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COP21: Seis aspectos para entender por qué debe importarte la Cumbre del Cambio Climático en París
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Por Redacción

COP21: Seis aspectos para entender por qué debe importarte la Cumbre del Cambio Climático en París



Los líderes de la mayor parte de las naciones del mundo se encuentran en la “Ciudad Luz”, todavía golpeada por los ataques del pasado 13 de noviembre, para intentar avanzar en la lucha contra el cambio climático. A continuación una breve guía para que nuestros lectores entiendan la trascendencia de este acontecimiento.


¿Cuá es el objetivo de la conferencia?


Los gobiernos del mundo han asumido un compromiso para recortar las actividades humanas que liberan gases de efecto invernadero, como la quema de combustibles fósiles. Pero la mera voluntad política y acciones aisladas han demostrado no poder solucionar el problema.


¿Qué implica el Cambio climático?


1) Hasta el momento, la temperatura global ha manifestado un incremento de un 1 ºC desde 1850.


2) 2 ºC de aumento se ha establecido como límite de un calentamiento global con consecuencias reversibles, una vez rebasado este número los efectos serán catastróficos para algunas zonas del planeta y el impacto directo sobre los diferentes ecosistemas del planeta tendrá proporciones imposibles de retrotraer.


3) 300% han subido los niveles de CO2 desde la Revolución Industrial.


4) Cerca del 50% ha retrocedido la cantidad de hielo en el Ártico en los últimos 100 años, lo que tendrá una injerencia directa en el aumento del nivel de los mares.


5) 9 de los 10 años más cálidos registrados en el planeta han ocurrido en los últimos 15 años.


¿Cómo surgen las COP?


COP21 es la forma abreviada, en inglés, para la vigésimo primera ‘Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático’. Esta denominación se impuso en la cumbre celebrada en 1992 en la ciudad de Río de Janeiro, donde por primera vez se reunieron los países preocupados por el Cambio Climático.


Desde ese momento se acordaron una serie de reuniones y acuerdos que tuvieron uno de sus momentos de mayor relevancia con la concreción del ‘Protocolo de Kioto’ firmado en 1997 y del cual se esperaba que pudiera contribuir de forma significativa en la reducción de “gases de efecto invernadero”; sin embargo, el mismo no logró cumplir sus metas a largo plazo y la particularidad de la COP que ha dado inicio en la capital francés es llegar a un acuerdo superador del logrado en Japón y que tenga como clave la: “estabilización de los gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que evite la interferencia humana dañina en el sistema climático”.


¿Quiénes participan?


Se espera que unas 40.000 personas de todo el mundo sean parte de la cumbre durante las dos semanas que se lleva a cabo. Una gran parte son equipos de negociación de los gobiernos y también organismos técnicos de evaluación y asesoramiento. Dependiendo del caso, los representantes van desde equipos de dos personas a varios cientos en el caso de los países más ricos.


Hay muchos “lobbistas” y representantes de empresas, de la industria y la agricultura. También de grupos ambientalistas. Los Jefes de Estado también se harán presentes, aunque seguramente sólo al principio y al cierre de la Conferencia. El papel de los mandatarios, tal cual se demostró este lunes es dar discursos de “concientización” e impulsar el trabajo de sus negociadores hacia un compromiso efectivo. Entre los representantes estatales destacan los ministros de Medio Ambiente, que también llegarán al final de las negociaciones para darle forma al acuerdo definitivo.


¿Qué resultados significativos se espera lograr?


La gran dificultad está, sin duda, en conseguir que todos los países del mundo acuerden cómo lidiar y asumir responsabilidades con respecto al cambio climático.


Este año, París, se erige como la última oportunidad para lograr resultados reales en este proceso. Los negociadores dispusieron en 2011 que un  acuerdo definitivo, que implique medidas coyunturales y verdaderamente transformadoras debe adoptarse antes del fin de 2015. Si esto no se logra, muchos sostienen que la iniciativa perderá su “vigor” y que se fragmentará la posibilidad de lograr una acción mancomunada y efectiva por al menos una década más, lo que a efectos de la celeridad que requieren las medidas a tomar sería muy nocivo.


