Muchas mujeres padecen distintos tipos de violencia, que al no ser infligida sobre el cuerpo, da la impresión que no existe.
La violencia de género o, en la mayoría de los casos violencia contra la mujer, es uno de los temas recurrentes tanto desde organizaciones no gubernamentales como desde los medios. Sin embargo, muchas veces se reduce al concepto de violencia física o psicológica, sin atender a otros tipos de violencia que, aunque silenciosos, son iguales o más nocivos.
Tras conocerse la muerte de Aldana, la adolescente de 17 años que fue rociada con alcohol y prendida fuego por su pareja en la localidad bonaerense de Wilde, luego de permanecer una semana internada, puso de relieve el tema una vez más. En esta nota, Ciudadano aporta datos acerca de la violencia de género, cuáles son los síntomas, a dónde recurrir y quiénes se ocupan de dar respuestas en nuestra provincia.
Cómo definir la violencia
Como violencia contra la mujer se define a todo tipo de agresión ejercida contra la mujer por su condición de sexo. Es el resultado de su histórica posición en la familia patriarcal, subordinada al varón y carente de plenos derechos como persona. Presenta numerosas facetas que van desde la discriminación y el menosprecio hasta la agresión física o psicológica y el asesinato.
Se produce en ámbitos tan diferentes como la familia, el trabajo y espacios educativos, pero adquiere especial dramatismo en el de la pareja y doméstico, ya que anualmente cientos de mujeres son asesinadas a manos de sus parejas en el mundo.
En diálogo con Ciudadano, Fabricio Fiochetta, director ejecutivo de una de las organizaciones no gubernamentales que se encargan de ayudar y contener a mujeres víctimas de violencia, explicó que existen distintos estilos.
Siete enemigos de una mujer
La más difundida, sin dudas, es la violencia física, que incluye cualquier acto material -no accidental- que inflige daño mediante la fuerza, sustancias, armas y objetos provocando o no lesiones internas o externas.
La segunda forma más conocida es la psicológica, de muy difícil detección, ya que incluye a todo acto que daña la estabilidad psicológica, llevando a la víctima a la depresión, aislamiento, devaluación de la autoestima e incluso el suicidio.
Sin embargo, también deben tenerse en cuenta no sólo los actos concretos, como humillación pública o en privado, descalificación de la persona o de su actividad (sea laboral o doméstica), sino también los actos por omisión, es decir el castigo a través del silencio o la ausencia del maltratador.
Por su parte, la violencia patrimonial consiste en la transformación, sustracción, destrucción, limitación o retención de objetos, documentos personales, bienes y valores, derechos patrimoniales o recursos económicos destinados a satisfacer las necesidades de la mujer, y puede abarcar los daños a bienes comunes o propios de la víctima.
En este sentido, se diferencia de la violencia económica en que ésta última afecta a la situación económica de la mujer.
Entre las más difundidas también está la violencia sexual, que se refiere a cualquier acto que degrada o daña el cuerpo o la sexualidad de la víctima, atentando contra su libertad, dignidad, seguridad sexual e integridad física.
Otro tipo, pocas veces denunciado, es el de la violencia laboral que implica la negativa ilegal a contratar a una mujer o a respetar su permanencia o condiciones generales de trabajo, la descalificación de la tarea realizada, las amenazas, la intimidación, las humillaciones, la explotación y todo tipo de discriminación por condición de género.
Por último, una de las menos difundidas es la violencia docente, que involucra a las conductas que dañan la autoestima de las alumnas con actos de discriminación por sexo, edad, condición social, académica, limitaciones o características físicas que les infligen los docentes o sus pares.
En Mendoza
La situación de las mujeres de nuestra provincia que resultan víctimas de violencia es un tanto precaria, ya que, según Fiochetta, “no hay albergues que les permitan irse de sus casas para buscar refugio y ayuda". En este sentido, explicó que la fundación que dirige está construyendo un albergue, pero que aún no se encuentra habilitado.
Por su parte, las municipalidades, a través de sus Áreas Mujer, les brindan un subsidio a aquellas mujeres que radican la denuncia y necesitan alejarse del entorno familiar –cuando la violencia proviene del cónyuge– que consiste en una suma de dinero que les sirva para pagar una pensión donde dormir durante tres días./ Carina Bruzzone







