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Cuidado con el tétanos
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Por Redacción

Cuidado con el tétanos



Durante los meses de calor se expone el cuerpo a diversas acciones que hacen factible el contagio de tétanos, desde usar poca ropa a caminar descalzos, todo pone al organismo vulnerable a padecerlo si no existió vacunación de prevención en la infancia o se coloca un refuerzo cada diez años. Así, cualquier persona no vacunada puede padecer tétanos, lo que constituye un verdadero riesgo para la salud en tanto resulta mortal de no tratarse a tiempo. De aquí la importancia de conocer su forma de contagio y las vías de actuación para tratar esta enfermedad, que dista de padecerse sólo por el contacto con instrumentos oxidados.


El tétanos es una enfermedad en la que el sistema nervioso se daña por la tetanospasmina, una toxina que es producto de una bacteria alargada, con forma de bastoncillo llamada Clostridium Tetanis, la que puede moverse, no necesita oxígeno para crecer y puede sobrevivir en cualquier lugar gracias a que se convierte en esporas resistentes a las temperaturas cotidianas. Es decir, esta bacteria que causa el tétanos, es un microorganismo sencillo que se encuentra en forma de espora, entre otros sitios, en la tierra, el suelo, la piel y debajo de las uñas. Cuando una herida entra en contacto con estos lugares contaminados se origina el contagio, ya que si la espora encuentra en ella condiciones óptimas para reproducirse, sintetiza la toxina que luego viaja hasta la médula espinal. Ahí deja inútil a diversas neuronas lo que provoca contracción de los músculos y espasmos sostenidos. Lo mismo ocurre en el sistema nervioso vegetativo simpático, lo que causa otros síntomas típicos de la enfermedad, como taquicardias, hipertensión, sudoración,  fiebre, inquietud y nerviosismo.


Al tétanos se lo conoce desde la antigüedad, tal es así que Hipócrates y Galeno lo describen como una hipercontracción de los músculos corporales. Sin embargo, recién en el siglo XIX se lo relaciona con un germen y se identifica la toxina, lo que permite elaborar una vacuna que se utiliza a partir de la Primera Guerra Mundial. Desde entonces hasta nuestros días, se sabe que la enfermedad puede contraerse en cualquier lugar del mundo aunque su frecuencia varía según el nivel de vacunación de cada región, en este sentido encuentra mejor situación Europa y los países más desarrollados de Latinoamérica, mientras que resultan más vulnerables los países con menos desarrollo.


La vacunación es esencial, en tanto una persona no vacunada que contrae tétanos está en peligro de muerte, de hecho casi todos los casos se dan en personas adultas que no recibieron la vacuna durante su infancia. Su mortalidad en países con buen sistema sanitario es del 10 al 20 %, del 40 al 50 % en países en vías de desarrollo y puede llegar al 75 % en las regiones más pobres del planeta, según informa la Organización Mundial de la Salud. Hay que destacar que la enfermedad es aún más grave cuando se infectan los recién nacidos, en estos casos la mortalidad va del 70 al 90 %.


Cuando una persona no vacunada se hace cualquier herida puede infectarse con la espora tetánica, pero el riesgo es mucho mayor si la herida está sucia con tierra o polvo, si se produce con un instrumento sucio, oxidado o desconocido; o si es un corte irregular o una punción. También hay riesgo si la herida entra en contacto con el suelo, si la produjo algún animal, si presenta recovecos y si no sangra porque hay carne muerta. Cualquiera de estas características puede favorecer que la espora encuentre el lugar perfecto para reproducirse y activar los genes encargados de sintetizar la tetanospasmina que pasa a los nervios de la zona herida y asciende a través de ellos hasta llegar a la médula espinal.


Por otro lado, la bacteria también es capaz de sintetizar otra toxina llamada tetanolisina. Aún se investiga porque se desconoce su función pero se sospecha que impide la llegada de oxígeno a la herida a través de la sangre para crear un ambiente más adecuado para la reproducción del germen.


