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Desocupación: ese dolor de grandes… y de chicos
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Por Redacción

Desocupación: ese dolor de grandes… y de chicos



Por Daniel Gallardo


En la vorágine de todas las cosas que en las últimas semanas le pasaron al país, se habló de desocupación. Y nada más que eso, solo se habló. Las informaciones daban datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) correspondiente al segundo trimestre de 2014, que expresaban que la tasa de desempleo es de 7,5%, es decir 0,4 puntos mayor a la del primer trimestre del mismo año y 0,3 puntos superior a la del segundo trimestre de 2013. Precisamente en el 2013 la República Argentina se encontraba en la 81ª colocación en la lista de países por desempleo. Recordemos que en el convulsionado 2001, la tasa de desempleo alcanzó su punto máximo con una cifra del 21,5%.


Pero, volviendo al segundo semestre de este año, para organismos internacionales la Argentina es un país con 19 millones de personas económicamente activas, de las que se desprenden 1.425.000 desocupados y 1.786.000 subocupados.


En cuanto a nuestra provincia, las cifras del INDEC informaban que ha crecido el número de mendocinos que perdieron su trabajo del 4,1 al 4,8%, esto es que se han agregado 3.500 desocupados en un año a los casi 25 mil que contiene este estado provincial cuyano.


Pero bueno, como expresaba al principio de estas reflexiones, de esto solo se habló como se habla con la frialdad misma de las cifras. En una nación muy golpeada por pobreza, inseguridad, inflación, corrupción, desnutrición y mortalidad infantil, que, quizá por eso, solo se habla de ella. Porque es parte del gran drama argentino y no un sobresaliente aspecto de de las cosas que le duelen al país y de las que hay que hacer algo.


Un drama que encierra por ejemplo, que un poco más de 3 millones de jóvenes entre 14 y 21 años no estudian ni trabajan. Donde esa tasa de desocupación entre jóvenes de 14 y 15 años asciende a un 26,3 %, lo que representa un 40 % en el desempleo global, cuando esta franja compone solo el 25 % de la población activa. Por eso, la probabilidad de los jóvenes de estar desempleados es tres veces mayor que la de los adultos y cuatro veces mayor entre los adolescentes haciendo el corte a los 19 años.


El drama de nuestros chicos argentinos tiene otros elementos a tener en cuenta, como la educación. Al respecto, dicen organismos oficiales, que coinciden con consultoras privadas, inclusive con la Iglesia Católica argentina, en nuestro país 650 mil chicos de entre 14 y 18 años desertaron de la escuela. Un costado duro que se inicia al empezar la adolescencia.


A fuerza de ser sinceros, la precariedad educativa y laboral de nuestros chicos se inicia en 1995. En ese año se comienzan a develar preocupantes índices de desocupación producto de la política económica imperante en la década de los noventa. De allí en más el desempleo entre los jóvenes comenzó a rondar siempre el 40 %. Por eso, muchos de los que en aquella época tenían 15 años y que hoy tienen 29 años, nunca tuvieron un trabajo. Cuatro de cada diez jóvenes económicamente activos jamás consiguieron un empleo en los últimos 19 años. Muchos de ellos están casados y son padres de familia sin haber conseguido nunca un empleo formal. La otra cara la componen quienes pudieron conseguir trabajo, bajo el inadmisible cono mugriento del empleo en negro, donde se ubica un 71 % de los jóvenes de 20 años y a partir de allí un cuestionable 85 %.


Y aquí está todo, puesto sobre la mesa de una dolorida nación. Donde en miles y miles de familias de bajos recursos, sin trabajo y sin viviendas dignas sobreviven esos chicos en estado total de indefensión. En sitios hacinados, sin instalaciones sanitarias y coexistiendo entre droga, alcohol, creciente resentimiento y frustración social. Puntos que les deja solo un camino, ¡la muerte violenta!; no sin antes haber producido un desesperado acto delictivo mortal que engrose el estado inseguro y de desigualdades sociales que supimos construir.


Daniel Gallardo es periodista y productor de radio Estudio Cooperativa 91.7 y diario El Ciudadano.