Los críticos más recalcitrantes sostienen que el problema del cambio climático es un hecho natural de los ciclos del planeta y que la civilización no tiene influencia significativa en el mismo y que si es tan urgente por que se ha dejado transcurrir más de dos décadas para acordar una solución.


Sin embargo, las pruebas suministradas por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) han resultado irrefutables y los defensores de las cumbres argumentan que tomarse tanto tiempo para decidir es necesario porque las directivas se adoptan por un consenso que es fundamental para que todos adhieran con un compromiso fehaciente.


Las partes creen que, a pesar de que parece una enorme limitación, es la mejor manera de garantizar un resultado justo: “todos compartimos el planeta, así que todos deberíamos tener una voz con el mismo peso respecto a su futuro” aseveran los negociadores.


Es fundamental comprender que no sólo el combustible que utilizan los vehículos, aviones o barcos en que te trasladas es parte de esta problemática. Sino, que el teléfono o computadora en que estás leyendo esto, los envoltorios o envases de lo que comes y bebes, gran parte de los materiales que componen la estructura de tu hogar o inclusive la ropa que estás usando tienen su origen en los recursos no renovables. Casi todo lo que se ve, se toca o se siente ha sido cultivado, construido y/o transportado usando energía que viene de combustibles fósiles.


Todos sabemos que han sido de enorme utilidad para el desarrollo de la humanidad: permitieron la industrialización y el desarrollo, sacar a millones de personas de la pobreza. Pero está bien documentado que el dióxido de carbono que se genera tiene especial protagonismo en el efecto invernadero; es decir, atrapa el calor en la superficie del planeta y como ya se mencionó es una matriz energética que se está agotando.


Así es que el propósito de París es sentar bases sólidas para una instrumentación que logre limitar las emisiones de esos gases, mientras se permite que la economía y el desarrollo de los países pueda sostenerse y se le ofrezca ayuda a las naciones más atrasadas y que sin, duda alguna, serán las más afectadas por la subida de las temperaturas y los estragos que pueda causar en los sistemas de sustento.


La calificación de “tarea simple” dista mucho de aplicarse. Es probablemente el acuerdo de cooperación internacional más ambicioso en la historia de la humanidad.


¿Cuáles son los puntos de desacuerdo?


El objetivo final de esta iniciativa es un mundo donde la temperatura global no suba más de 2º C por encima del nivel actual. Esa es la aspiración de largo plazo que ya se ha pactado. Pero hay graves diferencias sobre cómo alcanzarlo.


Los países en vías de desarrollo y las potencias emergentes (China) sostienen que quieren el derecho a seguir utilizando combustibles fósiles hasta que logren índices significativos de progreso en sus sociedades y en su aparato productivo. Argumentan que ahora es su turno, pues los países ricos han tenido acceso sin restricciones a los hidrocarburos por dos siglos.


En consecuencia, un posible acuerdo en París requiere encontrar un balance entre la necesidad de recortar esos recursos con el derecho a usarlos. Pero también, con una ambiciosa planificación coordinada que impulse un desarrollo a gran velocidad en innovación tecnológica, que permita un gran abaratamiento en la implementación a gran escala del uso de energías renovables y limpias, produciéndose así una diversificación cada vez más amplia de nuestra matriz energética.


La cuestión de quién paga es también crucial. ¿Quién va a asumir el coste de la transición a las energías renovables para los países que no se lo pueden permitir actualmente? La coordinación y el consenso que pueda adoptarse desde ahora y hacía un futuro cercano serán de enorme importancia para evitar un fracaso que no dejará rincón del planeta sin tocar y que afectará a ricos y pobres sin distinción y contemplación alguna.


¿Qué se puede lograr?


La diferencia que puede hacer la cumbre de París es potencialmente enorme. En los años 80, los científicos descubrieron el agujero en la capa de ozono y el acuerdo alcanzado en Montreal, Canadá, estableció una manera efectiva de afrontar el problema.