Respecto a la enfermedad es preciso decir que existen cuatro tipos de tétanos según los síntomas que manifiesta la persona:


Tétanos generalizado: Es el más frecuente. Comienza con la contracción de los músculos encargados de la masticación por lo que el enfermo no puede abrir la boca con facilidad; además, sufre de insomnio y nerviosismo. Luego, la contracción de los músculos va desde la cabeza a los pies: primero se contraen los de la cara y el cuello, después los músculos de la lengua y la faringe, lo que dificulta el comer y el respirar; y por último se generaliza al resto del cuerpo (puños cerrados, brazos extendidos, vientre en tabla, entre otros). Los músculos de la espalda se afectan en último orden, lo que provoca que  el enfermo se arquee apoyando sólo la cabeza y los pies cuando está tumbado en la cama. La persona es consciente de todo lo que pasa en cada momento y sufre grandes angustias. Es muy necesario el control médico de la respiración para impedir un paro cardiorrespiratorio, que es la causa de muerte de los infectados.


Tétanos localizado: No es muy habitual, consiste en la contracción muscular de sólo una zona del cuerpo, por lo general la de  la zona donde se produce la herida que origina la infección. Puede durar varias semanas y en ocasiones, es el paso previo al tétanos generalizado.


Tétanos cefálico: Es un tétanos localizado en la región de la cabeza y cuello. Se considera un tipo de tétanos distinto a los anteriores porque las contracciones musculares en esta zona ponen en peligro la vida del enfermo desde el primer momento, en tanto limita la respiración y la carencia de oxígeno puede provocar daño cerebral irreversible. Suele generalizarse a los pocos días.


Tétanos neonatal: Es el tipo de tétanos que afecta a los recién nacidos de madres no vacunadas, ocurre en lo usual, en partos poco controlados. Se desarrolla del mismo modo que el tétanos generalizado. Las complicaciones son más frecuentes que en otros tipos de tétanos, entre ellas las hemorragias cerebrales y las infecciones secundarias  como la neumonía. Sólo un 20% de los casos mundiales de tétanos neonatal se da en los países desarrollados, la amplia mayoría suceden en países pobres de África y Asia.


Es fundamental que el tétanos se diagnostique a tiempo porque el tratamiento precoz  aumenta en forma importante las posibilidades de superar la enfermedad, no obstante no siempre resulta efectivo. Para que lo sea es preciso neutralizar la toxina existente, pedir que continúe su producción, controlar los síntomas e ingresar al paciente a una Unidad de Cuidados Intensivos, aun cuando la enfermedad sea leve porque aun así, puede ser letal


Por ello es primordial prevenir ya que el tétanos reviste gravedad y no todos los enfermos responden al tratamiento. La forma más efectiva para evitarlo es la vacunación; y la limpieza y desinfección inmediata de las heridas. Todos los recién nacidos deben comenzar su programa de vacunación a los dos meses, para seguir con dosis de refuerzo a los cuatro, seis y 18 meses. Esto se cumple en casi todos los países del mundo, incluso en los más subdesarrollados. Después de la última dosis se debe administrar una dosis de refuerzo cada 10 años durante toda la vida. Por lo general la vacuna no presenta complicaciones y sus beneficios son muy positivos.


No obstante y a pesar de la vacunación, hay que tener en cuenta que cuando una persona sufra una herida con alguno de los factores de riesgo señalados es necesario que se valore su grado de protección ante el tétanos para  suministrar o no una dosis de refuerzo de la vacuna. Su colocación depende del estado de la herida y del tiempo que pasó desde la administración de la última dosis de refuerzo. De todas maneras es eficaz poseer las dosis sin necesidad de estar expuesto a una evidente posibilidad de infección, saber que en cualquier momento se puede sufrir una herida es suficiente razón.


Si sufre una lesión al aire libre o de alguna forma en que entre en contacto con el suelo, consulte con el médico acerca de su riesgo de contraer una infección por tétanos. No olvide higienizar la lesión en forma inmediata y no adhiera a los mitos, desde siempre se cree que se puede contraer tétanos al herirse con un objeto oxidado pero el riesgo no está en el óxido sino en la suciedad de la uña o la piel que entra en contacto con la bacteria que vive en el suelo, la saliva, el aire, el polvo y el estiércol. El óxido no es condición para desarrollar tétanos pero un cuchillo en apariencia limpio puede serlo si está contaminado por la bacteria. Es preciso tener cautela y evitar todo tipo de heridas, además, se debe asistir al médico ante ellas para descartar malas posibilidades y determinar si es necesaria o no la vacunación.



