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El arte de vender noticias
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Por Redacción

El arte de vender noticias



La cita se da en Godoy Cruz, y Francisco Chicho Rodríguez elige para charlar con El Ciudadano el mismo bar que elige cada día para pasar tiempo con sus amigos de la infancia, otros de la juventud, ex jugadores del Tomba con los que compartió equipo y también personas que recurren a él cuando necesitan “solucionar algún inconveniente barrial”.


Don Chicho es una de las personas más conocidas de Godoy Cruz, no sólo por ser un canillita emblemático (que a sus 82 años sigue haciendo el reparto de diarios en bicicleta), sino también por ser un referente social, gremial y presidente de la unión vecinal de su barrio de toda la vida.


¡Extra, extra!

Corría el año 1944 y la provincia de San Juan atravesaba uno de los momentos más dolorosos de su historia, el terremoto se había cobrado la vida de más de 5.000 personas, otras tantas necesitaban atención médica por lo que Mendoza abrió las puertas de su flamante Hospital Central, que aún sin estar terminado, comenzó a recibir cientos de heridos, saldo de esa tragedia. De esta y otras calamidades hablaba el primer diario que Francisco tuvo que vender, y ese fue el inicio de su vida como canillita cuando aún era un niño.


Don Chicho fue dejado al cuidado de una tía cuando tenía sólo 4 años. “Mi tía hizo pareja con un canillita que se llamaba Clemente Chavez, él vendía los diarios del 1900 y fue quien me enseñó el oficio y, sobre todo, me enseñó lo que he sido durante mi vida: buena persona, hacer las cosas bien, no tomar alcohol, no fumar y todas las cosas buenas. Mi tía y Clemente fueron mis padres, estuve con ellos hasta que murieron”, relató el hombre con enorme agradecimiento hacia quienes lo cuidaron desde pequeño.


La casa donde vivía era grande, como para albergarlo a él y también a sus primas, pero la pobreza también era grande. “La gente compraba las cosas por cuarto de kilo: la yerba, los fideos, el azúcar, todo de a poquito, porque no alcanzaba para más, incluso, el pan se compraba ‘oreado’”, recordó don Chicho y explicó la diferencia de comprar el pan del día y el pan de ayer, todo un símbolo de lo que significaba para algunas familias vivir ‘al día’. Salir a trabajar desde chico significó para este canillita un esfuerzo grande, pero también relegar el estudio y la época de juegos. Aún así, al día de hoy, Francisco conserva amigos de su infancia, como es el caso de Antonio, quien también aportó datos a las anécdotas que don Chicho relata.


Trabajo duro, ganancia magra

“La vida del vendedor de diarios era muy dura en esa época porque las empresas explotaban al vendedor. El diario costaba 5 centavos pero a nosotros nos daban un centavo y medio por cada diario vendido y no nos aceptaban la devolución de los ejemplares que no vendíamos”, explicó Chicho y agregó: “Al asumir Perón, obligó a las empresas a darnos el 50% del valor del diario y a que se nos recibiera toda la devolución, si no se la terminábamos vendiendo por kilo a los carniceros. Y a veces, para salvar un poco el costo, vendíamos dos diarios por 5 centavos en el tranvía. En el 46 se armó la explosión y pudimos salir de la pobreza, de los remiendos, comprarnos una heladera y vivir honorablemente, porque nuestra ropa en esa época era más remiendo que la tela original. Una pobreza extrema”, recordó.


Pasado y presente sindical

“Yo he sido candidato a secretario general del Sindicato de Canillitas y perdí una elección por 5 votos. En esa época, mi señora se enfermó y me fui a Buenos Aires con ella en búsqueda de una solución médica y la persona que dejé acá me traicionó”, relató con firmeza, la misma que tiene para hablar de “verdadera militancia” de una causa y no de la que se ve por estos días bajo la misma denominación. “¿Qué es eso de tener tantos feriados? Para mejorar las cosas hay que trabajar, trabajar y trabajar, no hay otra opción”, asegura Francisco.


Su interés por hacer de la venta de diarios un trabajo digno no era una cuestión individual, por lo que este canillita, que a su edad y ya jubilado, sigue repartiendo diarios, se involucró en la defensa de los derechos de sus pares desde muy joven, actividad que al día de hoy sigue desarrollando, ya que desde hace tiempo es el presidente de la Agrupación Gremial 17 de Octubre, a través de la cual sigue canalizando inquietudes con la única finalidad de hacer de la vida del canillita un trabajo digno.


La charla se ve varias veces interrumpida por amigos que llegan al bar y lo saludan, pero también por quienes, sin percibir que se trata de una nota, le hacen consultas acerca de tal o cual tema barrial. Sucede que don Chicho no pasa desapercibido, es un dirigente barrial y presidente de la unión vecinal Villa Emilia, desde la cual trabaja por la comunidad.


