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Dejó el porno y abrazó las varenekes
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Por Redacción

Dejó el porno y abrazó las varenekes



Nunca ante la ‘jalá’, el sabroso pan trenzado que preparan los judíos para Shabat, había tenido tanta fama. Es lo que pasa cuando sus manos creadoras pertenecen a la ‘reina del porno’. También conocida como Jenna Jameson. A sus 41 años y, pese a estar varias temporadas fuera del Cine X, aún es una caliente referencia en Instagram. Ahora, la actriz norteamericana enseña curvas, chapurrea en hebreo y comparte su conversión al judaísmo.


“Para mí es una religión muy cálida y familiar que me da la sensación de estabilidad. He pasado cuatro o cinco años muy difíciles y gracias al judaísmo encontré mi camino. Siempre me gustó su lado espiritual”, dice la rubia de Las Vegas antes de confesarse: “Nunca me gustaron los sentimientos de culpa que van con el catolicismo. Desde su visión, yo estoy destinada al infierno”.


Ésta podría ser una de las razones de su abrazo al judaísmo. Como el hecho de que una de sus madres adoptivas durante ocho años era de esta religión. Pero parece que el motivo principal tiene nombre y apellido. Se trata de Lior Biton (41), el vecino israelí que se convirtió en el hombre con el sueña la mujer soñada por muchos y muchas. Nacido en Herzlia (norte de Tel Aviv) y afincado en Estados Unidos hace 20 años, este empresario de diamantes quizá imaginó estar algún día en la cama de Jameson pero no de forma permanente. Ni qué alimentos típicos judíos fueran compartidos en la Red por los seguidores de la estrella del porno.


En una entrevista conjunta al diario israelí Yediot Ajaronot, la actriz explica cómo se conocieron. “Éramos vecinos. Desde el patio de mi casa le solía ver observando el ordenador. Una amiga me dijo que era muy guapo y que fuera hablar con él. No lo hice y tras un tiempo sin verle, pregunté y me dijeron que había dejado el edificio”, cuenta antes de coronar el relato con un final feliz: “Un día le vi en el ascensor. Le pregunté si se acordaba de mí. Le dije que le echaba de menos. Me dijo que él también. Así que quedamos esa semana para tomar algo en mi casa a las 19.30”.


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Nunca ante la ‘jalá’, el sabroso pan trenzado que preparan los judíos para Shabat, había tenido tanta fama. Es lo que pasa cuando sus manos creadoras pertenecen a la ‘reina del porno’. También conocida como Jenna Jameson. A sus 41 años y, pese a estar varias temporadas fuera del Cine X, aún es una caliente referencia en Instagram. Ahora, la actriz norteamericana enseña curvas, chapurrea en hebreo y comparte su conversión al judaísmo.

“Para mí es una religión muy cálida y familiar que me da la sensación de estabilidad. He pasado cuatro o cinco años muy difíciles y gracias al judaísmo encontré mi camino. Siempre me gustó su lado espiritual”, dice la rubia de Las Vegas antes de confesarse: “Nunca me gustaron los sentimientos de culpa que van con el catolicismo. Desde su visión, yo estoy destinada al infierno”.

Ésta podría ser una de las razones de su abrazo al judaísmo. Como el hecho de que una de sus madres adoptivas durante ocho años era de esta religión. Pero parece que el motivo principal tiene nombre y apellido. Se trata de Lior Biton (41), el vecino israelí que se convirtió en el hombre con el sueña la mujer soñada por muchos y muchas. Nacido en Herzlia (norte de Tel Aviv) y afincado en Estados Unidos hace 20 años, este empresario de diamantes quizá imaginó estar algún día en la cama de Jameson pero no de forma permanente. Ni qué alimentos típicos judíos fueran compartidos en la Red por los seguidores de la estrella del porno.

En una entrevista conjunta al diario israelí Yediot Ajaronot, la actriz explica cómo se conocieron. “Éramos vecinos. Desde el patio de mi casa le solía ver observando el ordenador. Una amiga me dijo que era muy guapo y que fuera hablar con él. No lo hice y tras un tiempo sin verle, pregunté y me dijeron que había dejado el edificio”, cuenta antes de coronar el relato con un final feliz: “Un día le vi en el ascensor. Le pregunté si se acordaba de mí. Le dije que le echaba de menos. Me dijo que él también. Así que quedamos esa semana para tomar algo en mi casa a las 19.30”.

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