Dos caras políticas con profundas diferencias
Cargando...
Por Redacción
publicidad"

Dos caras políticas con profundas diferencias



Son aliados y ganaron hace un año las elecciones que marcaron el fin de una era política para el país y el cambio de administración que implica la alternancia en el poder, en la provincia. A uno le costó alcanzar la primera magistratura y en segunda vuelta finalmente su destino fue el sillón de Rivadavia. El otro alcanzó el sillón de San Martín con apabullante cosecha electoral en las PASO y en las generales, respectivamente. Si bien ambos tuvieron acuerdos electorales y en muchos puntos programáticos, cada uno siguió los pasos de sus convencimientos políticos doctrinarios cuyos basamentos son diametralmente opuestos. Aunque esto último nunca estuvo en la superficie de mostrar diferencias, porque el país y la provincia requerían (¿requieren?) de políticas abiertas a las soluciones por aplicar en los aspectos graves que envuelven a la economía, a la amplia gama de la producción nacional y esencialmente a la ciudadanía.


A pesar de todo lo descripto y a poco de andar los primeros tiempos de los nuevos gobiernos, surgió la primera señal que entre ambos había profundas diferencias de administrar, de gestionar y de ejecutar. Tres puntos que solo son unidos y llevados correctamente con raigambre de liderazgo.


Entonces y mientras Mauricio Macri comenzaba a mostrar un cúmulo de determinaciones que en un principio se ajustaban a los compromisos de campaña, Alfredo Cornejo hacía lo propio en una Mendoza endeudada, crítica y en las puertas de un conflicto social en sus calles. Al primero desde la macroeconomía se lo observaba con el entusiasmo de esas medidas que desataron inmerecidas ataduras económicas, financieras y productivas. Cuestión que dio inmediato resultado, que hicieron pensar que el país iba a una paulatina y sostenida recuperación. Recuperación que sorprendentemente no se ha prolongado más allá de todo razonamiento producto quizá, de que el gobierno no pudo controlar el alza inflacionaria, el sostenido crecimiento de la pobreza, de la desocupación, del cierre de pymes, comercios y nula reactivación de sectores industriales y de la construcción. Fundamentalmente porque mostró un índisimulado modo dubitativo en la toma de decisiones a la hora de enfrentar los graves problemas descriptos y aquellos sectores empresarios y financistas que colaboraron desde la especulación para alimentar ese combo explosivo que componen inflación y recesión. Mientras tanto en la provincia Alfredo Cornejo debió tomar determinaciones que no fueron del agrado ni de su entorno político, que sin embargo acompañó “sin chistar”, mucho menos de sectores sociales, gremiales y de la oposición. Esta última sin embargo también acompañó sopesa de turbulencia internas que se vieron en que cada punto que consensuaron con el oficialismo, sobre todo propuestas parlamentarias. El desastre económico y financiero, que había dejado la administración de Francisco Pérez y la apabullante derrota electoral en cada uno de los ocho (8) actos electorales que sufragaron los mendocinos a lo largo del 2015, fueron motivos más que suficientes para que aflorara el sinceramiento por parte de un grueso de la oposición en ese acompañamiento en todo lo decidido por la administración del Frente Cambia Mendoza en el primer año de gestión. Pero allí surge otro aspecto “muy visible” que colocó como sello distintivo Alfredo Cornejo, “saber congratular soluciones y profundos diálogos políticos con todos los intendentes”. Jefes comunales en cuyos municipios las finanzas se presentaban muy difíciles, por deudas y obras detenidas que mostraban un desolador panorama.  Cornejo utilizando una aceitada muñeca política, comenzó a responder a cada uno de los requerimientos de los caciques municipales. Una cuestión que tuvo inmediato rebote en un cúmulo de medidas que necesitaban acuerdo parlamentario. Aunque allí también se demostró que no todo está a pedir de boca del gobernador. Porque si bien es cierto que los números le dan en las dos cámaras legislativas, se presentaron algunas cuestiones que no estaban en los estudios previos de la gestión, como el “comportamiento rebelde de integrantes del propio bloque Cambia Mendoza”. Punto que se notó en el reñido tratamiento del ítem aula, cobro de impuestos y otras cuestiones claves para los primeros tiempos de la administración Cornejo.


El presidente Mauricio Macri hace las evaluaciones del primer año de gobierno, en el medio de fuertes turbulencias que envuelven acechos políticos de toda índole que hace caer como catarata una oposición que mostró transitoria unión con el tema ganancias. Con problemas estructurales económicos y financieros muy duros que no permiten esa anhelada y “mil veces” anunciada recuperación de la economía nacional. Siendo esto último el nudo central de los problemas que enfrente Cambiemos, porque involucra el 90 % de la inversión, trabajo y crecimiento de todos los sectores de la producción agropecuaria e industrial del país. Sectores que vienen oprimidos por años, fundamentalmente con la aplicación en los últimos tiempos de aquellos planes sociales, políticos y electorales que los expulsaba de todo objetivo de prioridades de estado.


