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Cotard: el síndrome de los muertos vivientes
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Por Redacción

Cotard: el síndrome de los muertos vivientes



Muchas películas de cine e incluso series de televisión tienen éxito por contar historias de muertos vivientes o zombis. Lo que cuesta entender es que para algunas personas sentir que su cuerpo ha muerto mientras se continúa vivo, es una triste realidad. Es decir, sentirse un muerto viviente es una posibilidad que supera cualquier ficción.


La Ilusión de Cotard, también conocida como el síndrome del muerto caminante o el muerto viviente, es obvio que no presenta ningún síntoma físico que indique que la persona está muerta, no obstante, el cerebro se lo hace creer. Si bien no se conoce con certeza qué la provoca, se estima que es una condición neuro-psiquiátrica en la que la región del cerebro que involucra el reconocimiento facial y la imagen propia, se desconecta de la región que implica a las emociones y los sentidos.


La literatura científica relaciona la existencia del síndrome de Cotard con problemas en la amígdala y otras estructuras límbicas del cerebro (encargadas de las respuestas emocionales), además de otras zonas como el lóbulo parietal. Incluso se observa que en algunos pacientes, esta extraña enfermedad podría tener que ver con los efectos secundarios de algunos fármacos.


Esto provoca que la persona pierda la relación consigo misma y el sentido del “yo” como persona. Esa disonancia cognitiva se traduce, en este caso, en la pérdida de la existencia: el individuo cree que no existe, que ha muerto, que se encuentra en putrefacción, y que ha perdido mucha sangre o algunos órganos. A su vez, afirma que en tanto está muerto no volverá a fallecer, es decir, se siente inmortal aunque sólo tenga carne y huesos. Se trata de un caso de delirio extremo y es una enfermedad muy difícil de explicar.


Creerse un zombi es un extraño síndrome psiquiátrico que conlleva depresión, tendencias suicidas y otros síntomas descritos por Jules Cotard en 1880; entre ellos, una primera negación de la realidad que deriva en la negación de la propia existencia, al punto, de aislarse del mundo. Cabe destacar que se lo vincula a la depresión y a la esquizofrenia.


Principales síntomas del síndrome de cotard:



  • Depresión.

  • Pensamientos suicidas.

  • Creencia de que no existe el cuerpo. Es un delirio donde la persona cree vivir en la realidad cuando todo sucede sólo en su imaginación.

  • Creencia de quedarse sin sangre.

  • Pensamientos negativos.

  • Creencia de estar muerto con delirio olfativo que hace afirmar que se huele mal porque el cuerpo se pudre de a poco.

  • Creencia de que los gusanos están bajo la piel.

  • Creencia de que se es inmortal.

  • Creencia de que no se poseen órganos internos.

  • Analgesia o ausencia de dolor.

  • Automutilaciones.


¿ Es posible sanar a estos muertos vivientes?


En búsqueda de otorgar soluciones a quienes padecen esta extraña enfermedad, investigadores descubren, mediante técnicas de neuroimágen, algunas lesiones que afectan al procesamiento visual. La terapia TEC (terapia electro convulsiva) suele producir mejorías en todos los pacientes al incrementar el flujo sanguíneo en zonas del cerebro como la corteza frontal, los ganglios basales, o el tálamo. Por otra parte, existen casos en los que se consigue reducir los síntomas con el uso de medicamentos antidepresivos y antipsicóticos.


A continuación algunos casos que ayudan a comprender la enfermedad, ya que la realidad distorsionada que viven estos pacientes es tremenda:



  • Una mujer de 48 años y con 24 de viudez, comienza con trastornos del ánimo durante su residencia en Estados Unidos. Sufre episodios depresivos recurrentes que se tratan con distintos antidepresivos. Al perder su trabajo la paciente incrementa la depresión, sufre insomnio recurrente, incapacidad para sentir placer, ansiedad, sentimiento de culpa y minusvalía. Después aparecen las ideas suicidas y los intentos de suicidio, sin embargo, al darse cuenta de que no puede suicidarse, se manifiestan otros otros síntomas.


La mujer relata que vio salir un humo por su boca y al otro día al verse en el espejo nota que sus ojos no eran los mismos, no tenían vida. Asegura que allí comprendió que lo que vio salir de su boca era su alma. A partir de ese momento, tiene la creencia de ser una muerta viviente, una zombi. Piensa que se siente así por un castigo divino tras intentar suicidarse. Comienza a desarrollar alucinaciones olfativas,  asevera que su cuerpo se pudre y que percibe el olor que lo corrobora, también afirma sentir debajo de la piel el cosquilleo de los gusanos que la devoran. A su vez, al creer de forma consciente que está muerta, deja de comer porque le parece innecesario (“los muertos no comen”), lo que le provoca un drástico descenso de peso.


