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Por Redacción

Cinchada “K” – PJ mendocino y la sinrazón institucional



De ser el cubículo mimado del poder kirchnerista a ser el innombrable del entorno presidencial, sin escala, fue el “piñón” más duro de su carrera que podría haber recibido el rostro político del gobernador Francisco Pérez. Y lo peor es que, inmerecidamente esta cuestión ha lesionado con severidad la institucionalidad de la provincia. Un punto que como “maquiavélico moño de regalo” cierra todo un paquete de vicisitudes que ha pasado este estado provincial cuyano en “gran parte” del gobierno de la actual primera  mandataria nacional.


Pero, en esto hay que ser sinceros y exactos: “Mendoza estuvo en el universo de Cristina Fernández de Kirchner porque en gran parte de su primer gobierno había que denostar a como diera lugar a su vicepresidente Julio Cobos, “acusado de traición a la patria kirchnerista”. Entonces, se utilizaron todo tipo de elementos, como amansar sin mucho esfuerzo ante los pies de la rosada al entonces gobernador Celso Jaque. Mientras que en su segundo mandato se debía mimar a “Paco” ese advenedizo en las huestes nacionales, que bien podía servir a ese inocultable interés sectario de perpetuidad en el poder, más allá de que inclusive la propia constitución lo prohíbe.


Francisco Pérez no solo no logró el sublime objetivo “K”, sino que además se le ocurrió hacer lo que no había hecho en sus primeros tiempos de gestión, como tampoco no lo había hecho su predecesor (Celso Jaque): “comenzar a reclamar a la nación legítimos dineros que le pertenecen a Mendoza”. Millonarias cifras del impuesto al cheque, de regalías petroleras, de obra pública y de una mal liquidada coparticipación federal de impuestos, entre otras cuestiones.


El camino de defensa de los intereses de este estado provincial cuyano se inició claro e intransigente por parte de Francisco Pérez, cuando se elaboraba la nueva ley de hidrocarburos. Punto que tuvo la inmediata reacción de la administración nacional, cuando ignoró a la gobernación mendocina a la hora de acordar y firmar un necesario desendeudamiento que alivia la presión económica financiera de la deuda pública de Mendoza con la nación. Cuestión que se pudo comprobar a principios de este año, cuando el desendeudamiento de 17 provincias mostró un ahorro para cada estado de un poco más de 8 mil millones de pesos.


Luego sobrevinieron los tiempos electorales, con definiciones que le dejaron claro al kirchnerismo que no se le iba a permitir más intromisiones en los procesos de selección de candidaturas en la provincia. Era el pase de factura tras aquella humillación que soportó el PJ mendocino, cuando desde Buenos Aires se le expresó al peronismo de aquí que Guillermo Carmona debía ocupar el primer lugar como candidato a diputado de la nación, junto a desconocidos militantes de La Cámpora Anabel Fernández Sagasti, Lucas Ilardo y Marina Femenía. Entonces, el acuerdo de líneas internas del justicialismo no solo no permitió sugerencias del poder “K” sino que no dio cabida a candidatura alguna. Y, otra vez la inmediata reacción de la Casa Rosada, no contra la estructura partidaria del PJ local, sino contra toda la provincia. Esto último manifestado descaradamente, cuando la presidenta ignoró en un acto oficial al primer mandatario mendocino. Aspecto que no terminó allí, sino que continuó cuando la presidenta expulsó al influyente Juan Carlos “Chueco” Mazón y terminó enfriando absolutamente todo tipo de relación con la administración de Francisco Pérez. Esto implicó que todo tipo de línea de acción económica, financiera y social entre la provincia y la nación comenzó a tener intencionales atrasos en sus cumplimientos. No extrañó entonces lo que ha sucedido con el Banco Nación. Allí, donde todos los meses Mendoza hacía uso de descubiertos, para pagar sueldos y proveedores. Procedimiento que a finales de marzo sufrió una sugestiva e intencional modificación que dejó muy mal parado al gobierno provincial, que solo pudo abonar en primera instancia  los haberes a un 30% de los estatales y que, además dejó entrever un mafioso mensaje desde el núcleo de decisiones del Nación en poder de la Cámpora hacia el poder ejecutivo mendocino.


Si uno tuviera que evaluar la relación que tuvo la nación y la provincia bajo la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner y la gobernación de Francisco Pérez, como amigos y enemigos, da igual: “es de pérdida total para Mendoza”. De todo esto sacó sectaria y muy abultada tajada la Casa Rosada, mientras que los mendocinos vieron cómo se precarizaba el estándar de vida de una provincia que supo de grandeza; que no había tenido antes, tantos pobres como en este tiempo; que no había evidenciado la falta de obras, a punto tal que hace mucho tiempo que los habitantes de aquí no saben de inauguraciones. Además de comprobar la precarización de su aparato productivo y el inadmisible faltante de ingreso de dineros genuinos que se fue devorando el insaciable poder sectario nacional.


Pero, todo esto fue parte de la sinrazón de una situación que lenta e inexorablemente se va extinguiendo. Tanto como quiera ese ciudadano que vivió en plenitud una historia de un tiempo dominado por antagonismos y de excesos que ya es hora se termine para dar paso a la gobernabilidad, al sentido común y al respeto por las instituciones, las provincias y las libertades públicas.


Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano 


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Cinchada “K” – PJ mendocino y la sinrazón institucional

De ser el cubículo mimado del poder kirchnerista a ser el innombrable del entorno presidencial, sin escala, fue el “piñón” más duro de su carrera que podría haber recibido el rostro político del gobernador Francisco Pérez. Y lo peor es que, inmerecidamente esta cuestión ha lesionado con severidad la institucionalidad de la provincia. Un punto que como “maquiavélico moño de regalo” cierra todo un paquete de vicisitudes que ha pasado este estado provincial cuyano en “gran parte” del gobierno de la actual primera  mandataria nacional.

Pero, en esto hay que ser sinceros y exactos: “Mendoza estuvo en el universo de Cristina Fernández de Kirchner porque en gran parte de su primer gobierno había que denostar a como diera lugar a su vicepresidente Julio Cobos, “acusado de traición a la patria kirchnerista”. Entonces, se utilizaron todo tipo de elementos, como amansar sin mucho esfuerzo ante los pies de la rosada al entonces gobernador Celso Jaque. Mientras que en su segundo mandato se debía mimar a “Paco” ese advenedizo en las huestes nacionales, que bien podía servir a ese inocultable interés sectario de perpetuidad en el poder, más allá de que inclusive la propia constitución lo prohíbe.

Francisco Pérez no solo no logró el sublime objetivo “K”, sino que además se le ocurrió hacer lo que no había hecho en sus primeros tiempos de gestión, como tampoco no lo había hecho su predecesor (Celso Jaque): “comenzar a reclamar a la nación legítimos dineros que le pertenecen a Mendoza”. Millonarias cifras del impuesto al cheque, de regalías petroleras, de obra pública y de una mal liquidada coparticipación federal de impuestos, entre otras cuestiones.

El camino de defensa de los intereses de este estado provincial cuyano se inició claro e intransigente por parte de Francisco Pérez, cuando se elaboraba la nueva ley de hidrocarburos. Punto que tuvo la inmediata reacción de la administración nacional, cuando ignoró a la gobernación mendocina a la hora de acordar y firmar un necesario desendeudamiento que alivia la presión económica financiera de la deuda pública de Mendoza con la nación. Cuestión que se pudo comprobar a principios de este año, cuando el desendeudamiento de 17 provincias mostró un ahorro para cada estado de un poco más de 8 mil millones de pesos.

Luego sobrevinieron los tiempos electorales, con definiciones que le dejaron claro al kirchnerismo que no se le iba a permitir más intromisiones en los procesos de selección de candidaturas en la provincia. Era el pase de factura tras aquella humillación que soportó el PJ mendocino, cuando desde Buenos Aires se le expresó al peronismo de aquí que Guillermo Carmona debía ocupar el primer lugar como candidato a diputado de la nación, junto a desconocidos militantes de La Cámpora Anabel Fernández Sagasti, Lucas Ilardo y Marina Femenía. Entonces, el acuerdo de líneas internas del justicialismo no solo no permitió sugerencias del poder “K” sino que no dio cabida a candidatura alguna. Y, otra vez la inmediata reacción de la Casa Rosada, no contra la estructura partidaria del PJ local, sino contra toda la provincia. Esto último manifestado descaradamente, cuando la presidenta ignoró en un acto oficial al primer mandatario mendocino. Aspecto que no terminó allí, sino que continuó cuando la presidenta expulsó al influyente Juan Carlos “Chueco” Mazón y terminó enfriando absolutamente todo tipo de relación con la administración de Francisco Pérez. Esto implicó que todo tipo de línea de acción económica, financiera y social entre la provincia y la nación comenzó a tener intencionales atrasos en sus cumplimientos. No extrañó entonces lo que ha sucedido con el Banco Nación. Allí, donde todos los meses Mendoza hacía uso de descubiertos, para pagar sueldos y proveedores. Procedimiento que a finales de marzo sufrió una sugestiva e intencional modificación que dejó muy mal parado al gobierno provincial, que solo pudo abonar en primera instancia  los haberes a un 30% de los estatales y que, además dejó entrever un mafioso mensaje desde el núcleo de decisiones del Nación en poder de la Cámpora hacia el poder ejecutivo mendocino.

Si uno tuviera que evaluar la relación que tuvo la nación y la provincia bajo la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner y la gobernación de Francisco Pérez, como amigos y enemigos, da igual: “es de pérdida total para Mendoza”. De todo esto sacó sectaria y muy abultada tajada la Casa Rosada, mientras que los mendocinos vieron cómo se precarizaba el estándar de vida de una provincia que supo de grandeza; que no había tenido antes, tantos pobres como en este tiempo; que no había evidenciado la falta de obras, a punto tal que hace mucho tiempo que los habitantes de aquí no saben de inauguraciones. Además de comprobar la precarización de su aparato productivo y el inadmisible faltante de ingreso de dineros genuinos que se fue devorando el insaciable poder sectario nacional.

Pero, todo esto fue parte de la sinrazón de una situación que lenta e inexorablemente se va extinguiendo. Tanto como quiera ese ciudadano que vivió en plenitud una historia de un tiempo dominado por antagonismos y de excesos que ya es hora se termine para dar paso a la gobernabilidad, al sentido común y al respeto por las instituciones, las provincias y las libertades públicas.

Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano 

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