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Por Redacción

Con la mente en el clásico



Independiente Rivadavia no piensa en otra cosa que en el próximo martes 11 de agosto. Desde principios de febrero, cuando se conoció el fixture del torneo de la Primera B Nacional, el pueblo Leproso marcó con rojo esa fecha en el calendario, la más importante del año, la que no puede pasar como un día más.


Porque justo ahí, cuando el calendario futbolero apunta a la fecha 28, El Azul del Parque recibirá en La Catedral ni más ni menos que a su clásico rival. El Bautista Gargantini será escenario de una nueva edición del superclásico mendocino: Independiente Rivadavia vs. Gimnasia y Esgrima, o La Lepra contra El Lobo, como suele escucharse en alguna popular.


Todo aquel que alguna vez sintió aunque sea una mínima atracción por el fútbol sabe lo que se dice sobre estos partidos: “no importa quien llega mejor, un clásico es diferente”, o que “el historial acá no cuenta, cada clásico es único”, o la más lapidaria de todas: “los clásicos no se juegan, se ganan”. Y todo esto, toda la previa al choque, comienza a danzar en la cabeza del jugador, porque sabe que no son sólo tres puntos. Porque sabe que acá hay honor en juego. Porque sabe que el hincha lo puede amar después de gloriosos 90 minutos, o lo puede putear hasta que decida colgar los botines.


Y ahí lo vemos a Gaspar Servio, tratando de hacer lo imposible por llegar físicamente luego del desgarro que lo mantiene como duda, y por allá lo vemos a Lucas Masoero, con una distención en el recto de la pierna derecha que lo hace sudar en frío, por el sólo hecho de pensar que puede perderse su primer clásico como titular. Más acá, casi pegado a la línea del lateral, nos encontramos con José Méndez, con la mirada fija en la pelota mientras hace algunos malabares, tal vez pensando que ante El Lobo, pueda dejar de ser una promesa y recibirse de ídolo, y allá, cerca del punto del penal, está Agustín Sanfilippo, con la mirada perdida en el césped, con una sola pregunta en su cabeza: “si hago un gol, ¿lo grito con alma y vida o por respeto guardo silencio?” Una respuesta que el ex Gimnasia sólo la conocerá en el instante preciso de encontrarse con el grito sagrado.


Y así, cada uno de los jugadores Leprosos va armando su propio partido en su mente, cada uno de los dirigidos por Pablo Quinteros ya comenzó a “jugar” su clásico, y no se habla de la delicada situación económica, ni de la abultada deuda con el plantel, ni de la falta de elementos para poder trabajar, ni si se juega a las 21 o a las 14… sólo se piensa, se habla y se respira fútbol, porque el 11 de agosto puede ser una cita con la gloria, y ninguno está dispuesto a faltar.


Por Maximiliano Lucero


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Con la mente en el clásico

Independiente Rivadavia no piensa en otra cosa que en el próximo martes 11 de agosto. Desde principios de febrero, cuando se conoció el fixture del torneo de la Primera B Nacional, el pueblo Leproso marcó con rojo esa fecha en el calendario, la más importante del año, la que no puede pasar como un día más.

Porque justo ahí, cuando el calendario futbolero apunta a la fecha 28, El Azul del Parque recibirá en La Catedral ni más ni menos que a su clásico rival. El Bautista Gargantini será escenario de una nueva edición del superclásico mendocino: Independiente Rivadavia vs. Gimnasia y Esgrima, o La Lepra contra El Lobo, como suele escucharse en alguna popular.

Todo aquel que alguna vez sintió aunque sea una mínima atracción por el fútbol sabe lo que se dice sobre estos partidos: “no importa quien llega mejor, un clásico es diferente”, o que “el historial acá no cuenta, cada clásico es único”, o la más lapidaria de todas: “los clásicos no se juegan, se ganan”. Y todo esto, toda la previa al choque, comienza a danzar en la cabeza del jugador, porque sabe que no son sólo tres puntos. Porque sabe que acá hay honor en juego. Porque sabe que el hincha lo puede amar después de gloriosos 90 minutos, o lo puede putear hasta que decida colgar los botines.

Y ahí lo vemos a Gaspar Servio, tratando de hacer lo imposible por llegar físicamente luego del desgarro que lo mantiene como duda, y por allá lo vemos a Lucas Masoero, con una distención en el recto de la pierna derecha que lo hace sudar en frío, por el sólo hecho de pensar que puede perderse su primer clásico como titular. Más acá, casi pegado a la línea del lateral, nos encontramos con José Méndez, con la mirada fija en la pelota mientras hace algunos malabares, tal vez pensando que ante El Lobo, pueda dejar de ser una promesa y recibirse de ídolo, y allá, cerca del punto del penal, está Agustín Sanfilippo, con la mirada perdida en el césped, con una sola pregunta en su cabeza: “si hago un gol, ¿lo grito con alma y vida o por respeto guardo silencio?” Una respuesta que el ex Gimnasia sólo la conocerá en el instante preciso de encontrarse con el grito sagrado.

Y así, cada uno de los jugadores Leprosos va armando su propio partido en su mente, cada uno de los dirigidos por Pablo Quinteros ya comenzó a “jugar” su clásico, y no se habla de la delicada situación económica, ni de la abultada deuda con el plantel, ni de la falta de elementos para poder trabajar, ni si se juega a las 21 o a las 14… sólo se piensa, se habla y se respira fútbol, porque el 11 de agosto puede ser una cita con la gloria, y ninguno está dispuesto a faltar.

Por Maximiliano Lucero

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