
A unos días de la partida de la actriz, la familia se encuentra desolada y sin rumbo y su viudo afronta consecuencias de salud.
Con el correr de los días, el hermetismo que cubrió la noticia de la muerte de Romina Yan comienza a romperse. De a poquito, algunos interrogantes empiezan a encontrar respuesta y otros, se cuestionan con más firmeza. El respeto que tuvieron los medios de comunicación a la hora de realizar la cobertura e informar, ahora se va transformando en una necesidad por conocer la verdad. Y sobre todo, por saber cómo sigue la historia de Gustavo Yankelevich, Cris Morena, Darío Giordano y los tres angelitos, Franco, Valentín y azul.
Una sentida ausencia
El rol que ocupaba Romina en esto de llevar y traer a los chicos a la escuela lo cumple Gustavo, quien consuela a sus amigos con un conmovedor mensaje: “Disfruten la vida porque pasa rápido. Y los buenos momentos también. Ahora necesito calmar esta tristeza infinita, el tiempo no corre". Además, debe cargar con una mochila pesadísima después de que Franco, el hijo mayor de Romina, le planteara “Abuelito, vos me ayudás a mí y yo a vos, ¿dale?". Es por ello que pese a su profundo dolor, debe aparecer como el hombre fuerte del grupo.
Por su parte, Cris Morena dejó de lado su acostumbrada obsesión por el trabajo para dedicarse full time a sus nietos. Es más, se fue de su hogar en Barrio Parque y se instaló en la casa de Romina para estar presente en la contención de los chicos. Mientras, ella encuentra su cable a tierra en su pareja, el empresario Fernando Espinasse, quien la acompaña en todo momento.
Su viudo, Darío Giordano, es quien mayores consecuencias de salud afronta. Su entorno está muy preocupado porque manifiesta ataques de pánico, una enfermedad frecuente para quien sufre la pérdida de un ser muy querido, por lo que su mamá Susana está presente a su lado. El apoyo que encuentra en sus tres pequeños hijos le resulta fundamental para superar esta alteración psicológica momentánea.
Mientras, Franco, Valentín y Azul llevan la situación como pueden. Franco decidió ir al colegio el jueves 30 y fue recibido por sus compañeros con abrazos, cartas y una taza con una vela, en memoria de su mamá. Valentín se incorporó un día después y fue el único de los tres que pidió ir al entierro de su madre, además de brindarle su hombro a Darío para que llorara en esa triste jornada. Azul, la más pequeña, comparte gran parte del día con su tío Tomás, el hermano de Romina, y tiene permanentes ataques de llanto mientras pide por su mamá sin entender demasiado su ausencia.