“En la unión vecinal siempre estamos trabajando para que el barrio nuestro sea el mejor, el más bonito, los vecinos sean los más amables, los jóvenes los más educados. Ese es el trabajo que estamos haciendo. Hace 20 años que estoy en la unión vecinal pero volví fuerte hace 3 años y, de a poquito, estamos haciéndola caminar con gran apoyo del intendente”, contó agradecido y lleno de proyectos por materializar. “Los presidentes de las uniones vecinales deberían ser los concejales”, resumió el hombre, teniendo en cuenta que son los que conocen más de cerca las necesidades de sus comunidades.


Amante de Godoy Cruz

Si bien su primer punto de venta, cuando era sólo un niño, fue la esquina de Primitivo de la Reta y Alem, su historia continuó desarrollándose en el departamento de Godoy Cruz, ya que poco tiempo después se instaló con la venta de diarios enfrente de la Municipalidad.


Ante la pregunta sobre la importancia que tiene para él su departamento, don Chicho hace memoria y repasa momentos importantes de su historia, que también es la de su lugar: “Jugué en el primer campeonato Evita y salimos campeones con Boca, que era el club del barrio. Después me incorporé a las inferiores de Godoy Cruz y llegué a jugar en primera. Jugué muchos años hasta que dejamos de estar en la calle Castelli y Las Heras”.


Francisco habló de las clásicas tómbolas en la plaza departamental y un golpe de suerte que le hizo ganar $700, con lo que pudo terminar su casa. También detalló los bailes a los que iban con sus amigos del barrio, con el Club Belgrano como escenario del principio de la historia de amor y compañerismo que lo uniría a Norma, su esposa; el nacimiento de sus hijos, nietos y bisnietos, los mismos que lo acompañaron hace un año atrás cuando la Municipalidad lo declaró ‘Vecino Honorable del departamento’ y donde las palabras del intendente Alfredo Cornejo quedaron grabadas a fuego en su lúcida memoria.


“En la sesión, el intendente dijo: ‘Señores, ustedes no saben todo lo que hemos aprendido de este hombre. Miren la edad que tiene y sigue trabajando’. Acto seguido alguien gritó de la tribuna: ‘¡Bravo, Chicho!’”, relató el canillita. Era uno de sus bisnietos, orgulloso.


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La cita se da en Godoy Cruz, y Francisco Chicho Rodríguez elige para charlar con El Ciudadano el mismo bar que elige cada día para pasar tiempo con sus amigos de la infancia, otros de la juventud, ex jugadores del Tomba con los que compartió equipo y también personas que recurren a él cuando necesitan “solucionar algún inconveniente barrial”.

Don Chicho es una de las personas más conocidas de Godoy Cruz, no sólo por ser un canillita emblemático (que a sus 82 años sigue haciendo el reparto de diarios en bicicleta), sino también por ser un referente social, gremial y presidente de la unión vecinal de su barrio de toda la vida.

¡Extra, extra!
Corría el año 1944 y la provincia de San Juan atravesaba uno de los momentos más dolorosos de su historia, el terremoto se había cobrado la vida de más de 5.000 personas, otras tantas necesitaban atención médica por lo que Mendoza abrió las puertas de su flamante Hospital Central, que aún sin estar terminado, comenzó a recibir cientos de heridos, saldo de esa tragedia. De esta y otras calamidades hablaba el primer diario que Francisco tuvo que vender, y ese fue el inicio de su vida como canillita cuando aún era un niño.

Don Chicho fue dejado al cuidado de una tía cuando tenía sólo 4 años. “Mi tía hizo pareja con un canillita que se llamaba Clemente Chavez, él vendía los diarios del 1900 y fue quien me enseñó el oficio y, sobre todo, me enseñó lo que he sido durante mi vida: buena persona, hacer las cosas bien, no tomar alcohol, no fumar y todas las cosas buenas. Mi tía y Clemente fueron mis padres, estuve con ellos hasta que murieron”, relató el hombre con enorme agradecimiento hacia quienes lo cuidaron desde pequeño.

La casa donde vivía era grande, como para albergarlo a él y también a sus primas, pero la pobreza también era grande. “La gente compraba las cosas por cuarto de kilo: la yerba, los fideos, el azúcar, todo de a poquito, porque no alcanzaba para más, incluso, el pan se compraba ‘oreado’”, recordó don Chicho y explicó la diferencia de comprar el pan del día y el pan de ayer, todo un símbolo de lo que significaba para algunas familias vivir ‘al día’. Salir a trabajar desde chico significó para este canillita un esfuerzo grande, pero también relegar el estudio y la época de juegos. Aún así, al día de hoy, Francisco conserva amigos de su infancia, como es el caso de Antonio, quien también aportó datos a las anécdotas que don Chicho relata.