Tras el cuadro se le realizan estudios de neuroimágen para detectar problemas cerebrales, no obstante, todos dan negativos. Esta situación extraña en suma con la poca información a nivel mundial sobre la enfermedad, dificulta en principio determinar el tratamiento correcto aunque se prescribe la ingesta de antipsicóticos. El objetivo es evitar su muerta real tras su rápida pérdida de peso. Luego de meses sin lograr mejoría se recurre a la terapia electro compulsiva a fin de incrementar el flujo sanguíneo en su cerebro. Después de seis sesiones los delirios disminuyen hasta que desaparecen por completo.



  • Un hombre belga comienza a sufrir los síntomas de la enfermedad de los muertos vivientes luego de intentar suicidarse. Insistía una y otra vez en que su cerebro estaba muerto sin que las explicaciones médicas lo convencieran de lo contrario.

  • Un varón con esquizofrenia paranoide e historia de abuso de cannabis ingresa a una unidad psiquiátrica tras agredir a varias personas. El hombre afirma que murió ahogado un año antes y que se reanimó en forma de zombi gracias a la radiación de los teléfonos celulares. Siente que aún está muerto debajo del agua y que todos los humanos han pasado por la misma situación, por lo que todos son tan zombi como él. Este relato deriva en la explicación que da sobre sus hechos de violencia: entiende que es inaceptable golpear a personas vivas pero que no tiene nada de malo hacerlo con los zombis. También aclara que al estar muerto no siente temor alguno de que lo persiga la ley.

  • Tras intentar suicidarse por electrocución, un paciente manifiesta el convencimiento de tener el cerebro muerto, a pesar de que su mente y su cuerpo siguen vivos. Se le practica un estudio neuropsicológico que evidencia alteraciones moderadas en la memoria inmediata y la atención. Este análisis es el primero en utilizar la tomografía por emisión de positrones con fluorodesoxiglucosa para caracterizar el metabolismo cerebral de un paciente con síndrome de Cotard.  Los resultados muestran Hipometabolismo (menor consumo de glucosa) en algunas aéreas del cerebro e Hipermetabolismo (mayor consumo de glucosa) en otras, pero todas relacionadas a la conciencia y la integración de información sobre uno mismo.


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Cotard: el síndrome de los muertos vivientes

Muchas películas de cine e incluso series de televisión tienen éxito por contar historias de muertos vivientes o zombis. Lo que cuesta entender es que para algunas personas sentir que su cuerpo ha muerto mientras se continúa vivo, es una triste realidad. Es decir, sentirse un muerto viviente es una posibilidad que supera cualquier ficción.

La Ilusión de Cotard, también conocida como el síndrome del muerto caminante o el muerto viviente, es obvio que no presenta ningún síntoma físico que indique que la persona está muerta, no obstante, el cerebro se lo hace creer. Si bien no se conoce con certeza qué la provoca, se estima que es una condición neuro-psiquiátrica en la que la región del cerebro que involucra el reconocimiento facial y la imagen propia, se desconecta de la región que implica a las emociones y los sentidos.

La literatura científica relaciona la existencia del síndrome de Cotard con problemas en la amígdala y otras estructuras límbicas del cerebro (encargadas de las respuestas emocionales), además de otras zonas como el lóbulo parietal. Incluso se observa que en algunos pacientes, esta extraña enfermedad podría tener que ver con los efectos secundarios de algunos fármacos.

Esto provoca que la persona pierda la relación consigo misma y el sentido del “yo” como persona. Esa disonancia cognitiva se traduce, en este caso, en la pérdida de la existencia: el individuo cree que no existe, que ha muerto, que se encuentra en putrefacción, y que ha perdido mucha sangre o algunos órganos. A su vez, afirma que en tanto está muerto no volverá a fallecer, es decir, se siente inmortal aunque sólo tenga carne y huesos. Se trata de un caso de delirio extremo y es una enfermedad muy difícil de explicar.

Creerse un zombi es un extraño síndrome psiquiátrico que conlleva depresión, tendencias suicidas y otros síntomas descritos por Jules Cotard en 1880; entre ellos, una primera negación de la realidad que deriva en la negación de la propia existencia, al punto, de aislarse del mundo. Cabe destacar que se lo vincula a la depresión y a la esquizofrenia.

