Un lector opina sobre el cambio que experimenta el alma en el final de la vida.
Toda persona tiene un pasado del que muchos detalles ya no recuerda. Decimos de forma lapidaria: «Lo que pasó se olvida», pero si ninguna energía se pierde, ¿dónde está la energía de cada sentimiento, sensación, pensamiento, palabra, costumbres, incluso esquemas de comportamiento, en definitiva donde queda acumulado todo lo que catalogamos como «olvidado» o «pasado»?
Frecuentemente desechamos y olvidamos las muchas situaciones vividas con otras personas, sobre todo el hecho de sí aquellos a quienes ofendimos o dañamos nos perdonaron o no, y si tal vez sufren por ello aun. Pero lo cierto es que lo que no está perdonado permanece, sigue existiendo, incluso si lo hemos olvidado.
Muchas personas a las que les cuesta superar un golpe del destino suelen escuchar de sus conocidos la frase: «El tiempo lo cura todo», lo que es cierto, pero siempre cuando no hayamos contraído nosotros con alguna de las personas implicadas alguna culpa, es decir algo pendiente de resolver. No en balde dijo Jesús de Nazaret lo siguiente: «Haz pronto las paces con tu adversario mientras vayas aún con él de camino, no sea que te lleve ante el juez y el juez te entregue al alguacil, y seas así conducido a la cárcel».
En el camino de purificación, de poner en orden lo que hicimos mal, se transforman las envolturas energéticas, se vuelven más finas y luminosas según el alma vaya saldando su culpa. Así el cuerpo anímico se vuelve más fino e irradia una envoltura más fina, más luminosa, y camina hacia planetas más elevados, donde tiene que reconocer y superar cosas nuevas. En su peregrinaje es acompañada y aconsejada por seres más elevados.
Todo lo que el alma luminosa reconoce y supera, es siempre la energía que cargó sobre ella el ser humano que antes fue. Cuando se termina esa fase de purificación, esa energía es transformada por el poderoso Espíritu eterno en la energía que es propia de esa constelación planetaria. Por fin lo que hubo de humano inferior está ya dejado, superado y olvidado. El alma sigue caminando paso a paso por el camino del olvido hasta que su cuerpo anímico adopte de nuevo la irradiación de su verdadero ser original. El alma entonces ya no es más alma, se ha convertido en un ser puro, un ser espiritual que regresa al Hogar eterno, al Reino de Dios, a sus raíces originarias.Vida Universal
Maximiliano Corradi
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