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Por Redacción

Chica coraje



Carolina y Héctor estaban en pareja, se conocían desde hacía mucho tiempo, fueron vecinos (departamento de por medio), e incluso, cuando estuvieron separados, lo que no permitió el distanciamiento absoluto. Llegado el momento del vencimiento de sendos contratos de alquiler, cada uno buscó y coincidieron en el mismo barrio otra vez. “Creo que el destino quería que estuviéramos juntos”, dijo Caro, a más de 4 años de la tragedia que no sólo le arrebató el amor y le truncó muchos proyectos, sino que también le dio la posibilidad de empezar de nuevo, empezar de cero.


Él no conocía el mar


Por esos días cada uno alquilaba su departamento pero ‘convivían’ un poco en cada casa, con la idea de volver de vacaciones y alquilar juntos para formalizar la relación definitivamente.


Caro trabajaba en un café desde hacía más de 6 años y pensaba en renunciar para hacer otras cosas, Pero al hablarlo con Maximiliano, su jefe, le dijo que tomara las vacaciones que le correspondían y que a su regreso, en caso de decidirlo así, presentara su renuncia.


Caro tenía más de un mes de licencia y acomodó las vacaciones para que coincidieran con los días que tenía Héctor para disfrutar juntos unos días en Chile. Ella, desde que conoció ese lugar, siempre quiso volver, pero a vivir allí. Él, en cambio, no conocía el mar y ésta era una buena oportunidad. “Héctor siempre me decía que el no iba a llegar a los 30, era una frase recurrente. Entonces yo le decía que, con más razón, tenía que salir al mundo, que tenía que conocer el mar antes de pensar en morir”, recordó la joven.


“Carmela, la mamá de Héctor, cumple los años el 14 de febrero, lo festejó el sábado 19 y, al día siguiente bien temprano, salimos de viaje desde Junín. A unos pocos kilómetros nos dimos cuenta de que nos habíamos olvidado las milanesas y en el caso de que se nos rompiera el auto o cualquier cosa llevábamos el almuerzo. Le avisamos a la madre que volvíamos a buscarlas y cuando llegamos me bajé corriendo del auto, entré a la casa, mientras Héctor me esperaba y mi suegra me dijo que me sentara, yo me reí y le pregunté ¿por qué? y ella me respondió: ‘Porque los que se vuelven les pasa algo’, dijo ella, y le respondí que no iba a pasar nada, pero igual me senté un ratito”, dijo Carolina


El último tiempo, Héctor pasaba muchas horas donde trabajaba y había empezado a estudiar Numerología. Antes de viajar me dijo que en los números aparecía que algo malo iba a pasar… Él, a pesar de no temerle a la muerte, le daba temor salir al mundo”, recordó Caro, algo que puede leerse como una premonición.


“Salimos nuevamente y en la ruta a la altura de Maipú tuvimos el accidente. La persona que nos chocó se había quedado dormida, la gente dijo que lo había visto zigzaguear y, al parecer, dobló muy rápido y nos atropelló. También nos dijeron que quien nos chocó había salido de trabajar de una bodega y que acababa de dejar a su hermano…”, relató la joven, en base a todo lo que le contaron luego, ya que del accidente no recuerda nada.


Despertar


El cabello, aún estando recogido y un lunar en el brazo, sirvieron para que Ana María y Juan Carlos, papás de Caro, la reconocieran en Terapia Intensiva, rodeada de aparatos, porque la gravedad de las lesiones había deformado su rostro. “Estuve cuatro días en coma, de ahí pasé a coma farmacológico por 18 días”, contó la sobreviviente.