Principales síntomas del síndrome de cotard:

  • Depresión.
  • Pensamientos suicidas.
  • Creencia de que no existe el cuerpo. Es un delirio donde la persona cree vivir en la realidad cuando todo sucede sólo en su imaginación.
  • Creencia de quedarse sin sangre.
  • Pensamientos negativos.
  • Creencia de estar muerto con delirio olfativo que hace afirmar que se huele mal porque el cuerpo se pudre de a poco.
  • Creencia de que los gusanos están bajo la piel.
  • Creencia de que se es inmortal.
  • Creencia de que no se poseen órganos internos.
  • Analgesia o ausencia de dolor.
  • Automutilaciones.

¿ Es posible sanar a estos muertos vivientes?

En búsqueda de otorgar soluciones a quienes padecen esta extraña enfermedad, investigadores descubren, mediante técnicas de neuroimágen, algunas lesiones que afectan al procesamiento visual. La terapia TEC (terapia electro convulsiva) suele producir mejorías en todos los pacientes al incrementar el flujo sanguíneo en zonas del cerebro como la corteza frontal, los ganglios basales, o el tálamo. Por otra parte, existen casos en los que se consigue reducir los síntomas con el uso de medicamentos antidepresivos y antipsicóticos.

A continuación algunos casos que ayudan a comprender la enfermedad, ya que la realidad distorsionada que viven estos pacientes es tremenda:

  • Una mujer de 48 años y con 24 de viudez, comienza con trastornos del ánimo durante su residencia en Estados Unidos. Sufre episodios depresivos recurrentes que se tratan con distintos antidepresivos. Al perder su trabajo la paciente incrementa la depresión, sufre insomnio recurrente, incapacidad para sentir placer, ansiedad, sentimiento de culpa y minusvalía. Después aparecen las ideas suicidas y los intentos de suicidio, sin embargo, al darse cuenta de que no puede suicidarse, se manifiestan otros otros síntomas.

La mujer relata que vio salir un humo por su boca y al otro día al verse en el espejo nota que sus ojos no eran los mismos, no tenían vida. Asegura que allí comprendió que lo que vio salir de su boca era su alma. A partir de ese momento, tiene la creencia de ser una muerta viviente, una zombi. Piensa que se siente así por un castigo divino tras intentar suicidarse. Comienza a desarrollar alucinaciones olfativas,  asevera que su cuerpo se pudre y que percibe el olor que lo corrobora, también afirma sentir debajo de la piel el cosquilleo de los gusanos que la devoran. A su vez, al creer de forma consciente que está muerta, deja de comer porque le parece innecesario (“los muertos no comen”), lo que le provoca un drástico descenso de peso.

Tras el cuadro se le realizan estudios de neuroimágen para detectar problemas cerebrales, no obstante, todos dan negativos. Esta situación extraña en suma con la poca información a nivel mundial sobre la enfermedad, dificulta en principio determinar el tratamiento correcto aunque se prescribe la ingesta de antipsicóticos. El objetivo es evitar su muerta real tras su rápida pérdida de peso. Luego de meses sin lograr mejoría se recurre a la terapia electro compulsiva a fin de incrementar el flujo sanguíneo en su cerebro. Después de seis sesiones los delirios disminuyen hasta que desaparecen por completo.

  • Un hombre belga comienza a sufrir los síntomas de la enfermedad de los muertos vivientes luego de intentar suicidarse. Insistía una y otra vez en que su cerebro estaba muerto sin que las explicaciones médicas lo convencieran de lo contrario.
  • Un varón con esquizofrenia paranoide e historia de abuso de cannabis ingresa a una unidad psiquiátrica tras agredir a varias personas. El hombre afirma que murió ahogado un año antes y que se reanimó en forma de zombi gracias a la radiación de los teléfonos celulares. Siente que aún está muerto debajo del agua y que todos los humanos han pasado por la misma situación, por lo que todos son tan zombi como él. Este relato deriva en la explicación que da sobre sus hechos de violencia: entiende que es inaceptable golpear a personas vivas pero que no tiene nada de malo hacerlo con los zombis. También aclara que al estar muerto no siente temor alguno de que lo persiga la ley.
  • Tras intentar suicidarse por electrocución, un paciente manifiesta el convencimiento de tener el cerebro muerto, a pesar de que su mente y su cuerpo siguen vivos. Se le practica un estudio neuropsicológico que evidencia alteraciones moderadas en la memoria inmediata y la atención. Este análisis es el primero en utilizar la tomografía por emisión de positrones con fluorodesoxiglucosa para caracterizar el metabolismo cerebral de un paciente con síndrome de Cotard.  Los resultados muestran Hipometabolismo (menor consumo de glucosa) en algunas aéreas del cerebro e Hipermetabolismo (mayor consumo de glucosa) en otras, pero todas relacionadas a la conciencia y la integración de información sobre uno mismo.

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