Thursday,17 May 2012

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Una pila de graves consecuencias

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A pesar de los esfuerzos de las ONG ambientalistas y los gobiernos, poco se puede hacer para evitar sus daños.

La manipulación cotidiana de pilas y baterías es un verdadero problema y hay poca conciencia en la gente sobre los perjuicios que causan, sobre todo cuando dejan de ser utilizadas.
Es que para estos productos, que contienen elementos químicos muy dañinos para el ambiente y el organismo humano, aún no se ha logrado una acción efectiva que permita erradicar sus desechos o impedir su propagación.
Esto es así al punto tal que para los especialistas, lo ideal sería “no utilizarlas".
Así lo explica Eduardo Sosa, de la organización ambientalista Oikos. “La gestión de pilas y baterías es un problema complejo, ya que lo mejor que podemos hacer es dejar de consumirlas o en todo caso reemplazarlas por pilas recargables, y eso significa replantear el rediseño de equipos electrónicos sofisticados o generar un cambio en las actitudes del consumidor".
El cambio de actitud en la gente es quizás lo más difícil, porque la costumbre del uso no es algo que pueda variar de un día para el otro, aunque la amenaza ambiental tiene un apurado paso.
Según Sosa, “los gobiernos poco pueden hacer" ante esta situación, “excepto difundir información sobre las consecuencias negativas para la salud humana y los ecosistemas" y, en todo caso, “afrontar el problema lo mejor posible". Esto significa, “alejar el peligro de los grupos sensibles como los niños, las embarazadas y los ancianos".

qué se hace y qué no
Una actitud común es tratar a las pilas como “residuos domiciliarios", lo que no está bien. “Muchas veces las pilas se vuelcan a vertederos o van en la bolsa de la basura. Eso no debe hacerse", recalcó Sosa y planteó: “A estos productos debería considerárseles de ‘tratamiento especial'. Lo ideal sería devolverlas a la fábrica", algo que sí ocurre en países como Francia o Alemania.
Pero en la Argentina la cuestión no funciona de ese modo. Incluso existe una fábrica (Eveready), que no recibe las pilas viejas.
Por otro lado, las instituciones, como los municipios (ver aparte), se esfuerzan por disminuir la incidencia perjudicial de pilas y baterías, pero esa acción sigue siendo escasa.
“Los programas de gestión de pilas deben evitar que estos elementos peligrosos se acumulen", señaló Sosa, para quien los reservorios “sirven para mantener lejos del ambiente a estos productos", pero la acción debería estar orientada “a alejarlos de escuelas, centros de salud y edificios públicos", porque si eso no sucede “se expone a la población sensible a emanaciones tóxicas, probable ingestión o contacto con la piel". “Las pilas deberían ser gestionadas por profesionales que entiendan el riesgo de la manipulación inadecuada", agregó.

Productos que matan
No todas las pilas son iguales. Algunas como las llamadas pilas comunes, tienen zinc entre sus elementos y otras, como las alcalinas, dióxido de carbono y manganeso.
Las de los celulares suelen contener cadmio y níquel y las de los audífonos, óxido de mercurio.
Las de las calculadoras y relojes, están constituidas principalmente por litio u óxido de plata.
Con toda esta conformación, particularmente el cadmio y el mercurio son los que resultan más peligrosos.
El principal riesgo no se da cuando están en uso, sino cuando ya quedaron en desuso. Es allí cuando se despiden las sustancias químicas nocivas.

Guaymallén repartió reservorios

Tal como se venía anunciando, la municipalidad de Guaymallén, junto con la Secretaría de Ambiente provincial, a través de la Dirección de Protección Ambiental, entregó nuevos contenedores recolectores de pilas y baterías a distintas instituciones del departamento.
Según informaron desde el municipio, este programa busca “mitigar los efectos contaminantes que poseen estos elementos al caer al suelo”, como así también, “concientizar a los ciudadanos en la idea de adoptar conductas que ayuden a mejorar el ambiente”.
Como acción adicional, el programa incluye la capacitación de los integrantes de las diversas entidades adheridas, esto es, directivos, docentes y colaboradores, para que progresivamente, se transformen en “multiplicadores y  difusores” de esta actividad.