Dos traqueotomías, fracturas múltiples –mandíbula, nariz, clavícula–, líquido en el oído y en los pulmones, fracturas expuestas en distintas partes de su cuerpo, sus intestinos habían estallado producto del impacto, lo que complicaba aún más el panorama. Fueron muchas intervenciones quirúrgicas durante los primeros días y en los meses siguientes, incluso hoy, después de más de cuatro años, Carolina tiene operaciones pendientes. “Lo primero que pregunté cuando desperté y aún estando medicada fue por la persona que conducía el otro auto, me dijeron que falleció, no es bueno, pero sentía mucha impotencia por lo que había hecho”, dijo, y agregó: “Después de un mes y medio vino una psicóloga y me contó del accidente, ella me dio la noticia de que Héctor había fallecido, no tenía dimensión de lo que me había pasado, pensaba que cuando me sacaran los yesos de las piernas mi vida iba a volver a ser igual que antes, y no fue así”.


Cariño que sorprende


Carolina nunca imaginó lo que iba a generar en su entorno, incluso en personas que la conocían, por ser clientes del café donde trabajaba: “La gente llamaba todos los días, me mandaron flores, bombones, siempre iban a verme, me alentaban para que saliera adelante, incluso organizaban cadenas de oración para que me mejorara, y eso que yo no soy creyente”, recordó con agradecimiento. El accidente la llevó a descubrir la preocupación de su familia, sus vecinos, incluso de su jefe Maxi Valotta, quien hizo todo lo posible para que Caro no perdiese ningún beneficio de obra social en su larga recuperación. Todos, de una u otra manera, le demostraron su cariño.


“Estaba muy medicada, incluso hasta con la morfina sentía dolor, pero eso me provocaba estar en un estado en el que si bien no entraba en depresión, no entendía bien qué pasaba. Mis ex suegros (Carmela y Abel) me fueron a visitar mientras estaba en coma, pero una vez que desperté no venían porque yo todavía no sabía lo que había pasado, y cuando ellos volvieron a verme me dije a mi misma que tenía que estar bien para poder darles fuerzas a ellos para superar ese momento. Ahora soy adoptada de corazón por ellos, soy una más de su familia”, dijo orgullosa, pero también se apena al recordar que la mamá de Héctor tiempo después le dijo que también debería haber hecho sentar a su hijo ese 20 de febrero antes de salir nuevamente.


‘Pa lante’


Carolina contó cómo, mucho antes del accidente, empezó a hacer terapia “por una necesidad de ser mejor persona”, quería aprender a decir las cosas que sentía, pero sin herir a nadie. Hasta el día de hoy reconoce que le cuesta. Mientras se recuperaba físicamente volvió a terapia, y agrega: “Para que alguien me guiara en las decisiones que tenía que tomar, un día le dije a mi psicóloga que todos me felicitaban por mi fuerza y por lo que hacía y yo no entendía eso porque no me veía como alguien fuerte, sino como alguien que no tuvo opción frente a lo que le pasó. Entonces la psicóloga me dijo ‘tenías dos opciones: hacer o no hacer, y vos elegiste hacer’”.


“Tiempo después, ojeando un libro, lo abrí en una página cualquiera y me llamó la atención una palabra: ‘coraje’. Entonces fui al diccionario y ahí me sentí identificada con lo que significaba”, contó Caro, quien antes del accidente pasaba hasta ocho horas parada en el trabajo y hoy no puede estar más de dos o tres horas de pie. Antes del accidente salía a correr y a patinar, usaba tacos como cualquier chica y hoy no puede hacer nada de eso por prescripción médica”, dijo la chica, pero aún así confía en volver a calzarse unos patines algún día. “Me dijeron que no iba a tardar menos de seis meses en caminar y, sin embargo, yo lo conseguí en un mes”.


Hoy, a más de cuatro años de esa tragedia, Carolina se toma tiempo para mirar para atrás y reconocer que va despacio tratando de cumplir cada objetivo, planifica las cosas que va a hacer, suma nuevas actividades a su día a día como cuidar a una niña e integrar el staff de ventas de una marca de productos naturales, y hace planes mientras se toma un café sin olvidarse de disfrutar del momento.


