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Por Redacción

Cómo evitar el botulismo



El caso de un pequeño de seis meses en San Rafael, encendió una luz de alarma que llama a adquirir conocimiento sobre la enfermedad, su gravedad y las formas de prevenirla, ya que puede tratarse y disminuir su incidencia mediante medidas de prevención y control.


El botulismo es una enfermedad rara pero grave que se manifiesta cuando la bacteria Closdridium botulinum entra en el organismo a través de heridas o por ingesta de alimentos enlatados o mal conservados. Esta bacteria se encuentra en los suelos y las aguas no potables de todo el mundo y produce esporas que sobreviven en los alimentos mal conservados o mal enlatados, donde generan la toxina (veneno). En este sentido, hay que resaltar que los alimentos que suelen contaminarse con mayor frecuencia son las verduras enlatadas en casa, como espárragos, arvejas, remolacha y choclo; y con menor frecuencia en ajo y tomate. Esta bacteria también puede transmitirse por la carne de cerdo y el pescado crudo o ahumado. Es de vital importancia entender que ingerirla aun en insignificantes cantidades es suficiente para desencadenar una grave infección.


En el caso del botulismo del lactante o toxemia intestinal, el Closdridium botulinum afecta a niños menores de un año, con mayor incidencia entre las 2 y las 24 semanas de vida. Su causa más común es la ingesta de miel o jarabe de maíz y además hay presencia de la bacteria en las heces de algunos bebés. Cuando ataca a los pequeños el cuadro clínico puede ser grave y lo provoca la absorción de la toxina botulínica que se produce en la luz intestinal. Muchos de estos casos indican una alta letalidad si no se consigue un diagnóstico precoz y un tratamiento oportuno, el que puede precisar hospitalización  y hasta el ingreso a terapia intensiva para recibir apoyo nutricional, monitoreo cardiovascular y asistencia respiratoria mecánica. No obstante, otros pequeños presentan una intoxicación leve y una evolución benigna que no deja secuelas.


Una de las características de esta enfermedad es que no puede establecerse su periodo de incubación porque se desconoce el momento exacto en el que las esporas ingresan al tracto intestinal del lactante. Por otro lado, las manifestaciones clínicas por lo general son variadas y de diferente intensidad, desde síntomas leves hasta la insuficiencia respiratoria grave.



  • Síntomas: suelen aparecer entre 8 y 36 hs después de consumir alimentos contaminados. Una particularidad de esta infección es que no presenta fiebre.


–          En bebés: estreñimiento, babeo, mala alimentación o succión débil, dificultad respiratoria, llanto débil y debilidad y/o pérdida de tono muscular.


–          En adultos: cólicos abdominales, dificultad respiratoria que puede derivar en insuficiencia para respirar, dificultad al deglutir y al hablar, visión doble o borrosa, náuseas, vómitos, debilidad con parálisis a ambos lados del cuerpo, párpado caído e intestino paralizado y/o retención urinaria.


Cabe aclarar que el tratamiento oportuno reduce en forma significativa los riesgos de muerte; sin embargo, el botulismo implica posibles complicaciones como infección y neumonía por aspiración, debilidad prolongada, problemas del sistema nerviosos por más de un año y dificultad respiratoria severa.



  • Prevención y control


–          Evitar darle al lactante fuentes identificadas de esporas como miel e infusiones con hierbas medicinales, en especial las hierbas que se comercializan a granel, ya que tienen mayor contaminación que las que se venden industrializadas. Para recalcar: nunca hay que dale miel ni jarabe de maíz a menores de un año, ni siquiera para endulzar el chupete. Una forma eficaz de prevenir el botulismo es alimentar al bebé sólo con leche materna.


–          Descartar siempre las latas con visible abultamiento y alimentos en conserva con mal olor. La esterilización de los alimentos envasados en el hogar y cocinados a presión a 120°C durante diez minutos, reducen el riesgo. Conservar las papas horneadas envueltas en papel aluminio caliente o en el refrigerador, pero nunca a temperatura ambiente. También se recomienda, antes de comerlos, hervir todo alimento capaz de transmitir el botulismo durante diez minutos.


–          Promover medidas de higiene en el domicilio y en su entorno para evitar o minimizar la contaminación con tierra o polvo ambiental, en especial en zonas ventosas o como Mendoza: áridas, con escasas precipitaciones y baja humedad ambiental.


Respecto a su diagnóstico, se llega mediante exámenes de sangre para identificar la toxina o por medio de un cultivo. Asimismo, pueden practicarse pruebas de laboratorio sobre los alimentos implicados.


Prevenir esta enfermedad es posible con medidas fáciles de aplicar dentro del hogar. Un diagnóstico precoz remite a un tratamiento a tiempo y adecuado para salvar la vida o reducir complicaciones prolongadas.


