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El calor argentino se sintió en La Serena
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Por Redacción

El calor argentino se sintió en La Serena



“Y ya lo ve, y ya lo ve, somos locales otra vez”, fue el grito de guerra de los casi ocho mil hinchas argentinos que se animaron a cruzar la Cordillera de Los Andes para estar presentes en el debut de la Selección de Gerardo Martino.


Esa preponderancia en el coqueto pero muy pequeño estadio La Portada, se empezó a sentir cuando se entonaron los himnos, y quedó en claro que el noventa por ciento del público estaba a favor de Messi y compañía, con la ilusión de que este plantel con super cotizaciones y exitosos en el fútbol europeo pueda quebrar la racha de 22 años sin un título oficial.


Con tantas previsiones que se tomaron en cuanto a la seguridad, no hubo barras y hasta faltó el espíritu de hinchada, por lo que el aliento fue discontinúo para la Selección.


Eso no impidió que haya igualmente algún pequeño espacio a la rivalidad con los anfitriones, porque se puso énfasis en la clásica canción “el que no salta, es un inglés”, que aquí tiene una connotación especial, por la actitud chilena en la Guerra de las Malvinas.


Y el “vamo, vamo, Argentina…” fue la inyección de ánimo para los jugadores y hasta para los propios hinchas, que siempre tuvieron el foco en el número diez: “que de la mano de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar”.


Cada familia o cada grupo de amigos, cargó con una historia particular para ser espectadores directos de la Copa América.


Por ejemplo, Horacio Cortéz, acompañado por Analía, su mujer, y Emmanuel, su hijo, relató que “a partir del alud de marzo en Copiopó, en el norte de Chile, tuvimos que hacer el doble de kilómetros para estar acá”.


Porque “somos de Fiambalá, en Catamarca, y si veníamos derecho, eran 800 kilómetros. Pero el paso no está disponible y entonces necesitamos bajar a Mendoza y el viaje se hizo más extenso, de 26 horas en vehículo. Pero hicimos el esfuerzo, para que nuestro hijo pudiera ver a Messi en la cancha”.


Pero no faltaron los que hicieron un viaje más directo, con avión a Santiago y desde allí, ómnibus o el alquiler de un auto hasta La Serena.


Así, Luis Franco, acompañado de Marcela y Tiziano, dijo “somos de Berazategui, del barrio Marítimo, y gastamos todos nuestros ahorros para acompañar a Messi y a todo el plantel. Tenemos fe para jugar la final con Chile”.


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“Y ya lo ve, y ya lo ve, somos locales otra vez”, fue el grito de guerra de los casi ocho mil hinchas argentinos que se animaron a cruzar la Cordillera de Los Andes para estar presentes en el debut de la Selección de Gerardo Martino.

Esa preponderancia en el coqueto pero muy pequeño estadio La Portada, se empezó a sentir cuando se entonaron los himnos, y quedó en claro que el noventa por ciento del público estaba a favor de Messi y compañía, con la ilusión de que este plantel con super cotizaciones y exitosos en el fútbol europeo pueda quebrar la racha de 22 años sin un título oficial.

Con tantas previsiones que se tomaron en cuanto a la seguridad, no hubo barras y hasta faltó el espíritu de hinchada, por lo que el aliento fue discontinúo para la Selección.

Eso no impidió que haya igualmente algún pequeño espacio a la rivalidad con los anfitriones, porque se puso énfasis en la clásica canción “el que no salta, es un inglés”, que aquí tiene una connotación especial, por la actitud chilena en la Guerra de las Malvinas.

Y el “vamo, vamo, Argentina…” fue la inyección de ánimo para los jugadores y hasta para los propios hinchas, que siempre tuvieron el foco en el número diez: “que de la mano de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar”.

Cada familia o cada grupo de amigos, cargó con una historia particular para ser espectadores directos de la Copa América.

Por ejemplo, Horacio Cortéz, acompañado por Analía, su mujer, y Emmanuel, su hijo, relató que “a partir del alud de marzo en Copiopó, en el norte de Chile, tuvimos que hacer el doble de kilómetros para estar acá”.

Porque “somos de Fiambalá, en Catamarca, y si veníamos derecho, eran 800 kilómetros. Pero el paso no está disponible y entonces necesitamos bajar a Mendoza y el viaje se hizo más extenso, de 26 horas en vehículo. Pero hicimos el esfuerzo, para que nuestro hijo pudiera ver a Messi en la cancha”.

Pero no faltaron los que hicieron un viaje más directo, con avión a Santiago y desde allí, ómnibus o el alquiler de un auto hasta La Serena.

Así, Luis Franco, acompañado de Marcela y Tiziano, dijo “somos de Berazategui, del barrio Marítimo, y gastamos todos nuestros ahorros para acompañar a Messi y a todo el plantel. Tenemos fe para jugar la final con Chile”.

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