Según la Real Academia Española, coraje significa: impetuosa decisión y esfuerzo del ánimo, valor. Podemos afirmar que coraje se escribe con “c” de Carolina./Rebeca Rodríguez Viñolo


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Chica coraje

Carolina y Héctor estaban en pareja, se conocían desde hacía mucho tiempo, fueron vecinos (departamento de por medio), e incluso, cuando estuvieron separados, lo que no permitió el distanciamiento absoluto. Llegado el momento del vencimiento de sendos contratos de alquiler, cada uno buscó y coincidieron en el mismo barrio otra vez. “Creo que el destino quería que estuviéramos juntos”, dijo Caro, a más de 4 años de la tragedia que no sólo le arrebató el amor y le truncó muchos proyectos, sino que también le dio la posibilidad de empezar de nuevo, empezar de cero.

Él no conocía el mar

Por esos días cada uno alquilaba su departamento pero ‘convivían’ un poco en cada casa, con la idea de volver de vacaciones y alquilar juntos para formalizar la relación definitivamente.

Caro trabajaba en un café desde hacía más de 6 años y pensaba en renunciar para hacer otras cosas, Pero al hablarlo con Maximiliano, su jefe, le dijo que tomara las vacaciones que le correspondían y que a su regreso, en caso de decidirlo así, presentara su renuncia.

Caro tenía más de un mes de licencia y acomodó las vacaciones para que coincidieran con los días que tenía Héctor para disfrutar juntos unos días en Chile. Ella, desde que conoció ese lugar, siempre quiso volver, pero a vivir allí. Él, en cambio, no conocía el mar y ésta era una buena oportunidad. “Héctor siempre me decía que el no iba a llegar a los 30, era una frase recurrente. Entonces yo le decía que, con más razón, tenía que salir al mundo, que tenía que conocer el mar antes de pensar en morir”, recordó la joven.

“Carmela, la mamá de Héctor, cumple los años el 14 de febrero, lo festejó el sábado 19 y, al día siguiente bien temprano, salimos de viaje desde Junín. A unos pocos kilómetros nos dimos cuenta de que nos habíamos olvidado las milanesas y en el caso de que se nos rompiera el auto o cualquier cosa llevábamos el almuerzo. Le avisamos a la madre que volvíamos a buscarlas y cuando llegamos me bajé corriendo del auto, entré a la casa, mientras Héctor me esperaba y mi suegra me dijo que me sentara, yo me reí y le pregunté ¿por qué? y ella me respondió: ‘Porque los que se vuelven les pasa algo’, dijo ella, y le respondí que no iba a pasar nada, pero igual me senté un ratito”, dijo Carolina

El último tiempo, Héctor pasaba muchas horas donde trabajaba y había empezado a estudiar Numerología. Antes de viajar me dijo que en los números aparecía que algo malo iba a pasar… Él, a pesar de no temerle a la muerte, le daba temor salir al mundo”, recordó Caro, algo que puede leerse como una premonición.

“Salimos nuevamente y en la ruta a la altura de Maipú tuvimos el accidente. La persona que nos chocó se había quedado dormida, la gente dijo que lo había visto zigzaguear y, al parecer, dobló muy rápido y nos atropelló. También nos dijeron que quien nos chocó había salido de trabajar de una bodega y que acababa de dejar a su hermano…”, relató la joven, en base a todo lo que le contaron luego, ya que del accidente no recuerda nada.

Despertar

El cabello, aún estando recogido y un lunar en el brazo, sirvieron para que Ana María y Juan Carlos, papás de Caro, la reconocieran en Terapia Intensiva, rodeada de aparatos, porque la gravedad de las lesiones había deformado su rostro. “Estuve cuatro días en coma, de ahí pasé a coma farmacológico por 18 días”, contó la sobreviviente.

