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El cielo plomizo que muestra ese país golpeado
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Por Redacción

El cielo plomizo que muestra ese país golpeado



Nadie pudo imaginar, salvo la naturaleza, que el escenario para recordar a Alberto Nisman tendría el protagonismo de densos nubarrones que precipitaron copiosa lluvia.  Imagen que da aún más el dramatismo del duro momento institucional que vive la democracia argentina.


La histórica Avenida de Mayo acogió el paso de jueces, fiscales, magistrados, trabajadores de la justicia y miles de ciudadanos entre los que se encontraban Iara, Kala y su mamá, la jueza federal Sandra Arroyo Salgado no registra antecedentes en los fuertes acontecimientos del país. Es que tanto las hijas y la ex esposa del Fiscal Federal muerto, como sus pares y la gente de nuestra nación rindieron en silencio el merecido homenaje a Alberto Nisman. La misma ceremonia que hasta ahora intencionalmente se le había negado. Quizá, porque su brillante investigación dejaba al descubierto otro contundente acto de nepotismo e impune manejo del poder de Argentina. Muestra cabal que tanto la constitución, los poderes del estado, las leyes y las instituciones están siendo sometidos al inaceptable antojo de quienes gobiernan el país.


Y el silencio inundó a la gran metrópolis con corazones palpitando un claro mensaje. Que la vida privada y pública de Alberto Nisman hayan servido y aportado un grado de sensatez, respeto y sentido común, como hasta ahora pocas veces había tenido nuestra acotada democracia. Un imponente marco que para nada se amilanó ante el discurso presidencial dado intencionalmente unas horas antes. Un despropósito, que lo único que dejó claro es esa inadmisible y sectaria postura oficial de dividir la nación entre buenos (ellos) y malos (el resto). Por eso y a pesar de ese abrevar las antinomias la marcha del silencio cumplió en TODO el país el cometido de reconocer y distinguir la tarea del fiscal federal Alberto Nisman que hicieron miles y miles de ciudadanos.


Pero también ese silencio, solo interrumpido por ruidosos y chapoteados aplausos, dejó entrever con absoluta claridad que la ciudadanía de nuestro país ya no quiere más, ya no quiere sentir ese manoseo a las instituciones, porque es permitir que se manosee sus derechos. Mensaje que quedará para los tiempos que vienen como un hito del que solo fue capaz el pueblo de la nación, que respaldó con determinación ejemplar a los “hombres de ley”.



Daniel Gallardo (Especial para Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano)


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El cielo plomizo que muestra ese país golpeado

Nadie pudo imaginar, salvo la naturaleza, que el escenario para recordar a Alberto Nisman tendría el protagonismo de densos nubarrones que precipitaron copiosa lluvia.  Imagen que da aún más el dramatismo del duro momento institucional que vive la democracia argentina.

La histórica Avenida de Mayo acogió el paso de jueces, fiscales, magistrados, trabajadores de la justicia y miles de ciudadanos entre los que se encontraban Iara, Kala y su mamá, la jueza federal Sandra Arroyo Salgado no registra antecedentes en los fuertes acontecimientos del país. Es que tanto las hijas y la ex esposa del Fiscal Federal muerto, como sus pares y la gente de nuestra nación rindieron en silencio el merecido homenaje a Alberto Nisman. La misma ceremonia que hasta ahora intencionalmente se le había negado. Quizá, porque su brillante investigación dejaba al descubierto otro contundente acto de nepotismo e impune manejo del poder de Argentina. Muestra cabal que tanto la constitución, los poderes del estado, las leyes y las instituciones están siendo sometidos al inaceptable antojo de quienes gobiernan el país.

Y el silencio inundó a la gran metrópolis con corazones palpitando un claro mensaje. Que la vida privada y pública de Alberto Nisman hayan servido y aportado un grado de sensatez, respeto y sentido común, como hasta ahora pocas veces había tenido nuestra acotada democracia. Un imponente marco que para nada se amilanó ante el discurso presidencial dado intencionalmente unas horas antes. Un despropósito, que lo único que dejó claro es esa inadmisible y sectaria postura oficial de dividir la nación entre buenos (ellos) y malos (el resto). Por eso y a pesar de ese abrevar las antinomias la marcha del silencio cumplió en TODO el país el cometido de reconocer y distinguir la tarea del fiscal federal Alberto Nisman que hicieron miles y miles de ciudadanos.

Pero también ese silencio, solo interrumpido por ruidosos y chapoteados aplausos, dejó entrever con absoluta claridad que la ciudadanía de nuestro país ya no quiere más, ya no quiere sentir ese manoseo a las instituciones, porque es permitir que se manosee sus derechos. Mensaje que quedará para los tiempos que vienen como un hito del que solo fue capaz el pueblo de la nación, que respaldó con determinación ejemplar a los “hombres de ley”.

Daniel Gallardo (Especial para Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano)

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