de sodio que deben alcanzar los grupos de alimentos.

En otro sentido, es preciso destacar que los determinantes genéticos tienen un rol primordial en el desarrollo de la hipertensión pediátrica. Sin embargo, esta enfermedad es producto de varios factores, no sólo genéticos sino también ambientales. Es decir, se da una correlación mayor entre la presión arterial de la madre y la de su hijo, que la del padre y el niño; lo que sugiere una influencia prenatal directa. Además, existe una correlación inversa entre el peso de nacimiento y la presión arterial sistólica: a menor peso, mayor presión. Esta es la presión más alta que se ejerce sobre una arteria cuando el corazón bombea sangre al cuerpo.

Por todos estos motivos es necesario identificar a los niños con presión alta y centrar medidas de prevención en aquellos que la tienen normal pero corren riesgo de ser hipertensos. Hay que generar hábitos saludables desde pequeños para garantizar que perduren durante toda la vida. Así, los controles médicos y la prevención deben iniciarse en los primeros meses, pues es el mejor momento para promover una buena alimentación y controlar el peso y la tensión arterial.

Es responsabilidad de los papás generar estos buenos hábitos alimenticios para fomentar una buena salud en sus pequeños. Dar el ejemplo, en este caso, no sólo mejora la calidad de vida del niño sino también la propia.

Si requerés más información sobre el consumo de sal y sus consecuencias sobre la salud, ingresá a: http://www.ciudadanodiario.com.ar/menos-sal-mas-vida/

comentarios

Login