Rápidamente, el mundo limitó el uso de los destructivos gases que causaron el problema y en la actualidad el agujero está disminuyendo. El cambio climático requiere un método similar, pero a una escala mucho mayor. Un acuerdo ambicioso en París limitaría los gases de efecto invernadero y pondría al mundo en el camino hacia una reducción realmente valiosa del impacto del cambio climático.


Pero la realidad de la política y las negociaciones hace que probablemente se trate de un acuerdo de compromiso en primera instancia. Entonces, con el tiempo y adaptaciones necesarias, los negociadores podrán fortalecer el acuerdo y hacerlo más ambicioso.


Nuestra capacidad de adaptación ante los desafíos que ponen en riesgo nuestra existencia ha sido evidencia “fiel” de nuestra valentía para dejar de lado los miedos y diferencias que nos acosan, e impulsarnos a superarnos y resolver los desafíos más complejos. Con un rol de una vez por todas loable dé cada actor decisivo; donde cada Jefe de Estado decida mimetizarse, aunque sea sólo por breve tiempo, en “Grandes Estadistas”, en donde cada científico defienda el principio rector de la ciencia y la innovación, que es el servicio al progreso de la humanidad, que los hombres más emprendedores e influyentes entiendan que es momento de repensar nuestra forma de hacer riqueza y que un planeta “deprimido” desde su concepción medio-ambiental sólo generará magros resultados de la economía global y no menos importante: que cada uno de nosotros comprenda que este desafío está llamando a nuestras vidas ahora, no en 20 años como algunos suponen, que si amamos de forma sincera a nuestros hijos, hermanos menores, nietos, debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance como ciudadanos para garantizarles un mejor porvenir.


Curiosamente a París se le llama la “Ciudad Luz” y tal vez la “providencia” o simplemente el “azar” haya decidido que esa luz insigne de la civilización brille con más fuerza que nunca, dentro de dos semanas, iluminando cada rincón de nuestro planeta en, tal vez, una de sus horas más oscuras.


Fuente: Matt McGrath/BBC Londres.



 


 


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COP21: Seis aspectos para entender por qué debe importarte la Cumbre del Cambio Climático en París

Los líderes de la mayor parte de las naciones del mundo se encuentran en la “Ciudad Luz”, todavía golpeada por los ataques del pasado 13 de noviembre, para intentar avanzar en la lucha contra el cambio climático. A continuación una breve guía para que nuestros lectores entiendan la trascendencia de este acontecimiento.

¿Cuá es el objetivo de la conferencia?

Los gobiernos del mundo han asumido un compromiso para recortar las actividades humanas que liberan gases de efecto invernadero, como la quema de combustibles fósiles. Pero la mera voluntad política y acciones aisladas han demostrado no poder solucionar el problema.

¿Qué implica el Cambio climático?

1) Hasta el momento, la temperatura global ha manifestado un incremento de un 1 ºC desde 1850.

2) 2 ºC de aumento se ha establecido como límite de un calentamiento global con consecuencias reversibles, una vez rebasado este número los efectos serán catastróficos para algunas zonas del planeta y el impacto directo sobre los diferentes ecosistemas del planeta tendrá proporciones imposibles de retrotraer.

3) 300% han subido los niveles de CO2 desde la Revolución Industrial.

4) Cerca del 50% ha retrocedido la cantidad de hielo en el Ártico en los últimos 100 años, lo que tendrá una injerencia directa en el aumento del nivel de los mares.

5) 9 de los 10 años más cálidos registrados en el planeta han ocurrido en los últimos 15 años.

¿Cómo surgen las COP?

COP21 es la forma abreviada, en inglés, para la vigésimo primera ‘Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático’. Esta denominación se impuso en la cumbre celebrada en 1992 en la ciudad de Río de Janeiro, donde por primera vez se reunieron los países preocupados por el Cambio Climático.

