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Por Redacción
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“Dor-Dor”, la técnica de conquista en Irán



Ante la ausencia de bares, discotecas o lugares donde hombres y mujeres solteros puedan legalmente estar juntos e interactuar en compañía, a los jóvenes iraníes sólo les queda el recurso del “Dor-Dor”, un elaborado y extendido recurso para encontrar pareja ocasional que sortea la rígida moral de la República Islámica.


Un auto, un amigo o amiga y, en los últimos tiempos, la inestimable ayuda de un teléfono inteligente, son los ingredientes básicos para esta práctica que también requiere mucho combustible y una tolerancia absoluta para pasar horas y horas en un descomunal embotellamiento de tráfico.


Y es que el “Dor-Dor”, que en persa significa algo así como “vuelta-vuelta”, consiste literalmente en eso: encerrarse en un vehículo y dar vueltas durante horas casi a paso de hombre, calle arriba y calle abajo en un circuito establecido para mirar, ser visto e intercambiar palabras, mensajes y números de teléfono con otros participantes del ritual a través de las ventanillas del auto.


La práctica evita el contacto directo entre personas de distinto sexo y excluye la posibilidad de quedar a solas, si bien también ofrece cierta intimidad y una buena excusa, estar atascado en el tráfico, ante cualquier pregunta inquisidora de las autoridades.


En las calles del norte de Teherán, donde abundan el dinero y los autos caros, es muy fácil encontrar el lugar de moda para el “Dor-Dor”, y basta con fijarse en los rostros y la actitud de los conductores para saber si uno está en el lugar indicado.


Las jóvenes iraníes salen a pasear en sus coches maquilladas como para ir de boda y conducen indolentemente tras la pantalla de unas gafas de sol último modelo, vestidas con sus mejores galas, escuchando música y charlando alegremente con su compañera de auto. Los hombres, acicalados, afeitados y luciendo costosos relojes y otros accesorios de moda fáciles de observar desde la distancia, también se arrojan al tráfico mientras música electrónica o Enrique Iglesias, teóricamente prohibidos en Irán, tronan en los altavoces de sus estéreos.


“El juego es fácil. Uno ve un coche que le gusta, y se acerca. Las chicas van con la ventanilla subida. Los hombres no. Si las chicas bajan la ventanilla, es que le has gustado y allí comienzas a hablar. Se hacen bromas, se charla y se intercambian los teléfonos”, explicó a Efe un joven teheraní que, como todos los que fueron consultados por este tema, no quiso dar su nombre.



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“Dor-Dor”, la técnica de conquista en Irán

Ante la ausencia de bares, discotecas o lugares donde hombres y mujeres solteros puedan legalmente estar juntos e interactuar en compañía, a los jóvenes iraníes sólo les queda el recurso del “Dor-Dor”, un elaborado y extendido recurso para encontrar pareja ocasional que sortea la rígida moral de la República Islámica.

Un auto, un amigo o amiga y, en los últimos tiempos, la inestimable ayuda de un teléfono inteligente, son los ingredientes básicos para esta práctica que también requiere mucho combustible y una tolerancia absoluta para pasar horas y horas en un descomunal embotellamiento de tráfico.

Y es que el “Dor-Dor”, que en persa significa algo así como “vuelta-vuelta”, consiste literalmente en eso: encerrarse en un vehículo y dar vueltas durante horas casi a paso de hombre, calle arriba y calle abajo en un circuito establecido para mirar, ser visto e intercambiar palabras, mensajes y números de teléfono con otros participantes del ritual a través de las ventanillas del auto.

La práctica evita el contacto directo entre personas de distinto sexo y excluye la posibilidad de quedar a solas, si bien también ofrece cierta intimidad y una buena excusa, estar atascado en el tráfico, ante cualquier pregunta inquisidora de las autoridades.

En las calles del norte de Teherán, donde abundan el dinero y los autos caros, es muy fácil encontrar el lugar de moda para el “Dor-Dor”, y basta con fijarse en los rostros y la actitud de los conductores para saber si uno está en el lugar indicado.

Las jóvenes iraníes salen a pasear en sus coches maquilladas como para ir de boda y conducen indolentemente tras la pantalla de unas gafas de sol último modelo, vestidas con sus mejores galas, escuchando música y charlando alegremente con su compañera de auto. Los hombres, acicalados, afeitados y luciendo costosos relojes y otros accesorios de moda fáciles de observar desde la distancia, también se arrojan al tráfico mientras música electrónica o Enrique Iglesias, teóricamente prohibidos en Irán, tronan en los altavoces de sus estéreos.

“El juego es fácil. Uno ve un coche que le gusta, y se acerca. Las chicas van con la ventanilla subida. Los hombres no. Si las chicas bajan la ventanilla, es que le has gustado y allí comienzas a hablar. Se hacen bromas, se charla y se intercambian los teléfonos”, explicó a Efe un joven teheraní que, como todos los que fueron consultados por este tema, no quiso dar su nombre.

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