Dos traqueotomías, fracturas múltiples –mandíbula, nariz, clavícula–, líquido en el oído y en los pulmones, fracturas expuestas en distintas partes de su cuerpo, sus intestinos habían estallado producto del impacto, lo que complicaba aún más el panorama. Fueron muchas intervenciones quirúrgicas durante los primeros días y en los meses siguientes, incluso hoy, después de más de cuatro años, Carolina tiene operaciones pendientes. “Lo primero que pregunté cuando desperté y aún estando medicada fue por la persona que conducía el otro auto, me dijeron que falleció, no es bueno, pero sentía mucha impotencia por lo que había hecho”, dijo, y agregó: “Después de un mes y medio vino una psicóloga y me contó del accidente, ella me dio la noticia de que Héctor había fallecido, no tenía dimensión de lo que me había pasado, pensaba que cuando me sacaran los yesos de las piernas mi vida iba a volver a ser igual que antes, y no fue así”.

Cariño que sorprende

Carolina nunca imaginó lo que iba a generar en su entorno, incluso en personas que la conocían, por ser clientes del café donde trabajaba: “La gente llamaba todos los días, me mandaron flores, bombones, siempre iban a verme, me alentaban para que saliera adelante, incluso organizaban cadenas de oración para que me mejorara, y eso que yo no soy creyente”, recordó con agradecimiento. El accidente la llevó a descubrir la preocupación de su familia, sus vecinos, incluso de su jefe Maxi Valotta, quien hizo todo lo posible para que Caro no perdiese ningún beneficio de obra social en su larga recuperación. Todos, de una u otra manera, le demostraron su cariño.

“Estaba muy medicada, incluso hasta con la morfina sentía dolor, pero eso me provocaba estar en un estado en el que si bien no entraba en depresión, no entendía bien qué pasaba. Mis ex suegros (Carmela y Abel) me fueron a visitar mientras estaba en coma, pero una vez que desperté no venían porque yo todavía no sabía lo que había pasado, y cuando ellos volvieron a verme me dije a mi misma que tenía que estar bien para poder darles fuerzas a ellos para superar ese momento. Ahora soy adoptada de corazón por ellos, soy una más de su familia”, dijo orgullosa, pero también se apena al recordar que la mamá de Héctor tiempo después le dijo que también debería haber hecho sentar a su hijo ese 20 de febrero antes de salir nuevamente.

‘Pa lante’

Carolina contó cómo, mucho antes del accidente, empezó a hacer terapia “por una necesidad de ser mejor persona”, quería aprender a decir las cosas que sentía, pero sin herir a nadie. Hasta el día de hoy reconoce que le cuesta. Mientras se recuperaba físicamente volvió a terapia, y agrega: “Para que alguien me guiara en las decisiones que tenía que tomar, un día le dije a mi psicóloga que todos me felicitaban por mi fuerza y por lo que hacía y yo no entendía eso porque no me veía como alguien fuerte, sino como alguien que no tuvo opción frente a lo que le pasó. Entonces la psicóloga me dijo ‘tenías dos opciones: hacer o no hacer, y vos elegiste hacer’”.

“Tiempo después, ojeando un libro, lo abrí en una página cualquiera y me llamó la atención una palabra: ‘coraje’. Entonces fui al diccionario y ahí me sentí identificada con lo que significaba”, contó Caro, quien antes del accidente pasaba hasta ocho horas parada en el trabajo y hoy no puede estar más de dos o tres horas de pie. Antes del accidente salía a correr y a patinar, usaba tacos como cualquier chica y hoy no puede hacer nada de eso por prescripción médica”, dijo la chica, pero aún así confía en volver a calzarse unos patines algún día. “Me dijeron que no iba a tardar menos de seis meses en caminar y, sin embargo, yo lo conseguí en un mes”.

Hoy, a más de cuatro años de esa tragedia, Carolina se toma tiempo para mirar para atrás y reconocer que va despacio tratando de cumplir cada objetivo, planifica las cosas que va a hacer, suma nuevas actividades a su día a día como cuidar a una niña e integrar el staff de ventas de una marca de productos naturales, y hace planes mientras se toma un café sin olvidarse de disfrutar del momento.

Según la Real Academia Española, coraje significa: impetuosa decisión y esfuerzo del ánimo, valor. Podemos afirmar que coraje se escribe con “c” de Carolina./Rebeca Rodríguez Viñolo

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