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Por Redacción

Federer: rey sin corona



Como nunca este espacio, tuvo tantos temas para cubrir de líneas. La victoria de Godoy Cruz en el clásico cuyano,del triunfo de Independiente en Puerto Madryn o la sonrisa de los hinchas del lobo luego de la goleada en el Legrotaglie. También podría haberle dedicado este espacio a la particular fecha de los clásicos del mamarracho de Torneo de primera división y ¿Por qué no? A la clasificación de la selección argentina de básquet a los Juegos de Río.
Sin embargo, y de manera muy antojadiza, casi caprichosa hoy estas líneas estarán dedicadas a dos artistas. O mejor dicho al arte del deporte.


En el court central de Flashing Meadows, dos gigantes del deporte expusieron la mejor de sus obras por más de dos horas. Concentración al máximo y la asombrosa combinación de pensamiento en ejecución de dos cuerpos que transpiran talento. El revés a una mano del suizo es comparable con las pinceladas de Miguel Ángel para pintar la capilla sixtina. Del otro lado de la red la fortaleza y el pragmatismo de un gladiador, sin carisma, pero con el instinto depredador de la más feroz de las bestias.


Roger y Novak esparcieron por todo el Artur Ash su fuente inagotable de talento, el presente y la leyenda dejaron escrito, uno de los más importantes capítulos de la historia del Abierto de los Estados Unidos. Los hechos marcan que la final fue para el serbio que consiguió así su 10 título de Grand Slam, pero aquellos que tuvimos el privilegio de ser testigos, recordaremos esta final como uno de los duelos psicológicos más extraordinarios que el deporte moderno a entregado en los últimos tiempos. En un desafío frente al rival y a los propios límites. Exponiendo al limite todo lo aprendido, durante años, en la alta competencia pero conservando el espíritu más importante del juego competir y ganar.


Djokovic se lleva el premio pero no la gloria. Federer, el preferido de todos, es por esta vez el Rey sin corona. A ambos gracias.


Por Gabriel Landart – Diario El Ciudadano on line


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Federer: rey sin corona

Como nunca este espacio, tuvo tantos temas para cubrir de líneas. La victoria de Godoy Cruz en el clásico cuyano,del triunfo de Independiente en Puerto Madryn o la sonrisa de los hinchas del lobo luego de la goleada en el Legrotaglie. También podría haberle dedicado este espacio a la particular fecha de los clásicos del mamarracho de Torneo de primera división y ¿Por qué no? A la clasificación de la selección argentina de básquet a los Juegos de Río.
Sin embargo, y de manera muy antojadiza, casi caprichosa hoy estas líneas estarán dedicadas a dos artistas. O mejor dicho al arte del deporte.

En el court central de Flashing Meadows, dos gigantes del deporte expusieron la mejor de sus obras por más de dos horas. Concentración al máximo y la asombrosa combinación de pensamiento en ejecución de dos cuerpos que transpiran talento. El revés a una mano del suizo es comparable con las pinceladas de Miguel Ángel para pintar la capilla sixtina. Del otro lado de la red la fortaleza y el pragmatismo de un gladiador, sin carisma, pero con el instinto depredador de la más feroz de las bestias.

Roger y Novak esparcieron por todo el Artur Ash su fuente inagotable de talento, el presente y la leyenda dejaron escrito, uno de los más importantes capítulos de la historia del Abierto de los Estados Unidos. Los hechos marcan que la final fue para el serbio que consiguió así su 10 título de Grand Slam, pero aquellos que tuvimos el privilegio de ser testigos, recordaremos esta final como uno de los duelos psicológicos más extraordinarios que el deporte moderno a entregado en los últimos tiempos. En un desafío frente al rival y a los propios límites. Exponiendo al limite todo lo aprendido, durante años, en la alta competencia pero conservando el espíritu más importante del juego competir y ganar.

Djokovic se lleva el premio pero no la gloria. Federer, el preferido de todos, es por esta vez el Rey sin corona. A ambos gracias.

Por Gabriel Landart – Diario El Ciudadano on line

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