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Por Redacción

El 75% de los ‘ni-ni’ son mujeres



Una buena parte del imaginario colectivo sobre los que no estudian ni trabajan habla de adolescentes vagos vinculados con el consumo de drogas y el delito. Sin embargo, la mayoría de los ‘ni-ni’ en Mendoza son jóvenes mujeres que mantienen un hogar con niños pequeños.

La estadística, inicialmente creada en el año 2005 por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) ante la necesidad de medir la gran cantidad de jóvenes que se pasaban el día sin hacer nada, hoy da un giro rotundo y refleja una triste realidad: la mujer en Mendoza sigue siendo víctima de la discriminación por género.

Lo cierto es que el mismo estudio pero con nueve años de diferencia asegura que El 75% de los ‘ni-ni’ de Mendoza son mujeres que realizan tareas domésticas, de cuidado y por lo general habitan en hogares con menores de edad presentes. De este total, el 41% son madres, con hijos de 3 a 4 años promedio.

Evidentemente, la base de la problemática es social y habla de diferenciación arbitraria por género, sin embargo, Fabián Reppetto, director del Programa de Protección Social, también le endilga responsabilidad a la falta de políticas que ataquen el problema.

“Los niños aún no están en edad escolar y requieren de cuidado, lo que podría explicar la dificultad de dedicar tiempo a estudiar o trabajar. Esto evidencia la necesidad de políticas de cuidado, específicamente dirigidas a los más jóvenes”, explicó Fabián Repetto.

Según el trabajo de CIPPEC, existe un consenso alrededor de la idea de que no hay una juventud, sino juventudes. Los jóvenes son un grupo heterogéneo cuyo ‘nosotros’ no se define meramente por la edad y se conforma alrededor de diferentes modos de integración.

Así, volviendo a las chicas, el grupo más afectado, aquellas ‘ocupadas’ tienen trabajos de baja calidad. De acuerdo al informe, el 44% de las jóvenes mendocinas están ocupadas. De ese total, el 56% tiene un nivel de educación igual o superior al secundario completo. En cambio, el 21% de las que alcanzaron la mayoría de edad no terminaron el secundario, por quedarse embarazadas. Pero tampoco consiguieron trabajo porque es sabido que la mayoría de los empleadores prefiere no contratar mujeres y mucho menos con hijos chicos.

Mientras tanto, el 23% de las jóvenes con trabajo percibe un salario menor al mínimo, vital y móvil, y el porcentaje promedio de asalariados informales asciende al 52% entre los adolescentes y jóvenes adultas.


Juventud desamparada

El análisis de CIPPEC señala que las políticas dirigidas a la juventud no tienen un marco normativo consistente. “La Argentina no adhirió a la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes, y el país no tiene una ley nacional de juventud, como sí sucede en otros países de la región”, afirmó Repetto.

Por otro lado, las instituciones y políticas dirigidas a los jóvenes están fragmentadas y descoordinadas entre sectores y niveles de gobierno. Además, las políticas se centran casi exclusivamente en los aspectos educativos y laborales, y dejan de lado otras problemáticas que evidentemente inciden en las juventudes, como la salud sexual, la vivienda y el cuidado./ Orlando Tirapu


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El 75% de los ‘ni-ni’ son mujeres

Una buena parte del imaginario colectivo sobre los que no estudian ni trabajan habla de adolescentes vagos vinculados con el consumo de drogas y el delito. Sin embargo, la mayoría de los ‘ni-ni’ en Mendoza son jóvenes mujeres que mantienen un hogar con niños pequeños.
La estadística, inicialmente creada en el año 2005 por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) ante la necesidad de medir la gran cantidad de jóvenes que se pasaban el día sin hacer nada, hoy da un giro rotundo y refleja una triste realidad: la mujer en Mendoza sigue siendo víctima de la discriminación por género.
Lo cierto es que el mismo estudio pero con nueve años de diferencia asegura que El 75% de los ‘ni-ni’ de Mendoza son mujeres que realizan tareas domésticas, de cuidado y por lo general habitan en hogares con menores de edad presentes. De este total, el 41% son madres, con hijos de 3 a 4 años promedio.
Evidentemente, la base de la problemática es social y habla de diferenciación arbitraria por género, sin embargo, Fabián Reppetto, director del Programa de Protección Social, también le endilga responsabilidad a la falta de políticas que ataquen el problema.
“Los niños aún no están en edad escolar y requieren de cuidado, lo que podría explicar la dificultad de dedicar tiempo a estudiar o trabajar. Esto evidencia la necesidad de políticas de cuidado, específicamente dirigidas a los más jóvenes”, explicó Fabián Repetto.
Según el trabajo de CIPPEC, existe un consenso alrededor de la idea de que no hay una juventud, sino juventudes. Los jóvenes son un grupo heterogéneo cuyo ‘nosotros’ no se define meramente por la edad y se conforma alrededor de diferentes modos de integración.
Así, volviendo a las chicas, el grupo más afectado, aquellas ‘ocupadas’ tienen trabajos de baja calidad. De acuerdo al informe, el 44% de las jóvenes mendocinas están ocupadas. De ese total, el 56% tiene un nivel de educación igual o superior al secundario completo. En cambio, el 21% de las que alcanzaron la mayoría de edad no terminaron el secundario, por quedarse embarazadas. Pero tampoco consiguieron trabajo porque es sabido que la mayoría de los empleadores prefiere no contratar mujeres y mucho menos con hijos chicos.
Mientras tanto, el 23% de las jóvenes con trabajo percibe un salario menor al mínimo, vital y móvil, y el porcentaje promedio de asalariados informales asciende al 52% entre los adolescentes y jóvenes adultas.

Juventud desamparada
El análisis de CIPPEC señala que las políticas dirigidas a la juventud no tienen un marco normativo consistente. “La Argentina no adhirió a la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes, y el país no tiene una ley nacional de juventud, como sí sucede en otros países de la región”, afirmó Repetto.
Por otro lado, las instituciones y políticas dirigidas a los jóvenes están fragmentadas y descoordinadas entre sectores y niveles de gobierno. Además, las políticas se centran casi exclusivamente en los aspectos educativos y laborales, y dejan de lado otras problemáticas que evidentemente inciden en las juventudes, como la salud sexual, la vivienda y el cuidado./ Orlando Tirapu

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