Desde ese momento se acordaron una serie de reuniones y acuerdos que tuvieron uno de sus momentos de mayor relevancia con la concreción del ‘Protocolo de Kioto’ firmado en 1997 y del cual se esperaba que pudiera contribuir de forma significativa en la reducción de “gases de efecto invernadero”; sin embargo, el mismo no logró cumplir sus metas a largo plazo y la particularidad de la COP que ha dado inicio en la capital francés es llegar a un acuerdo superador del logrado en Japón y que tenga como clave la: “estabilización de los gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que evite la interferencia humana dañina en el sistema climático”.

¿Quiénes participan?

Se espera que unas 40.000 personas de todo el mundo sean parte de la cumbre durante las dos semanas que se lleva a cabo. Una gran parte son equipos de negociación de los gobiernos y también organismos técnicos de evaluación y asesoramiento. Dependiendo del caso, los representantes van desde equipos de dos personas a varios cientos en el caso de los países más ricos.

Hay muchos “lobbistas” y representantes de empresas, de la industria y la agricultura. También de grupos ambientalistas. Los Jefes de Estado también se harán presentes, aunque seguramente sólo al principio y al cierre de la Conferencia. El papel de los mandatarios, tal cual se demostró este lunes es dar discursos de “concientización” e impulsar el trabajo de sus negociadores hacia un compromiso efectivo. Entre los representantes estatales destacan los ministros de Medio Ambiente, que también llegarán al final de las negociaciones para darle forma al acuerdo definitivo.

¿Qué resultados significativos se espera lograr?

La gran dificultad está, sin duda, en conseguir que todos los países del mundo acuerden cómo lidiar y asumir responsabilidades con respecto al cambio climático.

Este año, París, se erige como la última oportunidad para lograr resultados reales en este proceso. Los negociadores dispusieron en 2011 que un  acuerdo definitivo, que implique medidas coyunturales y verdaderamente transformadoras debe adoptarse antes del fin de 2015. Si esto no se logra, muchos sostienen que la iniciativa perderá su “vigor” y que se fragmentará la posibilidad de lograr una acción mancomunada y efectiva por al menos una década más, lo que a efectos de la celeridad que requieren las medidas a tomar sería muy nocivo.

Los críticos más recalcitrantes sostienen que el problema del cambio climático es un hecho natural de los ciclos del planeta y que la civilización no tiene influencia significativa en el mismo y que si es tan urgente por que se ha dejado transcurrir más de dos décadas para acordar una solución.

Sin embargo, las pruebas suministradas por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) han resultado irrefutables y los defensores de las cumbres argumentan que tomarse tanto tiempo para decidir es necesario porque las directivas se adoptan por un consenso que es fundamental para que todos adhieran con un compromiso fehaciente.

Las partes creen que, a pesar de que parece una enorme limitación, es la mejor manera de garantizar un resultado justo: “todos compartimos el planeta, así que todos deberíamos tener una voz con el mismo peso respecto a su futuro” aseveran los negociadores.

Es fundamental comprender que no sólo el combustible que utilizan los vehículos, aviones o barcos en que te trasladas es parte de esta problemática. Sino, que el teléfono o computadora en que estás leyendo esto, los envoltorios o envases de lo que comes y bebes, gran parte de los materiales que componen la estructura de tu hogar o inclusive la ropa que estás usando tienen su origen en los recursos no renovables. Casi todo lo que se ve, se toca o se siente ha sido cultivado, construido y/o transportado usando energía que viene de combustibles fósiles.

Todos sabemos que han sido de enorme utilidad para el desarrollo de la humanidad: permitieron la industrialización y el desarrollo, sacar a millones de personas de la pobreza. Pero está bien documentado que el dióxido de carbono que se genera tiene especial protagonismo en el efecto invernadero; es decir, atrapa el calor en la superficie del planeta y como ya se mencionó es una matriz energética que se está agotando.

Así es que el propósito de París es sentar bases sólidas para una instrumentación que logre limitar las emisiones de esos gases, mientras se permite que la economía y el desarrollo de los países pueda sostenerse y se le ofrezca ayuda a las naciones más atrasadas y que sin, duda alguna, serán las más afectadas por la subida de las temperaturas y los estragos que pueda causar en los sistemas de sustento.