Las evaluaciones que deja entrever la vidriera política de aquí y de allá muestra al descubierto sin disimulo el poder de determinación y de liderazgo. Porque mientras el presidente Mauricio Macri expone lentitud y algunos desaciertos en decisiones claves de la gestión, producto de tener en su entorno esa mezcla de hombres de la políticas, por un lado; visión y ejecutividad de los CEO, por otro. El gobernador Alfredo Cornejo exhibe liderazgo absoluto, porque ni en su entorno,  ni en la Legislatura nadie cuestiona sus decisiones de estado. Incluso, el acompañamiento viene de sectores opositores, empresarios, productivos y sociales. Para los observadores de la política mendocina, todo esto es producto que asumió el PEP concretando fuertes determinaciones, que a nadie consultó y mucho menos dilató en ejecutarlas.


El primer mandatario de la nación está deteniendo por estos días una amenazante convulsión social por las calles del país. Consecuencia directa de escuchar a su ala política, de bajar fuerte asistencia a organizaciones sociales y piqueteras y de no haber cerrado el diálogo directo con los popes de la CGT. Esta última es la ventaja sobre el gobernador mendocino, quien a su vez está (por ahora) muy lejos de hacer pié de diálogo alguno con organizaciones sociales y gremiales locales que ya están en la calle resistiendo algunas medidas. Y, aunque dicha resistencia no alcanzan la magnitud de otros tiempos, nadie puede negar que ese es el talón de Aquiles de la administración del Frente Cambia Mendoza. Allí, donde muchos sectores que hacen a la vida de la provincia dicen que Alfredo Cornejo debería coronar su gestión de gobierno. Demostrando sus concepto de “eficiencia del estado” y de concluir con un poder no convencional que fue creciendo con el tiempo y por los avatares políticos económicos, donde ningún gobernador pudo hacer pié, mucho menos descomprimir.


Muchos en el país y la provincia miran el 2017, el grueso de los ciudadanos los tiempos que vienen. Todos, indefectiblemente observando a Mauricio Macri y a Alfredo Cornejo por lo que hagan en las soluciones de los delicados problemas que envuelven la vida de los habitantes. Aunque todos ya saben que son dos caras, con profundas diferencias.


comentarios

Compartir en facebook
Compartir en twitter

Dos caras políticas con profundas diferencias

Son aliados y ganaron hace un año las elecciones que marcaron el fin de una era política para el país y el cambio de administración que implica la alternancia en el poder, en la provincia. A uno le costó alcanzar la primera magistratura y en segunda vuelta finalmente su destino fue el sillón de Rivadavia. El otro alcanzó el sillón de San Martín con apabullante cosecha electoral en las PASO y en las generales, respectivamente. Si bien ambos tuvieron acuerdos electorales y en muchos puntos programáticos, cada uno siguió los pasos de sus convencimientos políticos doctrinarios cuyos basamentos son diametralmente opuestos. Aunque esto último nunca estuvo en la superficie de mostrar diferencias, porque el país y la provincia requerían (¿requieren?) de políticas abiertas a las soluciones por aplicar en los aspectos graves que envuelven a la economía, a la amplia gama de la producción nacional y esencialmente a la ciudadanía.

A pesar de todo lo descripto y a poco de andar los primeros tiempos de los nuevos gobiernos, surgió la primera señal que entre ambos había profundas diferencias de administrar, de gestionar y de ejecutar. Tres puntos que solo son unidos y llevados correctamente con raigambre de liderazgo.

