Las anfetaminas son de fácil acceso y no se las considera drogas duras. Su venta es legal, pero ya se secuestraron varias dosis en boliches.
Llegaron a la provincia hace más de 50 años como drogas de corte homeopático o bien como síntesis farmacológicas del tipo psicotrópico. Sin embargo, el uso y abuso de estas sustancias en Mendoza y gran parte del país, han ido mutando paulatinamente a lo largo de los años. Hoy, las anfetaminas y metanfetaminas no solamente forman parte del pastillero de mamá o del abuelo, sino que muchos jóvenes las utilizan con fines recreativos en fiestas o, como se ha detectado en algunos casos, para mejorar el rendimiento deportivo.
Qué son las anfetaminas
Las anfetaminas son un tipo de droga estimulante del sistema nervioso central. Se presentan en forma de pastillas o cápsulas de diferentes formas y colores, produce sensaciones de alerta y confianza, aumentando los niveles de energía, felicidad y autoestima. Hace desaparecer la sensación de hambre y de sueño.
Además, las anfetas son drogas adictivas, capaces de generar dependencia.
Es legal, es peligrosa
Durante una fiesta electrónica que tuvo lugar el pasado 15 de diciembre en un conocido boliche de Chacras de Coria, efectivos policiales le secuestraron a un joven de 27 años diez píldoras de un compuesto sintético de base efedreínica. En otras palabras, según se pudo investigar, el detenido cargaba con sustancias químicas que no están contempladas dentro del mapa de drogas ilegales, por lo que recuperó la libertad rápidamente al presentar una receta médica que certificaba el uso del medicamento.
Hechos como el narrado se presentan, según autoridades policiales, entre dos y tres veces por mes y en la mayoría de los casos, todos terminan consiguiendo el formulario médico que los exonera de cualquier delito, ya que toda droga del grupo anfetamínico está considerada como legal.
La médica y toxicóloga mendocina Diana Cardoná, advirtió a través de Ciudadano que más allá de lo que diga o no la ley, lo cierto es que el mal uso y abuso de estos compuestos puede ser muy peligroso y en algunos casos puede derivar en cuadros de desequilibrio mental, trastornos de pánico y hasta la muerte por sobredosis farmacológica.
“Muchas veces la sociedad entiende la capacidad de daño de una droga en función de la legalidad o ilegalidad del compuesto en cuestión. El caso de los preparados anfetamínicos es un buen ejemplo de que muchas veces las llamadas drogas de diseño van mucho más rápido que la actualización del mapa de drogas ilegales, pero no son menos peligrosas por no pertenecer a ese grupo”, comentó la especialista.
En todo el territorio nacional, conseguir anfetaminas es tan fácil como comprar cualquier otro medicamento bajo receta. El problema, según afirman especialistas consultados por Ciudadano, son los recientes usos y costumbres con que la droga está ganando espacio entre los jóvenes de entre 20 y 30 años. Cecilia Zalazar, de la ONG “Acá estamos”, comentó que durante el 2011 se recibieron dos casos de chicos con problemas de adicción a las anfetaminas.
“Estas pastillas no se compran en la villa como la marihuana o la cocaína. Están en muchas casas y a veces se encuentran abandonadas y fuera de fecha de consumo. Por lo tanto el acceso es tan fácil como peligroso y tan barato como adictivo.
Todo esto hace que la droga despierte interés entre los jóvenes, pero es vital recordar que cuando se administra con fines lúdicos o recreativos los desajustes a nivel nervioso pueden ser fatales, como así también adictivos”, dijo Zalazar.
Ataques cardiacos
Las anfetaminas, tanto como la cocaína y otros excitantes, aumentan el ritmo cardiaco y la presión arterial, pero además pueden causar espasmos en las arterias del corazón y promover la formación de coágulos. Es por eso que las personas que ya tienen depósitos de “placa anfetamínica" en sus arterias coronarias podrían tener riesgos de causar su ruptura que, tarde o temprano, determina ataques cardíacos.
La voz protagonista
A través de la organización Acá estamos, se pudo contactar a una persona de 23 años que durante su adolescencia sufrió la adicción a las anfetaminas. Por pedido del entrevistado, la identidad quedará reservada, pero no tuvo problemas en ofrecer su testimonio.
“La sensación al tomar anfetaminas es inexplicable; después de tomar una pastilla o dos estás como listo, te hace hablar, tenés energía, te sentís abierto a todas las personas, te pone contento. Me gustaba la droga porque me hacía sentir bien, no pensaba en mis defectos y no tenía ningún tipo de miedo. Aunque no tardé en odiarla. La odio porque daña el cerebro y el cuerpo y te engaña para que lo hagas otra vez, porque te sientes muy bien. Pero la pura verdad es que te daña más de cincuenta veces de lo que te ayuda. Además, ser adicto te convierte en una persona dependiente de la droga y de los demás, y para mí, que amo la libertad, tengo que reconocer que las ‘anfetas’ no son mi estilo”, confesó.