 


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Cuidado con el tétanos

Durante los meses de calor se expone el cuerpo a diversas acciones que hacen factible el contagio de tétanos, desde usar poca ropa a caminar descalzos, todo pone al organismo vulnerable a padecerlo si no existió vacunación de prevención en la infancia o se coloca un refuerzo cada diez años. Así, cualquier persona no vacunada puede padecer tétanos, lo que constituye un verdadero riesgo para la salud en tanto resulta mortal de no tratarse a tiempo. De aquí la importancia de conocer su forma de contagio y las vías de actuación para tratar esta enfermedad, que dista de padecerse sólo por el contacto con instrumentos oxidados.

El tétanos es una enfermedad en la que el sistema nervioso se daña por la tetanospasmina, una toxina que es producto de una bacteria alargada, con forma de bastoncillo llamada Clostridium Tetanis, la que puede moverse, no necesita oxígeno para crecer y puede sobrevivir en cualquier lugar gracias a que se convierte en esporas resistentes a las temperaturas cotidianas. Es decir, esta bacteria que causa el tétanos, es un microorganismo sencillo que se encuentra en forma de espora, entre otros sitios, en la tierra, el suelo, la piel y debajo de las uñas. Cuando una herida entra en contacto con estos lugares contaminados se origina el contagio, ya que si la espora encuentra en ella condiciones óptimas para reproducirse, sintetiza la toxina que luego viaja hasta la médula espinal. Ahí deja inútil a diversas neuronas lo que provoca contracción de los músculos y espasmos sostenidos. Lo mismo ocurre en el sistema nervioso vegetativo simpático, lo que causa otros síntomas típicos de la enfermedad, como taquicardias, hipertensión, sudoración,  fiebre, inquietud y nerviosismo.

Al tétanos se lo conoce desde la antigüedad, tal es así que Hipócrates y Galeno lo describen como una hipercontracción de los músculos corporales. Sin embargo, recién en el siglo XIX se lo relaciona con un germen y se identifica la toxina, lo que permite elaborar una vacuna que se utiliza a partir de la Primera Guerra Mundial. Desde entonces hasta nuestros días, se sabe que la enfermedad puede contraerse en cualquier lugar del mundo aunque su frecuencia varía según el nivel de vacunación de cada región, en este sentido encuentra mejor situación Europa y los países más desarrollados de Latinoamérica, mientras que resultan más vulnerables los países con menos desarrollo.

La vacunación es esencial, en tanto una persona no vacunada que contrae tétanos está en peligro de muerte, de hecho casi todos los casos se dan en personas adultas que no recibieron la vacuna durante su infancia. Su mortalidad en países con buen sistema sanitario es del 10 al 20 %, del 40 al 50 % en países en vías de desarrollo y puede llegar al 75 % en las regiones más pobres del planeta, según informa la Organización Mundial de la Salud. Hay que destacar que la enfermedad es aún más grave cuando se infectan los recién nacidos, en estos casos la mortalidad va del 70 al 90 %.

Cuando una persona no vacunada se hace cualquier herida puede infectarse con la espora tetánica, pero el riesgo es mucho mayor si la herida está sucia con tierra o polvo, si se produce con un instrumento sucio, oxidado o desconocido; o si es un corte irregular o una punción. También hay riesgo si la herida entra en contacto con el suelo, si la produjo algún animal, si presenta recovecos y si no sangra porque hay carne muerta. Cualquiera de estas características puede favorecer que la espora encuentre el lugar perfecto para reproducirse y activar los genes encargados de sintetizar la tetanospasmina que pasa a los nervios de la zona herida y asciende a través de ellos hasta llegar a la médula espinal.

Por otro lado, la bacteria también es capaz de sintetizar otra toxina llamada tetanolisina. Aún se investiga porque se desconoce su función pero se sospecha que impide la llegada de oxígeno a la herida a través de la sangre para crear un ambiente más adecuado para la reproducción del germen.