Entonces y mientras Mauricio Macri comenzaba a mostrar un cúmulo de determinaciones que en un principio se ajustaban a los compromisos de campaña, Alfredo Cornejo hacía lo propio en una Mendoza endeudada, crítica y en las puertas de un conflicto social en sus calles. Al primero desde la macroeconomía se lo observaba con el entusiasmo de esas medidas que desataron inmerecidas ataduras económicas, financieras y productivas. Cuestión que dio inmediato resultado, que hicieron pensar que el país iba a una paulatina y sostenida recuperación. Recuperación que sorprendentemente no se ha prolongado más allá de todo razonamiento producto quizá, de que el gobierno no pudo controlar el alza inflacionaria, el sostenido crecimiento de la pobreza, de la desocupación, del cierre de pymes, comercios y nula reactivación de sectores industriales y de la construcción. Fundamentalmente porque mostró un índisimulado modo dubitativo en la toma de decisiones a la hora de enfrentar los graves problemas descriptos y aquellos sectores empresarios y financistas que colaboraron desde la especulación para alimentar ese combo explosivo que componen inflación y recesión. Mientras tanto en la provincia Alfredo Cornejo debió tomar determinaciones que no fueron del agrado ni de su entorno político, que sin embargo acompañó “sin chistar”, mucho menos de sectores sociales, gremiales y de la oposición. Esta última sin embargo también acompañó sopesa de turbulencia internas que se vieron en que cada punto que consensuaron con el oficialismo, sobre todo propuestas parlamentarias. El desastre económico y financiero, que había dejado la administración de Francisco Pérez y la apabullante derrota electoral en cada uno de los ocho (8) actos electorales que sufragaron los mendocinos a lo largo del 2015, fueron motivos más que suficientes para que aflorara el sinceramiento por parte de un grueso de la oposición en ese acompañamiento en todo lo decidido por la administración del Frente Cambia Mendoza en el primer año de gestión. Pero allí surge otro aspecto “muy visible” que colocó como sello distintivo Alfredo Cornejo, “saber congratular soluciones y profundos diálogos políticos con todos los intendentes”. Jefes comunales en cuyos municipios las finanzas se presentaban muy difíciles, por deudas y obras detenidas que mostraban un desolador panorama.  Cornejo utilizando una aceitada muñeca política, comenzó a responder a cada uno de los requerimientos de los caciques municipales. Una cuestión que tuvo inmediato rebote en un cúmulo de medidas que necesitaban acuerdo parlamentario. Aunque allí también se demostró que no todo está a pedir de boca del gobernador. Porque si bien es cierto que los números le dan en las dos cámaras legislativas, se presentaron algunas cuestiones que no estaban en los estudios previos de la gestión, como el “comportamiento rebelde de integrantes del propio bloque Cambia Mendoza”. Punto que se notó en el reñido tratamiento del ítem aula, cobro de impuestos y otras cuestiones claves para los primeros tiempos de la administración Cornejo.

El presidente Mauricio Macri hace las evaluaciones del primer año de gobierno, en el medio de fuertes turbulencias que envuelven acechos políticos de toda índole que hace caer como catarata una oposición que mostró transitoria unión con el tema ganancias. Con problemas estructurales económicos y financieros muy duros que no permiten esa anhelada y “mil veces” anunciada recuperación de la economía nacional. Siendo esto último el nudo central de los problemas que enfrente Cambiemos, porque involucra el 90 % de la inversión, trabajo y crecimiento de todos los sectores de la producción agropecuaria e industrial del país. Sectores que vienen oprimidos por años, fundamentalmente con la aplicación en los últimos tiempos de aquellos planes sociales, políticos y electorales que los expulsaba de todo objetivo de prioridades de estado.

Las evaluaciones que deja entrever la vidriera política de aquí y de allá muestra al descubierto sin disimulo el poder de determinación y de liderazgo. Porque mientras el presidente Mauricio Macri expone lentitud y algunos desaciertos en decisiones claves de la gestión, producto de tener en su entorno esa mezcla de hombres de la políticas, por un lado; visión y ejecutividad de los CEO, por otro. El gobernador Alfredo Cornejo exhibe liderazgo absoluto, porque ni en su entorno,  ni en la Legislatura nadie cuestiona sus decisiones de estado. Incluso, el acompañamiento viene de sectores opositores, empresarios, productivos y sociales. Para los observadores de la política mendocina, todo esto es producto que asumió el PEP concretando fuertes determinaciones, que a nadie consultó y mucho menos dilató en ejecutarlas.

El primer mandatario de la nación está deteniendo por estos días una amenazante convulsión social por las calles del país. Consecuencia directa de escuchar a su ala política, de bajar fuerte asistencia a organizaciones sociales y piqueteras y de no haber cerrado el diálogo directo con los popes de la CGT. Esta última es la ventaja sobre el gobernador mendocino, quien a su vez está (por ahora) muy lejos de hacer pié de diálogo alguno con organizaciones sociales y gremiales locales que ya están en la calle resistiendo algunas medidas. Y, aunque dicha resistencia no alcanzan la magnitud de otros tiempos, nadie puede negar que ese es el talón de Aquiles de la administración del Frente Cambia Mendoza. Allí, donde muchos sectores que hacen a la vida de la provincia dicen que Alfredo Cornejo debería coronar su gestión de gobierno. Demostrando sus concepto de “eficiencia del estado” y de concluir con un poder no convencional que fue creciendo con el tiempo y por los avatares políticos económicos, donde ningún gobernador pudo hacer pié, mucho menos descomprimir.

Muchos en el país y la provincia miran el 2017, el grueso de los ciudadanos los tiempos que vienen. Todos, indefectiblemente observando a Mauricio Macri y a Alfredo Cornejo por lo que hagan en las soluciones de los delicados problemas que envuelven la vida de los habitantes. Aunque todos ya saben que son dos caras, con profundas diferencias.

comentarios

Descargate nuestra App!

imagen imagen
imagen imagen
Login