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Desocupación: ese dolor de grandes… y de chicos

Por Daniel Gallardo

En la vorágine de todas las cosas que en las últimas semanas le pasaron al país, se habló de desocupación. Y nada más que eso, solo se habló. Las informaciones daban datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) correspondiente al segundo trimestre de 2014, que expresaban que la tasa de desempleo es de 7,5%, es decir 0,4 puntos mayor a la del primer trimestre del mismo año y 0,3 puntos superior a la del segundo trimestre de 2013. Precisamente en el 2013 la República Argentina se encontraba en la 81ª colocación en la lista de países por desempleo. Recordemos que en el convulsionado 2001, la tasa de desempleo alcanzó su punto máximo con una cifra del 21,5%.

Pero, volviendo al segundo semestre de este año, para organismos internacionales la Argentina es un país con 19 millones de personas económicamente activas, de las que se desprenden 1.425.000 desocupados y 1.786.000 subocupados.

En cuanto a nuestra provincia, las cifras del INDEC informaban que ha crecido el número de mendocinos que perdieron su trabajo del 4,1 al 4,8%, esto es que se han agregado 3.500 desocupados en un año a los casi 25 mil que contiene este estado provincial cuyano.

Pero bueno, como expresaba al principio de estas reflexiones, de esto solo se habló como se habla con la frialdad misma de las cifras. En una nación muy golpeada por pobreza, inseguridad, inflación, corrupción, desnutrición y mortalidad infantil, que, quizá por eso, solo se habla de ella. Porque es parte del gran drama argentino y no un sobresaliente aspecto de de las cosas que le duelen al país y de las que hay que hacer algo.

Un drama que encierra por ejemplo, que un poco más de 3 millones de jóvenes entre 14 y 21 años no estudian ni trabajan. Donde esa tasa de desocupación entre jóvenes de 14 y 15 años asciende a un 26,3 %, lo que representa un 40 % en el desempleo global, cuando esta franja compone solo el 25 % de la población activa. Por eso, la probabilidad de los jóvenes de estar desempleados es tres veces mayor que la de los adultos y cuatro veces mayor entre los adolescentes haciendo el corte a los 19 años.

El drama de nuestros chicos argentinos tiene otros elementos a tener en cuenta, como la educación. Al respecto, dicen organismos oficiales, que coinciden con consultoras privadas, inclusive con la Iglesia Católica argentina, en nuestro país 650 mil chicos de entre 14 y 18 años desertaron de la escuela. Un costado duro que se inicia al empezar la adolescencia.

A fuerza de ser sinceros, la precariedad educativa y laboral de nuestros chicos se inicia en 1995. En ese año se comienzan a develar preocupantes índices de desocupación producto de la política económica imperante en la década de los noventa. De allí en más el desempleo entre los jóvenes comenzó a rondar siempre el 40 %. Por eso, muchos de los que en aquella época tenían 15 años y que hoy tienen 29 años, nunca tuvieron un trabajo. Cuatro de cada diez jóvenes económicamente activos jamás consiguieron un empleo en los últimos 19 años. Muchos de ellos están casados y son padres de familia sin haber conseguido nunca un empleo formal. La otra cara la componen quienes pudieron conseguir trabajo, bajo el inadmisible cono mugriento del empleo en negro, donde se ubica un 71 % de los jóvenes de 20 años y a partir de allí un cuestionable 85 %.

Y aquí está todo, puesto sobre la mesa de una dolorida nación. Donde en miles y miles de familias de bajos recursos, sin trabajo y sin viviendas dignas sobreviven esos chicos en estado total de indefensión. En sitios hacinados, sin instalaciones sanitarias y coexistiendo entre droga, alcohol, creciente resentimiento y frustración social. Puntos que les deja solo un camino, ¡la muerte violenta!; no sin antes haber producido un desesperado acto delictivo mortal que engrose el estado inseguro y de desigualdades sociales que supimos construir.

Daniel Gallardo es periodista y productor de radio Estudio Cooperativa 91.7 y diario El Ciudadano.

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