La calificación de “tarea simple” dista mucho de aplicarse. Es probablemente el acuerdo de cooperación internacional más ambicioso en la historia de la humanidad.

¿Cuáles son los puntos de desacuerdo?

El objetivo final de esta iniciativa es un mundo donde la temperatura global no suba más de 2º C por encima del nivel actual. Esa es la aspiración de largo plazo que ya se ha pactado. Pero hay graves diferencias sobre cómo alcanzarlo.

Los países en vías de desarrollo y las potencias emergentes (China) sostienen que quieren el derecho a seguir utilizando combustibles fósiles hasta que logren índices significativos de progreso en sus sociedades y en su aparato productivo. Argumentan que ahora es su turno, pues los países ricos han tenido acceso sin restricciones a los hidrocarburos por dos siglos.

En consecuencia, un posible acuerdo en París requiere encontrar un balance entre la necesidad de recortar esos recursos con el derecho a usarlos. Pero también, con una ambiciosa planificación coordinada que impulse un desarrollo a gran velocidad en innovación tecnológica, que permita un gran abaratamiento en la implementación a gran escala del uso de energías renovables y limpias, produciéndose así una diversificación cada vez más amplia de nuestra matriz energética.

La cuestión de quién paga es también crucial. ¿Quién va a asumir el coste de la transición a las energías renovables para los países que no se lo pueden permitir actualmente? La coordinación y el consenso que pueda adoptarse desde ahora y hacía un futuro cercano serán de enorme importancia para evitar un fracaso que no dejará rincón del planeta sin tocar y que afectará a ricos y pobres sin distinción y contemplación alguna.

¿Qué se puede lograr?

La diferencia que puede hacer la cumbre de París es potencialmente enorme. En los años 80, los científicos descubrieron el agujero en la capa de ozono y el acuerdo alcanzado en Montreal, Canadá, estableció una manera efectiva de afrontar el problema.

Rápidamente, el mundo limitó el uso de los destructivos gases que causaron el problema y en la actualidad el agujero está disminuyendo. El cambio climático requiere un método similar, pero a una escala mucho mayor. Un acuerdo ambicioso en París limitaría los gases de efecto invernadero y pondría al mundo en el camino hacia una reducción realmente valiosa del impacto del cambio climático.

Pero la realidad de la política y las negociaciones hace que probablemente se trate de un acuerdo de compromiso en primera instancia. Entonces, con el tiempo y adaptaciones necesarias, los negociadores podrán fortalecer el acuerdo y hacerlo más ambicioso.

Nuestra capacidad de adaptación ante los desafíos que ponen en riesgo nuestra existencia ha sido evidencia “fiel” de nuestra valentía para dejar de lado los miedos y diferencias que nos acosan, e impulsarnos a superarnos y resolver los desafíos más complejos. Con un rol de una vez por todas loable dé cada actor decisivo; donde cada Jefe de Estado decida mimetizarse, aunque sea sólo por breve tiempo, en “Grandes Estadistas”, en donde cada científico defienda el principio rector de la ciencia y la innovación, que es el servicio al progreso de la humanidad, que los hombres más emprendedores e influyentes entiendan que es momento de repensar nuestra forma de hacer riqueza y que un planeta “deprimido” desde su concepción medio-ambiental sólo generará magros resultados de la economía global y no menos importante: que cada uno de nosotros comprenda que este desafío está llamando a nuestras vidas ahora, no en 20 años como algunos suponen, que si amamos de forma sincera a nuestros hijos, hermanos menores, nietos, debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance como ciudadanos para garantizarles un mejor porvenir.

Curiosamente a París se le llama la “Ciudad Luz” y tal vez la “providencia” o simplemente el “azar” haya decidido que esa luz insigne de la civilización brille con más fuerza que nunca, dentro de dos semanas, iluminando cada rincón de nuestro planeta en, tal vez, una de sus horas más oscuras.

Fuente: Matt McGrath/BBC Londres.

 

 

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