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Por Redacción

Democracia argentina, quemada y ultrajada



El año electoral que vive el país deja plasmado a todas luces los feudos que han vivido, viven y podrían continuar haciendo de la democracia, “ese gran negocio de unos pocos” como ya lo hemos reflexionado en este espacio. Pero también, el blanqueo de sus socios de la nación, los mismos que los bancan dentro de un impune bloque de “negocios cruzados, con sectarios intereses en común”. Mantenerse en el poder y vivir de ese poder ha como de lugar, es la contundente consigna.


Sucesos, imágenes y expresiones en las provincias de Formosa. Salta, Jujuy y Tucumán conmueven las estructuras de la nación. Dejando claro, sin eufemismos, que hay sujetos enquistados en las estructuras políticas del país dispuestos ha llegar hasta las últimas consecuencias. Y si es necesario: “se asesinará a un joven dirigente; se denostará con gruesos epítetos a una figura del fútbol argentino para ocultar lacerante pobreza;  se quemarán urnas, se mandará a reprimir con demencial rigor, se quitará toda posibilidad de un limpio acto electoral y se expresará en actos públicos que esto es así y así hay que aceptarlo”.


El país azorado vio todo. Cuando Carlos Tevez, lamentaba con lágrimas la pobreza a la que es sometida  gran parte de la población de Formosa  y las inaceptables respuestas insultantes de altos funcionarios formoseños. El asesinato en la provincia de Jujuy de Jorge Ariel Velásquez por repartir boletas del radicalismo de esa provincia y el irrespetuoso tironeo entre la presidente de la nación y dirigentes de la oposición, por la filiación política y los autores del asesinato del joven ciudadano. Las elecciones de la provincia de Tucumán, embebidas de un sucio sistema de votación que sirvió de telón para el inadmisible resultado de un acto eleccionario, que a todas luces pisa el duro terreno del fraude.


Pero, el ciudadano de la nación también vio y escuchó cómo se expedían diferentes actores políticos de la vida actual de la República Argentina. Como el irascible gobernador Gildo Insfrán que menoscabó el pensamiento, las expresiones y hasta la vida particular de un joven futbolista, cuyo único error fue hablar de su dolor por la pobreza formoseña. Un mandatario transformado en patrón de estancia desde más de 20 años, que ha violado la constitución de su provincia para ser reelegido indefinidamente; que ha sometido a los otros dos poderes del estado y que impuso con absoluta impunidad un régimen, que sin tapujos, somete a su antojo los destinos de un pueblo empobrecido, sin trabajo, sin producción y con altos índices de desnutrición infantil y mortalidad materna infantil que superan la media nacional.


También se vio y escuchó los discursos desesperados de José Cano y Daniel Blanco candidatos a gobernadores de Tucumán por el radicalismo y la izquierda respectivamente, en el medio de la quema de urnas y fuerte represión.  Mientras el titular del organismo electoral desconocía las profundas irregularidades.  Juan Manzur, candidato a gobernador por el oficialismo esbozaba socarrona e impune sonrisa. El gobernador en ejercicio José Alperovich se levaba las manos y desde el púlpito donde no se baja, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner efectuaba el incomprensible pedido  que se reconozca un triunfo, que a todas luces está viciado de fraude.


Ante el dantesco panorama de irregularidades entre Formosa y Tucumán, el patrón en común es el sistema electoral que se aplica en ambas. Todo un pestilente mecanismo armado para disfrazar de derecho democrático y constitucional un sufragio que se “ahoga en ese oscuro mar” donde todo desemboca en la cloaca de los que quieren perpetuarse en el poder, sin límites, ni objeciones.


Y, mientras transcurre la difícil historia presente de la nación. Nadie puede decir que pasará en los tiempos que vienen. Nadie en la golpeada nación puede aseverar y mucho menos garantizar la transparencia ni de esos lugares, ni de todo el país en el camino electoral que desemboque en la elección general del próximo 25 de octubre. Afirmar esto es tan grave como cierto.


Uno tiene la lamentable y repugnante sensación que la mano de argentina está tomada por el oscuro brazo autoritario de aquel sector que se resiste a que vivamos democracia plena, con división de poderes, con respeto a las instituciones y a las libertades públicas. Es como que una sombra anárquica está pisoteando esa constitución que abrazan millones de connacionales. Ese único reservorio constitucional que puede alejar al país del abismo de una democracia quemada y ultrajada.


Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano


 


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Democracia argentina, quemada y ultrajada

El año electoral que vive el país deja plasmado a todas luces los feudos que han vivido, viven y podrían continuar haciendo de la democracia, “ese gran negocio de unos pocos” como ya lo hemos reflexionado en este espacio. Pero también, el blanqueo de sus socios de la nación, los mismos que los bancan dentro de un impune bloque de “negocios cruzados, con sectarios intereses en común”. Mantenerse en el poder y vivir de ese poder ha como de lugar, es la contundente consigna.

Sucesos, imágenes y expresiones en las provincias de Formosa. Salta, Jujuy y Tucumán conmueven las estructuras de la nación. Dejando claro, sin eufemismos, que hay sujetos enquistados en las estructuras políticas del país dispuestos ha llegar hasta las últimas consecuencias. Y si es necesario: “se asesinará a un joven dirigente; se denostará con gruesos epítetos a una figura del fútbol argentino para ocultar lacerante pobreza;  se quemarán urnas, se mandará a reprimir con demencial rigor, se quitará toda posibilidad de un limpio acto electoral y se expresará en actos públicos que esto es así y así hay que aceptarlo”.

El país azorado vio todo. Cuando Carlos Tevez, lamentaba con lágrimas la pobreza a la que es sometida  gran parte de la población de Formosa  y las inaceptables respuestas insultantes de altos funcionarios formoseños. El asesinato en la provincia de Jujuy de Jorge Ariel Velásquez por repartir boletas del radicalismo de esa provincia y el irrespetuoso tironeo entre la presidente de la nación y dirigentes de la oposición, por la filiación política y los autores del asesinato del joven ciudadano. Las elecciones de la provincia de Tucumán, embebidas de un sucio sistema de votación que sirvió de telón para el inadmisible resultado de un acto eleccionario, que a todas luces pisa el duro terreno del fraude.

Pero, el ciudadano de la nación también vio y escuchó cómo se expedían diferentes actores políticos de la vida actual de la República Argentina. Como el irascible gobernador Gildo Insfrán que menoscabó el pensamiento, las expresiones y hasta la vida particular de un joven futbolista, cuyo único error fue hablar de su dolor por la pobreza formoseña. Un mandatario transformado en patrón de estancia desde más de 20 años, que ha violado la constitución de su provincia para ser reelegido indefinidamente; que ha sometido a los otros dos poderes del estado y que impuso con absoluta impunidad un régimen, que sin tapujos, somete a su antojo los destinos de un pueblo empobrecido, sin trabajo, sin producción y con altos índices de desnutrición infantil y mortalidad materna infantil que superan la media nacional.

También se vio y escuchó los discursos desesperados de José Cano y Daniel Blanco candidatos a gobernadores de Tucumán por el radicalismo y la izquierda respectivamente, en el medio de la quema de urnas y fuerte represión.  Mientras el titular del organismo electoral desconocía las profundas irregularidades.  Juan Manzur, candidato a gobernador por el oficialismo esbozaba socarrona e impune sonrisa. El gobernador en ejercicio José Alperovich se levaba las manos y desde el púlpito donde no se baja, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner efectuaba el incomprensible pedido  que se reconozca un triunfo, que a todas luces está viciado de fraude.

Ante el dantesco panorama de irregularidades entre Formosa y Tucumán, el patrón en común es el sistema electoral que se aplica en ambas. Todo un pestilente mecanismo armado para disfrazar de derecho democrático y constitucional un sufragio que se “ahoga en ese oscuro mar” donde todo desemboca en la cloaca de los que quieren perpetuarse en el poder, sin límites, ni objeciones.

Y, mientras transcurre la difícil historia presente de la nación. Nadie puede decir que pasará en los tiempos que vienen. Nadie en la golpeada nación puede aseverar y mucho menos garantizar la transparencia ni de esos lugares, ni de todo el país en el camino electoral que desemboque en la elección general del próximo 25 de octubre. Afirmar esto es tan grave como cierto.

Uno tiene la lamentable y repugnante sensación que la mano de argentina está tomada por el oscuro brazo autoritario de aquel sector que se resiste a que vivamos democracia plena, con división de poderes, con respeto a las instituciones y a las libertades públicas. Es como que una sombra anárquica está pisoteando esa constitución que abrazan millones de connacionales. Ese único reservorio constitucional que puede alejar al país del abismo de una democracia quemada y ultrajada.

Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

 

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