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Cómo evitar el botulismo

El caso de un pequeño de seis meses en San Rafael, encendió una luz de alarma que llama a adquirir conocimiento sobre la enfermedad, su gravedad y las formas de prevenirla, ya que puede tratarse y disminuir su incidencia mediante medidas de prevención y control.

El botulismo es una enfermedad rara pero grave que se manifiesta cuando la bacteria Closdridium botulinum entra en el organismo a través de heridas o por ingesta de alimentos enlatados o mal conservados. Esta bacteria se encuentra en los suelos y las aguas no potables de todo el mundo y produce esporas que sobreviven en los alimentos mal conservados o mal enlatados, donde generan la toxina (veneno). En este sentido, hay que resaltar que los alimentos que suelen contaminarse con mayor frecuencia son las verduras enlatadas en casa, como espárragos, arvejas, remolacha y choclo; y con menor frecuencia en ajo y tomate. Esta bacteria también puede transmitirse por la carne de cerdo y el pescado crudo o ahumado. Es de vital importancia entender que ingerirla aun en insignificantes cantidades es suficiente para desencadenar una grave infección.

En el caso del botulismo del lactante o toxemia intestinal, el Closdridium botulinum afecta a niños menores de un año, con mayor incidencia entre las 2 y las 24 semanas de vida. Su causa más común es la ingesta de miel o jarabe de maíz y además hay presencia de la bacteria en las heces de algunos bebés. Cuando ataca a los pequeños el cuadro clínico puede ser grave y lo provoca la absorción de la toxina botulínica que se produce en la luz intestinal. Muchos de estos casos indican una alta letalidad si no se consigue un diagnóstico precoz y un tratamiento oportuno, el que puede precisar hospitalización  y hasta el ingreso a terapia intensiva para recibir apoyo nutricional, monitoreo cardiovascular y asistencia respiratoria mecánica. No obstante, otros pequeños presentan una intoxicación leve y una evolución benigna que no deja secuelas.

Una de las características de esta enfermedad es que no puede establecerse su periodo de incubación porque se desconoce el momento exacto en el que las esporas ingresan al tracto intestinal del lactante. Por otro lado, las manifestaciones clínicas por lo general son variadas y de diferente intensidad, desde síntomas leves hasta la insuficiencia respiratoria grave.

  • Síntomas: suelen aparecer entre 8 y 36 hs después de consumir alimentos contaminados. Una particularidad de esta infección es que no presenta fiebre.

–          En bebés: estreñimiento, babeo, mala alimentación o succión débil, dificultad respiratoria, llanto débil y debilidad y/o pérdida de tono muscular.

–          En adultos: cólicos abdominales, dificultad respiratoria que puede derivar en insuficiencia para respirar, dificultad al deglutir y al hablar, visión doble o borrosa, náuseas, vómitos, debilidad con parálisis a ambos lados del cuerpo, párpado caído e intestino paralizado y/o retención urinaria.

Cabe aclarar que el tratamiento oportuno reduce en forma significativa los riesgos de muerte; sin embargo, el botulismo implica posibles complicaciones como infección y neumonía por aspiración, debilidad prolongada, problemas del sistema nerviosos por más de un año y dificultad respiratoria severa.

  • Prevención y control

–          Evitar darle al lactante fuentes identificadas de esporas como miel e infusiones con hierbas medicinales, en especial las hierbas que se comercializan a granel, ya que tienen mayor contaminación que las que se venden industrializadas. Para recalcar: nunca hay que dale miel ni jarabe de maíz a menores de un año, ni siquiera para endulzar el chupete. Una forma eficaz de prevenir el botulismo es alimentar al bebé sólo con leche materna.

–          Descartar siempre las latas con visible abultamiento y alimentos en conserva con mal olor. La esterilización de los alimentos envasados en el hogar y cocinados a presión a 120°C durante diez minutos, reducen el riesgo. Conservar las papas horneadas envueltas en papel aluminio caliente o en el refrigerador, pero nunca a temperatura ambiente. También se recomienda, antes de comerlos, hervir todo alimento capaz de transmitir el botulismo durante diez minutos.

–          Promover medidas de higiene en el domicilio y en su entorno para evitar o minimizar la contaminación con tierra o polvo ambiental, en especial en zonas ventosas o como Mendoza: áridas, con escasas precipitaciones y baja humedad ambiental.

Respecto a su diagnóstico, se llega mediante exámenes de sangre para identificar la toxina o por medio de un cultivo. Asimismo, pueden practicarse pruebas de laboratorio sobre los alimentos implicados.

Prevenir esta enfermedad es posible con medidas fáciles de aplicar dentro del hogar. Un diagnóstico precoz remite a un tratamiento a tiempo y adecuado para salvar la vida o reducir complicaciones prolongadas.

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