Trabajo duro, ganancia magra
“La vida del vendedor de diarios era muy dura en esa época porque las empresas explotaban al vendedor. El diario costaba 5 centavos pero a nosotros nos daban un centavo y medio por cada diario vendido y no nos aceptaban la devolución de los ejemplares que no vendíamos”, explicó Chicho y agregó: “Al asumir Perón, obligó a las empresas a darnos el 50% del valor del diario y a que se nos recibiera toda la devolución, si no se la terminábamos vendiendo por kilo a los carniceros. Y a veces, para salvar un poco el costo, vendíamos dos diarios por 5 centavos en el tranvía. En el 46 se armó la explosión y pudimos salir de la pobreza, de los remiendos, comprarnos una heladera y vivir honorablemente, porque nuestra ropa en esa época era más remiendo que la tela original. Una pobreza extrema”, recordó.

Pasado y presente sindical
“Yo he sido candidato a secretario general del Sindicato de Canillitas y perdí una elección por 5 votos. En esa época, mi señora se enfermó y me fui a Buenos Aires con ella en búsqueda de una solución médica y la persona que dejé acá me traicionó”, relató con firmeza, la misma que tiene para hablar de “verdadera militancia” de una causa y no de la que se ve por estos días bajo la misma denominación. “¿Qué es eso de tener tantos feriados? Para mejorar las cosas hay que trabajar, trabajar y trabajar, no hay otra opción”, asegura Francisco.

Su interés por hacer de la venta de diarios un trabajo digno no era una cuestión individual, por lo que este canillita, que a su edad y ya jubilado, sigue repartiendo diarios, se involucró en la defensa de los derechos de sus pares desde muy joven, actividad que al día de hoy sigue desarrollando, ya que desde hace tiempo es el presidente de la Agrupación Gremial 17 de Octubre, a través de la cual sigue canalizando inquietudes con la única finalidad de hacer de la vida del canillita un trabajo digno.

La charla se ve varias veces interrumpida por amigos que llegan al bar y lo saludan, pero también por quienes, sin percibir que se trata de una nota, le hacen consultas acerca de tal o cual tema barrial. Sucede que don Chicho no pasa desapercibido, es un dirigente barrial y presidente de la unión vecinal Villa Emilia, desde la cual trabaja por la comunidad.

“En la unión vecinal siempre estamos trabajando para que el barrio nuestro sea el mejor, el más bonito, los vecinos sean los más amables, los jóvenes los más educados. Ese es el trabajo que estamos haciendo. Hace 20 años que estoy en la unión vecinal pero volví fuerte hace 3 años y, de a poquito, estamos haciéndola caminar con gran apoyo del intendente”, contó agradecido y lleno de proyectos por materializar. “Los presidentes de las uniones vecinales deberían ser los concejales”, resumió el hombre, teniendo en cuenta que son los que conocen más de cerca las necesidades de sus comunidades.

Amante de Godoy Cruz
Si bien su primer punto de venta, cuando era sólo un niño, fue la esquina de Primitivo de la Reta y Alem, su historia continuó desarrollándose en el departamento de Godoy Cruz, ya que poco tiempo después se instaló con la venta de diarios enfrente de la Municipalidad.

Ante la pregunta sobre la importancia que tiene para él su departamento, don Chicho hace memoria y repasa momentos importantes de su historia, que también es la de su lugar: “Jugué en el primer campeonato Evita y salimos campeones con Boca, que era el club del barrio. Después me incorporé a las inferiores de Godoy Cruz y llegué a jugar en primera. Jugué muchos años hasta que dejamos de estar en la calle Castelli y Las Heras”.

Francisco habló de las clásicas tómbolas en la plaza departamental y un golpe de suerte que le hizo ganar $700, con lo que pudo terminar su casa. También detalló los bailes a los que iban con sus amigos del barrio, con el Club Belgrano como escenario del principio de la historia de amor y compañerismo que lo uniría a Norma, su esposa; el nacimiento de sus hijos, nietos y bisnietos, los mismos que lo acompañaron hace un año atrás cuando la Municipalidad lo declaró ‘Vecino Honorable del departamento’ y donde las palabras del intendente Alfredo Cornejo quedaron grabadas a fuego en su lúcida memoria.

“En la sesión, el intendente dijo: ‘Señores, ustedes no saben todo lo que hemos aprendido de este hombre. Miren la edad que tiene y sigue trabajando’. Acto seguido alguien gritó de la tribuna: ‘¡Bravo, Chicho!’”, relató el canillita. Era uno de sus bisnietos, orgulloso.

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