Respecto a la enfermedad es preciso decir que existen cuatro tipos de tétanos según los síntomas que manifiesta la persona:

Tétanos generalizado: Es el más frecuente. Comienza con la contracción de los músculos encargados de la masticación por lo que el enfermo no puede abrir la boca con facilidad; además, sufre de insomnio y nerviosismo. Luego, la contracción de los músculos va desde la cabeza a los pies: primero se contraen los de la cara y el cuello, después los músculos de la lengua y la faringe, lo que dificulta el comer y el respirar; y por último se generaliza al resto del cuerpo (puños cerrados, brazos extendidos, vientre en tabla, entre otros). Los músculos de la espalda se afectan en último orden, lo que provoca que  el enfermo se arquee apoyando sólo la cabeza y los pies cuando está tumbado en la cama. La persona es consciente de todo lo que pasa en cada momento y sufre grandes angustias. Es muy necesario el control médico de la respiración para impedir un paro cardiorrespiratorio, que es la causa de muerte de los infectados.

Tétanos localizado: No es muy habitual, consiste en la contracción muscular de sólo una zona del cuerpo, por lo general la de  la zona donde se produce la herida que origina la infección. Puede durar varias semanas y en ocasiones, es el paso previo al tétanos generalizado.

Tétanos cefálico: Es un tétanos localizado en la región de la cabeza y cuello. Se considera un tipo de tétanos distinto a los anteriores porque las contracciones musculares en esta zona ponen en peligro la vida del enfermo desde el primer momento, en tanto limita la respiración y la carencia de oxígeno puede provocar daño cerebral irreversible. Suele generalizarse a los pocos días.

Tétanos neonatal: Es el tipo de tétanos que afecta a los recién nacidos de madres no vacunadas, ocurre en lo usual, en partos poco controlados. Se desarrolla del mismo modo que el tétanos generalizado. Las complicaciones son más frecuentes que en otros tipos de tétanos, entre ellas las hemorragias cerebrales y las infecciones secundarias  como la neumonía. Sólo un 20% de los casos mundiales de tétanos neonatal se da en los países desarrollados, la amplia mayoría suceden en países pobres de África y Asia.

Es fundamental que el tétanos se diagnostique a tiempo porque el tratamiento precoz  aumenta en forma importante las posibilidades de superar la enfermedad, no obstante no siempre resulta efectivo. Para que lo sea es preciso neutralizar la toxina existente, pedir que continúe su producción, controlar los síntomas e ingresar al paciente a una Unidad de Cuidados Intensivos, aun cuando la enfermedad sea leve porque aun así, puede ser letal

Por ello es primordial prevenir ya que el tétanos reviste gravedad y no todos los enfermos responden al tratamiento. La forma más efectiva para evitarlo es la vacunación; y la limpieza y desinfección inmediata de las heridas. Todos los recién nacidos deben comenzar su programa de vacunación a los dos meses, para seguir con dosis de refuerzo a los cuatro, seis y 18 meses. Esto se cumple en casi todos los países del mundo, incluso en los más subdesarrollados. Después de la última dosis se debe administrar una dosis de refuerzo cada 10 años durante toda la vida. Por lo general la vacuna no presenta complicaciones y sus beneficios son muy positivos.

No obstante y a pesar de la vacunación, hay que tener en cuenta que cuando una persona sufra una herida con alguno de los factores de riesgo señalados es necesario que se valore su grado de protección ante el tétanos para  suministrar o no una dosis de refuerzo de la vacuna. Su colocación depende del estado de la herida y del tiempo que pasó desde la administración de la última dosis de refuerzo. De todas maneras es eficaz poseer las dosis sin necesidad de estar expuesto a una evidente posibilidad de infección, saber que en cualquier momento se puede sufrir una herida es suficiente razón.

Si sufre una lesión al aire libre o de alguna forma en que entre en contacto con el suelo, consulte con el médico acerca de su riesgo de contraer una infección por tétanos. No olvide higienizar la lesión en forma inmediata y no adhiera a los mitos, desde siempre se cree que se puede contraer tétanos al herirse con un objeto oxidado pero el riesgo no está en el óxido sino en la suciedad de la uña o la piel que entra en contacto con la bacteria que vive en el suelo, la saliva, el aire, el polvo y el estiércol. El óxido no es condición para desarrollar tétanos pero un cuchillo en apariencia limpio puede serlo si está contaminado por la bacteria. Es preciso tener cautela y evitar todo tipo de heridas, además, se debe asistir al médico ante ellas para descartar malas posibilidades y determinar si es necesaria o no la vacunación.

 

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